Archivos de la categoría Historia y Cine

fotograma infierno 1

El infierno cotidiano

Qué el infierno ni qué la chingada. El infierno es aquí mérito, ¿ya no se acuerda cuando éramos chavalos? ¿El hambre que teníamos, el canijo frío? ¿La miseria en que vivíamos? O como ahora mismo, que cabrones como nosotros anden matando así porque sí nomás porque no tienen una manera decente de vivir. Me cae que esta vida y no chingaderas es el infierno

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Gael Garcia Bernal, protagonista de la película, en un fotograba de la misma.

No [Cine Histórico]

NO (Chile, 2012) es una película inspirada por una obra de teatro inédita de Antonio Skármeta (El cartero de Neruda). La película está ambientada en 1988, cuando el régimen de Augusto Pinochet cedió a la presión internacional y convocó un plebiscito que decidiera la continuidad del régimen o el cambio. Un referéndum que se recogía en la Constitución Política de 1980, un intento de “democratizar” y legitimar el régimen.

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Después de… [VIDEO]

Comenzamos un nuevo curso, y con él me gustaría compartir con vosotros un documental que he conocido a través del blog Elearning de mi amigo @eraser. Es una recopilación de documentos de la época más crucial de la reciente Historia de España, la Tansición. En él podemos palpar cuál es el sentimiento de los miembros activos de la política española, pero sobre todo de los incorformistas de la transición tal y como estaba llevándose a cabo y de los nostálgicos del régimen anterior. Está grabado entre 1978 y 1981, y se termina de realizar justo antes del golpe de Tejero el 23 de Febrero de 1981.

Y es que la siempre llamada ejemplar transición española empieza a flaquear con el paso de los años. Una transición llevada a cabo por una parte de la antigua oligarquía que abría las puertas a una nueva, con la que se entiende bastante bien, una transición permitida por el miedo inculcado durante años a la desmembración de la nación y a una nueva guerra, y una transición con el visto bueno de la comunidad internacional conservadora. Una transición a la que se le empiezan a ver las vergüenzas y que comienza a ser cuestionada como proceso histórico ejemplar.

Temas tan de actualidad como el aborto, o la llamada conservadora a la familia [en este caso por el divorcio], la reforma laboral, la represión, las luchas sociales en materia de empleo [destacar el conflicto agrícola], se tratan en el vídeo, y en la calle.

El documental es largo, tiene dos partes de 90 minutos cada una, pero os lo recomiendo fervientemente. Las conclusiones y los debates, espero que podamos llevarlo a cabo en los comentarios. Sin más particular, los vídeos.

 

Una gran noticia

Seguro que muchos de vosotros os habréis dado cuenta de que quien esto escribe hace mucho que no se pasa por Aquí fue Troya. Doy por hecho que no hay una legión de fans esperándome a que salga por la calle para aclamarme, pero bueno, era importante aclarar el porqué de tan repentino silencio y, ya que estamos, el tono comedido con el que analicé Isabel (tan comedido que muchos me indicaron, en privado, que no era yo. O, al menos, que no era el yo que tantísima y tan merecida cera le dio a Toledo en su momento).

Durante varios meses he estado mordiéndome la lengua -o el teclado, mejor dicho- para no gafar el proyecto y reventar la exclusiva, si bien finalmente desde instancias superiores me han dado luz verde para comunicar la noticia: TVE producirá una serie sobre Fernando III y, si todo sale bien, seré el consultor histórico de la misma. No puedo dar más detalles del asunto por ahora, pero sí me han permitido explicar cómo se desarrollaron los acontecimientos.

Todo comenzó de la manera más idiota. Hace siete meses, el 30 de mayo, @silvi_ta me cedió en Twitter el espacio de los santos para que hablase de Fernando III, a la sazón San Fernando (huelga aclarar que no me gusta nada esa denominación, salvo cuando se celebra su/mi onomástica). Todo ello se saldó con el hashtag #FernandoIIIesTOP y comenzó a germinar en mi cabeza la posibilidad de dedicar unos artículos en Aquí fue Troya, planteando su vida a modo de serie. Sólo dos artículos vieron la luz, los referentes a la primera temporada y a la segunda eadem. La ficticia serie se detuvo en 1218 y, aunque en mi cabeza estaba todo el desarrollo de la misma -cinco temporadas, así a ojo-, no hubo continuación.

