Archivo de la categoría: Viajes

Quéribus y los “castillos cátaros”

Estuve hablando con unos amigos sobre ir de viaje. Ir de viaje, así a granel. Es lo que tiene el otoño: estoy todo el verano currando como una desgraciada y en otoño necesito salir, como los perretes; me paso el otoño entero arañando la puerta y pensando en qué haré de aquí a fin de año y en ahorrar para no parar de ir a sitios el año siguiente. El otoño también lo que tiene es que me recuerda a mi abuelo y cuando íbamos a buscar setas; porque me pasé la infancia paseando con él por el campo, buscando setas, espárragos, caracoles, recogiendo moras y aprendiéndome todos los nombres de las plantas y los pajaricos. Y, claro, también necesito salir al monte. Aquí no hay monte. Es algo que me desquicia.

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Diez razones para visitar Sierra de Gata

1.- Porque lo necesita más que nunca

Hace una semana, y por absurdo que pueda sonar, nos despertamos en medio de una pesadilla: un terrible incendio estaba arrasando la comarca extremeña de Sierra de Gata. Ayer se seguía intentando extinguir, algo que posiblemente se logrará en las próximas horas. Han ardido más de ocho mil hectáreas de bosque, el 6% de la comarca; pueblos como Hoyos o Acebo han visto cómo el fuego devastaba el 90% de su término municipal.
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¿Adaptación o transformación? Shakespeare, la manzana, y la traducción intercultural.

Hace poco Matera, la ciudad de piedra, ha sido elegida Capital Europea de la Cultura para 2019. Seguramente nadie lo hubiera dicho hace 70 años, cuando en Italia se hablaba de este burgo encaramado trabajosamente sobre los Apeninos de un modo parecido al que usábamos en España para hablar de Las Hurdes: como de un desolador ejemplo de retraso y pobreza. El primer ministro De Gasperi se refería a ella en 1950 como “la vergüenza de Italia” y aunque el retraso y la pobreza, evidentemente, no se explicaban por la presencia en Matera de ciertas formas de vida relacionadas con su cultura material e inmaterial (la guerra y otros males casi crónicos la habían azotado con fuerza), sin duda ofuscaban –hasta denostaban- esa cultura por completo. Seguir leyendo ¿Adaptación o transformación? Shakespeare, la manzana, y la traducción intercultural.

La(s) Casa(s) de Alba en Salamanca

Ayer, 20 de noviembre, por eso de coincidir con efemérides varias y hacer más fácil recordarlo, murió Cayetana, la decimoctava Duquesa de Alba. Seguro que también falleció más gente, pero esa gente se la viene trayendo flojita y recolgona a los medios de comunicación. A fin de cuentas, es gente cuyo nombre no ocupa lo que ocupa María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz-James Stuart y de Silva Falcó y Gurtubay, que son varias líneas que te cogen un párrafo inicial y te lo arreglan guapamente dándole empaque.

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Díme con quién viajas…. y te diré quién eres (Algunas reflexiones sobre el turismo como lugar de producción identitaria)

Goethe nella campagna romana, 1787. Wilhelm Tischbein

O cómo viajas, dónde, si viajas… Algunos dirán que exagero, pero en una sociedad en la cual aquello que consumimos importa incluso más que lo que producimos, la posibilidad y cualidad de nuestros viajes también nos define, al menos en parte (o eso quisiéramos): antes uno era médico, empleada de fábrica, ama de casa, profesor, dependiente de tienda…; hoy producir identidad en torno a la profesión no es tan fácil, y es que ya se sabe: en un mercado altamente competitivo, hay que reinventarse constantemente o especializarse hasta el aburrimiento… un ir y venir incesante de etiquetas en las que reconocerse y ser reconocidos. En cambio, el consumo de ocio y turismo nos puede ayudar a fijar un “centro de gravedad” en torno al que categorizar y categorizarnos, así que podemos hipotizar que coleccionar viajes puede contribuir a responder a la pregunta del millón: ¿quiénes somos? Seguir leyendo Díme con quién viajas…. y te diré quién eres (Algunas reflexiones sobre el turismo como lugar de producción identitaria)

A la conquista de Lisboa

Mañana se juega en Lisboa la final de la Liga de Campeones (Champions League para quienes nos lean desde Wichita) que enfrentará, por vez primera, a dos equipos de la misma ciudad: Real Madrid contra Atlético de Madrid. Este hecho, ya de por sí histórico, justificaría que hablásemos de fútbol en Aquí fue Troya, pero hemos querido ir más allá y dar unos consejitos a las decenas de miles de aficionados que se desplacen a la capital portuguesa. No hablamos de qué ver, qué comer o qué comprar. Hablamos de cómo conquistar Lisboa.

