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Trabajo de Historiador

Pasillo del Archivo General de Indias. Los documentos ahora están en cámaras preparadas para la perfecta conservación de los legajos, anteriormente los acogían esas estanterías.

No son pocas las ocasiones en las que uno tiene que explicar que ser historiador es algo más que la posibilidad de dar clase en secundaria. Aunque algunos tienen una leve idea – o imagina – lo que hace un arqueólogo (aunque es una cosa muchísimo más profunda que pasar un pincelito por un arenal), muchos no llegan a entender en qué consiste el trabajo de los demás historiadores.

 

Explicar cómo se pasa de un trabajo bibliográfico a una investigación, en archivo, es a veces muy complicado, y, entre las pregunta más frecuentes está la de qué hay en un archivo. Y, claro, explicar lo que hay en un archivo también es algo harto complejo, puesto que los archivos se componen de legajos, (y qué es un legajo), con documentos de todo tipo, oficiales, extraoficiales, epistolares, etc. También hay que explicar que hay varios tipos de archivos, particulares y públicos, que no todo se coge con la mano, que ahora están en proceso de digitalización, y un largo etcétera.

Mi pena, siempre, es que mi auditorio en estos casos se va con cara de “éste tío para profesor no vale”. Todo esto viene porque se me ha ocurrido que el trabajo de investigación de archivo es muy parecido al de un detective, de los antiguos, los Sherlocks y los Watsons. Porque la investigación histórica pasa de una acumulación de los hechos y hay que buscar más allá. Y esta tontería se me ha ocurrido leyendo a Roa Bastos, escritor paraguayo, en su obra “Yo, el Supremo”, que nos cuenta la historia, desde la novelística de Gaspar Rodríguez de Francia, del que tendréis más noticias por aquí puesto que estoy trabajando sobre él (bibliográficamente). En ella, el Supremo Rodríguez de Francia encarga una investigación caligráfica a su ayudante. Y hace un repaso del material de archivo sobre el que trabajar:

” Vas a ponerte a rastrear la letra del pasquín en todos los expedientes. Legajos de acuerdos, desacuerdos, contracuerdos. Comunicaciones internacionales. Tratados. Notas reversales. Letras remisorias. Todas las facturas de los comerciantes portugueses-brasileros, orientales.El papelaje de sisa, diezmo, alcabala. Contribución fructuaria. Estanco, vendaje, ramo de guerra. Registros de importación-exportación. Guías de embarques remitidos-recibidos. Correspondencia íntegra de los funcionarios, del más bajo al más alto rango. Cifrados de espías, vicheadores, agentes de los distintos servicios de inteligencia. Remitos de contrabandistas de armas. Todo. El más mísero pedazo de papel escrito. 

¿Has entendido lo que te mando hacer? Sí, Excelencia: debo buscar el molde de la letra del pasquín catedralicio, buscar su pelo y marca en todos los documentos del archivo.”

 

Pues esto amigos, es una buena parte del trabajo de un historiador.

 

Cita: “Yo el supremo”, Augusto Roa Bastos. Editorial Cátedra, Madrid, 1983. pp 116-117.

 

Historia de una restauración, Biblia de 1565

Una de las preguntas más comunes cuando uno ve o toca documentos muy antiguos es cómo ha llegado así hasta nuestros días, en estados tan buenos o tan malos, según qué caso. Aquí os dejo un vídeo de la restauración de una Biblia de 1565. La restauración de documentos y libros es un auténtico arte, la precisión y la química son factores fundamentales. Pero mirad el vídeo, yo, al menos, lo disfruté muchísimo.