El milagro sucedió a principios de julio. Estaba trabajando en el tercer artículo (tercera temporada, aún inédita) cuando recibimos un correo electrónico de un productor televisivo interesándose por nosotros. Mejor dicho, por Fernando III y por los artículos publicados previamente. Superado el asombro inicial -que después tornó en reticencia y más tarde en pánico- y luego de un afanoso intercambio de correos, concertamos una entrevista en Madrid a mediados de agosto.

De tal entrevista poco podemos desvelar quienes allí estuvimos. Que si era viable la serie. Que si habíamos hablado con otras productoras o cadenas. Que si venderíamos la idea o si preferiríamos participar como asesores. Todo muy en el aire, sí, pero bien es cierto que las televisiones públicas tenían pendiente la aplicación de EREs en sus plantillas y de recortes en sus presupuestos. Era comprensible que no habría vía libre para avanzar en el proyecto hasta que no se aprobaran las cuentas estatales de 2013 para RTVE.

En otoño se fue redondeando la propuesta en diversas reuniones con el equipo. Tampoco debería revelar mucho al respecto, salvo que el espíritu original de los artículos ha sido tenido más en cuenta de lo esperado. Se han mantenido en esencia las líneas argumentales y el perfil de los personajes. Otra cosa será el trabajo que hagan los guionistas y las directrices impuestas por los productores ejecutivos (no de la productora, sino de la cadena) y será finalmente el público quien dicte sentencia a favor de unas u otras tramas. Y sí, los medios no son muchos y en España no tenemos nada como la HBO o la BBC, pero estoy seguro de que el esfuerzo será titánico para estar a la altura de las expectativas creadas.

Ojalá muy pronto pueda ofrecer más datos y concretar plazos, personajes o localizaciones. Hasta entonces sólo me queda esperar y, sobre todo, daros las gracias: el productor nos confesó que conocía los artículos gracias a que uno de nuestros lectores se los había enviado. Sea quien sea ese lector, le debo no ya una caña, sino la producción anual de Cruzcampo.

Historia de las Matemáticas. [Video]

Suena grandilocuente el título del post, y es que una Historia de las Matemáticas sería una labor tan amplísima como desconcertante para los que sólo tenemos un conocimiento medio de la ciencia de los números.

Os dejo con una serie documental bastante interesante sobre el tema, su nombre es grandilocuente, pero lo afronta bastante bien. Es una producción de la BBC realizada en el año 2008. 4 vídeos para pasar estas tardes de lluvia.

Isabel

En Aquí fue Troya somos así, señora. No nos mire mal. Sabemos de sobra que Isabel se estrenó hace bastante y que en su momento prometimos escudriñarla al límite, como hicimos con Toledo. De verdad que sí. Lo cumplimos a medias: quien esto escribe vio el primer capítulo y tomó notas al vuelo, pero hasta hoy no las ha publicado. Cosas del directo, señora, deje de mirarnos mal o la tendremos.

Pero seamos sinceros. La demora es achacable a una única causa de doble filo: Isabel no es tan mala y, por lo tanto, no había tantas ganas de despellejarla como sí sucedió con Toledo. Dios santo, es que Toledo era tan atroz que aún en artículos ajenos (como éste) me entran ganas de denunciar a sus creadores al Tribunal de La Haya.

Admitamos que Isabel, en general, es una serie que se deja ver. Al contrario que Toledo –sí, otra vez la infumable Toledo–, basada en personajes ficticios con presunto trasfondo real, Isabel bebe de asuntos más o menos históricos para desarrollar su trama, lo cual es muy de agradecer. Divulgar no divulga demasiado, vale, pero al menos se nutre de una época convulsa (y, por tanto, interesante) y unos protagonistas que conocen hasta los monetes de Gibraltar. Qué graciosos, los monetes, los jodíos.

El problema, cómo no, es que uno no es de piedra, sino de carne, huesos, vísceras y unos cuantos fluidos que no vienen al caso. Y siendo historiador es difícil no removerse en el sofá cuando observa algunos fallos de bulto que, lo avanzo ya, son responsabilidad última de la asesora histórica de la serie, una tal Teresa Cunillera con un único registro en Dialnet. Ni ella ni los guionistas (ojo, licenciados en Historia) pueden evitar lo peor.


¿Era necesario?:

Isabel contiene fallos históricos, como cualquier otra serie. La cuestión es si eran necesarios. Porque puede haber gazapos sin importancia (ejemplo, ese violonchelo que aparece y que, como ya se apuntó en Twitter, no se inventó hasta un siglo más tarde), pero otros errores no aportan nada a la trama y, para colmo, se enfrentan tozudamente a la realidad. Porque es de traca, óiganme bien, de traca, que en la serie –sobre todo en su promoción– se insista machaconamente en que Isabel fue la primera reina de Castilla, como si a inicios del siglo XII no hubiese existido una tal Urraca I (sobrina, a su vez, de otra Urraca, reina en Zamora). Poco se farda en España de una reina con nombre de pájaro. Una lástima.

