Archivo de la etiqueta: patrimonio

Fte: Noelia Labrador

¡ Ya esta abierto! El Museo Arqueológico Nacional

El día 31 de marzo se celebró la inauguración del Museo Arqueológico Nacional, el acto se inició con la Banda Sinfónica Municipal  de Madrid y con  el Coro Nacional de España interpretando la cantata de Emilio Arrieta con la que se inauguró el Museo en 1871.  Tras ello, se procedió a una charla inaugural, donde se introdujo al oyente en la historia del Museo y en los cambios realizados, finalizando con la entrada libre de los asistentes a las salas de exposición.

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Documental “El Triunfante”: Campaña de Microfunding en Arqueología Subacuática

El Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña pone en marcha una campaña de microfunding para terminar el documental sobre “El Triunfante“, el primer barco de guerra español excavado con métodos científicos en nuestro país y una de las piezas más importantes de nuestro patrimonio.

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I Concurso de fotografía AdArqua FotoSub

AdARQUA FotoSUB.I concurso internacional de fotografía subacuática sobre patrimonio cultural subacuático.

15 de agosto – 15 de noviembre 2013

AdARQUA, la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Arqueología Subacuática ARQVA, tiene el placer de presentar su primer concurso de fotografía subacuática: AdARQUA FotoSUB. Un concurso que aúna el mundo del submarinismo y el de la arqueología subacuática, orientado a personas de todos los países, profesionales o no, y cuya temática es el Patrimonio Cultural Subacuático español (independientemente del territorio en el que se encuentra).

Organizado en seis categorías y con un premio en metálico para la foto ganadora de 500 €, el concurso se cerrará con una exposición de las fotografías finalistas en la sala de exposiciones temporales del Museo Nacional de Arqueología Subacuática. ARQVA.

El objetivo es impulsar la compresión, difusión y concienciación sobre el Patrimonio Cultural Subacuático y el trabajo de los profesionales involucrados.

La fotografía es un pilar fundamental para la Arqueológica Subacuática en dos aspectos muy importantes: la documentación y la difusión. Después de una excavación, serán los dibujos y las fotografías realizadas por los arqueólogos los que permitan reconstruir el estado original del yacimiento y los únicos que conserven el contexto en que fueron halladas las piezas. Por otra parte, y recurriendo al tópico de que una imagen vale más que mil palabras, es cierto que la expresividad, el rigor y la belleza de la fotografía son un vehículo magnífico para la puesta en valor del Patrimonio Subacuático.

Es por eso que desde el Museo ARQVA y con la colaboración de AdARQUA, su asociación de Amigos, para la organización del evento, ha surgido la iniciativa de este concurso de fotografía subacuática, que cuenta con el apoyo de la Federación de Actividades Subacuáticas de la Región de Murcia y el Ayuntamiento de Cartagena.

Cada participante podrá presentar hasta un máximo de 5 fotografías antes del 15 de noviembre a través del formulario de inscripción que se encuentra en la página web de la Asociación, junto a las bases de la convocatoria.

www.amigosmuseoarqua.com/fotosub.html.

 

Más información: adarqua.fotosub@gmail.com

 

Mesa redonda contra el expolio del patrimonio arqueológico

Muy buenas, se va a celebrar una mesa redonda con motivo de la presentación del último libro de Ignacio Rodríguez Temiño, ‘Indianas jones sin futuro. La lucha contra el expolio del patrimonio arqueológico’.
Dicha reunión tendrá lugar en el salón de actos de la Facultad de Geografía e Historia (UCM) a las 17:00 del miércoles 31 de octubre.

El fin de la odisea: Nuestra Señora de las Mercedes vuelve a casa

Las ediciones digitales del ABC y de El País amanecían hoy con la noticia que pone fin definitivamente a la lucha entre el Estado Español y la empresa Odyssey por la propiedad de los restos arqueológicos del pecio Nuestra Señora de las Mercedes.

