Iglesia argentina y dictadura: una barca en tiempos de zozobra

CRISTINA-BERGOGLIO

Bergoglio y los Kirchner, una relación no demasiado apasionada… por el momento.

Saltó la sorpresa en el cónclave (aunque, para desgracia de los llamados vaticanólogos, la verdadera sorpresa llegará cuando no haya sorpresa) y los cardenales con derecho a voto encontraron al nuevo Papa al otro lado del mundo, en Argentina, como señaló irónicamente el propio Jorge Mario Bergoglio nada más salir al balcón de la Plaza de San Pedro. “El primer Papa latinoamericano”, “el primer Papa argentino”, “el primer Papa jesuita”, fueron las primeras etiquetas que se le endosaron al tal Francisco; pero, una vez pasada la sorpresa inicial, la curiosidad por el personaje y la necesidad de más detalles sobre el perfil y la biografía del nuevo líder religioso (y político) fueron formulando nuevas preguntas sobre el presente y el pasado del nuevo obispo de Roma.

Como siempre, ante un hecho de tal magnitud y tan sobrevenido, las historias reales y las leyendas se fueron mezclando sin que la voracidad informativa dejara mucho espacio a las comprobaciones. Se decía que el tipo era tan humilde que viajaba en metro o en bus, o que había regresado a su hotel a pagar lo que debía tras su estancia por el cónclave. Se supo pronto que era hincha de San Lorenzo de Almagro (un club porteño al que apodan “el santo” o “el cuervo”, lo que no podría ser más oportuno). Se dijo también que era peronista (condición que, tras la del equipo de fútbol, define a un argentino en un sentido o en otro), que estuvo ligado a la línea Guardia de Hierro (sin relación con los nazistas rumanos, pero no precisamente el ala más radical del justicialismo), si bien sus relaciones con el gobierno de Cristina Fernández han sido cuanto menos tirantes hasta el momento (no olvidemos, eso sí, que la principal característica del peronismo es, precisamente, su flexibilidad de cintura, así que podremos esperar cualquier cosa sobre esta relación en el futuro).

Pero si hay una pregunta que cae inevitablemente como una losa para cualquier argentino con canas es “¿y vos qué hiciste durante la dictadura?”. El país vivió un convulso siglo XX, lleno de golpes militares y de gobiernos autoritarios o de una democracia muy sui generis, pero ninguna dictadura produjo una marca tan profunda (y a tan distintos niveles) como la iniciada la noche del 24 de marzo de 1976. Así, las acciones u omisiones que se cometieron en esos años entre 1976 y 1983 han marcado para el resto de vida a una generación de argentinos.

Bergoglio era en aquel entonces el provincial (el jefe, por así decirlo) de los jesuitas en Argentina, lo que no dejaba de ser un lugar de responsabilidad en un contexto muy complicado. Casi inmediatamente después de que se conociera la identidad del nuevo papa, Horacio Verbitsky (un importante periodista, ahora afín a los Kirchner, que conoce de primera mano aquellos años de plomo) vinculó a Bergoglio con el secuestro y posterior tortura, por cinco meses, en el centro de detención clandestino de la ESMA -Escuela Suboficiales de Mecánica de la Armada- de los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics. Por lo que se sabe de este espinoso tema, el pecado de Bergoglio tuvo que ver más con la omisión (con rebajar la protección hacia esos curas, con no hacer más por impedir su secuestro desde su importante posición) que con la acción (si bien algunos lanzan la acusación de delator y cómplice del secuestro). En contraste, se tiene constancia también de que el ahora Papa ayudó a varias personas a salir del país y a escapar de las garras de la implacable represión militar, por lo que se puede concluir (con los datos que tenemos por el momento) que Bergoglio fue un personaje gris, ni un ángel ni un demonio absoluto, como la gran mayoría que atravesó esos momentos tan difíciles de la historia argentina. Pero, ¿se trató de un personaje gris dentro de “la Iglesia que oscureció al país”, como ha calificado Estela de Carlotto a la Iglesia del Proceso?

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Videla y monseñor Tórtolo: uno di noi.

La pregunta es tramposa, en cuanto que es simplificadora y anuladora de los muchos matices que encierra la cuestión (y, a fin de cuentas, nuestro trabajo como historiadores es plantear todos los problemas en una escala de grises). Tanto la dictadura -es decir, los actores que se movían detrás de ese régimen- como la Iglesia católica (incluso circunscribiéndonos a la jerarquía de esos años) son conceptos abstractos que encierran dentro de ellos hombres distintos, con intereses y formas de actuar diferentes. Por supuesto, esa diversidad no quiere decir que necesariamente haya en esta historia buenos y malos: los militares que hicieron mundialmente famosa la palabra “desaparecidos” eran personajes deleznables y criminales, pero siempre resulta interesante rascar la superficie y ver que no todos remaban en la misma dirección, sino todo lo contrario.

En el caso de la Iglesia católica ocurría lo mismo. Estamos, en primer lugar, ante una institución que había vivido numerosos y muy rápidos cambios en las últimas décadas. La Iglesia, por ejemplo, había pasado de ser uno de los principales sostenes del primer gobierno peronista (un movimiento que se identificaba en esos años con el humanismo cristiano) a convertirse en uno de sus más feroces opositores. Sin embargo, los cambios más profundos llegarían desde el exterior, en los años 60, con el Concilio Vaticano II y sus aires renovadores, el Documento de Medellín y el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y su opción por los pobres. La convulsión que produjeron en Argentina todos estos cambios en la Iglesia se dejó sentir a todos los niveles: desde la relación con el mundo laico a lo ideológico, lo litúrgico, lo pastoral, lo social y, por supuesto, lo político. Y, obviamente, produjo una fractura, cada vez más visible, en los altos estamentos eclesiásticos. Martín Obregón, autor de un trabajo sobre el tema, diferencia, por ejemplo, un sector tradicionalista, prácticamente integrista, representado por monseñor Tórtolo y monseñor Bonamín; un sector conservador, con una mayor cintura que el anterior, en el que destacaban Aramburu y Quarrancino, y un sector renovador, en el que se encontraban los más entusiastas del Concilio Vaticano II.

occidental y cristiana

Civilización occidental y cristiana

La llegada del golpe de 1976 ahondará estas divisiones. Hasta cierto punto, claro, porque el retorno de los militares al poder (apenas tres años después de abandonarlo) apenas produjo críticas en la jerarquía de la Iglesia argentina. Personajes como Tórtolo, como era casi obvio, recibieron a los uniformados con júbilo, entusiasmados ante un golpe que llevaría a la “restauración del espíritu nacional” y a una suerte de cruzada por restaurar el orden, pero incluso los obispos más aperturistas como Zazpe dieron su beneplácito al nuevo régimen.

Tampoco es de extrañar este apoyo unánime: militares y eclesiásticos compartían una cosmovisión similar desde hacía décadas y el Proceso, que afirmaba que luchaba para que Argentina siguiera siendo occidental y cristiana, parecía la barrera perfecta para frenar la ola radicalizadora que, según ellos, se extendía por el país. Los obispos, a cambio, daban un muy necesario (no es fácil justificar miles de asesinatos en la sombra) soporte ideológico y legitimador al cruel régimen. Incluso en el tema de los Derechos Humanos, en esos años más oscuros de la dictadura, las voces que salían de la Iglesia eran débiles o ambiguas y sólo obispos como Angelelli, Hesayne o Novak se mostraban verdaderamente críticos. Algunos miembros de la Iglesia, por supuesto, iban más allá de lo ideológico y abrazaban el nuevo orden hasta las últimas consecuencias: se conocen casos de capellanes militares que ejercían de delatores y que incluso llegaban a participar en las sesiones de tortura.