Tampoco era estrictamente necesario hacer de Isabel de Portugal, madre de los infantes Isabel y Alfonso, una señora fatal de lo suyo y loca de atar allá por 1461, cuando arranca la serie. Cierto es que fue recluida en Arévalo con sus hijos acusada de enajenación mental (algo que la serie no termina de explicar), pero encamarla para que parezca en las últimas carece de sentido si tenemos en cuenta que falleció en 1496. Treinta y cinco años agonizando, que se dice pronto.

Es comprensible que detalles como el anterior puedan pasarse por alto, dada la brutal cantidad de datos (personajes, fechas, lugares) que proporciona el primer capítulo. Despista a cualquiera, incluso a medievalistas irredentos. Aplaudiría esa profusión de datos si fueran ciertos, pero fastidia oír a Enrique IV ampararse en que Beltrán de la Cueva le salvó la vida en una batalla contra los musulmanes, de lo cual no hay constancia en las crónicas, como tampoco hay constancia de que Isabel fuese la madrina de Juana la Beltraneja o de que los nobles del reino cometieran la imprudencia de jurar ante notario que la recién nacida no era hija del monarca. Puede que Beltrán de la Cueva cayera mal –no era precisamente el tipo con más amigos en Facebook–, pero convertirle en el pim pam pum de la serie es una cabronada.

La serie también derrapa en aspectos protocolarios. En una escena vemos a la reina Juana ordenando limpiar el suelo a todo un arzobispo toledano, cabeza de la Iglesia castellana y pornochacho en sus ratos libres. No esperábamos menos de una corte tan cachonda en la que apenas hay que esforzarse para asistir en vivo a actos carnales con erótico resultado, siendo testigos de ello tanto Isabel como la propia reina, que en un encomiable arranque también se despelota ante Beltrán de la Cueva. Gracias, guionistas. Y aún más gracias, Bárbara Lennie.


Esas minucias (o no):

Isabel tiene aciertos. Que sí. Creedme. Verbigracia, el cuidado y precioso vestuario, al margen de la manía de vestir casi siempre de blanco a Isabel, como si viniese del futuro a anunciar lejía. O las localizaciones exteriores, incluyendo el quitarle al alcázar de Segovia sus característicos tejados de pizarra, mandados colocar en el siglo XVI por Felipe II.

Aún así, a servidor le chirrían determinadas minucias. Acabo de alabar los planos exteriores del alcázar, pero en esos mismos planos echo de menos la antigua catedral de Segovia, situada frente a él y derruida tras la Guerra de las Comunidades. Si seguimos con Segovia, tampoco comprendo que las escenas de la coronación de Isabel se rodaran en la concatedral de Cáceres, existiendo todavía la iglesia segoviana de San Miguel, donde se produjeron tales hechos. Los interiores, en cambio, sólo me sugieren una palabra: cartonpiedrismo. No pido a los decoradores que hagan un cursillo CCC de cantería medieval, pero al menos podrían haberse esmerado en imitar las estancias del mismísimo alcázar en el que se sitúan gran parte de los acontecimientos. Que no cuesta tanto (4’50 € la entrada), chavales.

Por cierto, tampoco es mucho pedir que Isabel mejore su caligrafía. O, mejor dicho, que la adapte a la realidad, que la haga gótica cortesana y no tan clarita y legible. Ah, y que aprenda a escribir bien su nombre, con i griega (“Ysabel”) en vez de i latina. Más que nada, para no joderse el futuro símbolo del yugo correspondiendo con su inicial.


Nota final:

Me enfrenté a Isabel con una mezcla de miedo y ganas de sangre, pero he de aceptar que el resultado, en general, es aceptable. No pasa del aprobado justo, aunque aprueba, que ya es decir para una serie histórica española que encima no cuenta con tramas para toda la familia ni con supuestas escenas jocosas basadas en equívocos de encefalograma plano, ambas dos cosas muy dignas de elogio.

