Archivos de la categoría Historia de la Ciencia

Hamish

Cuando las vacas salvaron a la Humanidad

Vaya por delante, si me perdonan la expresión, que a mí las vacas me caen de puta madre. Me es imposible ser objetivo con tan adorables rumiantes. Gracias a ellas obtenemos chuletones, leche, cachopos, bostas para abonar nuestros campos, quesos, mantequilla, cuero, entrecots, cecina, yogures y hasta pergaminos. Incluso, con suerte, puedes disfrutar de leche merengada si tu vaca lechera no es una vaca cualquiera. ¡Pardiez, pero si hasta hay vacas con club de fans propio!

Sigue leyendo

verkami_d8f95334ba01eba72b66ebdfcfd40fda

Documental “El Triunfante”: Campaña de Microfunding en Arqueología Subacuática

El Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña pone en marcha una campaña de microfunding para terminar el documental sobre “El Triunfante“, el primer barco de guerra español excavado con métodos científicos en nuestro país y una de las piezas más importantes de nuestro patrimonio.

Sigue leyendo

Mujeres y medicina en Roma

Roman_mosaic-_Love_Scene_-_Centocelle_-_Rome_-_KHM_-_Vienna

Cualquier persona que se haya acercado, aunque sea mínimamente, a la historia de la medicina en la Antigüedad Clásica, conocerá los nombres de Hipócrates y Galeno. Los dos médicos griegos fueron los pilares sobre los que se asentó toda la medicina occidental hasta el advenimiento de la Revolución Científica, ya bien entrado el siglo XVIII. No hace falta decir que, además de estas dos figuras fundamentales, existió toda una legión de médicos, cirujanos y otro tipo de practicantes de la medicina que mantuvieron en funcionamiento el, por así llamarlo, sistema sanitario existente en la época grecorromana. La actividad de todos estos profesionales sanitarios de la Antigüedad Clásica se conoce bastante bien gracias a los estudios que se han venido haciendo desde finales del siglo XIX.

Menos se ha sabido del rol que jugaron las mujeres en la medicina grecorromana. En los últimos años, sin embargo, se ha avanzado en ese conocimiento, gracias a numerosos trabajos de investigación en campos como la arqueología, la historia de la medicina y, también, las disciplinas de corte filológico. En este artículo nos centraremos precisamente en la contribución que la filología clásica ha hecho a la comprensión del papel que desempeñaron las mujeres en la medicina de la época romana. En ese sentido, es importante saber que existen textos, si bien no muy numerosos, que nos informan sobre la existencia de mujeres dedicadas al ejercicio de la medicina en la Roma de la Antigüedad. Esos testimonios escritos se encuentran generalmente en tratados médicos y textos jurídicos, pero también en obras literarias, y en inscripciones funerarias.

childbirth

En cualquier caso, el estudio detallado de esos testimonios nos ha permitido descubrir la existencia de tres grandes categorías en las que se encuadraban las mujeres que practicaban la medicina en Roma:

La primera categoría es la de las obstetrices, a las que podemos considerar una especie de comadronas. Se encargaban de asistir a las mujeres durante el parto, aunque en los casos difíciles tenían que ser ayudadas por los médicos especializados. También administraban drogas para provocar abortos o lograr la fertilidad. Además jugaban un papel muy importante en ciertas disputas legales. Por ejemplo, en los casos de divorcio en los que las mujeres negaban estar embarazadas para privar a sus ex maridos de un heredero legítimo, ellas eran las encargadas de demostrar sí existía o no ese embarazo. También comprobaban que las esclavas vendidas como vírgenes lo eran efectivamente.

En la segunda categoría encontramos a las medicae, cuya función es muy difícil de diferenciar de la de las obstetrices. Generalmente se considera que desempeñaban el mismo papel que aquéllas, pero que sin embargo tenían un nivel de instrucción teórica muy superior. Una segunda diferencia, más importante, es que no sólo se ocupaban de labores ginecológicas y obstétricas, sino también de otras disciplinas médicas. Además, las medicae solían ser mujeres libres, que gozaban de cierta consideración social, y que podían incluso hacer fortuna gracias al ejercicio de la medicina. Por el contrario, las obstetrices eran normalmente esclavas o libertas, esto es, esclavas que habían sido liberadas por sus amos pero que seguían estando bastante mal consideradas socialmente. Así, en los textos literarios suelen presentarlas como incompetentes, borrachas y supersticiosas. Además, se las acusaba frecuentemente de tráfico de niños o de administrar abortivos prohibidos.

La última categoría es la de la iatromea, una figura borrosa a la que se supone o bien medio camino entre las obstetrices y las medicae, o bien en un peldaño más arriba, como una especialista que combinara los saberes de ambas.