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Monseñor Angelelli, obispo de La Rioja, muerto en muy extrañas circunstancias durante la dictadura.

La Iglesia, su jerarquía, estuvo por tanto en la vereda oscura en los años de la dictadura. Pero también fue víctima de ella. En julio de 1976 la ciudad de Buenos Aires despertó con la noticia del asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas de la orden de los palotinos, acribillados por uno de los siniestros grupos de tareas de los militares. Se les acusaba de zurdos y de adoctrinar mentes vírgenes. Poco más tarde, monseñor Angelelli, obispo de La Rioja y una de las pocas voces críticas que partían de la Iglesia, moría en un extraño incidente automovilístico. Tan extraño que un testigo señaló que su vehículo había sido seguido y acorralado por otro y que en el cuello de Angelelli aparecieron extrañas marcas, como si hubiera sido previamente golpeado. Hasta hoy no ha podido demostrarse judicialmente la tesis del asesinato (la posición oficial de la Iglesia fue, por otra parte, el silencio), pero la dictadura se alivió con su muerte de un elemento muy incómodo.

Y, por supuesto, la Iglesia, como el resto de la sociedad, evolucionó a lo largo de los años de Proceso y cambió su posición respecto a los militares. Nunca encontraremos una oposición frontal, ni siquiera en sus sectores más aperturistas (en su descargo, también es difícil encontrar algo así en los partidos políticos de la época), pero ya en 1977, todavía en la etapa más cruda del régimen, la Conferencia Episcopal lanzó un documento en el que empezaba a subrayar la importancia del respeto a los Derechos Humanos. Lo hacía de una forma tibia y velada, pero pocos textos críticos similares encontraremos en esos años por parte de otras instituciones. El alejamiento de la Iglesia con los militares, relativo, por supuesto, se acentuará conforme avanzaba el régimen y el Proceso se iba enfangando cada vez en sus propias contradicciones y luchas internas, hasta llegar a la debacle final de Malvinas. No veremos tampoco a la Iglesia capitaneando el proceso de transición a la democracia, ni encabezando las manifestaciones contra la dictadura: la legitimidad de la lucha contra los militares la atesorarían principalmente las organizaciones de Derechos Humanos y la iniciativa política la tomarían, a partir de 1982 (y con pinzas) los partidos, pero sí veremos en esos años a una Iglesia en diálogo con estos sectores prodemocráticos y alentando el final de la dictadura, aunque al mismo tiempo colocando un colchón para amortiguar su caída.

Bergoglio formó, por tanto, parte (y en una posición con altas responsabilidades) de esa Iglesia oscura de los años de la dictadura, en la que el nuncio papal solía jugar al tenis semanalmente con el almirante Massera. Pero, como vemos, incluso en los momentos más oscuros se pueden distinguir algunos grises.

Hugo Chávez I: La formación del Mesías

Hugo Rafael Chávez Frías nace Sabaneta, un pequeño pueblo del estado llanero de Barinas, durante la etapa de gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Hijo de una familia humilde de maestros, aunque criado por su abuela (“la Mama Rosa” a la cual ha hecho referencia en más de una ocasión) es su amor por el béisbol el que le hace ingresar en la Academia Militar de Venezuela, donde el nivel de los entrenadores era excelso.

Primera toma de posesión de Chavez. Archivo fotográfico de la cadena Capriles

Primera toma de posesión de Chavez. Archivo fotográfico de la cadena Capriles

Se consideraba un patriota y, por lo tanto, el nacionalismo fue uno de los pilares de sus discursos políticos. Dominaba algunos de los textos de Simón Bolívar a la perfección (Discurso de Angostura, Carta de Jamaica,…) y fue en la Academia Militar donde comenzó su camino hacia la Presidencia de Venezuela, fundando con otros jóvenes capitanes del ejército el Movimiento Revolucionario Bolivariano; que buscaba rescatar los valores patrióticos, dignificar la carrera militar y luchar contra la corrupción, aunque con el paso del tiempo y el peso de la difícil realidad política, social y económica del país, hicieron que este movimiento saliera de las puertas de la Academia Militar y adquiriera nuevos objetivos de carácter general. Profundamente cristiano y cercano a las Teologías de la Liberación (se duda que conscientemente), se posicionó muy rápidamente a la izquierda de los partidos ya existentes, remarcando esa posición tras posgraduarse en Ciencias Políticas.

Quizás el primer gran paso de la persona, el militar, al ídolo de masas tiene fecha y lugar de ubicación: el 4 de febrero en Caracas. La economía del país había colapsado durante los ochenta y la llegada de nuevo al poder del adeco Carlos Andrés Pérez, trajo consigo medidas de ajuste de marcado signo neoliberal en un proceso que se conoció como “El gran viraje” y que sólo empeoró las condiciones de vida de la población. La sacudida que supuso el Caracazo de 1989 y el malestar que éste dejó en las instancias medias y bajas de las Fuerzas Armadas, que no deseaban actuar contra su población, generaron que el alejamiento entre éstos y el ejecutivo fuera total. Todo ese descontento se materializó en 1991 cuando varios militares encabezados por Chávez desarrollaron el llamado Plan Ezequiel Zamora.

Rueda de prensa de Hugo Chávez tras la intentona golpista fallida de 1992

Éste Plan buscaba tomar el poder en las principales ciudades venezolanas el 4 de febrero de 1992. Algunas ciudades cayeron bajo el mando de los insurgentes como la zuliana Maracaibo, segunda ciudad del país, pero Chávez no pudo tomar el Palacio de Miraflores, residencia del Presidente. Hugo Chávez decide entregarse a las fuerzas del gobierno y por la televisión, muy al estilo de Fidel Castro tras el asalto al Cuartel Moncada dirige un mensaje mítico a sus compañeros de armas y al pueblo de Venezuela: “Primero que nada, quiero dar buenos días a todo el pueblo de Venezuela… Compañeros, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros acá en Caracas no logramos controlar el poder. Ustedes los hicieron muy bien por allá, pero ya es tiempo de evitar más derramamiento de sangre…” Nacía con estas palabras el gran mito político de la Venezuela contemporánea.

El golpe de estado de 1992 era la crónica de una muerte anunciada, durante todo el año se oían “ruidos de sables” dentro de una estructura militar que se encontraba muy a disgusto, de hecho en noviembre de ese mismo año hubo otra intentona fallida para deponer al presidente Pérez, Chávez sólo fue la cabeza visible y el líder carismático de una rebelión que contaba con un apoyo importante dentro de la estructura del ejército y fuera del mismo.

Condenado a prisión por rebelión militar y encarcelado durante dos años en una prisión en el Estado Miranda, Chávez nunca cesó en su actividad política, pidiendo la abstención para las elecciones de 1993, convocadas debido a la destitución de Carlos Andrés Pérez del cargo tras ser acusado de corrupción y finalmente condenado. La victoria de Rafael Caldera en esas elecciones y los intentos de éste de ganarse a la izquierda para tener una mayor estabilidad gubernativa, hicieron que sobreseyera el caso de los militares golpistas y tanto Chávez, el cual había visto su popularidad aumentar de manera exponencial, como sus compañeros salían de prisión, comenzando así la carrera por llegar a Miraflores.

Tras ser liberado, comenzó una “campaña electoral blanda” de varios años hasta las elecciones de 1998 a las que se postuló como candidato de la coalición Polo Patriótico, que aglutinaba a casi todos los partidos de la izquierda venezolana desde el Partido Comunista de Venezuela hasta el Movimiento al Socialismo y encabezado por el partido que él mismo había fundado: el Movimiento V República.

