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Violencia política en La Transición (I): Los nacionalismos periféricos.

La Transición Española, mitificada por unos y denostada por otros, está marcada por un buen número de hitos y días que se recuerdan sin dificultad: el 20-N, el 6 de diciembre, el 23-F, etc., pero si pudiéramos hacer un salto en el tiempo y nos trasladáramos al Madrid, Bilbao o Barcelona de la época, nos daríamos cuenta de que lo que probablemente más nos llamaría la atención por contraste con nuestra situación actual, es el grado de violencia y crispación política existente en el país. La década de los setenta supone para el sistema social y político español que se había labrado desde los años treinta una crisis en todos los sentidos. La muerte de Carrero Blanco, la apertura realizada por los tecnócratas, la enfermedad y posterior muerte de Franco, la Revolución de los Claveles en Portugal y la llegada de ministros con clara vocación reformista al gobierno sembraban de incertidumbre un panorama en el que diferentes corrientes y fuerzas buscaban reubicarse.

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La ciudad olvidada y su poeta maldito

Llevo unos días pensando sobre qué escribir para Aquí Fue Troya, la verdad es que muchos temas se me pasaron por la cabeza en ese tiempo, algunos de ellos espero que puedan materializarse, mientras que con otros no sucederá lo mismo. Y sí, sé que os debo la segunda parte del post sobre el chavismo, pero ese llegará en la siguiente entrada.

Parece que la suerte o la inspiración se alió conmigo, pues en una de las noches en las que buscaba algo nuevo que leer tras haber terminado una novela, apareció ante mis ojos una versión de Nadja, de André Bretón (la cual recomiendo salvajemente, como casi todo lo que tenga que ver con el dadaísmo y el surrealismo) que poseía desde hace tiempo y que me hizo recordar que Bretón vino a Tenerife en los años treinta a una Exposición Surrealista, cuando venir a Canarias era casi como irse al fin del mundo.

En realidad no voy a hablar de André Bretón, sino del autor maldito que esa magnífica generación surrealista dejó en Canarias: Domingo López Torres.

Probablemente a la mayoría de personas que lean este pequeño post desde la Península u otros lados del globo jamás habían oído este nombre antes. No se preocupen, su figura en el ámbito canario no es excesivamente conocida, ha sido uno de esos personajes que se ha borrado (o se han encargado de borrar) del imaginario colectivo.

Domingo López Torres nació en 1907 en la capital de la isla de Tenerife, mostrando actitudes y aptitudes desde joven para el arte, ya que aún siendo autodidacta y de extracción social baja, supo hacerse un hueco entre los autores de vanguardia del archipiélago, siendo solamente un joven.

López Torres consiguió rápidamente y con sólo 25 años colarse en un grupo en el que estaban literatos como Domingo Pérez Minik, Agustín Espinosa, el gomero Pedro García Cabrera o Emeterio Gutiérrez Arbelo, pero en el que también habían artistas de otras ramas como el magnífico pintor Óscar Domínguez, por el cual tengo una predilección personal especial.

Marxista y revolucionario hasta las últimas consecuencias, vivió durante los años de la II República su época más dorada, a pesar de que ya desde finales de la década de los veinte, en plena dictadura de Primo de Rivera, había escrito su principal obra: Diario de un sol de verano.

Autor de literatura, también lo fue de artículos con una implicación política notable durante el período republicano en su edición Cartones, desde la cual lanzaba sus consignas revolucionarias, en una época en la que Santa Cruz tuvo el mayor despertar libertario que se recuerda con una importancia del componente anarquista que pudiera parecer sorprendente en la ciudad actual, la cual tiene una tendencia conservadora mayor que la mayoría de ciudades del archipiélago y, por qué no decirlo, del resto del estado.