Iuno_Petit_Palais_ADUT00168

Antes de poner fin a nuestro artículo, es importante dejar claro que estas distinciones sólo valen para la época posterior a la introducción de la medicina griega en Roma. Antes de eso, las únicas mujeres que practicaban la medicina en Roma eran las comadres, es decir, mujeres sin ningún tipo de instrucción profesional y cuyas prácticas se acercaban más a la magia que a la medicina. Por el contrario, después de la llegada a Roma de la medicina griega, surgieron estas figuras de las obstetrices, las medicae y las iatromeae, que sí contaban con una cierta formación profesional, aunque no fuera científica, ya que no es posible hablar estrictamente de ciencia médica con anterioridad al siglo XIX, aunque en la medicina griega sí podamos hallar algunos rasgos que apuntan la existencia de una cierta mentalidad científica.

* * *

Una versión más puramente académica de este artículo puede encontrarse en:

J.P. Barragán Nieto, “El espacio de la mujer en la medicina romana”, en F. Oliveira, C. Teixeira y P. Barata Dias. (coords.). Espaços e Paisagens (Proccedings of the VII Congresso da Asociaçao Portuguesa de Estudos Clássicos). Coimbra: APEC; 2009. vol. I, pp. 83-88.  Accesible en http://es.scribd.com/doc/137852933/Barragan-Nieto-2009-El-espacio-de-la-mujer

Imágenes:

1)     Mosaico procedente de Centocelle, siglo I d.C.

2)     Relieve procedente de Isola Dell’ Sacra, Ostia, siglo I a.C.

3)     Imagen de Juno, siglos I-II d.C.

Historia de las Matemáticas. [Video]

Suena grandilocuente el título del post, y es que una Historia de las Matemáticas sería una labor tan amplísima como desconcertante para los que sólo tenemos un conocimiento medio de la ciencia de los números.

Os dejo con una serie documental bastante interesante sobre el tema, su nombre es grandilocuente, pero lo afronta bastante bien. Es una producción de la BBC realizada en el año 2008. 4 vídeos para pasar estas tardes de lluvia.

La Terrible Historia de la Eugenesia

«60.000 marcos [aprox. 250.000 €] es lo que esta persona con defectos hereditarios le cuesta al Estado durante toda su vida. ¡También es su dinero, ciudadano! Lea Neues Volk, la revista mensual de la Oficina de políticas raciales del NSDAP.» Este cartel podría ser la ilustración perfecta para uno de los episodios más oscuros de la reciente historia de la ciencia: el abrumador éxito de la eugenesia desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.

El padre de la teoría eugenésica moderna fue el científico inglés Francis Galton (1822-1909). Galton, que hizo investigaciones en diversos campos científicos, como la meteorología, la biología o la estadística, quedó profundamente marcado por la lectura de El origen de las especies, de Charles Darwin (quien, por cierto, era su primo), y llegó a la conclusión de que era necesario aplicar una selección artificial al ser humano para evitar la decadencia de la especie. Por extraño que nos parezca hoy día, las ideas de Galton tuvieron un éxito arrollador y fueron adoptadas por una gran parte de la población educada del mundo occidental, aunque de una manera bastante más radical que lo previsto inicialmente por Galton: era necesario impedir que los seres humanos inferiores (enfermos mentales, homosexuales, inmigrantes, judíos, extranjeros, etc.) se reprodujeran más rápido que los superiores, porque si eso ocurría, se produciría el colapso de la especie humana.

Hoy en día es evidente la carga de racismo que contiene la teoría de la eugenesia, pero eso no ocurría entonces. Estar a favor de ella era avanzado, era progresista, era preocuparse por el mundo que se iba a entregar a la generación siguiente. La eugenesia era la teoría científica del momento. Los científicos la aceptaron. Se investigaba en las universidades y en otros centros especializados, y esa investigación la financiaban tanto los estados como prestigiosas fundaciones privadas. Grandes personajes de la política y las artes afirmaron públicamente su importancia y la necesidad de ponerla en práctica para evitar una catástrofe. Entre sus defensores se encontraban políticos como Theodore Roosevelt, Winston Churchill y Salvador Allende, inventores como Alexander Graham Bell, o literatos como George Bernard Shaw y H.G. Wells.

Es de sobra conocido cuál fue el final de ese camino: el extermino masivo de judíos, homosexuales, discapacitados y enfermos mentales, entre otros, en los campos de concentración nazis. No lo son tanto sus etapas intermedias, como las brigadas de «Higiene social», las esterilizaciones forzosas o los programas de «defensa de la raza» que se desarrollaron durante la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos, Escandinavia o Chile, entre otros países. En cualquier caso, las atrocidades nazis eliminaron todo el prestigio que tenía la eugenesia, aunque durante los años 60 y 70 se siguieron practicando esterilizaciones forzosas en los países escandinavos.