Es cierto que reunió a gran parte de la izquierda venezolana tras su figura, pero no es menos cierto que el discurso radical de Chávez y la posterior metodología de gobierno hicieron que las fisuras en la coalición no tardaran mucho en aparecer, nombres importantes como el de Teodoro Pettkoff no tardaron en salirse de la coalición por no compartir el apoyo de sus partidos a un Chávez que era observado como demasiado radical.

Chávez siempre manejó un discurso popular y populista, a la vez que revolucionario, ya que su principal proyecto de gobierno era una refundación de la propia República de Venezuela, cambiando la estructura del poder y la articulación de los mismos, así como añadiendo una nueva constitución e, incluso, una nueva nomenclatura para el estado. Las referencias a Bolívar y el nacionalismo exacerbado fueron algunos de los pilares de la campaña presidencial y los que vieron en el de Sabaneta un intruso con posibilidades reales de ocupar un poder que no le pertenecía no tardaron en aparecer y los grandes medios de comunicación venezolanos no tardaron en hacer campaña implícita por el candidato de los dos partidos tradicionales venezolanos (Acción Democrática y COPEI) que se habían presentado bajo el nombre de Primero Venezuela: Herique Salas Römer, pero el desgaste que habían sufrido los mismos y la popularidad de Chávez hicieron posible una derrota chavista.

chavez 1998

Chávez con la banda presidencial tras ganar las primeras elecciones presidenciales en 1998

La elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1998 marcaron un antes y un después en la historia de Venezuela, en ellas, Hugo Rafael Chávez Frías se convertía en el cuadragésimo séptimo presidente de la República de Venezuela, siendo elegido con más del 56% de los votos. Comenzando así un proceso de refundación en el país, así como una de las épocas más controvertidas de la historia del país caribeño.

La realidad es que el chavismo fue tanto una sacudida como una anomalía dentro de la dinámica de los modelos democráticos. Imposible de entender en otro lugar que no fuera la América Latina de los 90-2000, se tuvieron que dar una serie de condiciones muy específicas para que ello fuera posible: altos índices de pobreza, una economía dependiente, agotamiento de un sistema político basado en el bipartidismo y la corrupción y basado en la exaltación de figuras individuales llegando en algunos casos como en el del propio Chávez a los límites del “culto al líder”, una fractura social importante que generaba la existencia de facto de ciudadanos de primera y de segunda, etc. Y todo rebozado por el carisma descomunal de un hombre que supo supo tocar la fibra política de esa gran mayoría de ciudadanos de segunda así como atraer en sus primeras elecciones a un componente importante de una clase media cansada de una corrupción política de la que era partícipe en buena parte.

Foto de un grupo de militares venelozanos entre los que vemos a Hugo Chavez. Fecha desconocida para nosotros.

Foto de un grupo de militares venelozanos entre los que vemos a Hugo Chavez. Fecha desconocida para nosotros.

Este post es sólo el pequeño análisis de como un humilde militar de un pequeño pueblo del lejano Barinas se convierte primero, en la esperanza de que puede existir una realidad mejor para millones de personas y como a partir de ahí comienza el camino hacia el más alto cargo institucional de Venezuela. Estas líneas no buscan emitir una opinión sobre si esas esperanzas fueron luego correspondidas o no, y en que medida. Es cierto que bien se podría realizar otro análisis de como fueron los años de gobierno de un Chávez que no dejó indiferente a nadie o, incluso hubiera resultado más sencillo emitir una opinión sobre los años de gobierno del mandatario venezolano, pero el estilo de este autor no va por esos caminos, mi trabajo como historiador, mejor dicho, como científico social es el de analizar procesos con el mayor grado de rigurosidad posibles, para emitir opiniones y juicios de valor más o menos fundamentados, cerrad este post y poned cualquier psuedoprograma de debate en vuestra televisión.

Colombia aprueba una ley que permite la venta de su patrimonio subacuatico

El pasado día 11, Colombia aprobó una ley que permite la venta de su patrimonio subacuático por parte de las empresas Cazatesoros en contra de la opinión no sólo de sus arqueólogos nacionales sino de la comunidad científica internacional.

 

Arqueologos colombianos protestando en el Congres. Fuente, ABC

 

El pasado día 11 de Diciembre, el congreso de Colombia aprobó la ley 125 que permite a las empresas de cazatesoros, la venta del patrimonio cultural subacuático en sus aguas bajo un criterio de repetición. A la ley se han opuesto tanto políticos como arqueólogos colombianos, así como el conjunto de la comunidad científica internacional.

Hace unas horas, un buen amigo, José Mateos, de Golpes del Revés, me preguntaba “¿qué tiene de malo esto?” Como es una pregunta que se habrá hecho mucha gente, creo que podemos decidarle un ratito.

 

Patrimonio Arqueológico. ¿Cuál es su valor?

Desde que los hombres del  Renacimiento empezaran a mostrar interés por las obras de arte de la antigüedad, la arqueología ha evolucionado mucho. En los últimos 80 años los distintos países han empezado a proteger su patrimonio arqueológico y cultural como una parte importante, vital e irrepetible de su pasado. En tierra, las legislaciones para la protección de yacimientos arqueológicos se han implementado y mejorado, haciéndose cada vez más restrictivas, para asegurar que el patrimonio arqueológico se conserve y pueda ser disfrutado por todos los ciudadanos, hoy y en el futuro.

Objetos arqueológicos vs Yacimientos

La arqueología, como todas las ciencias, ha evolucionado mucho. Desde los coleccionistas de antiguedades, interesados sólo en las piezas consideradas de valor por sus materiales o sus cualidades estéticas, hasta una ciencia o una técnica, que, de una manera sistemática y cuidados intenta, através del estudio del conjunto del yacimiento, obtener información del pasado.

Para los anticuaristas, los coleccionistas y los cazatesoros que los suministran, el valor económico está en la pieza, la obra de arte, la moneda de oro. Para el arqueólogo, los elementos individuales carecen de valor si no forman parte de un conjunto, de un yacimiento. Y da igual que sea una moneda de plata que el craneo de un caballo. Si está descontextualizado, si se lo separa de su conjunto, no tiene ningún valor.

Caza de Tesoros vs Arqueología

Los caza tesoros tienen como objetivo el beneficio económico, enriquecerse, con la venta de piezas arqueológicas de valor (oro, plata, piedras preciosas, antiguedades en general) mientras que el objetivo de los arqueólogos es la investigación del pasado. Ambas profesiones, dirán algunos, son perfectamente legítimas, el problema es que la acción de unos, los cazatesoros, (que solo les beneficia a ellos), imposibilita que los arqueólogos puedan hacer su trabajo (que nos beneficia a todos).  ¿Por qué? Pues porque para el cazatesoro, ninguna otra parte del yacimiento tiene importancia y la intervención que realiza destruye todo el contexto en el que se encuentran los restos. Sólo le interesa la pieza.

Criterio de Repetición

Los objetos arqueológicos son únicos. Hasta el siglo XX, en el que se impone la producción encadena y la utomatización, la producción estaba sujeta a muchas variantes. Los objetos, incluso las monedas, aunque nos parezcan iguales no lo son. Y es precisamente cuando contamos con muchos ejemplos, cuando podemos empezar a extraer conclusiones. Una de las técnicas de análisis de materiales más utilizadas hoy por hoy es la estadística. Los arqueólogos miden, cuantifican, decenas de variables y las someten a estudios estadísticos. De tal forma que, cuantos más “objetos repetidos” tengamos, mejor serán nuestra comprensión de la producción de dichos objetos. Más es mejor y, en esencia, cada objeto es único e irrepetible.

