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Violencia política en La Transición (II): Los grupos de izquierda radical.

Hace aproximadamente un mes subíamos a la web la primera parte de este serial sobre violencia política en la Transición española, dedicando el primer capítulo a la violencia perpetrada por los llamados nacionalismos periféricos. Pero las acciones perpetradas entre inicios de la década de los setenta y principios de los ochenta no sólo correspondieron a grupos cuya motivación principal para la lucha eran reclamaciones ligadas a la autodeterminación y/o independencia de sus respectivos territorios, también existieron otro tipo de bandas que actuaron en este período de tiempo y cuyas motivaciones para la lucha estaban relacionadas con la totalidad del territorio español.

Dentro de este tipo de grupos (y sin obviar la violencia ejercida por el estado) he decidido, para una mejor comprensión y análisis de su existencia, dividirlos por motivos ideológicos dentro del tradicional eje izquierda-derecha, dejando para la siguiente entrega los grupos relacionados con la derecha y atendiendo en profundidad en este post a los que se sitúan en la izquierda.

La primera característica que poseen estos grupos de extrema izquierda es que plantean la violencia como medio para subvertir el status político imperante. Ello es importante porque permite diferenciar entre grupos políticos de izquierda con vocación y/o estrategia violenta y grupos que no la tienen (PSOE, PSP, PCE,…). Algunos de estos grupos violentos actúan sólo durante el Franquismo y la primera parte de la Transición como una forma de “respuesta” hacia el autoritarismo, pero otros llegan más allá actuando incluso cuando la Democracia española se encuentra consolidada.

En el entorno español y siguiendo la tónica explicativa del capítulo anterior de definir cada fenómeno por separado encontramos tres grandes grupos: la violencia anarquista con varias siglas que se modifican en el tiempo, el FRAP y los GRAPO.

¡Ni dios, ni patria, ni amo!: La violencia anarquista.

Si un país tiene tradición anarquista ese es España. Ya desde el último cuarto del siglo XIX se crean en la Península las primeras sociedades anarquistas, principalmente en torno a la CNT. También se producen los primeros atentados (ambos temas son tratados ampliamente por los profesores Juan Avilés y Ángel Herrerín en I, II, III y sobre todo en IV), donde destacan los magnicidios de José Canalejas, Eduardo Dato o Antonio Cánovas del Castillo, pero también hay documentados atentados masivos como la Bomba del Liceo de Barcelona donde murieron veinte personas.

Si bien la beligerancia y el peso cuantitativo del anarquismo hasta la Guerra Civil fue notable, la Dictadura reprimió o condenó al exilio a unas organizaciones ya diezmadas por la guerra. Sin embargo, con el debilitamiento de las estructuras franquistas y el advenimiento de la Democracia no se produjo un resurgir anarquista como si ocurrió con otro tipo de movimientos de izquierdas como el comunismo o el socialismo. Ello en gran parte es debido al carácter intrínseco que tenía el proyecto anarquista de preguerra (escasa verticalidad y fortaleza en pocos países) y que no pudo tener continuidad en el exterior al no existir grupos fuertes que mantuvieran viva la llama.

Sin embargo en la década de los setenta comenzaron a resurgir una serie de grupúsculos de componente anarquista que poco tenían que ver con la antigua CNT. Estos poseían un componente notable de espontaneidad y su importancia fue muy relativa y focalizada principalmente en el noreste de la Península.

Estos grupúsculos utilizaron multitud de siglas, algunas de ellas temporales o circunstanciales como GALLUT, Movimiento Ibérico de Liberación o GAROT, pero entre tal amalgama de siglas destacaron los Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista, los GARI.

Sus actuaciones fueron mayormente de sabotaje, focalizados no sólo contra intereses políticos y económicos del régimen franquista, sino también dentro del territorio francés, retomando aquella estrategia anarquista de principios de siglo XX de “propaganda por el hecho”.

Cartel del film “Salvador” (2006)

Pero si hay un nombre que resuena en la historia reciente del anarquismo en España ese es el de Salvador Puig Antich (1948-1974), el último preso ejecutado en España por medio del garrote vil. Puig Antich fue detenido a mediados de 1973 y condenado a muerte en Consejo de Guerra por un tribunal militar acusado del homicidio de un policía de la Brigada Político Social. Este había fallecido durante un tiroteo que se produjo en el operativo de captura del propio Puig Antich y de otros miembros de su grupo. A pesar de las múltiples presiones que sufrió el propio Franco para que parara la ejecución (incluso desde el Vaticano) la conmutación de la pena no se produjo. Finalmente Puig Antich murió agarrotado en la mañana del 2 de marzo de 1974, siendo el último ajusticiado de las historia de España por este método.