La fragata Nuestra Señora de las Mercedes se hunde tras explotar su santabárbara

Tras un largo proceso judicial, los tribunales estadounidenses han fallado en favor de España en la causa por la propiedad del material arqueológico que la empresa Odyssey Marine Exploration había extraído del lugar del hundimiento de la fragata española, Nuestra Señora de las Mercedes. La sentencia dictamina que el barco, hundido en 1804 frente a las costas del Algarve, en Portugal, era y es propiedad del Estado Español como “navío de pabellón” y “tumba de guerra”, dos figuras legales que aseguran a España la total jurisdicción y propiedad sobre el sitio del hundimiento, independientemente de las aguas en las que se encuentre.

En Aquí Fue Troya queremos dedicar este artículo a este lío. Aunque quiero avisar que este artículo está basado en los artículos de la prensa nacional. A lo largo de esta página habrá unos cuantos enlaces a distintos artículos de El País en su edición digital. No quiere decir que la noticia no haya sido cubierta por otros medios (como El Mundo, el ABC, etc.) pero ya es bastante embrollo ordenar unas cuantas noticias de un solo medio como para enlazar a más de un periódico. Espero que sepan perdonarme.

Breve historia de un hundimiento

Antes de meternos en el meollo, deberíamos hablar un poco del barco. Al principio de esta historia, la compañía Odyssey Marine Exploration se guardó muy mucho de compartir con la prensa y el gobierno español sus sospechas sobre la procedencia y nombre del pecio que habían encontrado. Por aquel entonces (2007), Odyssey decidió darle al hundimiento el nombre de Black Swan (“Cisne Negro”) y quedarse tan panchos.

Sin embargo, el barquito cuyos restos habían extraído con tanta diligencia pertenecían a la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, que se hundió el 5 de octubre de 1804.

La Mercedes formaba parte de un convoy compuesto por ésta, las fragata Clara, Medea y Fama, así como otras tres embarcaciones comerciales a las que protegían: El Castor, La Joaquina, El Astigarraga y Las Dos Amigas. La flotilla había salido de Montevideo el 9 de agosto de ese mismo año rumbo a puertos peninsulares. A bordo de las embarcaciones iban nuevos caudales americanos (sobre todo plata) fruto de las explotaciones mineras y la recaudación de la Corona, así como patrimonio de origen privado que se encomendaba a la protección de la armada por comerciantes y propietarios locales que repatriaban dineros rumbo a sus casas en la península o destinados a iniciar intercambios comerciales.

Los mares de entonces no eran especialmente seguros. A las acciones de  la piratería había que sumar la candente situación internacional. Ya saben,  los franceses habían revolucionado la política internacional con esa manía suya de “libertad, igualdad y fraternidad”, y Napoleón Buenaspartes estaba dando bien por el saco a los ingleses. Así que, aunque España en ese momento aún era una nación neutral, cuando la flota avistó velas en el horizonte aquel día de octubre de 1804, el comandante dio la orden de zafarrancho, que más valía prevenir que curar.

Sin embargo, el 5 de octubre de 1804 no sirvió de nada prevenir. Las velas en el horizonte eran las de una flota inglesa que, con ganas de gresca y presas jugosas (en tiempos de guerra hace falta dinero, ya saben), se liaron a cañonazos con la flota española hasta hacerlas rendir la bandera y poner rumbo a la Gran Bretaña, God save the King. Pero para aquel entonces, La Mercedes ya no estaba en situación de poner las velas mirando a ninguna parte. En medio del combate, pocos minutos después de comenzar, un disparo certero había hecho blanco en la santabárbara de la fragata. Este depósito de pólvora y munición hizo estallar por los aires el buque y se fue a pique con su cargamento y las 249 personas a bordo (el relato de uno de los supervivientes se publica hoy en El País).

El ataque a la flota española y su captura provocaron que el 14 de diciembre de 1804, España declarara la guerra a Inglaterra y todo se fue yendo poco a poco al traste. Pero ésa es otra historia.

Comienza el litigio

Después de poneros en antecedentes, estaréis deseando llegar al lío, ¿verdad? Esta que leéis no es la primera entrada que se publica en Aquí Fue Troya a raíz del caso Odyssey. Aquella vez, yo mismo me limitaba a dar un par de pinceladas a raíz de las últimas noticias. Ahora que parece que todo llega a su fin, es hora, quizá,  de detenernos un poco más.