Conservación

Bueno, pero encontes, si lo que hace falta es tener datos, pues cogemos los datos y luego ya vendemos el resto, ¿no? El problema de ese argumento es que las técnicas de análisis siguen mejorando cada año. Hoy en día un arqueólogo puede saber más de cómo, dónde y cuándo se hizo una pieza de lo que podía saber cualquier arqueólogo hace 40 años. Así que nuestro deber es guardar los materiales, asegurarnos de que en el futuro, con mejores técnicas de análisis, los arqueólogos que vengan tengan posibilidad de volver a estudiarlas. La arqueología, al contrario que la geología o la química, no puede salir al campo a por más granito, o generar más reacciones químicas a voluntad; los objetos arqueológicos son finitos, un día ya no habrá más que estudiar.

¿Y cómo afecta a esto la nueva ley colombiana?

La ley 125 permite que las empresas cazatesoros “recuperen” objetos de yacimientos sumergidos (barcos hundidos o cualquier otro tipo de yacimiento) y se les pague con una parte del botín. Algunos opinan que esto ayudará a aumentar el conocimiento de los yacimientos sumergidos colombianos, pero lo único que hace es abrir la puerta a su destrucción.

Por un lado, los cazatesoros, cuyo único objetivo es el beneficio, sólo están interesados en aquellos yacimientos que contengan elementos que ellos (y esta ley) consideran de valor: joyas, oro, plata, piedras preciosas, obras de arte… Cosas que se pueden vender. Bueno, la verdad es que el 90% de los yacimientos subacuáticos carecen de dichos materiales o su presencia es tan baja que su explotación económica es inviable (mover un barco, poner buceadores en el agua, etc, es muy caro). Pero eso no lo sabes hasta que excavas el barco. Cuando un cazatesoros encuentra un barco “vacío”, lo abandona a su suerte y se va en busca de otro.

Por otro lado, las técnicas de los cazatesoros son altamente destructivas. Como al cazatesoros sólo le interesa aquello que pueda vender, la extracción se lleva a cabo con técnicas altamente dañinas para el resto de materiales. Por todo el planeta se han dado casos en los que los cazatesoros han utilizado taladros para separar el metal precioso de otros restos arqueológicos y han hecho agujeros en los cascos de los barcos para poder acceder a la carga, destrozando el maderamen (de cuya construcción sabemos bien poco y gracias a estas actividades no sabremos nada).

Por último, la idea de la repetición es una aberración científica. Como ya he dicho, cada objeto arqueológico (se un lingote de oro o un plato de cerámica) es irrepetible. Y es através del estudio de los conjuntos, de cuantos más elementos mejor, como aprendemos algo del pasado.

¿Y por qué debe importarnos?

Bueno, si el argumento de que el pasado es un bien común y que su conocimiento es útil para todo el mundo, tambi’en puede quedarse con un aspecto más pequeño de este gran conocimiento universal. El patrimonio arqueológico colombino al que esta ley afecta principalmente no es sólo suyo, sino que forma parte del pasado compartido por toda hispanoamérica. Su patrimonio cultural, su pasado, también es el nuestro y esta ley abre la puerta a que en el futuro, nuestro conocimiento del pasado sea menor o inexistente.

¿Quién tiene la culpa?

Bueno, es evidente que el Congreso de Colombia ha sido presionado, o sus congresistas coeccionados, para que esta ley salga adelante. No hay que ser muy mal pensado para pensar que el hecho de que al principio esta ley planteara un 12% de “compensación económica” para el cazatesoros, y se haya aprobado con un 50% está relacionado con intereses económicos privados más que el conocimiento del patrimonio subacuático colombiano, de hecho, el representante de varias “empresas rescatadoras” solicitaba al gobierno que la “compensacion” ascendiera hasta el 80%.

Pero, desengañémonos, los arqueólogos tenemos mucha culpa en esto. Mientras nuestras técnicas se modernizaban, y aprendíamos que la importancia no está en la pieza sino en el conjunto de ellas, no hemos sido capaces de enseñar al público general a ver el patrimonio arqueológico de una manera más moderna y la población sigue viendolo como lo veían los anticuarios del siglo XVIII.

 

Septiembre Chileno (1973)

Hoy, 11 de Septiembre, os dejo en el blog el documental Septiembre Chileno (1973). Dirigido por los franceses Bruno Muel y Thèo Robichet . Hoy se cumple la efeméride del asesinato de Salvador Allende a manos de los militares chilenos.

Septiembre chileno (1973) from Chile desde fuera on Vimeo.

Temas americanistas os convoca.

Me llega el siguiente texto en forma de mail, aportando una información esencial y pidiendo difusión. Y yo, que soy muy obediente, y AquiFueTroya, que en un principio fue creada, entre otras muchas cosas para esto (aunque no lo hagamos muy a menudo), os lo pego aqui. Se trata de una convocatoria para participar como ponentes en un congreso de americanistas en Sevilla , una oportunidad genial para todos aquellos investigadores que tienen en marcha sus estudios para darse a conocer. Os dejo el texto del correo íntegro, animando a participar, y, por supuesto a darle la mayor difusión posible. Sigue leyendo

1932, la cicatriz de la memoria.

 

“1932, cicatriz de la memoria” es un documental acerca de la represión a los indígenas tras la revuelta de 1932, y de cómo la eficacia de aquella brutal reprenda ha creado un gran hueco en la memoria de El Salvador, donde hasta bien entrados los años ’80 o se comenzaba a hablar del asunto. Os dejo el documental, que aparece en casi todas las plataformas de vídeos online de la red, para que tengáis una idea, no sólo de los sucesos del 32, sino para tener una imagen acerca del mundo indígena actual.

Dos pecios descubiertos en Filipinas

Los pasados 2 y 3 de marzo, el Museo Nacional de Filipinas anunciaba el descubrimiento de dos pecios, un junco chino y un galeón español, en sus aguas.

Los pasados 2 y 3 de marzo la prensa nacional e internacional se hacía eco de dos noticias anunciadas por el Museo Nacional de Filipinas. El descubrimiento de un junco chino (un velero típico asiático) y un galeón español en sus aguas territoriales.

Un junco chino del siglo XVIII

El Museo Nacional de Filipinas ha anunciado el descubrimiento de un yacimiento subacuático que, según su opinión, pertenece a un junco chino del siglo XVIII. El pecio se encuentra en las aguas de la ciudad de Roxas, en la región de Cápiz, aunque, lamentablemente, según las autoridades, presenta ya claros indicios de haber sido expoliado.

Entre los pocos restos que han sido hallados en el lugar del hundimiento, debido al expolio, se encuentran algunas piezas de porcelana. Las autoridades guardacostas filipinas opinan que el expolio pudo haber sido llevado a cabo por buceadores que descubrieran el pecio de forma fortuita y que, sin informar de dicho descubrimiento, se aprovecharan del hallazgo.

El pecio fue hallado durante el desarrollo de tareas de exploración llevadas a cabo por el personal del Museo en el mes de febrero aunque no ha sido hasta ahora que se ha dado a conocer la noticia.

A pesar de la desaparición de la carga, las autoridades guardacostas y el Museo, han afirmado que se ha documentado el pecio y tienen la esperanza de poder preservarlo.

La documentación de la arquitectura naval del barco y su situación, su estado de conservación y la forma en la que se hundió, es aún fruto jugoso de estudio para conocer el pasado de la navegación. Aunque para los expoliadores y cazatesoros, el barco en sí carece de valor (sólo les interesa aquello que puede venderse), para los arqueólogos los restos de madera pueden arrojar valiosa información.

Un galeón español

Illustration from Peregrinationes" from T. de Bry, 1603 (copy in Boston Public Library)

El día anterior, el Museo Nacional de Filipinas hacía el anuncio del descubrimiento de un galeón español frente a las costas de la isla de Panay.