Expos
Octavilla de la Exposición Surrealista de 1935 en el Ateneo de Santa Cruz de tenerife

Esa Santa Cruz fue la misma que acogió la Exposición Surrealista de 1935, a la cual acudieron los franceses André Bretón y Benjamin Peret y donde se expusieron obras de autores nacionales como Picasso, Dalí, Miró o el propio Óscar Domínguez, así como de artistas internacionales de la talla de Hans Arp, Ives Tanguy o Giacometti (la cual fue ofrecida al Cabildo por entonces y no quiso comprar). También esa fue la Santa Cruz donde se editó la famosa revista Gaceta de Arte entre 1932 y 1936, dirigida por el pintor y crítico de arte Eduardo Westerdahl y en la cual colaboraron no sólo los autores del círculo surrealista canario, entre los que se encontraba López Torres, sino también autores de renombre internacional como Le Corbusier, Gertrude Stein o el propio Tristan Tzara.

Esa isla de Tenerife era uno de los centros de la cultura no sólo del país, sino también a nivel internacional, donde este grupo surrealista se desvincula de las líneas principales nacionales existentes en la península, las cuales seguían líneas editoriales favorables al señorío hispano y la inteligencia nacional. Este grupo no era tan “provinciano” en ese sentido, su vocación era internacionalista y universalista. Como exponía Westerdahl en la editorial de la primera editorial Gaceta de Arte allá por 1932:

Conectados a la Cultura Occidental, queremos tendernos sobre todos los problemas, en el contagio universal de la época. Sin huir el pensamiento, sin buscar refugio en tratamientos históricos para los fenómenos contemporáneos. Nuestra mirada llena de luz intelectualista de la época. Recorrerá todos los procesos artísticos que tengan un carácter histórico formal. Nuestra posición de isla aislará los problemas a través de esta soledad propia para la meditación y el estudio procuraremos hacer el perfil de los grandes temas, descongestionándolos para buscarles una expresión. Creemos movernos entre naciones. Ser isla en el mar Atlántico (Mar de la Cultura) es apresar una idea occidental y gustaría, hacerla propia despacio, convertirla en sentimiento. Queremos ayudar a una posición occidentalista de España. Seres Atentos, amplios, jóvenes. Y cumplirá en la isla, en la nación, en Europa, la hora universal de la Cultura. Esta será nuestra política.”

En esa época, López Torres crecía como persona y como artista. La influencia personal y directa de autores como Breton hizo que su forma de ver la vida y el arte se modificara. En 1935, seguía escribiendo, en su mayoría poemas; mientras regentaba una librería-estanco donde se reunían en ocasiones no sólo la élite del pensamiento canario, sino también grupos revolucionarios.

Llegó entonces 1936, el famoso año, y con él llegaron los militares, las iglesias y los nacionalistas. También con él se fueron los bretones, el libertarismo y las exposiciones. La amplitud cromática se tornó en un monocolor ideológico donde no cabían los autores del círculo surrealista canario, ni Gaceta de Arte.

LopezTorresRetrato
Diego López Torres con Jacqueline, Peret y Breton en un camello

La mayoría de los autores consigue superar, aunque con dificultades, la férrea actitud franquista contra este círculo. No es así el caso de Domingo López Torres, el más humilde de todos, el cual es recluido nada más empezar la posguerra y la represión (la cual se puede decir que en Canarias empezó desde el mismo día de 18 de julio, debido a la práctica ausencia de enfrentamiento directo) en el tristemente famoso “horror de Fyffes”, antiguo almacén de frutas el cual era el lugar donde eran encerrados los presos esperando una decisión sobre su futuro.

De noche ya, gritando mis ausencias,

buscaba yo en las playas las formas

que dejaban las chicas en la arena.”