Si bien es cierto que hubo tenues experiencias de grupos violentos de corte anarquista en la España de la Transición, las principales organizaciones terroristas de izquierda radical (siempre excluyendo el nacionalismo de izquierdas extremo) fueron grupos armados con ideología marxista-leninista: el FRAP y los GRAPO.

 

Sed de vino, compañero

de vino y guerra…: el FRAP

El grupo marxista-leninista que menos se prodigó en el tiempo y en acciones violentas fue el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota o FRAP. Creado en 1973 por el Partido Comunista de España (marxista-leninista) y que no se debe confundir con el PCE de toda la vida. El PCE (m-l) fue un partido de izquierda radical minoritario bastante cercano al Partido del Trabajo de Albania de Enver Hoxha y auspiciado y liderado por el ex ministro socialista durante la II República Julio Álvarez del Vayo.

El FRAP nació de manera “oficial” en el año 1973 tras el al I congreso del PCE (m-l) celebrado en Italia, pero ya había comenzado a andar varios años antes. Las primeras reuniones en las que empezó a fraguarse tuvieron lugar en enero de 1971 en París, en la casa del famoso dramaturgo Arthur Miller. Allí se inició la configuración del grupo y se redactaron sus seis principios programáticos.

La primera muerte ligada al FRAP se produjo el 1 de mayo de 1973, cuando en las manifestaciones obreras realizadas en Madrid convocadas por el PCE (marxista-leninista) y el Comité pro-FRAP fallece un subinspector de policía apuñalado entre las calles de Atocha y Santa Isabel. Ese día también resultaron heridos otros policías, dos de ellos de gravedad. Esta acción violenta no fue propiamente realizada por el FRAP, sino por su predecesor el Comité pro-FRAP.

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Insignia del FRAP.

El bienio 1974-1975 fue un momento de agitación para este grupo. Este lapso fue percibido por el PCE (m-l) y por el FRAP como una situación prerrevolucionaria de masas. Se impondría, con ello, el voluntarismo de cara al cambio político. Unido a ello, la “legitimación histórica” de su discurso de la violencia, con usos justificativos y fundada en el pensamiento de los clásicos del marxismo y en las experiencias de su aplicación, generó un crecimiento de la violencia buscando un amplio movimiento de ruptura política con la Dictadura Franquista.

La lucha continuó bastante activa con actos de terrorismo personal y otro de menor intensidad contra intereses económicos durante los años siguientes, siendo uno de los grupos más beligerantes y también uno de los que más sufrió el peso de la acción represiva del estado, sobre todo hasta el fallecimiento de Franco.

La celebración de las elecciones generales del año 1977, las primeras democráticas desde la década de los treinta y el apoyo popular nada desdeñable cosechado por los partidos de izquierdas a los que desde el PCE (m-l) se tildaba de revisionistas y traidores a la lucha obrera (PSOE, PCE y PSP lograron en conjunto 143 escaños y cerca de ocho millones de votos válidos). Debido a ello su militancia poco a poco fue decayendo, ya fuera por convencimiento o por detenciones.

La actividad armada del FRAP, bastante fuerte durante la década de los setenta y destinada sobre todo al hostigamiento de los llamados “hombres de uniforme” (fuerzas de orden público) se cobró la vida, según datos de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, de seis personas antes de extinguirse al viento de la Democracia en España y del languidecimiento del comunismo a nivel internacional.

¡Devolvamos los perros a las perreras!: los GRAPO.

Si un grupo de izquierdas destacó por su beligerancia durante la Transición esos fueron los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, los GRAPO.

Nacidos a mediados del año 1975, cuando Franco se encontraba ya en sus últimos meses. Su creación se producía al calor y como brazo armado de otra de las esciciones surgidas de la adopción del llamado eurocomunismo por parte del PCE: el Partido Comunista de España (reconstituido). Dichas organizaciones marxistas-leninistas acusaban de revisionismo no sólo a los grupos moderados de la izquierda española, sino también a Carrillo y al PCE, por lo que giraron hacia posiciones pro-chinas.

La primera acción armada perpetrada que se suele atribuir a los GRAPO acaeció el 2 de agosto de 1975 en el canódromo de Madrid, cuando varios miembros de la banda atentaron contra una pareja de la Guardia Civil, resultando muerto uno de ellos y su compañero, herido de gravedad.

Entre sus miembros más destacados se pueden mencionar a Fernando Silva Sande “Antón”, Francisco Brotons Beneyto o, el pseudohistoriador conservador Pío Moa.

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Recorte de prensa en la que se relata un atentado del GRAPO.