Según cuenta la noticia, un equipo de arqueólogos y buzos filipinos del Museo Nacional y de la Fundación de Extremo Oriente para la Arqueología Subacuática, encontraron los restos de un galeón español, de fecha aún por determinar, junto con parte de la carga hundido frente a las costas de Panay al oeste del archipiélago.

Los restos se encuentran a 33 metros de profundidad. La investigación está aún en una fase muy temprana y no se han podido datar ni identificar los restos (barco y carga) que yacen en el fondo parcialmente cubiertos por la arena.

Este pecio no es el primero de origen español que se encuentra en Filipinas. En 1992, frente a la isla Fortuna, un arqueólogo francés (el tristemente famoso Franck Goddio) localizó el galeón San Diego, situado a unos 50 metros de profundidad que fue hundido por el buque de guerra holandés Mauritius  en el año 1600. Los restos de la carga recuperada (porcelana china, sables japoneses, cañones portugueses y monedas mexicanas) fueron depositados (previo pago del estado español) en el Museo Naval de Madrid y en el Museo Nacional de Filipinas. Mientras que, en el lugar del naufragio, aun permanecen los restos del barco y la tripulación.

Filipinas, parada obligatoria

Las Filipinas entraron a formar parte de la monarquía de España en 1571, durante el reinado de Felipe II y tras un proceso de conquista llevado a cabo por Miguel López de Legazpi. Automáticamente, las islas se convirtieron en el acceso a los mercados orientales a través del mecanismo comercial denominado Galeón de Manila o Nao de Acapulco, que recibía dicho nombre al ser ambos puntos de partida y atraque de una de las grandes rutas comerciales ultramarinas del comercio español.

Los galeones españoles que unieron Manila y Acapulco entre 1565 y 1815 facilitaban el comercio entre Asia y Europa. Las naves llegaban a Manila cargadas de plata, chocolate o maíz traídos de México y se intercambiaban por especias, textiles y mercancías exóticas.

La ruta entre Manila y Acapulco se convirtió en la línea marítima de mayor duración de la historia. Y eso, pese a que la navegación era muy arriesgada: la ruta se cobró docenas de naves y miles de vidas. Los barcos eran presa jugosa para la piratería y el corso, los ingleses también hicieron de las suyas capturando la Santa Ana en 1587, la Encarnación en 1709 y la Covadonga en 1743.

Pero las dificultades no apagaron la prosperidad de Manila. La ciudad que el Padre Chirino definió como una imitación “de aquella Tyro tan elogiada por Ezequiel” vivía desastres y pérdidas que la postraban por un tiempo, pero sus habitantes recuperaban pronto el ánimo y reanudaban sus operaciones pues el galeón les proporcionaba, anualmente, riquezas y lujos incomparables. Aunque en 1762 el esplendor de la ciudad ya había decaído, cuando los ingleses tomaron la ciudad y se dispusieron al saqueo, aun esperaban encontrar las riquezas cuya fantástica imagen aun poblaba su imaginación.

Las operaciones en Manila eran sencillas. Anualmente recibían a los chinos y otros orientales que llegaban con sus cargamentos, compraban las mercancías, lo registraban en la Hacienda Real y embalaban el género. La nao partía para Acapulco y a su regreso, se obtenía una parte de la ganancia de la venta en Acapulco y recibían nuevos metales para continuar con el mercadeo que cerraba y reiniciaba el ciclo.

La ruta del Galeón de Manila jugó un importante papel. Transportaba colonos, enriquecía hombres, hacía de buque correo con el confín más alejado de la monarquía de España y, en definitiva, mediatizaba la vida de Manila desde su conquista y población por gentes españolas.

La Última Cena [Cine histórico]

Acostumbramos a ver en televisión por estas fechas todo tipo de películas relacionadas con la pasión de Cristo, incluso vemos películas que la parodian, tales como la obra maestra de los Monty Python, La Vida de Brian. La película de la que os quiero hablar hoy es de un estilo completamente diferente.

La Última Cena de la que hablamos no se realiza en Jerusalén, sino en un ingenio cubano, y no en la contemporaneidad del hijo de Dios, sino en el siglo XVIII. Es la Semana Santa de un año sin identificar de ese siglo. En Cuba el azúcar es la primera explotación agrícola, y los esclavos negros la primera fuerza de trabajo.

En esta Semana Santa del siglo XVIII, el señor dueño del ingenio se pasa por allí para hacer una visita de rigor. Al llegar intenta ponerse al corriente del día a día del ingenio, habla con el mayoral y con el cura, principales autoridades en su ausencia, amén del químico del ingenio, que se encarga del laboratorio. Le enseñan las instalaciones y le describen las novedades. Y es en este momento cuando comienza la peculiar interpretación de la Pasión de Cristo.

Hablando con el cura, éste le explica que no va bien el asunto de la instrucción religiosa de los negros y esto se eleva a caso práctico cuando se encuentra que los guardas están dedicados en pleno a la búsqueda de un cimarrón. Ante esta tesitura, al señor se le ocurre una idea genial, organizar una cena, a imitación de la cena que Cristo tuvo con sus discípulos, con doce esclavos elegidos (aunque no se dice, uno de cada tipo de negro, procedencia, cultura, estatus, etc.), entre ellos el cimarrón, que representaría la traición de Judas. El objetivo de la cena no es otro que instruirlos en la religión católica, y especialmente en el mensaje de que Dios, en su divina providencia, ha hecho con los hombres unas distinciones, les ha dado a cada uno un lugar y una labor, y aceptar eso con resignación abrirá las puertas de un cielo en el que todos se igualarían y vivirían felices.

Durante la cena, sin embargo, además de esto, se vienen explicando todos y cada uno de los tipos de esclavos, cómo los cogieron, a qué se dedicaban, sus culturas, etc. Además, se ven claramente diferentes actitudes ante la situación. El vino corre, al señor se le va soltando la legua y a partir de ahí os haría spoilers de la película.

El Señor hablando con el esclavo cimarrón durante la cena. Toda la escena de la cena se rodó únicamente con la iluminación que procedía de los candelabros situados en la mesa.

La película está dirigida por el cubano Tomás Gutiérrez Alea, y se engloba dentro de un cine exigido por el gobierno revolucionario en los 70. Este cine debería ser pedagógico y se dedicaría a explicar que la vida en la colonia era lo peor de lo peor. Dentro de estas exigencias del gobierno revolucionario, Gutiérrez Alea realiza dos películas, Una pelea cubana contra los demonios (1972) y la referida La Última Cena (1976). Ambas hablan sobre la esclavitud en la Cuba colonial y, aunque la situación en la que se hace la película pueda suponer otra cosa, son dos ejemplos de muy buen cine histórico. Con una excepcional ambientación y una mejor documentación, se aprecia cómo Alea se inspira en los libros de Fernando Ortiz, Una pelea cubana contra los demonios para la película homónima, y en El Ingenio de Manuel Moreno Fraginals, para La Última Cena. Además, en ambas películas se documenta con una las mejores monografías escritas sobre la esclavitud en el Caribe, Los negros esclavos de Fernando Ortiz.

Tomás Gutierrez Alea, director de la película, conocido como el Berlanga cubano por su film "Muerte de un burócrata", de un estilo muy parecido al de Berlanga. Ambos directores han reconocido la influencia que en ellos tuvo Luis Buñuel.