El 18 de mayo de 2007, la empresa Odyssey Marine Exploration (Odyssey para los amigos y los que no lo son tanto) anunciaba el descubrimiento de un pecio de época moderna en algún punto indeterminado del Atlántico. Le dieron el nombre de Cisne Negro y se callaron como muertos sobre sus sospechas sobre la verdadera identidad del barquichuelo hasta que un juez en Florida les dijo que ya valía de rodeos.

El caso es que nuestras autoridades pusieron el grito en el cielo, se rasgaron las vestiduras e incluso detuvieron el barco de la empresa en puerto. Pero las monedas que Odyssey había sacado del barco terminaron rumbo a EE.UU. en un bonito avión fletado a tal efecto y el barco de la empresa terminó por dejar aguas españolas. Y aquí empezaba el proceso litigante.

El Estado Español denunció a la empresa Odyssey en lo que ellos consideraban un intento de expoliar nuestro patrimonio histórico. El juicio se iniciaba en Tampa Bay, Florida, bajo la instrucción del juez Mark Pizzo.

Con el proceso abierto, otros vinieron a sumarse a la empresa Odyssey en su afán por aprovechar el filón. El Gobierno de Perú decidió que “la historia no es agua pasada” y reclamó el 1 de agosto los reales de a 8 del cargamento. Perú alegaba que, puesto que habían sido acuñados en Lima en tiempos de Carlos IV, le pertenecían, aunque en ese momento Perú como nación no existiera. Además, Odyssey propuso que los descendientes de aquellos mercaderes que habían depositado su dinero en el barco, pudieran reclamar la parte proporcional. Odyssey no era un buen samaritano. En el caso de que la empresa lograra un veredicto favorable y los descendientes reclamaran con éxito las monedas, eso reduciría el impacto negativo que una venta de esa magnitud tendría en el valor de las monedas en el mercado de antigüedades.

No hay que ser cenizo

A pesar de las pocas esperanzas que la profesión tenía en un resultado favorable a España, debido a los diferentes acuerdos internacionales ratificados por los EE.UU, durante todo el proceso judicial hemos asistido a episodios que permitían albergar mejores expectativas. Expectativas que se han visto confirmadas el pasado día 30.

¿Por qué éramos tan negativos al principio? Pues porque entre España y EE.UU. existen dos diferencias fundamentales a nivel jurídico: la tradición y el tratado internacional de la Convención Unesco para la protección del patrimonio cultural subacuático.

En contra de lo que mucha gente piensa, el pecio de La Mercedes se encontraba hundido en aguas internacionales. Eso, hasta la Convención Unesco, dejaba el barco a merced de cualquiera que lo encontrara. Las aguas internacionales son de dominio internacional, un territorio de jauja donde se pueden hacer peleas de monos con cuchillos.

Escudada en esa ley, Odyssey dio comienzo al expolio y el gobierno español tuvo que acudir a juicio en EE.UU., bajo cuyo pabellón se encontraba la empresa Odyssey.

El juicio en EE.UU. planteaba dos grandes problemas: una tradición jurídica en la que, como en Inglaterra, está muy asentado el derecho de búsqueda y rescate (el que lo encuentra se lo queda y si quieres recuperarlo, tienes que pagarle una parte de su valor); y el hecho de que EE.UU. no ha firmado la Convención Unesco.

De tal forma que el Estado Español tenía que convencer a la justicia americana de que La Mercedes era un barco militar, protegido por leyes internacionales que sí han sido firmadas por EE.UU., anulando así los posibles derechos de búsqueda y rescate de la empresa Odyssey.

Y por su parte Odyssey alegaba que La Mercedes estaba, en el momento del hundimiento, llevando a cabo tareas civiles y que por tanto no estaba protegida por la legislación internacional para barcos de pabellón y tumbas de guerra. Más aún, Odyssey alegaba que el Estado Español había perdido sus derechos sobre La Mercedes al considerar que habían “abandonado” el barco. Esto es, que tras su hundimiento se había “dado por perdida” y se había renunciado a la fragata.

La luz al final del túnel

A pesar de que parecía complicado que los jueces estadounidenses dieran la razón a España, lo cierto es que, como he mencionado, durante todo el proceso se asistió a acontecimientos que permitían albergar esperanzas (aunque en los foros de la profesión era muy común escuchar aquella expresión de prudencia de “no empecemos a chuparnos las pollas todavía”).

