Archivos de la categoría Memoria histórica

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El infierno cotidiano

Qué el infierno ni qué la chingada. El infierno es aquí mérito, ¿ya no se acuerda cuando éramos chavalos? ¿El hambre que teníamos, el canijo frío? ¿La miseria en que vivíamos? O como ahora mismo, que cabrones como nosotros anden matando así porque sí nomás porque no tienen una manera decente de vivir. Me cae que esta vida y no chingaderas es el infierno

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Carrillo y el 23-F

Mucho se ha hablado del 23-F, el icónico 23 de febrero de 1981. Sobre él se han escrito cientos y cientos de ensayos y artículos repletos de lugares comunes: el mayor desafío al que se sometió nuestra (por entonces joven) democracia, la prueba de fuego para una sociedad española recién salida de una dictadura, el papel de sus diversos protagonistas u otras reacciones más mundanas, como el típico caso del sobrino de la vecina de un cuñado que planeó su fuga al extranjero mientras se zampaba con patatitas las octavillas marxistas impresas de manera clandestina porque total, aquí cada uno sacia el hambre lo mejor que puede y quiénes somos nosotros para juzgarlo.

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Citando a . . . Paul Preston

Paul Preston "poniéndose fino" en alguno de los -miles de- grandes centros gastronómicos de la Península Ibérica

 

Innecesario es decir que esta es una obra científica y que los hechos del pasado pertenecen a la Historia. La divulgación documentada y veraz de los innumerables casos mencionados de personas responsables de actos de violencia durante la represión no puede ofender el honor de los allegados, cuyos sentimientos respetamos. La misión del historiador estriba en buscar la verdad, con independencia de los sentimientos que su trabajo pueda despertar.

 

Paul  Preston, en el prólogo de su  obra “El holocausto español”, 2011, editorial Debate.

Foto | El País

El Grupo de Cáceres

Este sábado 22 de octubre se celebrará en Villanueva de la Serena un acto cívico en memoria de las víctimas del franquismo. Dicha población fue una de las más castigadas por el conflicto, habida cuenta de que (como aún reza su escudo) era la puerta de La Serena, comarca que resistió durante dos años los ataques de las tropas golpistas.

Edificios derruidos en la Plaza de España de Villanueva de la Serena (Colección Manuel Sánchez Gálvez)

La toma de Villanueva de la Serena supuso, en cambio, el inicio de una represión que dejó más de setecientos damnificados y casi trescientos muertos en la localidad. Una de las decenas y decenas de historias al respecto es la de quienes fueron conocidos durante años como el Grupo de Cáceres.

El 20 de julio de 1936, Manuel Gómez Cantos, capitán de la Guardia Civil, se levantó en armas y puso a Villanueva de la Serena bajo control del bando franquista. En cuatro días detuvo a sesenta vecinos con los que hubo de huir a la cercana Miajadas ante la incapacidad de resistir el asedio de las fuerzas republicanas que pretendían recobrar la localidad.

Ya en Miajadas, ese mismo 24 de julio, se decidió enviar a los prisioneros a la cárcel de Cáceres, a la cual arribaron cincuenta y seis hombres (tres pudieron escapar y otro murió en el camino por heridas de bala). Permanecieron recluidos en aquel lugar sin razón aparente durante dos años, periodo en que hubo un nuevo fallecido y otros veintidós fueron canjeados o liberados.

Imagen aérea del bombardeo franquista sobre Villanueva de la Serena (Colección Juan Ramón Rayego Severo)

En ese tiempo la llamada Bolsa de La Serena había logrado frenar el avance franquista. No obstante, sucumbió ante la ofensiva final entre los días 20 y 24 de julio de 1938. Dos semanas más tarde, el 8 de agosto de 1938, los treinta y tres últimos integrantes del Grupo de Cáceres fueron trasladados a Badajoz, en cuya prisión se les retuvo otro mes.

Por aquel entonces, el citado Gómez Cantos, además de participar en la polémica matanza de la plaza de toros de Badajoz, había sido designado Delegado del Orden Público de dicha provincia. Fue así como de nuevo se hizo cargo de los treinta y tres prisioneros y los condujo a Villanueva de la Serena el 8 de septiembre, a quienes encerró esa noche en la cárcel local.

Fotografía de Vicente Blázquez Benítez (García Suances, I., "Grupo de Cáceres")

Al día siguiente, en la céntrica Plaza de España, el propio Gómez Cantos instruyó un juicio popular desprovisto de toda legalidad o legitimidad. Con todo, y delante de familiares y vecinos, los treinta y tres acusados fueron condenados a muerte. A continuación, los presos fueron llevados a la sierra de Yelbes, al norte del río Guadiana, cerca de Medellín.

Los miembros del Grupo de Cáceres fueron asesinados en un lugar indeterminado al pie de una loma, recibiendo sepultura en una fosa común. Entre los fusilados se hallaba mi tío abuelo, Vicente Blázquez Benítez, miembro de las Juventudes Comunistas de Villanueva.

Él, como el resto de sus compañeros, fue declarado inocente tras anularse la sentencia cinco años más tarde (noviembre de 1943, causa 4251/39). Pero nadie indemnizó a sus familias ni recuperó sus restos. Todavía no se han encontrado, setenta y tres años después.

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Puede hallarse más información sobre estos hechos en el libro de GARCÍA SUANCES, Iván, Grupo de Cáceres. Fusilados en Medellín. [S. L.]: ARMHEx, 2008.

Asimismo, la propia ARMHEx ha elaborado un listado con los represaliados de Villanueva de la Serena, acompañándolo de un breve análisis de tales datos. Por otro lado, la web del Proyecto para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura incluye un buscador de víctimas, fosas y documentación sobre la represión franquista en la región.