En la película de Alea, amén de una excelente calidad cinematográfica con los medios con los que se contaba entonces, podemos destacar varias cosas muy interesantes que nos ayudarán a entender el periodo:

  • Por una parte tenemos las relaciones de poder, del señor como autoridad máxima, el mayoral, el cura, el hombre de ciencia, los esclavos del  ingenio y los del servicio doméstico. Durante la película vemos cómo el mayoral tiene problemas con el cura, puesto que los días de catequismo o de culto no siempre responden a intereses comunes. Vemos cómo el cura y el químico se enzarzan en un par de debates morales. Y, por último, un auténtico detalle es cuando el señor le cuenta al esclavo que le hace de criado personal su intención de organizar la cena, éste le pregunta si tiene que asistir y le responde, “por supuesto que no, tú eres mi esclavo”.
  • Apreciamos, durante la cena, la relación de los esclavos entre ellos, sus historias del camino que recorren desde que son hombres libres hasta que llegan a Cuba como esclavos, y los que son nacidos ya esclavos en la misma hacienda. Nos trasmite muy bien cuál sería el pensamiento de esos esclavos y cómo digieren esa situación.
  • Otra de las cosas maravillosas de la película es cómo Gutierrez Alea nos trasmite una cuestión muy actual: cómo la incompetencia de una persona que no tiene ni idea de lo que ocurre en el lugar, pero que tiene todo el poder, puede llevar al desastre todo con una decisión desafortunada.  

Una auténtica maravilla de película, altamente recomendable para todo aquel que esté interesado en el tema de la esclavitud, y por la que los años han pasado estupendamente bien.

La gran mentira de la independencia americana

Hace algún tiempo dije en Twitter que la Independencia de Iberoamérica es una de las grandes mentiras de la Historia, y @Zokos, en su infinito amor por mí, me pidió un post al respecto. Y aquí estoy, voy a intentar explicarme. Aclaro desde el principio, que lo que voy a exponer no deja de ser una opinión personal basada en mis estudios, lecturas, etc. Cualquier cosa que se diga de forma general para América Latina es matizable. América tiene tantas historias como metros cuadrados, y eso hay que tenerlo clarísimo cada vez que se nombre cualquier dato desde las sociedades precolombinas, hasta la actualidad. Con esto,paso a dar mi opinión sobre el asunto.

¿Porqué me vino a la cabeza este pensamiento? Para responder a esta pregunta debemos remontarnos al día 12 de Octubre, festivo en España y festivo en casi toda América, desde el Columbus Day en USA, hasta los días de la raza, las razas, etc.

Ese día, y también a través de Twitter (la red social que más se asemeja a un bar) leí cientos de opiniones, casi todas iban por el mismo camino, lo malísimos que fueron los españoles con los pobrecitos indios que ahora gobiernan Latinoamérica.

Lo curioso es que los indígenas apenas han gobernado, son irrelevantes los casos, y en todo caso, hasta hace muy poquito tiempo no han tenido voz, y eso en los lugares que la tienen.

Juan Manuel de Rosas, principal actor de la "campaña al desierto", una historia preciosa que los indígenas del "desierto" recordarán para siempre... sobre todo sus cadáveres.

Pero,¿qué pasó con los indígenas en América? Grosso modo, los españoles eran tan tan tan católicos que se plantearon, más allá del porqué de la conquista, si esta gente eran personas o solo bichos. Y, sorprendentemente (para la época, no me malinterpreten), resultaron ser personas.

Pasan los años y llegamos a principios del siglo XIX. Los criollos, es decir, los españoles nacidos en América, se sienten desplazados por el régimen borbónico centralizador (que da prioridad a los españoles peninsulares en cargos y favores) y sus reclamos va llegando al punto de pedir la independencia – tras un largo y enorme proceso que si lo demandan detallaremos otro día – hasta que la consiguen.

Una vez que te has independizado, pasamos a la creación del Estado y del imaginario nacional.  Imaginario nacional que crean élites, criollos, grandes terratenientes y eminentes militares, héroes de la guerra y gente con mucha plata. Hombres que han estudiado en Europa, en la europa del positivismo, del darwinismo social, que tienen como referente a los Estados Unidos (donde no quedó ni un indígena vivo). Y eso trae consigo la marginalidad más absoluta de los indígenas americanos. Los “pueblos originarios” que se ven aislados en sus pequeñas porciones de tierra o en la hacienda de turno. Positivismo que trae las campañas al desierto: desierto de población, de población blanca, claro, porque allí se cargaron al primer oscurito que vieran.

Mentira, por tanto, que los originarios volvieran a ser dueños de lo que les quitaron.

Pero es más, en el plano puramente político, tampoco llegaron nunca, ni lo son ahora, a ser independientes. El imperialismo inglés y estadounidense, no de ocupación, sino de redes comerciales, ha flagelado al continente durante los dos siglos posteriores. La lacra de la distribución mundial del trabajo los convirtió en simples surtidores de materia prima, como antes. Nada cambia, salvo detalles legales y algunas caras.

Por lo tanto, una independencia “de mentirijilla” que sigue hoy en día. Una “mentirijilla” que sigue haciendo que cada 12 de Octubre muchos de mis paisanos sigan sintiendo vergüenza(?) por lo que hicimos (?) hace poco más de 4 siglos.

Si nos paramos a analizar a cada uno de los héroes nacionales, se nos caerían los “palos del sombrajo”. Y es por eso que digo que la independencia es una gran mentira. El indigenismo que se utiliza para “atacar” el descubrimiento no se “inventa” hasta el SXX, y, de hecho, previo a ello, son sólo algunos frailes españoles los que consiguen que a los originales de las tierras se les trate como a una persona media, de hecho, y con la excepción de las minas, se les trataba bastante mejor que a un campesino ordinario en la Península Ibérica.

Manuel Celaya, presidente de Honduras. Parece recién salido del ranchou de los Bush...

En resumen que la independencia de Iberoamérica no fue más que la consolidación y ampliación de un sistema colonial en todos los aspectos. Se consolida aún más una clase dirigente, convertida en oligarquía desde el XVI al XVIII (cuando las reformas borbónicas tocan el asunto). Se consolida un conservadurismo social aplastante, donde la marginación y la explotación se vuelve más dura y caótica. Se establece un sistema agro exportador como el motor económico de la región que hace que la dependencia económica sólo cambie de manos. En definitiva, que se toman una serie de decisiones, de unos mandatarios políticos que toman el territorio como suyo, que a lo largo de los años han demostrado lo desacertadas que fueron.

Unas decisiones que, sin tener en cuenta nunca a los “originarios”, siguen llevando el dinero de Latinoamérica a otros lugares, y que mantienen  un desarrollo territorial con el dudoso mérito de ser el sitio donde hay más brecha social, donde los ricos son más ricos, y los pobres son más pobres, superando incluso al Africa negra.

Son estas las razones por las que digo que la independencia de América es una mentira, en el sentido que muchísima gente le da al asunto. Porque ni es independiente, ni fueron los “ocupados” los que recuperaron sus tierras. Y con esto, aclaro, que no defiendo la “historia rosa” de la conquista y colonización de la América española, pero tampoco hay una “historia negra”. Hay que informarse un poco y no repetir incesantemente discursos, que no sólo son mentira, sino que están bastante pasados de moda.

 

Y para muestra un botón, los indígenas de Cajamarca, Perú, que actualmente están luchando para que una empresa de capital casi íntegramente estadounidense no abra la explotación de una mina de oro que los dejaría a ellos sin recursos. Oro para el Perú, “casi seguramente”. Por eso, antes de soltar sloganes pasados de fecha, hay que intentar entender el mundo.

El fin de la odisea: Nuestra Señora de las Mercedes vuelve a casa

Las ediciones digitales del ABC y de El País amanecían hoy con la noticia que pone fin definitivamente a la lucha entre el Estado Español y la empresa Odyssey por la propiedad de los restos arqueológicos del pecio Nuestra Señora de las Mercedes.