En Tampa Bay, el juez Mark Pizzo, el 04 de junio del 2009, tras dos años de comerse las uñas, recomendaba que la carga extraída de La Mercedes fuera devuelta a España. Odyssey, como era de esperar, no estaba de acuerdo con la decisión del juez y recalcaba el supuesto aspecto civil del trabajo de La Mercedes y los posibles derechos de los descendientes de aquellos amables comerciantes criollos.

A la espera de que la justicia se volviera a pronunciar, recibimos otra noticia esperanzadora: el Gobierno Federal se pronunciaba en favor de los intereses españoles en octubre de ese mismo año. Evidentemente, gracias a la separación de poderes este hecho no tenía por qué tener repercusiones en la decisión judicial, pero era de agradecer. Además ponía de manifiesto dos cosas: la primera, que la diplomacia española daba sus frutos; y la segunda, que EE.UU. estaba dispuesto a cumplir aquella promesa informal de respetar la Convención Unesco aun sin haberla firmado. O quizá fuera sólo que tenían muy claro que era un barco militar y que “las tumbas de guerra no se han de menear”.

Unos meses después, el 23 de diciembre, como si de un regalo de Navidad se tratara, otro juez, Steven D. Merryday, de la corte de apelaciones de Tampa, ratificaba la sentencia de Mark Pizzo. Otro golpe para Odyssey que, pese a todo, no daba su brazo a torcer y el 21 de enero de 2010, recurría de nuevo la sentencia aunque esta vez en el Undécimo Tribunal de Apelaciones de EE.UU. en  Atlanta (Georgia), el siguiente nivel en la escala judicial.

Les volvieron a decir que no. El 21 de octubre del 2011, el Undécimo Tribunal recogía, esta vez, un tratado firmado entre EE.UU. y España en 1902 que aseguraba los derechos españoles sobre el pecio y la carga. Pero Odyssey volvió a reafirmarse diciendo que solicitaría una audiencia ante el tribunal para volver a exponer sus argumentos con la esperanza de hacerle cambiar de opinión. “Victoria por desgaste”, lo llaman algunos.

Y los jueces volvieron a decirles que no. El 30 de noviembre del 2011, el Undécimo Tribunal de Apelaciones de Atlanta, tras haber escuchado a Odyssey en audiencia previa y meditar sus reiterativas afirmaciones, desestimaba nuevamente su recurso. “Oiga, que no, que ya le hemos dicho que devuelva el cargamento”.

Parece que ya está, ¿no? Bueno, no exactamente: aun queda una posibilidad. Aunque la noticia da por bueno que está todo el pescado vendido y los expertos consideran que esto está hecho, Odyssey ha recurrido ante el Tribunal Supremo. Sin embargo, los abogados coinciden en que éste no suele aceptar a recurso casos en los que varios tribunales han emitido fallos en la misma dirección. Así que sí, quizá podamos ir “vendiendo” ya la piel del oso.

ULTIMA HORA: Que sí, que era evidente, pero deberíais saber que Odyssey ha gastado el último cartucho.

ACTUALIZACIÓN (09/02/2012): El tribunal Supremo rechaza el recurso de urgencia. Tampa ejecutará la sentencia de forma normal. Odyssey aun puede recurrir al Supremo pero mientras Tampa seguirá el proceso para cerrar el caso.

¿Y ahora qué?

Bueno, lo obvio es que la carga de plata y oro que la empresa Odyssey extrajo del pecio de La Mercedes, será repatriada a España. ¿Pero qué se hará con ella?

He mencionado un par de veces la Convención Unesco para la protección del patrimonio cultural subacuático. Esta Convención, firmada e impulsada en gran medida por España, tiene un valor legal que coloca sus disposiciones justo por debajo de nuestra Constitución y es de obligado cumplimiento. La Convención establece que se considere “Patrimonio Cultural Subacuático”, todo resto producido por el hombre que haya permanecido total o parcialmente sumergido de forma continua o discontinua durante al menos 100 años.