Panorámica de Lisboa desde el elevador de Santa Justa.
Lisboa desde el elevador de Santa Justa (foto del autor y click para ampliar, que mola).

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La metamorfosis de la cultura

Desde que Truman, con su famoso discurso, pusiera en marcha el tren del desarrollo, allá por 1949, este polémico y difuso concepto se ha ido apostillando de diversos modos (“sostenible”, “humano”, “participativo”, “integral”…), de la mano de una serie de conceptos que podríamos llamar paradigmáticos (sostenibilidad, nueva ruralidad, emprendimiento…) que han logrado gran aceptación y se han convertido en verdaderos marcos estructurales de referencia para la construcción de realidad. Complejamente combinados y superpuestos, éstos han ido delineando los mundos de sentido bajo los que han surgido,  durante los últimos 30 años[1], las tendencias internacionales en materia de desarrollo.

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De Cáliz de Doña Urraca a Santo Grial

Actualización.- El Museo de San Isidoro ha vuelto a exponer el Cáliz de Doña Urraca [1].

El 23 de marzo, además de morir Adolfo Suárez, la prensa leonesa recogía una asombrosa noticia bajo el titular “El Santo Grial está en León”. El hecho pasó ligeramente desapercibido hasta que ayer, día 26, todos los medios se hicieron eco y medio país quiso entender que sí, que el Santo Grial llevaba siglos en León y corrió a abrazarlo cual nuevo dogma irrefutable. Que esto es España y aquí todos somos expertos en reliquias, faltaría más.

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Diez curiosidades de Salamanca

Salamanca, capital de la provincia del mismo nombre, cuenta con una población estimada de casi 150.000 habitantes. Uno de ellos -aunque se empeñe en no empadronarse- es quien esto escribe, que además ha podido estudiar e investigar en su universidad. Siempre queda bien escuchar eso de “ah, vives en Salamanca, qué suerte”, pero confieso que, al mismo tiempo, cansa leer la típica ristra de estereotipos facilones que pueblan guías, revistas y blogs de viajes. Culpa de ello también la tenemos los historiadores y la alergia de muchos a divulgar, de ahí el listado que viene a continuación.

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De lo auténtico, lo típico y otras invenciones

Hoy empiezo mi post invitando a los lectores y lectoras de Aquí Fue Troya a revisar con atención cualquier descripción comercial sobre un viaje turístico: ¿cuántas veces os habéis encontrado la palabra “auténtico” u otras similares? Seguramente, cuanto más opuesto a nuestra cotidianidad occidental sea la actividad o el destino que hayáis elegido para vuestra búsqueda  (por lo lejano, lo poco masificado, lo rural, en suma, por lo diferente), más cargados de elementos auténticos habrá estado su presentación. Tranquilos, que no quiero hablar de cómo el marketing intenta embelesarnos, sino haceros esta pregunta (que seguramente algunos de vosotros ya os habréis hecho): ¿sabemos qué es eso de la autenticidad?

Así pues, con el post de hoy me propongo reflexionar con vosotros sobre “lo auténtico”, y en concreto, sobre su carácter convencional, construido ( no “natural”), o si queremos, inventado. Para hacerlo, me serviré de algunos ejemplos en los que lo auténtico es visto como valor turístico, aunque ya veremos que lo de que se trata de una invención no se limita ni al fenómeno turístico, ni a las relaciones del mercado.

Vamos concretando: viajemos  a uno de los lugares más fascinantes y emblemáticos en el imaginario turístico de muchos de nosotros, la Isla de Pascua. Rapa Nui, como la llaman hoy en la lengua local, es el lugar habitado más lejano de cualquier otro existente en el planeta (dista más de 2000 km de las Islas Pitcairn, y casi 3600 de las costas chilenas). Su remota ubicación en medio del Pacífico confiere a cualquiera que ponga los pies allí un notorio avance de posiciones en el ranking del estatus turístico alcanzado. Pero, una vez en el club de los privilegiados, el turista en busca de lo auténtico tendrá que esforzarse un poco más para lograr su objetivo. Sin duda, visitar alguno de los moáis más remotos  o darse un buen madrugón para ver con cierta exclusividad las famosísimas estatuas de Anakena o Tongariki, ayudarán mucho a ese tipo de viajero, acercándolo –según él- al origen prístino, conocido sólo por los locales -o más aún, quizás sólo por sus habitantes de otros tiempos-, de la isla y de sus misteriosas esculturas  (los moáis son más de 600 según algunas fuentes, e incluso más de 800 según otras, construidos entre los ss. XII  y XVII. Como es sabido, además,  no están del todo claras las causas que llevaron a los propios habitantes de Pascua a abandonar su construcción, y hasta a destruir las estatuas ya erigidas en sus altares).