En Fyffes siguió escribiendo sus poemas, que se hacían cada vez más tristes y sombríos debido a su penosa situación. Aunque también seguía evocando a su principal amor: el mar. Un mar que no sólo fue digno receptor de sus mejores poemas sino que también, en última instancia, recibió su cuerpo encerrado dentro de un saco en los primeros meses de 1937. No hubo suerte que permitiera la libertad que otros compañeros sí tuvieron, ni lágrimas en una ciudad que nunca más supo de su “hijo maldito”. Su ideología, pero también sus ansias de libertad y su extracción social le condenaron no sólo a la muerte, sino también al olvido. Sólo quedaron unos versos de su amigo García Cabrera como epitafio en una tumba inexistente:

“… si quieres quedarte con la verdad de sus sonrisas,

devuélveme su muerte al menos,

su muerte es mía y no te pertenece”

Esa “cosa” llamada Coalición Canaria

Símbolo de Coalición Canaria

  Muchas veces habrán visto ustedes en los periódicos, en la televisión, en debates en el Parlamento, etcétera, a una gente que habla un poco raro, así en tercera persona como yo mismo me refiero a ustedes y que dice representar a un grupo llamado C.C., con un simbolito muy simpático en forma de flecha con los tres colores de la bandera canaria. Pues esos señores pertenecen a un grupo heterogéneo que se hace llamar Coalición Canaria (o “la CoCa” como algunos por este archipiélago la denominan peyorativamente) y aprovechando que el jueves fue día de Canarias, voy a explicar un poco quiénes son y por qué llevan ya casi 20 años en el poder en Canarias.

   Coalición Canaria es una coalición de partidos surgida en 1993 de una serie de grupos políticos de diverso signo. Dentro de ella se perfilan, además de varias agrupaciones pequeñas, el Partido Nacionalista Canario (PNC) sin masa social, pero heredero de la tradición nacionalista canaria de principios del siglo XX, el Centro Canario Independiente que nace del CDS (Centro Democrático y Social) de Suárez y Lorenzo Olarte, un partido marcado por el voto personalista hacia estas dos figuras y, por último, Asamblea Majorera, uno de los partidos hegemónicos de la isla de Fuerteventura, aspecto importante éste porque el modelo canario se basa en que cada isla es una circunscripción electoral propia. Pero realmente los dos partidos principales que conforman Coalición Canaria son dos: Agrupación de Independientes de Canarias e ICAN (Iniciativa Canaria Nacionalista).

   La Agrupación de Independientes de Canarias en realidad era una “quimera política”. Realmente no estaban articulados como partido y su poder estaba basado en la importancia que tenían los personajes que la conformaban, sobre todo en la provincia de Santa Cruz de Tenerife: principalmente Tenerife (donde recibían el nombre de ATI) y La Palma (API). Todos estos “independientes” eran los herederos de la antigua UCD, la coalición de partidos que había surgido tras la caída del régimen franquista y que estaba conformada por reformadores de dentro del propio régimen. La UCD era una coalición bastante ambigua en su doctrina política, poseía tantas diferencias ideológicas como cabezas importantes ocupaban sus cuadros, pero lo que está fuera de toda duda es el carácter españolista de la misma.

   ICAN representaba todo lo contrario, herederos de aquella Unión del Pueblo Canario que se situaba a la izquierda del Partido Comunista durante la Transición y que llegó a poseer la alcaldía de la capital de facto de Canarias: Las Palmas de Gran Canaria (y esto lo dice un tinerfeño sin el mayor ánimo de herir sensibilidades). Es cierto que ICAN había moderado su discurso izquierdista, pero no tanto su discurso nacionalista. Este partido se nutría en gran medida de gente joven que salía o trabajaba en las universidades y que se planteaba que Canarias no era una parte indisoluble de España, sino que sólo el proyecto político en común les ataba a ésta y en algunos casos ni siquiera se planteaba lo anterior.

  Si a priori observamos las piezas de este rompecabezas diríamos que no encajan demasiado, pero planteemos lo siguiente: cuando los cuadros ICAN observan la posibilidad de unirse a AIC tienen la esperanza de formar una especie de “frente nacional” que les permita gobernar Canarias desde una perspectiva nacionalista. Mientras que AIC lo que ve en ICAN es una forma de darse contenido interno y, aparte, aumentar su espectro de votantes.