La fragata Nuestra Señora de las Mercedes se hunde tras explotar su santabárbara

Tras un largo proceso judicial, los tribunales estadounidenses han fallado en favor de España en la causa por la propiedad del material arqueológico que la empresa Odyssey Marine Exploration había extraído del lugar del hundimiento de la fragata española, Nuestra Señora de las Mercedes. La sentencia dictamina que el barco, hundido en 1804 frente a las costas del Algarve, en Portugal, era y es propiedad del Estado Español como “navío de pabellón” y “tumba de guerra”, dos figuras legales que aseguran a España la total jurisdicción y propiedad sobre el sitio del hundimiento, independientemente de las aguas en las que se encuentre.

En Aquí Fue Troya queremos dedicar este artículo a este lío. Aunque quiero avisar que este artículo está basado en los artículos de la prensa nacional. A lo largo de esta página habrá unos cuantos enlaces a distintos artículos de El País en su edición digital. No quiere decir que la noticia no haya sido cubierta por otros medios (como El Mundo, el ABC, etc.) pero ya es bastante embrollo ordenar unas cuantas noticias de un solo medio como para enlazar a más de un periódico. Espero que sepan perdonarme.

Breve historia de un hundimiento

Antes de meternos en el meollo, deberíamos hablar un poco del barco. Al principio de esta historia, la compañía Odyssey Marine Exploration se guardó muy mucho de compartir con la prensa y el gobierno español sus sospechas sobre la procedencia y nombre del pecio que habían encontrado. Por aquel entonces (2007), Odyssey decidió darle al hundimiento el nombre de Black Swan (“Cisne Negro”) y quedarse tan panchos.

Sin embargo, el barquito cuyos restos habían extraído con tanta diligencia pertenecían a la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, que se hundió el 5 de octubre de 1804.

La Mercedes formaba parte de un convoy compuesto por ésta, las fragata Clara, Medea y Fama, así como otras tres embarcaciones comerciales a las que protegían: El Castor, La Joaquina, El Astigarraga y Las Dos Amigas. La flotilla había salido de Montevideo el 9 de agosto de ese mismo año rumbo a puertos peninsulares. A bordo de las embarcaciones iban nuevos caudales americanos (sobre todo plata) fruto de las explotaciones mineras y la recaudación de la Corona, así como patrimonio de origen privado que se encomendaba a la protección de la armada por comerciantes y propietarios locales que repatriaban dineros rumbo a sus casas en la península o destinados a iniciar intercambios comerciales.

Los mares de entonces no eran especialmente seguros. A las acciones de  la piratería había que sumar la candente situación internacional. Ya saben,  los franceses habían revolucionado la política internacional con esa manía suya de “libertad, igualdad y fraternidad”, y Napoleón Buenaspartes estaba dando bien por el saco a los ingleses. Así que, aunque España en ese momento aún era una nación neutral, cuando la flota avistó velas en el horizonte aquel día de octubre de 1804, el comandante dio la orden de zafarrancho, que más valía prevenir que curar.

Sin embargo, el 5 de octubre de 1804 no sirvió de nada prevenir. Las velas en el horizonte eran las de una flota inglesa que, con ganas de gresca y presas jugosas (en tiempos de guerra hace falta dinero, ya saben), se liaron a cañonazos con la flota española hasta hacerlas rendir la bandera y poner rumbo a la Gran Bretaña, God save the King. Pero para aquel entonces, La Mercedes ya no estaba en situación de poner las velas mirando a ninguna parte. En medio del combate, pocos minutos después de comenzar, un disparo certero había hecho blanco en la santabárbara de la fragata. Este depósito de pólvora y munición hizo estallar por los aires el buque y se fue a pique con su cargamento y las 249 personas a bordo (el relato de uno de los supervivientes se publica hoy en El País).

El ataque a la flota española y su captura provocaron que el 14 de diciembre de 1804, España declarara la guerra a Inglaterra y todo se fue yendo poco a poco al traste. Pero ésa es otra historia.

Comienza el litigio

Después de poneros en antecedentes, estaréis deseando llegar al lío, ¿verdad? Esta que leéis no es la primera entrada que se publica en Aquí Fue Troya a raíz del caso Odyssey. Aquella vez, yo mismo me limitaba a dar un par de pinceladas a raíz de las últimas noticias. Ahora que parece que todo llega a su fin, es hora, quizá,  de detenernos un poco más.

El 18 de mayo de 2007, la empresa Odyssey Marine Exploration (Odyssey para los amigos y los que no lo son tanto) anunciaba el descubrimiento de un pecio de época moderna en algún punto indeterminado del Atlántico. Le dieron el nombre de Cisne Negro y se callaron como muertos sobre sus sospechas sobre la verdadera identidad del barquichuelo hasta que un juez en Florida les dijo que ya valía de rodeos.

El caso es que nuestras autoridades pusieron el grito en el cielo, se rasgaron las vestiduras e incluso detuvieron el barco de la empresa en puerto. Pero las monedas que Odyssey había sacado del barco terminaron rumbo a EE.UU. en un bonito avión fletado a tal efecto y el barco de la empresa terminó por dejar aguas españolas. Y aquí empezaba el proceso litigante.

El Estado Español denunció a la empresa Odyssey en lo que ellos consideraban un intento de expoliar nuestro patrimonio histórico. El juicio se iniciaba en Tampa Bay, Florida, bajo la instrucción del juez Mark Pizzo.

Con el proceso abierto, otros vinieron a sumarse a la empresa Odyssey en su afán por aprovechar el filón. El Gobierno de Perú decidió que “la historia no es agua pasada” y reclamó el 1 de agosto los reales de a 8 del cargamento. Perú alegaba que, puesto que habían sido acuñados en Lima en tiempos de Carlos IV, le pertenecían, aunque en ese momento Perú como nación no existiera. Además, Odyssey propuso que los descendientes de aquellos mercaderes que habían depositado su dinero en el barco, pudieran reclamar la parte proporcional. Odyssey no era un buen samaritano. En el caso de que la empresa lograra un veredicto favorable y los descendientes reclamaran con éxito las monedas, eso reduciría el impacto negativo que una venta de esa magnitud tendría en el valor de las monedas en el mercado de antigüedades.

No hay que ser cenizo

A pesar de las pocas esperanzas que la profesión tenía en un resultado favorable a España, debido a los diferentes acuerdos internacionales ratificados por los EE.UU, durante todo el proceso judicial hemos asistido a episodios que permitían albergar mejores expectativas. Expectativas que se han visto confirmadas el pasado día 30.

¿Por qué éramos tan negativos al principio? Pues porque entre España y EE.UU. existen dos diferencias fundamentales a nivel jurídico: la tradición y el tratado internacional de la Convención Unesco para la protección del patrimonio cultural subacuático.

En contra de lo que mucha gente piensa, el pecio de La Mercedes se encontraba hundido en aguas internacionales. Eso, hasta la Convención Unesco, dejaba el barco a merced de cualquiera que lo encontrara. Las aguas internacionales son de dominio internacional, un territorio de jauja donde se pueden hacer peleas de monos con cuchillos.

Escudada en esa ley, Odyssey dio comienzo al expolio y el gobierno español tuvo que acudir a juicio en EE.UU., bajo cuyo pabellón se encontraba la empresa Odyssey.

El juicio en EE.UU. planteaba dos grandes problemas: una tradición jurídica en la que, como en Inglaterra, está muy asentado el derecho de búsqueda y rescate (el que lo encuentra se lo queda y si quieres recuperarlo, tienes que pagarle una parte de su valor); y el hecho de que EE.UU. no ha firmado la Convención Unesco.

