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Mujeres y medicina en Roma

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Cualquier persona que se haya acercado, aunque sea mínimamente, a la historia de la medicina en la Antigüedad Clásica, conocerá los nombres de Hipócrates y Galeno. Los dos médicos griegos fueron los pilares sobre los que se asentó toda la medicina occidental hasta el advenimiento de la Revolución Científica, ya bien entrado el siglo XVIII. No hace falta decir que, además de estas dos figuras fundamentales, existió toda una legión de médicos, cirujanos y otro tipo de practicantes de la medicina que mantuvieron en funcionamiento el, por así llamarlo, sistema sanitario existente en la época grecorromana. La actividad de todos estos profesionales sanitarios de la Antigüedad Clásica se conoce bastante bien gracias a los estudios que se han venido haciendo desde finales del siglo XIX.

Menos se ha sabido del rol que jugaron las mujeres en la medicina grecorromana. En los últimos años, sin embargo, se ha avanzado en ese conocimiento, gracias a numerosos trabajos de investigación en campos como la arqueología, la historia de la medicina y, también, las disciplinas de corte filológico. En este artículo nos centraremos precisamente en la contribución que la filología clásica ha hecho a la comprensión del papel que desempeñaron las mujeres en la medicina de la época romana. En ese sentido, es importante saber que existen textos, si bien no muy numerosos, que nos informan sobre la existencia de mujeres dedicadas al ejercicio de la medicina en la Roma de la Antigüedad. Esos testimonios escritos se encuentran generalmente en tratados médicos y textos jurídicos, pero también en obras literarias, y en inscripciones funerarias.

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En cualquier caso, el estudio detallado de esos testimonios nos ha permitido descubrir la existencia de tres grandes categorías en las que se encuadraban las mujeres que practicaban la medicina en Roma:

La primera categoría es la de las obstetrices, a las que podemos considerar una especie de comadronas. Se encargaban de asistir a las mujeres durante el parto, aunque en los casos difíciles tenían que ser ayudadas por los médicos especializados. También administraban drogas para provocar abortos o lograr la fertilidad. Además jugaban un papel muy importante en ciertas disputas legales. Por ejemplo, en los casos de divorcio en los que las mujeres negaban estar embarazadas para privar a sus ex maridos de un heredero legítimo, ellas eran las encargadas de demostrar sí existía o no ese embarazo. También comprobaban que las esclavas vendidas como vírgenes lo eran efectivamente.

En la segunda categoría encontramos a las medicae, cuya función es muy difícil de diferenciar de la de las obstetrices. Generalmente se considera que desempeñaban el mismo papel que aquéllas, pero que sin embargo tenían un nivel de instrucción teórica muy superior. Una segunda diferencia, más importante, es que no sólo se ocupaban de labores ginecológicas y obstétricas, sino también de otras disciplinas médicas. Además, las medicae solían ser mujeres libres, que gozaban de cierta consideración social, y que podían incluso hacer fortuna gracias al ejercicio de la medicina. Por el contrario, las obstetrices eran normalmente esclavas o libertas, esto es, esclavas que habían sido liberadas por sus amos pero que seguían estando bastante mal consideradas socialmente. Así, en los textos literarios suelen presentarlas como incompetentes, borrachas y supersticiosas. Además, se las acusaba frecuentemente de tráfico de niños o de administrar abortivos prohibidos.

La última categoría es la de la iatromea, una figura borrosa a la que se supone o bien medio camino entre las obstetrices y las medicae, o bien en un peldaño más arriba, como una especialista que combinara los saberes de ambas.

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Antes de poner fin a nuestro artículo, es importante dejar claro que estas distinciones sólo valen para la época posterior a la introducción de la medicina griega en Roma. Antes de eso, las únicas mujeres que practicaban la medicina en Roma eran las comadres, es decir, mujeres sin ningún tipo de instrucción profesional y cuyas prácticas se acercaban más a la magia que a la medicina. Por el contrario, después de la llegada a Roma de la medicina griega, surgieron estas figuras de las obstetrices, las medicae y las iatromeae, que sí contaban con una cierta formación profesional, aunque no fuera científica, ya que no es posible hablar estrictamente de ciencia médica con anterioridad al siglo XIX, aunque en la medicina griega sí podamos hallar algunos rasgos que apuntan la existencia de una cierta mentalidad científica.