   La realidad es que tras esa unión lo que se ha venido produciendo es lo segundo. Los cuadros de AIC, principalmente los tinerfeños y palmeros se han hecho con las riendas del partido y lo han modelado a su imagen y semejanza, eso sí, sin dejar de utilizar las armas que le eran heredadas de ICAN y Asamblea Majorera. Desde 1995, para mantenerse en el poder, Coalición Canaria ha pactado con el PP y con el PSC-PSOE indistintamente, siempre manteniendo la presidencia del gobierno, pero no sólo lo ha hecho en las islas, sino también “en Madrid”, donde se han acercado tanto a Aznar como a Zapatero. Pero la pregunta clave es: ¿cómo es posible que se produzca ese proceso?

“Bandera Nacional Canaria”. Creada durante el tardofranquismo por movimientos nacionalistas y que, en la actualidad, Coalición Canaria reconoce como propia.

   Pues es tan fácil como adueñarse de una simbología que, en principio, no les pertenecía y vaciarla de su contenido político. El ejemplo más claro de ello es el uso de la llamada bandera nacional canaria (vamos, la de las siete estrellas verdes), la cual fue reconocida por el partido como propia desde 2005, pero sin asimilar el salto cualitativo ideológico que ello produce. Aunque también hay otros casos de utilización de elementos culturales como el folklore, la vestimenta tradicional o, sobre todo, el habla. El espectro político se ha reducido tanto en Canarias que ellos se han nombrado herederos únicos de esa cosa llamada “canariedad”. Todo ello siempre realizado sin plantear (y ni siquiera amenazar) con ideas de ruptura, ya que saben que sus principales intereses pasan por mantener buenas relaciones con Bruselas, lo cual es imposible rompiendo con Madrid por motivos puramente lógicos de realidad geográfica. Eso hace que su máxima aspiración sea establecer relaciones directas con la Unión Europea para distribuir los fondos a su antojo.

   La realidad es que AIC es un partido de gobierno (muy al estilo de la UCD), que vive por y para el mismo y ello lo han entendido sus cuadros desde la década de los 90 y por eso no han tenido objeciones ideológicas en maniobrar en sus pactos. Pero sobre todo entendieron una realidad canaria importante. Según el CIS, Canarias es la tercera comunidad con mayor componente de identidad nacionalista de todo el territorio español, sólo por detrás de Catalunya y Euskadi y muy por delante de otras como Navarra, Galicia o Andalucía. La eliminación de la multiplicidad de partidos que componían el espectro nacionalista en los 80 les hace poseer un porcentaje de voto cautivo importante.

   Entonces quedan dos preguntas claves sin responder: ¿es Coalición Canaria un partido nacionalista? Su masa social sí que lo es en su mayoría, al igual que sus militantes, pero sus cuadros no lo son en absoluto. En consecuencia a esto ustedes se podrían preguntar “¿pero hay riesgo de que se convierta algún día en un partido nacionalista?”. La realidad es que parece muy difícil. Primero porque dicho viraje sólo podría producirse tras una gran debacle electoral del partido, algo a todas luces improbable debido a su control del voto en algunas islas y a la complejidad del sistema electoral canario que fomenta el tripartidismo (si hay un sistema electoral extraño en España ése es el canario) y que, en el peor de los casos, les llevaría a ser una fuerza importante de la oposición en el caso de que el PP o el PSC decidan gobernar en minoría (muy improbable) o pactar entre ellos (más improbable aún). Dicha situación lo que genera es que la renovación del partido nunca sea plena, es decir, no se produzcan grandes cambios surgidos desde abajo, sino que la sustitución de las grandes cabezas del partido: los Oramas, Melchior, Zerolo, Perestelo, etc. se produzcan en ambiente de sosiego y siempre por principios de cooptación más o menos encubierta.

   Así que cuando desde la Península vean a Ana Oramas debatiendo en el Congreso y los periodistas utilicen esa manida frase de “la portavoz de los nacionalistas canarios” recuerden este pequeño artículo y pongan en duda gran parte del discurso utilizado.