Desde entonces la espiral de atentados no tuvo freno. Si bien en el FRAP existían dudas sobre si los actos de terrorismo contra la integridad de las personas debían ser el centro de la lucha, en el caso del GRAPO no quedaba duda alguna en un principio. Ese mismo año 1975, el grupo asesinó a cuatro policías nacionales más el 1 de Octubre, atentado que daría nombre a la banda. En resumidas cuentas, los GRAPO habían asesinando en apenas un año a más personas que el FRAP en toda su historia.

Una vez fallece Franco los GRAPO continúan con la actividad armada a través de otras acciones terroristas. Durante los años del cambio de régimen realizan secuestros y atentados con fuerte repercusión social. La amnistía de presos políticos anunciada para 1976 y los golpes asestados por las fuerzas del estado convirtieron al PCE (reconstituido) en un grupo minoritario. Los GRAPO mantuvieron esporádicamente sus acciones armadas a pesar de que varias veces se dio por desmantelada a la organización. A pesar de que la mayoría de sus acciones estaban enfocadas hacia individuos pertenencientes a las fuerzas de orden público, también perpetraron atentados de otros tipos. Entre sus acciones violentas contra el poder político aparece el secuestro en 1976 del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol y Urquijo, y posteriormente en 1977 el del presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, Emilio Villaescusa Quilis. Ambos terminaron el 11 de febrero tras ser liberados por la policía. Pero sobre todo resalta el asesinato del presidente de la Sala VI del Tribunal Supremo, Miguel Cruz Cuenca.

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Tabla de elaboración propia con datos de la Fundación Víctimas del Terrorismo.

En 1982 los GRAPO declaran un alto el fuego al gobierno presidido por Felipe González y, tras las negociaciones con el Ministerio del Interior en 1983 pierden aún más apoyo y parte importante de sus miembros abandonan las armas. Sólo unos pocos escasamente organizados siguieron esporádicamente colocando explosivos, realizando atracos y extorsionando con un apoyo social inexistente. A lo largo de su historia han asesinado a 85 personas, la última en 2006, siendo la mayoría policías y militares.

Si bien es cierto que la Transición fue un proceso de lento desarrollo y fructuoso resultado, algunos grupúsculos de la izquierda radical no supieron o no quisieron en principio adaptarse al nuevo marco de democracia liberal, ello dentro de un clima de tensión violenta como es el que caracteriza al de la España de los setenta y que cristalizó en un choque continuo y sangriento contra todo lo que representaba al viejo estado que evanescía no sin oponer resistencia (será tratado en la tercera entrega), pero también poniendo palos en las ruedas a un débil y naciente estado de derecho en el que muchos de estos individuos no creían.

Atentado Carrero Blanco

Violencia política en La Transición (I): Los nacionalismos periféricos.

La Transición Española, mitificada por unos y denostada por otros, está marcada por un buen número de hitos y días que se recuerdan sin dificultad: el 20-N, el 6 de diciembre, el 23-F, etc., pero si pudiéramos hacer un salto en el tiempo y nos trasladáramos al Madrid, Bilbao o Barcelona de la época, nos daríamos cuenta de que lo que probablemente más nos llamaría la atención por contraste con nuestra situación actual, es el grado de violencia y crispación política existente en el país. La década de los setenta supone para el sistema social y político español que se había labrado desde los años treinta una crisis en todos los sentidos. La muerte de Carrero Blanco, la apertura realizada por los tecnócratas, la enfermedad y posterior muerte de Franco, la Revolución de los Claveles en Portugal y la llegada de ministros con clara vocación reformista al gobierno sembraban de incertidumbre un panorama en el que diferentes corrientes y fuerzas buscaban reubicarse.

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José Ignacio Wert

La Historia según Wert

[Esta publicación se hizo el día 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, donde es tradición en España publicar noticias falsas. Por muy creíble que pueda sonar la noticia, no es real].

Cualquiera con más de dos dedos de frente conoce la famosa estrategia política de promulgar leyes en fechas donde puedan pasar desapercibidas. Hay casos flagrantes aprovechando la Semana Santa (recordemos la legalización del PCE un Sábado Santo), colándolas de tapadillo en un frenesí de escándalos de corrupción, antes de la final de la Champions, etcétera. Lo que sea con tal de pillar a la sociedad con un pie en plena Operación Salida y otro pie en la playita a punto de degustar una ensaladilla rusa cargadita de salmonelosis.

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OPEC PRODUCTION LEVEL

Cuando éramos reyes: la OPEP y la crisis energética de los setenta.

