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Una de tópicos sobre nacionalismos…

Antes de comenzar con el post me gustaría dar las gracias a la gente que dirige Aquí fue Troya por dejarme participar en este bello proyecto de divulgación histórica en Internet. Como historiador considero que por muy poco que sea lo que yo haya podido aprender durante la carrera y mis investigaciones, ese trabajo y conocimiento debe revertir en la sociedad aunque sea de una pequeña manera.

Muchas veces, cuando en España se habla de nacionalismos, se hace de una manera excesivamente simplista, utilizando aquella manida frase que afirma que “el nacionalismo catalán es cívico y el vasco étnico” (añadimos también que el gallego es romántico y los demás absurdos, obviando muchas veces la existencia del nacionalismo por antonomasia dentro del país: el español), pero en realidad nos preguntamos si ello se corresponde con la realidad de estas dos tendencias políticas.

Antes de continuar habría que definir qué entendemos como nacionalismo cívico (también llamado político) y nacionalismo étnico. El nacionalismo cívico es aquel que construye la nación a través de un pacto implícito entre sus individuos, sin necesidad alguna de características previas. Podríamos decir que dicho contrato se basa en la unión de individuo, territorio y voluntad. El nacionalismo étnico, en cambio, es aquel que excluye en el amplio sentido de la palabra, debido a que dentro del mismo sólo pueden adscribirse individuos que poseen una serie de características culturales o étnicas comunes (lazos de sangre, religión, lengua, raza…) obviando el pacto anteriormente mencionado. Entonces, ¿es cierta la forma de definir a los dos nacionalismos periféricos?

Enric Prat de la Riba: “La lengua catalana es nuestra patria, indestructible, vigorosa. Es el pasado y el futuro de los Países Catalanes [...] No han entendido aún que no se puede destruir, anihilar una patria”
La respuesta a ésta pregunta es un rotundo NO. Nombres tan importantes para la historia del nacionalismo catalán como Enric Prat de la Riba (amante del romanticismo alemán) igualaron los términos de lengua y nación. En cambio, en Euskadi dicha diferencia en los últimos años no ha sido utilizada, además de que la construcción nacional de los partidos políticos vasquistas, dónde podemos incluso meter sin miedo a errar a la coalición Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra, han desarrollado un discurso nacionalista integrador, no sabemos si por la modernización de las estructuras de pensamiento en los mismos o, simplemente por un afán de protagonismo político debido a que Euskadi se convirtió en las últimas décadas del siglo XX en un territorio receptor de emigración extranjera y estatal, generando esto una realidad y unas sensibilidades diferentes.

La cuestión es por qué se tiende a realizar esta distinción entre uno y otro. El primer motivo es que la historiografía catalana y española siempre han resaltado al sector mayoritario de los movimientos nacionalistas que son claramente cívicos al igual que colaboracionistas con el gobierno central (es la lectura del “hombre, después de décadas aguantándonos, ¿te vas a ir ahora?, pero si estamos en lo mejor de la fiesta”) en un relato en el que las similitudes son mayores que las diferencias.

El caso vasco es diferente debido a que hace demasiado hincapié en la figura de Arana. La idea que demasiada gente tiene de la génesis del nacionalismo vasco es que al amigo Sabino un día le dio por subir al Monte Aitxurri y Dios le entregó las tablas de la Ley cual Moisés euskaldún (muy al estilo del algún sketch de Vaya Semanita) y éste que era algo racista (en el sentido romántico de la palabra) creó la identidad de los vascos sobre valores étnicos.

¿Cuál es el problema de esta lectura? El exceso de simpleza de la misma, ya que partimos obviando que la construcción del ideario nacionalista vasco comienza antes del aranismo y la edificación del mismo le sobrepasa en el tiempo, llegando incluso hasta nuestros días. Esto es algo que a una parte importante de la historiografía le cuesta ver: algunos autores no dudan un ápice en considerar el catalanismo proveniente del federalismo como parte de la historia del nacionalismo catalán, mientras que existen componentes muy similares en el tardocarlismo de la zona vasca que no se ligan con el discurso nacionalista, lo que antes mencionábamos acerca del carácter mesiánico de Arana.

Artículo 7 del Estatuto de Autonomía de Euskadi:
1.- A los efectos del presente Estatuto tendrán la condición política de vascos quienes tengan la vecindad administrativa, de acuerdo con las Leyes generales del Estado, en cualquiera de los municipios integrados en el territorio de la Comunidad Autónoma.
2.- Los residentes en el extranjero, así como sus descendientes, si así lo solicitaren, gozarán de idénticos derechos políticos que los residentes en el País Vasco, si hubieran tenido su última vecindad administrativa en Euskadi, siempre que conserven la nacionalidad española.