El Patrimonio Cultural Subacuático está sujeto a protección. Entre otras cosas, está prohibida su venta. Por tanto, la carga de La Mercedes, desengáñense si lo pensaban, no puede venderse para sacarnos de la crisis. Los restos acabarán en museos nacionales (el Arqueológico Nacional y el ARQUA, entre otros) para ser fruto de estudios científicos. He leído por ahí que deberían guardarse en el Archivo General de Indias en Sevilla. A esos ansiosos Sevillanos, les diré que no. Que el Archivo de Indias no es un museo. Que se lo pregunten a sus archiveros y ya verás como están de acuerdo conmigo.

¿Entonces por qué hemos gastado tanto tiempo y dinero en esto? Pues porque el cargamento de La Mercedes puede ser utilizado para ampliar nuestro conocimiento de la historia de nuestro país. Por enumerar alguna posibilidad: conocer la producción de las minas de Lima en función de las fechas de acuñación; el nivel de fraude en el manifiesto de estas flotas; analíticas estadísticas sobre la pureza de la plata; etc.

Un daño irreparable

Sin embargo, para mí y seguro que para otros muchos arqueólogos subacuáticos, esta será una victoria amarga. Las acciones de Odyssey nos han impedido para siempre obtener valiosa información que, si no fuera por su afán por el beneficio, habría podido ser recabada en el transcurso de una excavación arqueológica.

Algunos opinarán que de no ser por Odyssey no se habría localizado el barco. Pero el precio que se ha pagado es demasiado alto: recuperar el cargamento de monedas tiene muy poco valor científico en comparación con el potencial de una excavación científica.

De una excavación subacuática se puede obtener muchísima información. Un barco hundido puede darnos mucha información si sabemos hacerle las preguntas apropiadas: los restos de madera hablan de las técnicas constructivas y de las reparaciones llevadas a cabo durante la vida del barco; la toma de medidas pormenorizadas nos permite reconstruir el barco sobre el papel y estudiar su forma (ya que se cuentan con pocos planos de época); la distribución de la carga también nos habla de técnicas y formas de proceder; restos tales como cueros, botones, y vajillas nos cuentan cosas de la vida a bordo que no pueden encontrarse en las grandes crónicas de guerra…

Pero a empresas como Odyssey, cuyo beneficio está enfocado a recuperar piezas de valor económico para los mercados de antigüedades, no prestan atención a estos detalles y la información queda rápidamente destruida ante técnicas invasivas que sólo buscan la extracción con el mínimo coste de tiempo y materiales.

[ULTIMA HORA: 21 de Febrero 2011, Las autoridades españolas se preparan para retornar los restos arqueológicos de La Mercedes a finales de semana.

La arqueología de empresa: entrevista a un arqueólogo 3ª Parte

Tras dos entregas espaciadas en estos meses de verano (julio y agosto), llegamos al final de nuestra particular entrevista con Roberto. Esperamos que esta entrevista os haya servido par conocer más y mejor el mundo de la arqueología en España y avanzamos que, seguramente, esta no será la última entrevista que publiquemos en Aquí Fue Troya.

Roberto González Jiménez, arqueólogo y gestor de patrimonio

P. En la segunda parte de esta entrevista, hablamos de la relación entre la arqueología y el mundo de la construcción; así como de la parte más mercantil de vuestro trabajo. Si te parece, podemos dedicar esta última parte a hablar del proceso de trabajo en sí mismo. ¿Estais todo el día haciendo trabajo de campo o hay más tiempo de documentación que otra cosa?

Podemos decir que el trabajo de campo es la punta del iceberg. Es el más visible y el más espectacular pero no ocupa la mayor parte del tiempo. Detrás del trabajo de campo, existe un gran trabajo previo y posterior de laboratorio, que incluye documentación, inventario, estudio y análisis de restos arqueológicos, redacción de informes y memorias, tratamiento de planimetrías, etc.

P. Sin embargo la parte más visible suele ser la que se realiza a pie de “obra”. ¿Cuantas personas trabajan a pie de campo? ¿de cuantos componentes hablamos en total?

Esta pregunta es muy difícil de contestar. El trabajo arqueológico es muy fluctuante y depende mucho del tipo de intervención a la que te enfrentes. El número de personas a pie de campo es tan variable como intervenciones se puedan desarrollar. Cada intervención tendrá un equipo asignado en función de los objetivos, la metodología, el terreno, las herramientas disponibles, el horario, el calendario, etc. Tampoco podemos hacer una relación exacta entre los arqueólogos que participan a pie de campo y los que lo hacen en laboratorio, ya que esto, de nuevo, variará con cada una de las intervenciones.