En cuanto al reparto, reconozco que quizás la edad de los actores no se adecue a la de sus personajes, del mismo modo que reconozco que la elección de Michelle Jenner no me convenció cuando comenzó a rodarse la serie. Sostengo lo primero, pero me callo lo segundo: susurros al margen –¡los del fondo no te oyen!–, Michelle Jenner sale más que airosa de un papel enormemente complicado. Si hubo un personaje que me decepcionó fue Enrique IV (Pablo Derqui), pero su esposa en la ficción me hizo olvidarlo pronto.

Sí, por eso mismo que estáis pensando: #TETAS.

Fernando III, S02E00

Como decíamos ayer (en realidad el jueves, pero esto de citar a los clásicos con coherencia espaciotemporal aún no lo domino del todo), Fernando III bien merece una serie propia. La primera temporada de la misma, o al menos tal y como yo la había planeado, terminaba con una Castilla invadida por Alfonso IX de León, quien estaba dispuesto a ocupar los castillos fronterizos que tantos quebraderos de cabeza habían dado en décadas anteriores.

Mientras tanto, Castilla carecía de rey al haber fallecido Enrique I muy patéticamente y no aceptar buena parte del reino a Fernando y mamá Berenguela, quienes se encontraban cerradas las puertas de las ciudades y el corazón de sus súbditos. No es mal punto de partida para la…

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Fernando III, S01E00

No es la primera vez que trato sobre series en este espacio. Si me leéis a menudo sabréis que soy capaz de escribir sobre Juego de tronos sin haber leído ninguno de los libros o visto ningún capítulo, o que en la elaboración del artículo sobre Toledo, cruce de destinos sufrí y disfruté -a la vez- tanto como el marqués de Sade en una matanza típica haciendo él de cerdo protagonista. Pero lo de hoy es distinto. Es personal.

Fernando III

Fernando III’s seal of approval

De siempre me ha fascinado Fernando III. No ya porque sea mi santo (de hecho, jamás nadie me verá llamarlo “San Fernando III”, que es una catetada. Es más, si lo hago podéis hincharme a collejas hasta sangrar), sino porque creo que es uno de los reyes más importantes e infravalorados de nuestra Historia. Porque aquí todos conocen a tótems sagrados como Don Pelayo, Abderramán III, Sancho III, Alfonso X o Jaime I, pero Fernando III ha quedado en un segundo plano, discreto e incómodo a partes iguales.

Ya va siendo hora, digo yo, de recuperar a Fernando III para el gran público. Siempre pensé que su figura daría para una película, no una película épica sobre sus conquistas, qué va, sino una especie de thriller político que reflejase cómo se hizo con su doble corona. Sin embargo, hoy día se llevan más las series televisivas, de ahí que me disponga a publicar cinco artículos como cinco soles para otras tantas cinco temporadas. La idea es que todo ello sirva como una brevísima relación de la vida y milagros de Fernando III tomando como base un buen puñado de tuits que solté el 30 de mayo con el hashtag #FernandoIIIesTOP. Y si algún productor televisivo o cinematográfico lee esto, que me llame. Ya está tardando.


Primera temporada:

En esta primera temporada se presentarían los personajes más relevantes de la más que complicada trama. Esto es muy importante y lo subrayaría (mucho) si supiera cómo hacerlo en WordPress. No olvidemos que cuando Fernando vino al mundo en 1201 se le consideró el heredero, en un futuro no muy lejano, de los reinos de León y Castilla, puesto que sus padres eran Alfonso IX de León y la reina Berenguela, güigüigüí, hija de Alfonso VIII de Castilla. Si nos ponemos en plan mesiánico toca recordar que el nacimiento se produjo en el paraje de Valparaíso, en el camino entre Zamora y Salamanca, adonde la reina se dirigía. Sólo faltaba un portal con el buey y la mula.

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La Última Cena [Cine histórico]

Acostumbramos a ver en televisión por estas fechas todo tipo de películas relacionadas con la pasión de Cristo, incluso vemos películas que la parodian, tales como la obra maestra de los Monty Python, La Vida de Brian. La película de la que os quiero hablar hoy es de un estilo completamente diferente.

La Última Cena de la que hablamos no se realiza en Jerusalén, sino en un ingenio cubano, y no en la contemporaneidad del hijo de Dios, sino en el siglo XVIII. Es la Semana Santa de un año sin identificar de ese siglo. En Cuba el azúcar es la primera explotación agrícola, y los esclavos negros la primera fuerza de trabajo.