De tal forma que el Estado Español tenía que convencer a la justicia americana de que La Mercedes era un barco militar, protegido por leyes internacionales que sí han sido firmadas por EE.UU., anulando así los posibles derechos de búsqueda y rescate de la empresa Odyssey.

Y por su parte Odyssey alegaba que La Mercedes estaba, en el momento del hundimiento, llevando a cabo tareas civiles y que por tanto no estaba protegida por la legislación internacional para barcos de pabellón y tumbas de guerra. Más aún, Odyssey alegaba que el Estado Español había perdido sus derechos sobre La Mercedes al considerar que habían “abandonado” el barco. Esto es, que tras su hundimiento se había “dado por perdida” y se había renunciado a la fragata.

La luz al final del túnel

A pesar de que parecía complicado que los jueces estadounidenses dieran la razón a España, lo cierto es que, como he mencionado, durante todo el proceso se asistió a acontecimientos que permitían albergar esperanzas (aunque en los foros de la profesión era muy común escuchar aquella expresión de prudencia de “no empecemos a chuparnos las pollas todavía”).

En Tampa Bay, el juez Mark Pizzo, el 04 de junio del 2009, tras dos años de comerse las uñas, recomendaba que la carga extraída de La Mercedes fuera devuelta a España. Odyssey, como era de esperar, no estaba de acuerdo con la decisión del juez y recalcaba el supuesto aspecto civil del trabajo de La Mercedes y los posibles derechos de los descendientes de aquellos amables comerciantes criollos.

A la espera de que la justicia se volviera a pronunciar, recibimos otra noticia esperanzadora: el Gobierno Federal se pronunciaba en favor de los intereses españoles en octubre de ese mismo año. Evidentemente, gracias a la separación de poderes este hecho no tenía por qué tener repercusiones en la decisión judicial, pero era de agradecer. Además ponía de manifiesto dos cosas: la primera, que la diplomacia española daba sus frutos; y la segunda, que EE.UU. estaba dispuesto a cumplir aquella promesa informal de respetar la Convención Unesco aun sin haberla firmado. O quizá fuera sólo que tenían muy claro que era un barco militar y que “las tumbas de guerra no se han de menear”.

Unos meses después, el 23 de diciembre, como si de un regalo de Navidad se tratara, otro juez, Steven D. Merryday, de la corte de apelaciones de Tampa, ratificaba la sentencia de Mark Pizzo. Otro golpe para Odyssey que, pese a todo, no daba su brazo a torcer y el 21 de enero de 2010, recurría de nuevo la sentencia aunque esta vez en el Undécimo Tribunal de Apelaciones de EE.UU. en  Atlanta (Georgia), el siguiente nivel en la escala judicial.

Les volvieron a decir que no. El 21 de octubre del 2011, el Undécimo Tribunal recogía, esta vez, un tratado firmado entre EE.UU. y España en 1902 que aseguraba los derechos españoles sobre el pecio y la carga. Pero Odyssey volvió a reafirmarse diciendo que solicitaría una audiencia ante el tribunal para volver a exponer sus argumentos con la esperanza de hacerle cambiar de opinión. “Victoria por desgaste”, lo llaman algunos.

Y los jueces volvieron a decirles que no. El 30 de noviembre del 2011, el Undécimo Tribunal de Apelaciones de Atlanta, tras haber escuchado a Odyssey en audiencia previa y meditar sus reiterativas afirmaciones, desestimaba nuevamente su recurso. “Oiga, que no, que ya le hemos dicho que devuelva el cargamento”.

Parece que ya está, ¿no? Bueno, no exactamente: aun queda una posibilidad. Aunque la noticia da por bueno que está todo el pescado vendido y los expertos consideran que esto está hecho, Odyssey ha recurrido ante el Tribunal Supremo. Sin embargo, los abogados coinciden en que éste no suele aceptar a recurso casos en los que varios tribunales han emitido fallos en la misma dirección. Así que sí, quizá podamos ir “vendiendo” ya la piel del oso.

ULTIMA HORA: Que sí, que era evidente, pero deberíais saber que Odyssey ha gastado el último cartucho.

ACTUALIZACIÓN (09/02/2012): El tribunal Supremo rechaza el recurso de urgencia. Tampa ejecutará la sentencia de forma normal. Odyssey aun puede recurrir al Supremo pero mientras Tampa seguirá el proceso para cerrar el caso.

¿Y ahora qué?

Bueno, lo obvio es que la carga de plata y oro que la empresa Odyssey extrajo del pecio de La Mercedes, será repatriada a España. ¿Pero qué se hará con ella?

He mencionado un par de veces la Convención Unesco para la protección del patrimonio cultural subacuático. Esta Convención, firmada e impulsada en gran medida por España, tiene un valor legal que coloca sus disposiciones justo por debajo de nuestra Constitución y es de obligado cumplimiento. La Convención establece que se considere “Patrimonio Cultural Subacuático”, todo resto producido por el hombre que haya permanecido total o parcialmente sumergido de forma continua o discontinua durante al menos 100 años.

El Patrimonio Cultural Subacuático está sujeto a protección. Entre otras cosas, está prohibida su venta. Por tanto, la carga de La Mercedes, desengáñense si lo pensaban, no puede venderse para sacarnos de la crisis. Los restos acabarán en museos nacionales (el Arqueológico Nacional y el ARQUA, entre otros) para ser fruto de estudios científicos. He leído por ahí que deberían guardarse en el Archivo General de Indias en Sevilla. A esos ansiosos Sevillanos, les diré que no. Que el Archivo de Indias no es un museo. Que se lo pregunten a sus archiveros y ya verás como están de acuerdo conmigo.

¿Entonces por qué hemos gastado tanto tiempo y dinero en esto? Pues porque el cargamento de La Mercedes puede ser utilizado para ampliar nuestro conocimiento de la historia de nuestro país. Por enumerar alguna posibilidad: conocer la producción de las minas de Lima en función de las fechas de acuñación; el nivel de fraude en el manifiesto de estas flotas; analíticas estadísticas sobre la pureza de la plata; etc.

Un daño irreparable

Sin embargo, para mí y seguro que para otros muchos arqueólogos subacuáticos, esta será una victoria amarga. Las acciones de Odyssey nos han impedido para siempre obtener valiosa información que, si no fuera por su afán por el beneficio, habría podido ser recabada en el transcurso de una excavación arqueológica.

Algunos opinarán que de no ser por Odyssey no se habría localizado el barco. Pero el precio que se ha pagado es demasiado alto: recuperar el cargamento de monedas tiene muy poco valor científico en comparación con el potencial de una excavación científica.

De una excavación subacuática se puede obtener muchísima información. Un barco hundido puede darnos mucha información si sabemos hacerle las preguntas apropiadas: los restos de madera hablan de las técnicas constructivas y de las reparaciones llevadas a cabo durante la vida del barco; la toma de medidas pormenorizadas nos permite reconstruir el barco sobre el papel y estudiar su forma (ya que se cuentan con pocos planos de época); la distribución de la carga también nos habla de técnicas y formas de proceder; restos tales como cueros, botones, y vajillas nos cuentan cosas de la vida a bordo que no pueden encontrarse en las grandes crónicas de guerra…

Pero a empresas como Odyssey, cuyo beneficio está enfocado a recuperar piezas de valor económico para los mercados de antigüedades, no prestan atención a estos detalles y la información queda rápidamente destruida ante técnicas invasivas que sólo buscan la extracción con el mínimo coste de tiempo y materiales.

[ULTIMA HORA: 21 de Febrero 2011, Las autoridades españolas se preparan para retornar los restos arqueológicos de La Mercedes a finales de semana.