El segundo de los motivos por los que esta distinción se produce es más cercano en el tiempo y son las expresiones de grandes nombres de ambos “movimientos”. Esto puede resultar más difuso, pero no es lo mismo decir que “Es catalán quien vive y trabaja en Cataluña y quiere serlo”, como mencionaba Pujol, que la continua obsesión de Xabier Arzalluz con la sangre cual Conde Drácula: léase “En Europa, étnicamente hablando, si hay una nación, ésa es Euskal Herria” o “No estoy diciendo que los vascos tengan derecho a quién sabe qué supremacía. La cuestión de la sangre con el RH negativo confirma sólo que este pueblo antiguo tiene raíces propias, identificables desde la prehistoria como sostienen investigaciones de célebres genetistas”. Puede parecer una simplificación asimilar todo un movimiento a las opiniones de pocas personas, es cierto, pero hay dos cosas irrefutables: la primera es que Arzalluz (al igual que Pujol) no pertenecía precisamente a un partido pequeño, sino al que más resonancia tiene en la sociedad vasca y uno de los más influyentes en el territorio estatal, teniendo una importancia notable en la generación de opinión pública. La segunda es que cuando eres presidente de un partido (lo fue durante 24 años de nada) una persona debe medir sus palabras.

En mi debut en este espacio de divulgación no he querido afrontar un tema excesivamente profundo, pero sí realizar una serie de pequeñas aclaraciones dentro de una temática siempre en boca de todos como es el caso del nacionalismo. Con estas líneas no quiero “acusar” al nacionalismo catalán de excluyente, ni “limpiar las conciencias” del vasco, sólo aportar un poco de luz a un tema que se aborda con demasiadas ideas preconcebidas según mi parecer.

A modo de conclusión sería oportuno preguntarnos dónde englobar a estos dos movimientos y la respuesta sería “en ninguna parte”. El primero de los motivos es la amplia heterogeneidad de los mismos: no hay un nacionalismo catalán o vasco siendo estrictos, pero si aún aceptáramos que son un eje monolítico (cosa harto difícil en la realidad) nos encontramos con que ambos poseen en su interior realidades y deseos que van haciendo que los discursos y las prioridades cambien y, sobre todo, que ambos han atravesado diversos procesos en los que los argumentos utilizados para legitimarse necesitaban de una reforma o un cambio. Lo cierto de todo esto es que ambos viven en un contexto determinado que les hace modificar y readaptar sus discursos.

 

La gran mentira de la independencia americana

Hace algún tiempo dije en Twitter que la Independencia de Iberoamérica es una de las grandes mentiras de la Historia, y @Zokos, en su infinito amor por mí, me pidió un post al respecto. Y aquí estoy, voy a intentar explicarme. Aclaro desde el principio, que lo que voy a exponer no deja de ser una opinión personal basada en mis estudios, lecturas, etc. Cualquier cosa que se diga de forma general para América Latina es matizable. América tiene tantas historias como metros cuadrados, y eso hay que tenerlo clarísimo cada vez que se nombre cualquier dato desde las sociedades precolombinas, hasta la actualidad. Con esto,paso a dar mi opinión sobre el asunto.

¿Porqué me vino a la cabeza este pensamiento? Para responder a esta pregunta debemos remontarnos al día 12 de Octubre, festivo en España y festivo en casi toda América, desde el Columbus Day en USA, hasta los días de la raza, las razas, etc.

Ese día, y también a través de Twitter (la red social que más se asemeja a un bar) leí cientos de opiniones, casi todas iban por el mismo camino, lo malísimos que fueron los españoles con los pobrecitos indios que ahora gobiernan Latinoamérica.

Lo curioso es que los indígenas apenas han gobernado, son irrelevantes los casos, y en todo caso, hasta hace muy poquito tiempo no han tenido voz, y eso en los lugares que la tienen.

Juan Manuel de Rosas, principal actor de la "campaña al desierto", una historia preciosa que los indígenas del "desierto" recordarán para siempre... sobre todo sus cadáveres.

Pero,¿qué pasó con los indígenas en América? Grosso modo, los españoles eran tan tan tan católicos que se plantearon, más allá del porqué de la conquista, si esta gente eran personas o solo bichos. Y, sorprendentemente (para la época, no me malinterpreten), resultaron ser personas.