P. Cada vez se ven en los medios de comunicación y en la ficción, nuevos y más complejos aparatos aplicados a la arqueología ¿en qué medida ayuda la tecnología a vuestro día a día? ¿hay mucha diferencia en las herramientas y utensilios que usáis hoy día respecto a lo que se usaban en los años 80, por ejemplo?

Las herramientas que se usaban en los 80, se siguen utilizando hoy en día, aunque esto no quiere decir que no se incorporen nuevas tecnologías a la práctica de la arqueología. En este sentido podemos indicar que cada vez es más habitual apoyarse en maquinaria pesada para realizar parte de las excavaciones arqueológicas.
Las nuevas tecnologías que pueden ayudar al registro arqueológico se incorporan a la práctica diaria. En este apartado podemos incluir todo lo relativo a la fotografía digital, los sistemas de posicionamiento GPS, los escáneres 3D, aplicaciones informáticas aplicadas al registro arqueológico, etc.

P. Y para terminar, aunque esta entrega será mucho más breve que las anteriores, me gustaría que nos dejaras una pequeña reflexión personal ¿cómo ves el futuro del patrimonio? ¿Y de la arqueología de empresa?

Creo que todas las actividades relacionadas con el patrimonio están en una fase muy inicial y que les queda mucho por recorrer. En ese sentido, creo que el futuro es prometedor. Pero para que se desarrollen de manera correcta estas actividades en torno al patrimonio, se debería avanzar en la normativa y en la legislación al respecto, así como creando algunas figuras y administraciones que puedan liderar estas actividades.

Hasta aquí la tercera y última parte de la entrevista. Desde Aqui Fue Troya queremos agradecer a Roberto su buena disposición y el tiempo dedicado a contestar a nuestras preguntas. Una vez más, esperamos que os haya resultado interesante y os invitamos a exponer vuestras dudas y opiniones en los comentarios.

La arqueología de empresa: entrevista a un arqueólogo 2ª Parte

El pasado julio, comenzábamos a publicar la primera parte de una entrevista que Aquí Fue Troya realizó al arqueólogo Roberto González Jiménez. La intención con dicha entrevista era acercar al público una profesión mal conocida. Este mes, publicaremos la segunda y penúltima entrega de esta entrevista que, por razones de longitud, hemos preferido fragmentar.

Roberto González Jiménez, arqueólogo y gestor de patrimonio

P. En la primera parte, comentabas que la arqueología de urgencia se caracteriza por ocuparse de aquellas intervenciones arqueológicas relacionadas con obras de construcción con las que tiene que convivir y a las que tiene que adaptarse. Pese a todo, vuestra presencia influye mucho en el ritmo de la obra, ¿cómo os lleváis con los arquitectos y empresarios ?

En este caso volvemos a tener una situación similar al caso institucional. Hay un necesario entendimiento y colaboración por todas las partes para beneficio y logro de los objetivos de todos los participantes.
Si bien es cierto que en determinados momentos o en los inicios del desarrollo de las legislaciones sobre protección del patrimonio arqueológico, existieron grandes conflictos entre arqueólogos y constructores y/o promotores, cada vez más existe una colaboración entre todos que redunda en unas mejores condiciones de trabajo y un mayor logro de los objetivos. A este hecho ha contribuido en gran medida el desarrollo por parte de los municipios de normativas específicas y catálogos e inventarios de patrimonio. El disponer de estas herramientas hace que la previsión del hallazgo de restos arqueológicos en determinadas obras sea muy fácil y por tanto, la programación de actividades arqueológicas en relación al desarrollo de la obra también se vea favorecida.

P. Entonces, en ese entorno de trabajo, ¿crees que la ley actual cumple sus objetivos de protección?

Si, creo que cumple con los objetivos de protección. En lo que no estaría tan de acuerdo es en si cumple los objetivos de promoción de la investigación arqueológica. Creo que esa parcela está abandonada por la ley y por las diferentes administraciones y quizás sería el siguiente paso que debería trabajar la legislación.

P. Si te parece, vamos a cambiar de tercio. Ahora que sabemos a qué os dedicáis, podríamos hablar de cómo funcionáis. Muchos se preguntarán quién paga vuestro trabajo y cómo los conseguís.

