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Libros perdidos, hoy rescatados: Los libros de Galeras

¿Quién no ha sentido en alguna ocasión un pequeño aguijón de curiosidad al observar un documental sobre barcos hundidos y se ha preguntado viendo estos antiguos galeones, cómo podría ser la vida cotidiana en ellos, qué clase de personas sobrevivían a estos largos viajes de semanas o meses en un estado lamentable, poca o ninguna higiene, con una alimentación monótona, sufriendo maltratos y enfermedades, lejos de las idílicas imágenes de galeones a que nos tiene acostumbrados en la gran pantalla?

Pues bien, según la noticia aparecida en el periódico El País, del pasado mes de marzo, sobre la restauración de los libros de galeras, podemos saber por fin cómo se desarrollaba la vida “de a bordo” en estos barcos empleados durante varios siglos para la guerra en el mar; y es que han sido muchos los documentos escritos que han desaparecido a lo largo de la historia y, luego, siglos más tarde, gracias a nuevas tecnologías o a donaciones de coleccionistas han vuelto a resurgir para devolvernos esas piezas que faltaban del puzzle de la historia.

Un libro de galeras es una lista descriptiva de los hombres y mujeres que poblaban estos barcos, siendo la mayoría esclavos y presos. Estos libros pueden ser de gran importancia para conocer la vida de la tripulación a bordo; los libros comienzan a aparecer a partir de 1624 llegando hasta 1748 aproximadamente y reflejan datos tanto de presos como de marineros y soldados. Hoy disponemos de un total de once de los veinticinco libros, entre los que había dieciocho sobre presos forzados, tres a esclavos y cuatro relacionados con soldados y marineros, aportando no sólo conocimientos de las condiciones en las que vivían estos tripulantes, sino de los nombres y las condenas que cumplían.

Y es que no todos los que viajaban a bordo de las galeras tenían una historia en común, es decir, existía una división abordo:

Las denominadas “gente del cabo” (oficiales, marineros, lombarderos, artilleros, solados y arcabuceros) y por otra parte la “gente de remo” (galeotes, esclavos, buenas boyas o asalariados experimentados en el mar). A los remeros también se les denominaba “galeotes” siendo en su mayoría ladrones, traidores, salteadores, asesinos, pero también había gente con delitos menores que eran llevados a las galeras en periodos de necesidad, es decir, cuando eran necesarios más remeros o gente de a bordo. En estos casos se endurecían las penas y personas que habían tenido problemas menores con la justicia o habían faltado en el ámbito religioso acababan en el remo. En los libros, para distinguirlos, a parte de quedar registrado el nombre y la procedencia de estos, se añadían los rasgos distintivos de cada persona, así por ejemplo encontramos: “Carlo Antonio chicote, natural de Panadrian, Reino de Napoles, Hijo de chicote, 35, dos heridas en medio de la frente, lunarillo en la oreja izquierda á la pare de abajo”.

Las condiciones en las que vivían estos pasajeros eran pésimas, desde que llegaban al barco eran amarrados con grilletes al remo; comían, dormían, hacían sus necesidades, encontrando muchos de ellos la muerte en el mismo banco; tal es la cosa, que los testimonios recogidos aseguran que se sabía cuándo llegaba una galera por el olor que ésta desprendía… y es que tenemos que tener en cuenta que durante este período de la historia la sanidad y la condiciones higiénicas no eran tomadas muy en cuenta. Y respecto a la comida que recibían, la gente de cabo y remo la llamaban bizcocho y estaba compuesto por pan duro, potaje y su ración de agua diaria.

En las galeras todo era contado, administrado y debidamente registrado en otro tipo de libros llamados “de cuentas”, conservados, entre otros, en la “Colección Navarrete”, donde se recogen todos los elementos necesarios para la navegación en las galeras: los metros de tela para las velas, la cantidad de comida que debía ir a bordo, los hombres de remo que debían ir en cada barco “para harmar los 18 barcos que tiene, 90 hombres de Remo, los quales seande repartir y bogar en esta manera; los 54 dellos han de bogar desde la popa hasta el Arbol, a razón de tres por barco, y los 36 restatnes an de bogar den dos en dos a cumplimiento de los dichos 18 barcos”. Una valiosa información que puede ser consultada hoy día en el Archivo Naval de Madrid.

Gracias a la labor que hoy se sigue realizando (me refiero al rescate de muchos libros que se encuentran abandonados, deteriorándose por las malas condiciones de conservación), podemos disfrutar de una imagen de la realidad de nuestro pasado desconocida y olvidada durante siglos.

Santa Sofía, por fin restaurada

La basílica de Santa Sofía, icono de Estambul, ya está resaurada. Al menos eso afirman las autoridades turcas, que dan por finalizado el trabajo llevado a cabo durante 17 años.

Santa Sofía. Foto: Incioútil, vía Flickr

La actual mezquita de Santa Sofía es el emblema, no sólo de Estambul y la actual Turquía, es el legado más importante del Impero Bizantino, y el símbolo de las santas guerras entre los Otomanos y el resto de los europeos.

Construida por Justiniano en el 537, y convertida en mezquita en 1453 por Mehmet II, el templo ha seguido en pie, siendo respetado continuamente, manteniendo su espectacular belleza y su majestuosidad.