Pasan los años y llegamos a principios del siglo XIX. Los criollos, es decir, los españoles nacidos en América, se sienten desplazados por el régimen borbónico centralizador (que da prioridad a los españoles peninsulares en cargos y favores) y sus reclamos va llegando al punto de pedir la independencia – tras un largo y enorme proceso que si lo demandan detallaremos otro día – hasta que la consiguen.

Una vez que te has independizado, pasamos a la creación del Estado y del imaginario nacional.  Imaginario nacional que crean élites, criollos, grandes terratenientes y eminentes militares, héroes de la guerra y gente con mucha plata. Hombres que han estudiado en Europa, en la europa del positivismo, del darwinismo social, que tienen como referente a los Estados Unidos (donde no quedó ni un indígena vivo). Y eso trae consigo la marginalidad más absoluta de los indígenas americanos. Los “pueblos originarios” que se ven aislados en sus pequeñas porciones de tierra o en la hacienda de turno. Positivismo que trae las campañas al desierto: desierto de población, de población blanca, claro, porque allí se cargaron al primer oscurito que vieran.

Mentira, por tanto, que los originarios volvieran a ser dueños de lo que les quitaron.

Pero es más, en el plano puramente político, tampoco llegaron nunca, ni lo son ahora, a ser independientes. El imperialismo inglés y estadounidense, no de ocupación, sino de redes comerciales, ha flagelado al continente durante los dos siglos posteriores. La lacra de la distribución mundial del trabajo los convirtió en simples surtidores de materia prima, como antes. Nada cambia, salvo detalles legales y algunas caras.

Por lo tanto, una independencia “de mentirijilla” que sigue hoy en día. Una “mentirijilla” que sigue haciendo que cada 12 de Octubre muchos de mis paisanos sigan sintiendo vergüenza(?) por lo que hicimos (?) hace poco más de 4 siglos.

Si nos paramos a analizar a cada uno de los héroes nacionales, se nos caerían los “palos del sombrajo”. Y es por eso que digo que la independencia es una gran mentira. El indigenismo que se utiliza para “atacar” el descubrimiento no se “inventa” hasta el SXX, y, de hecho, previo a ello, son sólo algunos frailes españoles los que consiguen que a los originales de las tierras se les trate como a una persona media, de hecho, y con la excepción de las minas, se les trataba bastante mejor que a un campesino ordinario en la Península Ibérica.

Manuel Celaya, presidente de Honduras. Parece recién salido del ranchou de los Bush...

En resumen que la independencia de Iberoamérica no fue más que la consolidación y ampliación de un sistema colonial en todos los aspectos. Se consolida aún más una clase dirigente, convertida en oligarquía desde el XVI al XVIII (cuando las reformas borbónicas tocan el asunto). Se consolida un conservadurismo social aplastante, donde la marginación y la explotación se vuelve más dura y caótica. Se establece un sistema agro exportador como el motor económico de la región que hace que la dependencia económica sólo cambie de manos. En definitiva, que se toman una serie de decisiones, de unos mandatarios políticos que toman el territorio como suyo, que a lo largo de los años han demostrado lo desacertadas que fueron.

Unas decisiones que, sin tener en cuenta nunca a los “originarios”, siguen llevando el dinero de Latinoamérica a otros lugares, y que mantienen  un desarrollo territorial con el dudoso mérito de ser el sitio donde hay más brecha social, donde los ricos son más ricos, y los pobres son más pobres, superando incluso al Africa negra.

Son estas las razones por las que digo que la independencia de América es una mentira, en el sentido que muchísima gente le da al asunto. Porque ni es independiente, ni fueron los “ocupados” los que recuperaron sus tierras. Y con esto, aclaro, que no defiendo la “historia rosa” de la conquista y colonización de la América española, pero tampoco hay una “historia negra”. Hay que informarse un poco y no repetir incesantemente discursos, que no sólo son mentira, sino que están bastante pasados de moda.

 

Y para muestra un botón, los indígenas de Cajamarca, Perú, que actualmente están luchando para que una empresa de capital casi íntegramente estadounidense no abra la explotación de una mina de oro que los dejaría a ellos sin recursos. Oro para el Perú, “casi seguramente”. Por eso, antes de soltar sloganes pasados de fecha, hay que intentar entender el mundo.

La independencia paraguaya y la dictadura del Dr Francia [VIDEO]

Conferencia de al Dra BArbara Potthast, de la Universidad de Colonia, en la que nos cuenta la independencia de Paraguay, la que se considera la primera dictadura iberoamericana, y las diferencias entre este y otros procesos de independencia  en el continente americano. Esta conferencia se impartió dentro del Seminario Permanente sobre los Bicentenarios de Independencia en Iberoamérica, en la Universidad de Sevilla.