Para saber más:

M. Crichton, «¿Por qué es peligrosa la politización de la ciencia?», apéndice teórico a la novela Estado de miedo, Madrid 2004.

Fuentes de las imágenes:

1) Cartel de propaganda nazi a favor de la eugenesia, Wikipedia: http://upload.wikimedia.org/ wikipedia/commons/1/12/EnthanasiePropaganda.jpg.
2) Francis Galton, padre de las teorías eugenésicas, Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/ Archivo:Francis_Galton_1850s.jpg.
3) Judíos «inútiles para el trabajo», de El album de Auschwitz, la única colección de fotografías de la época que muestra el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau en funcionamiento: http://www1.yadvashem.org/exhibitions/album_auschwitz/index.html.

Sangre menstrual y mujeres venenosas

El cuadro que encabeza esta entrada, titulado Seeing Through Other Eyes, pertenece a la serie Menstrala, una colección de ochenta y ocho pinturas elaborada a lo largo de tres años de trabajo por Vanessa Tiegs. La principal particularidad de esos cuadros es que están pintados con sangre menstrual de la propia artista.

Independientemente de lo que uno opine sobre los límites del arte, lo cierto es que la sangre menstrual es una de las sustancias que más ha fascinado a la imaginación humana desde la Antigüedad. Esto es relativamente fácil de comprender. El hecho de que las mujeres pudieran sangrar todos los meses durante varios días sin que su salud se viera demasiado afectada debió de convencer a los antiguos de que esa sangre poseía virtudes especiales que la diferenciaban de la sangre normal, que ya de por sí era considerada la base de la vida.

Generalmente la sangre menstrual ha sido considerada una sustancia tóxica, incluso venenosa. Se trata de una idea muy antigua y que está presente no sólo en Occidente sino también en el resto del mundo. El enciclopedista romano Plinio el Viejo (ca. 23-79) da testimonio de ello en su Naturalis Historia, donde recoge la creencia, extendida en su época, de que la sangre menstrual era capaz de agriar el mosto, secar plantas, árboles y frutos, enturbiar los espejos o embotar el filo del acero. Otro ejemplo de esta creencia lo encontramos en el Levítico, el libro que recoge la regulación de los ritos, ceremonias y sacrificios de los israelitas. En él se estipula que la mujer debe quedar separada del grupo mientras tiene la regla, porque es impura y toda persona que la toque quedará contaminada. Algunos restos de esas creencias han sobrevivido incluso hasta hoy día. Todos hemos oído (directamente o por referencias) esos consejos de abuela que advierten a las chicas de que mientras tienen la regla no pueden ducharse, ni lavarse la cabeza, ni preparar mahonesa (porque se corta), etc.

Una de las ramificaciones más interesante de esa creencia tuvo lugar en la Edad Media: en algunos textos médicos bajomedievales se pone en relación la sangre menstrual con el mal de ojo, la creencia de que algunas personas pueden dañar a los demás con su mirada. Según dichos tratados, cuando las mujeres llegan a la menopausia no dejan de producir sangre menstrual, sino que simplemente pierden la capacidad de expulsarla. Esa sangre menstrual se acumula en sus vientres y de ella nacen unos vapores venenosos invisibles e inodoros que van ascendiendo por los canales del cuerpo hasta los ojos, por donde finalmente se expulsan. Por eso no debe permitirse que las ancianas miren a los niños pequeños, porque pueden infectarlos con esos vapores venenosos y causarles la muerte.

A pesar de las apariencias, estas explicaciones suponen un avance muy importante para la época, ya que muestran un cierto espíritu científico, una clara vocación de explicar los fenómenos extraños acudiendo a sus causas materiales, y no a la religión, la superstición o la magia. Y si no que se lo pregunten a todas las pobres viejas a las que colgaron el sambenito de brujas sólo por no tener la regla.

 

Para saber más:

J. L. Canet, «La mujer venenosa en la época medieval», Lemir. Revista de Literatura Española Medieval y del Renacimiento 1 (1996-1997). Es una revista electrónica. El artículo está disponible en: http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista1/Mujer_venenosa.pdf

J. P. Barragán Nieto, «Secretos de las mujeres: Sangre menstrual y mujer venenosa en la Baja Edad Media», en C. Rosa Cubo (ed.), Innovación educativa e Historia de las Relaciones de Género, Valladolid 2010, 91-102. Se puede consultar en: http://es.scribd.com/doc/51712397/Barragan-Nieto-2010-Sangre-menstrual.