Los trabajos llevados a cabo en su restauración han sido varios. Sacar a relucir los mosaicos bizantinos, alrededor de 600 metros cuadrados; arreglar la cúpula, de unos 30 metros de diametro y unos 55 metros de altura, y las caligrafías que la rodeaban; también se han restaurado las caligrafías dedicadas a Alá  los ocho profetas; se ha recubierto la estructura de plomo para evitar posibles daños causados por terremotos; y se han limpiado las fachadas.

Estambul Mezquita Santa Sofia 075. Rafa http://micamara.com vía Flickr

Además de todas las restauraciones, los directores del recinto han anunciado la visitabilidad del baptisterio, y la apertura de la biblioteca de Mahmud I.

Siempre son buenas noticias que recintos embriagados de historia y belleza como Santa Sofía sigan más que vivos.

Fotos: ambas fotos están publicadas en Flickr con licencia Creative Commons, las podeis encontrar siguiendo los enlaces, tanfo para la primera imagen, como para la segunda.

Pompeya. Un problema de conservación

Pompeya se desmorona. Estas son las conclusiones de algunos expertos sobre la ciudad sepultada por la piedra pómez hace casi 2000 años. Esto es debido a los varios derrumbes de muros y estructuras arqueológicas ocurridas, sobre todo, durante este último mes de noviembre de 2010.

Derrumbe en Pompeya, fuente: elmundo.es, cultura, 05/12/2010

A principios de noviembre se desplomó la Escuela de los Gladiadores, con sus frescos, en la calle de la Abundancia, la principal de la antigua urbe. Después se derrumbaron dos paredes sin decoración en una bodega de la calle Strabiana (en el área de los teatros) y en otro edificio, detrás de la casa del Centenario. Por último, en el jardín de la Casa del Moralista, sin acceso al público, cedieron seis metros del muro perimetral. Pero, según el presidente de la asociación nacional de arqueólogos, ha habido siete derrumbes en un año.

El problema, parece ser que se centra en una mala gestión del patrimonio, donde han primado los grandes proyectos puntuales y llamativos para la atracción de turismo, dejando de lado, la labor de conservación y restauración de las estructuras arqueológicas, que presentan un frágil estado de preservación, siendo su estabilización una acción prioritaria cuando se lleva a cabo cualquier excavación arqueológica.

Pero tenemos que tener en cuenta, que las estructuras de la ciudad seguramente ya estuvieran resentidas por los movimientos de tierra que precedieron a la explosión piroplástica del Vesubio, ya que unos años antes se produjo un terremoto en la ciudad que causó diferentes daños en varias zonas de la urbe que, según los expertos, estaban en fase de reparación durante la catástrofe del año 79. Sin olvidar que estos temblores han ido continuando cada cierto tiempo en la zona, como el último producido en 1980.

Fuente: elmundo.es, cultura, 05/12/2010

Por lo que antes de acometer cualquier proceso de conservación el grupo de expertos designados en Pompeya (entre ellos arqueólogos, restauradores, geólogos y arquitectos) deben llevar a cabo un estudio exhaustivo del estado de conservación real de cada una de las casas, teniendo gran relevancia el estado de los cimientos, ya que atajando el problema de raíz es el único modo para el posible mantenimiento de la ciudad romana.

Otros problemas, que parecen menos graves pero que van minando la firmeza de las estructuras, como son la acción de hierbas silvestres que crecen a su libre albedrío, la contaminación atmosférica, la erosión provocada por los viandantes en calles y mosaicos, la invasión de turistas (unos dos millones de visitantes al año) y el vandalismo que sufren las diferentes estructuras y piezas (pintadas y graffitis, extracción de fragmentos de frescos o muros,…) han acrecentado los problemas de estabilización de la urbe en estos últimos tiempos ya que el presupuesto dedicado a su mantenimiento y vigilancia era escaso, haciendo peligrar un bien declarado patrimonio histórico-artístico de la Humanidad por la UNESCO.

Con todo esto, para devolver parte del esplendor a Pompeya, primero debe de haber una campaña de concienciación en la que la idea primordial debe ser la conservación general, en la que la limpieza y la consolidación de las estructuras deben ser los conceptos prioritarios, para poder, luego, realizar un recorrido coherente en la que los visitantes tomen conciencia y formen parte en la conservación de la urbe, haciéndose una idea de nuestro patrimonio y de su fragilidad, ya que la perduración de estos bienes en el tiempo corre de nuestra cuenta y de nosotros depende que las generaciones venideras puedan admirar los restos de las antiguas civilizaciones que forman parte de nuestro pasado y de nuestra historia.
Estamos convencidos que estas medidas, junto con otras actuaciones que se adecuen al problema que está sufriendo la ciudad de Pompeya, se tomarán o se estarán tomando por parte de los expertos, para devolver el esplendor a una cuidad mítica.

Historia de una restauración, Biblia de 1565

Una de las preguntas más comunes cuando uno ve o toca documentos muy antiguos es cómo ha llegado así hasta nuestros días, en estados tan buenos o tan malos, según qué caso. Aquí os dejo un vídeo de la restauración de una Biblia de 1565. La restauración de documentos y libros es un auténtico arte, la precisión y la química son factores fundamentales. Pero mirad el vídeo, yo, al menos, lo disfruté muchísimo.