A pesar de que en España los consumidores no lo estamos notando en demasía, el petróleo lleva varias semanas de caída constante y generando quebraderos de cabeza a algunos gobernantes de países productores a los que no les salen las cuentas. Tras haber superado los 120 dólares el barril en épocas relativamente largas de bonanza (y gasto) para los países productores, muchos Nostradamus de nuestra época lanzaban el grito al cielo acerca de que el llamado peak oil, se encontraba a la vuelta de la esquina. Quizás se peque de ventajismo, pero con un barril brent en lenta pero estable caída y que ya se ha situado en torno a los 70 dólares el barril y con la elasticidad que ha demostrado tener el lado de la oferta (nuevas inversiones, fracking, implementación de energías complementarias, etc.) mantener que el petróleo se va a acabar relativamente pronto es, a día de hoy, cuanto menos algo aventurado. Sigue leyendo

Monseñor-Romero

La Iglesia Católica y la izquierda, una relación (no tan) extraña

El imaginario colectivo es curioso, en muchas ocasiones se impregna de arquetipos o tópicos basados en extender un pensamiento mayoritario a la totalidad del cuerpo que compone la institución, colectivo o tendencia en cuestión y ello genera una pasión bien extendida como es el frikismo, entendido el concepto friki como el diferente, el rompedor e, incluso en una devaluación del término, el revolucionario. Se puede aplicar esta descripción a la nueva estrella mediática de la Iglesia en España, la monja dominica Sor Lucía Caram. “Azote de los políticos” o “monja revolucionaria” son algunos de los apelativos que le otorgan los medios que dan cobijo y difusión a sus prédicas. Con un discurso populista (aquí está medianamente bien definido lo que es y ella lo conoce muy bien porque su país de origen es una potencia exportadora tradicional) de izquierdas ha despertado el apetito de las audiencias por ese rara avis que la consumen (porque la televisión también es consumo) con fruición mientras le asalta la sorpresa de cómo es posible que exista esa monja de izquierdas. Sigue leyendo

mercosur-San Juan

Mercosur: Un mito de la integración latinoamericana

Termina el Mundial de Brasil y las sensaciones para las dos grandes selecciones de América, Brasil y Argentina, son cuanto menos agridulces. Quizás con el tiempo se valoraran más los resultados, sobre todo con los recursos con los que ambos conjuntos enfocaban la competición, pero la finalización del Mundial también supone la vuelta a la normalidad de las sociedades argentina y brasileira.

Argentina y Brasil, Brasil y Argentina, no importa el orden de los factores de las dos tradicionales potencias de la región sudamericana, fronterizas y tradicionalmente en conflicto, no siempre del todo pacífico, por la hegemonía del subcontinente sudamericano, sobre todo durante unas dictaduras militares que buscaron enemigos fuera que focalizaran el fervor nacional (véase Malvinas).

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populismo

Cómo conocí a vuestro padre (político): Definiendo el populismo.

En el análisis político actual se han generado una serie de términos-comodín los cuales el tertuliano o el político de turno se encuentra muy acostumbrado a repetir una y otra vez cuando lo que dice el oponente no le gusta. Frases como: “su argumento es una falacia…”, “eso que usted dice es demagógico…” o “esa medida es populista…” son normales en cualquier confrontación política, el problema es que una gran parte de los que las utilizan desconocen los significados de dichos términos. Sigue leyendo

Adolfo-Suarez solo

Adolfo Suárez: luces y sombras de un tahúr de Ávila

 Siempre he pensado que el oficio de historiador, como el de cualquier científico social, debe prescindir de opiniones y estar centrado en el análisis no sesgado, pero en ocasiones ello se torna harto difícil, como sucede en el caso del reciente fallecimiento del ex-presidente Adolfo Suárez. Pero, ¿quién fue Adolfo Suárez?

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El infierno cotidiano

Qué el infierno ni qué la chingada. El infierno es aquí mérito, ¿ya no se acuerda cuando éramos chavalos? ¿El hambre que teníamos, el canijo frío? ¿La miseria en que vivíamos? O como ahora mismo, que cabrones como nosotros anden matando así porque sí nomás porque no tienen una manera decente de vivir. Me cae que esta vida y no chingaderas es el infierno

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Carrillo y el 23-F

Mucho se ha hablado del 23-F, el icónico 23 de febrero de 1981. Sobre él se han escrito cientos y cientos de ensayos y artículos repletos de lugares comunes: el mayor desafío al que se sometió nuestra (por entonces joven) democracia, la prueba de fuego para una sociedad española recién salida de una dictadura, el papel de sus diversos protagonistas u otras reacciones más mundanas, como el típico caso del sobrino de la vecina de un cuñado que planeó su fuga al extranjero mientras se zampaba con patatitas las octavillas marxistas impresas de manera clandestina porque total, aquí cada uno sacia el hambre lo mejor que puede y quiénes somos nosotros para juzgarlo.

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