En esta Semana Santa del siglo XVIII, el señor dueño del ingenio se pasa por allí para hacer una visita de rigor. Al llegar intenta ponerse al corriente del día a día del ingenio, habla con el mayoral y con el cura, principales autoridades en su ausencia, amén del químico del ingenio, que se encarga del laboratorio. Le enseñan las instalaciones y le describen las novedades. Y es en este momento cuando comienza la peculiar interpretación de la Pasión de Cristo.

Hablando con el cura, éste le explica que no va bien el asunto de la instrucción religiosa de los negros y esto se eleva a caso práctico cuando se encuentra que los guardas están dedicados en pleno a la búsqueda de un cimarrón. Ante esta tesitura, al señor se le ocurre una idea genial, organizar una cena, a imitación de la cena que Cristo tuvo con sus discípulos, con doce esclavos elegidos (aunque no se dice, uno de cada tipo de negro, procedencia, cultura, estatus, etc.), entre ellos el cimarrón, que representaría la traición de Judas. El objetivo de la cena no es otro que instruirlos en la religión católica, y especialmente en el mensaje de que Dios, en su divina providencia, ha hecho con los hombres unas distinciones, les ha dado a cada uno un lugar y una labor, y aceptar eso con resignación abrirá las puertas de un cielo en el que todos se igualarían y vivirían felices.

Durante la cena, sin embargo, además de esto, se vienen explicando todos y cada uno de los tipos de esclavos, cómo los cogieron, a qué se dedicaban, sus culturas, etc. Además, se ven claramente diferentes actitudes ante la situación. El vino corre, al señor se le va soltando la legua y a partir de ahí os haría spoilers de la película.

El Señor hablando con el esclavo cimarrón durante la cena. Toda la escena de la cena se rodó únicamente con la iluminación que procedía de los candelabros situados en la mesa.

La película está dirigida por el cubano Tomás Gutiérrez Alea, y se engloba dentro de un cine exigido por el gobierno revolucionario en los 70. Este cine debería ser pedagógico y se dedicaría a explicar que la vida en la colonia era lo peor de lo peor. Dentro de estas exigencias del gobierno revolucionario, Gutiérrez Alea realiza dos películas, Una pelea cubana contra los demonios (1972) y la referida La Última Cena (1976). Ambas hablan sobre la esclavitud en la Cuba colonial y, aunque la situación en la que se hace la película pueda suponer otra cosa, son dos ejemplos de muy buen cine histórico. Con una excepcional ambientación y una mejor documentación, se aprecia cómo Alea se inspira en los libros de Fernando Ortiz, Una pelea cubana contra los demonios para la película homónima, y en El Ingenio de Manuel Moreno Fraginals, para La Última Cena. Además, en ambas películas se documenta con una las mejores monografías escritas sobre la esclavitud en el Caribe, Los negros esclavos de Fernando Ortiz.

Tomás Gutierrez Alea, director de la película, conocido como el Berlanga cubano por su film "Muerte de un burócrata", de un estilo muy parecido al de Berlanga. Ambos directores han reconocido la influencia que en ellos tuvo Luis Buñuel.

En la película de Alea, amén de una excelente calidad cinematográfica con los medios con los que se contaba entonces, podemos destacar varias cosas muy interesantes que nos ayudarán a entender el periodo:

  • Por una parte tenemos las relaciones de poder, del señor como autoridad máxima, el mayoral, el cura, el hombre de ciencia, los esclavos del  ingenio y los del servicio doméstico. Durante la película vemos cómo el mayoral tiene problemas con el cura, puesto que los días de catequismo o de culto no siempre responden a intereses comunes. Vemos cómo el cura y el químico se enzarzan en un par de debates morales. Y, por último, un auténtico detalle es cuando el señor le cuenta al esclavo que le hace de criado personal su intención de organizar la cena, éste le pregunta si tiene que asistir y le responde, “por supuesto que no, tú eres mi esclavo”.
  • Apreciamos, durante la cena, la relación de los esclavos entre ellos, sus historias del camino que recorren desde que son hombres libres hasta que llegan a Cuba como esclavos, y los que son nacidos ya esclavos en la misma hacienda. Nos trasmite muy bien cuál sería el pensamiento de esos esclavos y cómo digieren esa situación.
  • Otra de las cosas maravillosas de la película es cómo Gutierrez Alea nos trasmite una cuestión muy actual: cómo la incompetencia de una persona que no tiene ni idea de lo que ocurre en el lugar, pero que tiene todo el poder, puede llevar al desastre todo con una decisión desafortunada.  

Una auténtica maravilla de película, altamente recomendable para todo aquel que esté interesado en el tema de la esclavitud, y por la que los años han pasado estupendamente bien.