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Una versión más puramente académica de este artículo puede encontrarse en:

J.P. Barragán Nieto, “El espacio de la mujer en la medicina romana”, en F. Oliveira, C. Teixeira y P. Barata Dias. (coords.). Espaços e Paisagens (Proccedings of the VII Congresso da Asociaçao Portuguesa de Estudos Clássicos). Coimbra: APEC; 2009. vol. I, pp. 83-88.  Accesible en http://es.scribd.com/doc/137852933/Barragan-Nieto-2009-El-espacio-de-la-mujer

Imágenes:

1)     Mosaico procedente de Centocelle, siglo I d.C.

2)     Relieve procedente de Isola Dell’ Sacra, Ostia, siglo I a.C.

3)     Imagen de Juno, siglos I-II d.C.

Qué y cómo comían los romanos [III]

Seguimos con nuestra serie dedicada a la alimentación en Roma, y aunque lo normal en los restaurantes sea servir primero los pescados y después las carnes, aquí vamos a hacerlo al revés, y una vez terminado el repaso a lo que de la tierra comían en Roma, le toca el turno a los alimentos que proceden del mar.

Lo primero que hay que decir al respecto es que el pescado era un alimento esencial en la antigua Roma. Los romanos conocían aproximadamente 150 especies de pescados comestibles, tanto de mar como de río, pero resulta muy difícil identificarlos. Las especies más apreciadas eran, quizá, el esturión, el atún (como el que vemos en la imagen superior) y los salmonetes. Por estos últimos se llegaban a pagar precios descomunales, porque su hígado hervido con vino servía para elaborar una salsa utilizada como condimento de lujo. Pero consumían otras muchas especies, como lampreas y rayas, anguilas y morenas, truchas y salmones (que se conocieron tarde, ya que proceden de los ríos del norte de Europa), gobios, percas o barbos.

En cuanto a su conservación, lo más común era conservar el pescado en salazón, pero utilizaban otros métodos, como el secado, aunque estaba poco extendido y sólo se utilizaba cuando la preparación del plato lo exigía. No hay noticias, sin embargo, de que conocieran uno de los métodos más extendidos hoy: el ahumado. Quizá lo más destacable es que también acostumbraban a conservar el pescado vivo, introduciéndolo en grandes vasijas de arcilla o vidrio a fin de mantenerlo fresco hasta el mismo momento de consumirlo. Sigue leyendo

Qué y cómo comían los romanos [II]

La imagen superior, procedente de una cerámica griega, nos muestra a un joven dispuesto a cortar una cabeza de cerdo, probablemente para prepararla para su consumo. No es exactamente romana, pero nos puede servir para ilustrar esta entrada, la segunda de nuestra serie dedicada a la alimentación en la época romana. Después de hablar de cereales, frutas y verduras en la entrada anterior, llega ahora el turno ahora de las carnes. Sigue leyendo

Qué y cómo comían los romanos [I]

Lenguas de ruiseñor, morros de nutria, ojos de arenque en gelatina … Los cómics de Astérix y las películas de romanos nos han transmitido una imagen de la cocina romana extremadamente sofisticada y bastante desagradable para nuestros gustos actuales. Es cierto que se nos han conservado numerosas recetas de la época romana que avalan en parte esa imagen, pero desde luego, y como puede imaginarse fácilmente, la dieta de un romano medio no se  basaba en esas «exquisiteces» (ni siquiera la de un romano noble medio). Con esta entrada iniciamos una serie en la que intentaremos explicar de una manera un poco más realista cómo era la alimentación típica de la época romana.

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Descubierta una nave romana en Ostia Antica

El pasado 30 de Abril, las autoridades italianas dieron a conocer la noticia del hallazgo de los restos de una nave romana durante la construcción de un puente en las inmediaciones de la antigua ciudad portuaria, Ostia Antica.

Los restos asomando parcialmente del suelo. Mientras, un arqueólogo despliega una manguera para humedecer los restos.