La financiación de nuestros trabajos suele ser diversa. Una gran parte de la financiación es de capital privado. Los constructores y promotores de obras, que deben desarrollar actividades arqueológicas sufragan el coste de las mismas, que dependiendo de la legislación que se aplique a cada territorio podrán recuperar en forma de subvención o de exención.
En el caso de obras públicas, son los promotores públicos los que soportan el coste de las actividades arqueológicas.
También existe la financiación pública a través de subvenciones de distintas administraciones, desde nivel local a nivel europeo.
Así mismo podemos destacar la financiación a través de la obra social de distintas entidades, el patrocinio y el mecenazgo, aunque no suelen ser la fuente de financiación principal de los proyectos.

P. Y una vez que habéis encontrado financiación ¿en base a qué se os paga?, ¿funcionáis por obra o por resultados? Es decir, ¿lo importante es buscar o encontrar algo?

Una empresa arqueológica no mide su éxito o fracaso en función de lo que encuentra o no encuentra. Consecuentemente, la actividad arqueológica se programa por obra. El resultado de la intervención arqueológica relacionado con esa obra podrá resultar positivo o negativo, pero ello no implica que el trabajo arqueológico se haya desarrollado de manera correcta o incorrecta.

P. Varios de los que han colaborado con nosotros sugiriendo preguntas, coinciden en una duda: ¿Si os encontrais algo de valor la ley dice que tenéis que entregarlo a las autoridades, no? ¿no os llevais nada de nada como gratificación?

No. En el objetivo de la investigación arqueológica prima el contexto sobre el objeto. Cuando se realiza una intervención arqueológica los materiales que se recuperan se convierten en herramientas para el estudio de la historia. Con esto quiero decir, que en la mayoría de los casos, los arqueólogos, ante un objeto no observan su valor económico sino su valor cultural y/o histórico.

P. Pero, entonces, ¿se puede vivir de eso o solo es para unos pocos privilegiados?

Se puede vivir de esto. Evidentemente, y como en cualquier otra profesión, existe un número limitado de personas que puede absorber el mercado laboral, aunque éste es mayor de lo que muchos pueden pensar. En los últimos años hemos vivido un “boom” de la arqueología profesional y han sido muchas las personas que se han incorporado a la arqueología de manera laboral. Debido a la crisis económica que afecta a todos los ámbitos y, sobretodo, al decrecimiento de la construcción, el número de arqueólogos profesionales ha caído en picado. Soy de la opinión, que existe la posibilidad de dedicarse laboralmente a la arqueología, pero que el mercado laboral en este ámbito todavía se está acomodando. Ni era lógica la situación de la arqueología laboral, antes de la crisis, ni es lógica la situación actual.

Hasta aquí la segunda parte de la entrevista. Dentro de poco publicaremos la última parte. Esperamos que os esté resultando interesante. Como siempre, nos vemos en los comentarios.

La arqueología de empresa: entrevista a un arqueólogo 1ª Parte

Hace un par de meses, Aquí Fue Troya, se hacía eco del descubrimiento de un barco romano durante las tareas de excavación preventiva asociadas a la construcción de un puente. Para hablarnos sobre la arqueología de urgencia o preventiva y sobre las empresas de arqueología en España, Aquí fue Troya se ha puesto en contacto con el director de una empresa catalana, Strats, que ha tenido la gentileza de responder a nuestras preguntas y a las que algunos de nuestros lectores han hecho en plataformas como Twitter y Google Reader.

 

Roberto González Jiménez en su faceta más reciente de arqueólogo subacuático

Roberto González Jiménez (Granollers, Barcelona, 1977) es licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona y especializado en arqueología. Desde el inicio de su carrera ha estado vinculado a la arqueología a través de empresas privadas de gestión de patrimonio. Así mismo ha dedicado parte de su carrera profesional a la arqueología local formando parte de grupos de investigación de museos y formando parte del consejo de redacción de la revista Lauro de Granollers. Durante el desarrollo de su carrera profesional ha participado en numerosos proyectos de investigación arqueológica así como de gestión del patrimonio cultural. Los últimos proyectos a los que ha estado vinculado tienen relación con la arqueología subacuática.