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Retomando el hilo, ya tenemos aquí algo más de luz sobre el significado de lo auténtico: nos remite casi siempre a un pasado difícil de ubicar cronológicamente con exactitud, y nos acerca a unos otros diferentes, de forma que la experiencia de lo auténtico se convierte en vehículo privilegiado a través del cual el de fuera (en este caso, el turista) accede al  interior de ese otro grupo, a lo que ese grupo es.

Lo que somos, la identidad…Un concepto que sin duda ayudará poco a quienes estuvieran esperando una definición simple y cerrada de autenticidad… Veámoslo con otro ejemplo pascuense: el turista de nuestro relato (ya sabéis, aquel que sueña con experimentar lo genuino), frunciría el ceño ante la propuesta de asistir a un espectáculo programado de bailes locales. Lo consideraría una puesta en escena  ficticia “para turistas” y, si acabara asistiendo, lo haría probablemente lleno de prejuicios. Ahora bien, si tuviera la suerte de ser invitado a una fiesta privada en la que se ejecutaran los mismos bailes para un grupo de íntimos (locales), podría incluso considerarlo una de las experiencias de viaje más inolvidables de su vida.

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Sin embargo, lo que nuestro amigo turista tal vez no sepa es que cuando los rapa nui de hoy  cantan y bailan al son de su  melodía más típica, el sau-sau, ya sea ante un público que los ciega con sus flashes, o en la intimidad de la fiesta privada en torno a la hoguera, cantan en cualquier caso una canción que llegó a la isla en años muy recientes, en torno a 1940. De  origen probablemente samoano, no está claro cómo la aprendieron los habitantes de  Pascua: algunos dicen que la escucharon  de marineros alemanes que a su vez la habían aprendido en Tahití; otros, de tripulantes tahitianos que la enseñaron a los locales… Sea como sea, las palabras que componen la letra de la canción parecen proceder de un raro dialecto de Samoa, y su significado se añade a la lista de misterios de la isla, como el significado y el por qué de la destrucción de los moáis, o el desciframiento de su sistema de escritura, el rongo rongo.

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En fin, volviendo al sau sau, cuando nuestro turista se entera un poco más de su historia, probablemente se  pregunte un tanto perplejo (¿hasta fastidiado?) cómo puede ser que una canción de la que los rapa nui ni siquiera comprenden las primeras estrofas (después han añadido otras en su lengua), una canción llegada hace sólo unos 70 años, se haya convertido en uno de los símbolos de esta isla remota, que tan bien se presta a ensoñaciones pasadas, casi míticas…. Pues bien, querido turista que querías vivir la Isla de Pascua de verdad: te has topado con las curiosidades del trabajo cultural, del trabajo de los grupos humanos. Porque los humanos para existir necesitamos relacionarnos, y para relacionarnos necesitamos estar más o menos de acuerdo sobre quiénes somos nosotros y quiénes son los otros, los de fuera.  Y a veces creamos identidad buscando fuera, y en tiempos recientes, referencias que nos sirvan a tal fin, y poco a poco  las vamos haciendo nuestras, auténticas. Y esto vale para los pascuenses y para todos, en cualquier lugar del mundo.

Hay muchos ejemplos equivalentes al sau-sau en otras latitudes. Uno de los que más suele sorprendernos es el de los kilt escoceses, que, según el historiador E. Hobsbawm[1] “lejos de ser un vestido tradicional highland, fue inventado por un inglés después de la Unión de 1707”  Después, las faldas escocesas marcharon en África, vistiendo a los soldados del colonialismo británico. De ellos  adoptó el pueblo masái los célebres cuadros negros y rojos con los que a menudo se confecciona hoy la shuka, vestimenta símbolo de este pueblo fascinante…

Y así, llegados por fin al final de este post, queridos lectores y lectoras de Aquí Fue Troya, ¿estáis por casualidad pensando en cuántas otras “sorpresas” hay detrás de nuestros símbolos, costumbres y tradiciones? ¿sospecháis de “lo auténtico” que se nos ofrece por aquí y por allá, ya sea en los rincones más remotos del planeta o en las fiestas de vuestro pueblo, el verano pasado? ¡Ojo que lo auténtico puede ser nuevo, prestado, reapropiado…y nada de eso lo vuelve necesariamente “falso” o “malo”! Aun así, la sospecha puede ser muy sana. Y muy útil para espantar intolerancias, fanatismos, y otros demonios.


[1] Hobsbawm, E. y Ranger, T. La Invención de la Tradición. Crítica, Barcelona. 2002