 

El pasado 30 de Abril, las autoridades italianas dieron a conocer el hallazgo de los restos de una nave romana (la primera en este área) enterrada a 4 metros de profundidad, durante la construcción del nuevo puente de la Vía della Scafa, en las proximidades de las ruinas de Ostia Antica, la ciudad portuaria de la antigua Roma.

Los restos fueron encontrados durante la una intervención conocida como “arqueología preventiva” o “arqueología de urgencia”, por la cual se explora el terreno de un área de potencial arqueológico antes de que se inicien las obras de construcción, para asegurar, en la medida de lo posible, que las obras no destruyen patrimonio arqueológico alguno.

Un barco bajo tierra

Hasta la fecha, los arqueólogos encargados de la excavación han descubierto una sección de 11 metros de largo del barco y calculan que podría alcanzar los 13 metros. Se trata de un pecio que, debido a la ausencia de hierro entre sus elementos constructivos, puede probablemente pertenecer a la época del Alto Imperio. Las causas por las cuales el barco ha terminado en dicha localización aun no se han dado a conocer aunque no sería de extrañar que se tratara de un barco hundido en el antiguo cauce del río y cubierto posteriormente por sedimentos aportados por el propio río.

El barco se ha conservado en excelentes condiciones debido a que estaba enterrado en un barro arcilloso y a que el nivel de la capa freática (es decir, el nivel a partir del cual podemos encontrar agua) era bastante alto. Aunque parezca mentira, el agua y el barro son uno de los mejores medios para que la madera se conserve. Por un lado, el agua evita que la madera se seque y se rompa y por otro, el barro evita que organismo que se alimentan de la madera, accedan a ella.

Últimas noticias: los hombres con traje y corbata NO son arqueólogos

Ahora, los arqueólogos, dirigidos por Paola Germoni (de la superintendencia de Roma y Ostia) y Alessandra Ghelli, tienen por delante una delicada tarea de excavación. Deben mantener la madera siempre húmeda porque un secado no controlado daría al traste con siglos de conservación. Cuando el barco haya sido estudiado in situ y las obras del puente no puedan ser detenidas durante más tiempo, es de suponer que los arqueólogos retirarán los restos y los llevarán a un laboratorio especializado donde comenzará un proceso delicado destinado a asegurar la conservación de la embarcación y que espero que pueda explicaros en otra entrada.

¿Un barco sin clavos?

Como he dicho, los arqueólogos han datado el barco de forma aproximada en el periodo conocido como el Alto Imperio (siglo I a siglo III d.C.). Esto se debe a que en la construcción del barco no se utilizaron clavos de hierro para unir las distintas piezas de madera.

Esto quiere decir que el barco encontrado fue construido siguiendo una técnica conocida como el cosido por el cual las tablas que forman el casco fueron ensambladas entre sí cosiéndolas con cuerda de origen vegetal.* Como nos corrige amablemente Pere en los comentarios, durante el Alto Imperio la técnica de construcción sin clavos utilizada era la de “claves y clavijas” que, supongo, se refiere a la que yo conozco como “tenon et mortaisse” o “tenón y mortaja”. Esta técnica consiste en el tallado de las piezas de tal forma que se ensamblen mediante lengüetas de madera atravesadas por pasadores del mismo material.

Técnica de ensamblado mediante tenon y mortaja

Ostia Antica, el puerto de Roma

El barco ha sido hallado en las inmediaciones de las ruinas de la ciudad romana de Ostia Antica, situada en la costa del mar Tirreno, en el antiguo Latium, Italia, que funcionó como puerto de la antigua Roma. Esta ubicada cerca de la boca del río Tíber por cuyo cauce se subían las mercancías a la ciudad de Roma.

El puerto de Ostia servía como lugar de descarga e intercambio de productos. Los grandes barcos mercantes recalaban en la ciudad y vendían su mercancía que acto seguido era cargada en barcos fluviales, de menor tamaño y calado, para remontar el Tíber y abastecer la ciudad de Roma.

Las ruinas de Ostia Antica junto al río Tíber

 

Enlaces de interés:

Galería de imágenes de la excavación del Corriere della Sera, periódico romano.

Página de Ostia Antica.