 

P. Gracias por dedicarle tu tiempo a los lectores de Aquí Fue Troya. Metámonos en faena, Roberto, ¿qué es la arqueología de urgencia?

Entendemos por arqueología de urgencia aquellas intervenciones arqueológicas relacionadas con obras de construcción (construcciones privadas, de grandes infraestructuras, de comunicaciones, etc.) Atendiendo a estas consideraciones siempre se dará este tipo de arqueología en relación a obras, con las cuales ha de convivir y adaptarse en cuanto a metodología, normativa, legislación, etc. lo que no siempre es fácil, y a menudo, es fuente de conflicto.

P. Y, entonces, ¿qué diferencia hay entre la arqueología de urgencia y la que realizan las universidades?

Aún partiendo de la base que las dos son arqueología y los objetivos son los mismos, podemos destacar algunas diferencias relacionadas con el objeto de estudio, la metodología y el personal que la desarrolla.
En cuanto al objeto de estudio, como hemos comentado anteriormente, en la arqueología de urgencia siempre se dará la convivencia entre la actividad arqueológica y otras actividades ligadas a la construcción. Evidentemente, los intereses de las dos actividades son diferentes y, en ocasiones, opuestos, lo cual condicionará la práctica arqueológica.
La metodología, sin variar excesivamente de lo que entendemos por arqueología universitaria, muchas veces ha de adaptarse al ritmo de la obra, en cuanto a horarios y calendarios, selección de zonas a excavar, etc. Uno de los condicionantes de la arqueología de urgencia suele ser el tiempo, que no lo es en la arqueología universitaria. Asimismo la arqueología de urgencia es mucho más exigente con los temas de seguridad y salud laboral de lo que lo es la arqueología universitaria, hecho que en ocasiones hace variar la metodología de excavación.
Existen algunas diferencias más, pero destacaría una última y es en cuanto al personal que participa en la excavación. En la arqueología universitaria suele haber una gran participación de estudiantes y personas o aficionados que no son arqueólogos. En la arqueología de urgencia no encontramos este hecho. Si bien es cierto que la participación de estudiantes en formación podría producirse, no es la práctica habitual. La arqueología de urgencia suele desarrollarse por arqueólogos profesionales y se hace difícil la participación de estudiantes o aficionados por motivos de productividad y de legislación.

P. ¿Estáis limitados en cuanto a qué podéis o qué no podéis excavar? ¿Qué tipo de excavaciones lleváis?

Como empresa arqueológica se puede llevar a cabo todo tipo de excavaciones. En este sentido podemos incluir excavaciones terrestres o subacuáticas; excavaciones de cualquier periodo histórico; excavaciones urbanas (entendiendo como tales las excavaciones que se desarrollan en núcleos urbanos y cuya característica principal es la gran superposición de fases históricas en un espacio físico muy reducido) o excavaciones fuera del ámbito urbano; excavaciones de urgencia o excavaciones programadas, etc. Así mismo, es habitual que las empresas de arqueología desarrollen otras actividades que no son propiamente excavación, como prospecciones, inventarios de patrimonio, cartas arqueológicas, etc. y otras actividades relacionadas con la difusión del patrimonio arqueológico (publicaciones, exposiciones, visitas guiadas, proyectos museológicos y museográficos, etc.). Además alguna de estas empresas también desarrollan actividades de consolidación o restauración de bienes arqueológicos tanto muebles como inmuebles.

P. Siendo una empresa privada dedicada a trabajar con el patrimonio, ¿qué relación tenéis con las instituciones?

La relación con las instituciones es, en general, muy buena, ya que existe colaboración mutua y necesaria entre ambas partes. No negaré que en determinadas ocasiones y con determinadas instituciones la relación es distante y no del todo cordial, pero esto es la anécdota y no la norma general. Además esto ha de ser así, ya que no hemos de entender la actividad arqueológica como una competición entre la arqueología “profesional” y la “institucional” ya que las dos se complementan y se necesitan para cubrir sus objetivos, que como hemos comentado anteriormente son los mismos para ambas arqueologías.

Hasta aquí la primera parte de la entrevista. Continuaremos charlando con Roberto en futuras entregas.  Hasta entonces, y como siempre, tenéis el espacio de los comentarios a vuestra disposición.