La ciencia española en el s. XVI: los libros de navegación

Uno de los principales problemas de España, ya lo dice Pérez-Reverte, es lo poco que tenemos en consideración nuestra propia historia. No se trata de que ahora intentemos resucitar pasados heroicos a la manera del franquismo sino de valorar nuestro pasado como se merece.

El siglo XVI (y parte del s.XVII), no fue llamado el siglo de Oro por nada. Los territorios bajo el dominio de los monarcas españoles vivieron un gran esplendor de las artes. La literatura, la pintura, la escultura y la arquitectura de los autores patrios es hoy uno de los mejores exponentes del renacimiento y el barroco europeos. La monarquía tenía dinero y poder. Y donde hay dinero y poder, siempre se concentran los mejores artistas.

Sin embargo, hasta hace relativamente poco, la ciencia española apenas era tenida en cuenta. Parecía que no había habido grandes tratados o avances científicos en España. Mientras franceses, ingleses e italianos reivindicaban los nombres de grandes científicos, en el territorio español no había nadie. Pero el poder no se sustenta sólo. Se necesita contar con la vanguardia tecnológica a fin de que el enemigo no te aventaje.

Durante el siglo XVI la Casa de la Contratación y el Consejo de Indias, ambos en Sevilla, se convirtieron en el núcleo de los avances científicos orientados a la navegación y la cartografía. Era necesario asegurar que los marineros españoles estuvieran lo mejor formados posible para mantener el dominio en el mar y el control sobre las Indias. Los oficios de Piloto Mayor, Cosmógrafo Mayor y Cosmógrafo de hacer cartas, fueron profesores y científicos que contribuyeron a ampliar los conocimientos de geografía y de navegación.

Durante el s.XVI circularon en España de manera impresa o manuscrita, multitud de tratados científicos: la Suma de geografía de Martín Fernández de Enciso[1], El tratado de la Esphera y del arte de marear del portugués afincado en Castilla, Francisco Falero o Faleiro[2]; El arte de navegar de Pedro de Medina[3]; El regimiento de navegación, del mismo autor[4]; el Breve Compendio de la Sphera y de la Arte de Navegar, de Martín Cortés[5]; o el Compendio de la Arte de Navegar del astrólogo, matemático y cosmógrafo de Felipe II, Rodrigo Zamorano[6].

Arte de Navegar de Pedro de Medina
Arte de Navegar de Pedro de Medina

Estos tratados fueron incluso traducidos a varios idiomas, por supuesto, sin permiso ni beneficios para el autor, al igual que El Quijote, traducido y vendido por toda Europa ya en vida de Cervantes. El libro de Martín Fernández de Enciso apareció en Londres en 1578 como A briefe description of the portes; el Arte de Navegar de Pedro de Medina fue traducido a las principales lenguas europeas, reimprimiéndose muchas veces hasta muy entrado el siglo XVII[7]. Hasta tal punto que algunos historiadores han llegado a afirmar que “Europa aprendió a navegar en libros españoles”.

Traducción al italiano del Arte de Navegar de Pedro de Medina

Esta ingente cantidad de publicaciones sobre navegación y cosmografía (la geografía de la época) se debió a que los monarcas españoles incentivaron la producción científica al respecto. Felipe II y Carlos V mantuvieron a diversos cosmógrafos bajo su protección y a su servicio. Encargaron a estos, mejoras cartográficas para asegurarse que sus barcos fueran los mejor informados. También se dieron en España tratados de construcción naval, aunque carecían de planos detallados más allá de algunos esquemas y dibujos[8].

Y así como la navegación, también la artillería contó con multitud de títulos que explicaban los métodos para calcular las trayectorias y distancias necesarias para el buen uso de cañones y bombardas. Estos libros ponen de manifiesto que la ciencia española tuvo mucho que ver en el mantenimiento de la supremacía política, militar y económica de la España del s.XVI; y proporcionó a sus monarcas mejores pilotos, barcos, artilleros e información.


[1] Suma de geografía que trata de todas las partidas y provincias del mundo: en especial de las Indias. Y trata largamente del arte de marear; juntamente con la esfera en romance, con el regimiento del sol y del norte. Sevilla, 1519

[2] El tratado de la Esphera y del arte de marear: con el regimiento de las alturas: con algunas reglas nuevamente escritas muy necesarias. Sevilla, 1535

[3] El arte de Navegar. Valladolid, 1545.

[4] El regimiento de Navegación. Sevilla 1552 y 1563.

[5] Breve compendio de la Sphera y de la Arte de Navegar. Sevilla, 1551.

[6] Compendio de la Arte de Navegar. Sevilla, 1581.

[7] VICENTE MAROTO, Isabel: El arte de Navegar. Universidad de Valladolid.

[8] Los primeros planos detallados de los que se tienen constancia pertenecen al libro de Antonio de Gaztañeta, 1720.