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La Historia que aprendemos, la Historia que enseñamos. Dos ejemplos.

Dice la sabiduría popular que no hay nada como sentarse al otro lado de la mesa para apreciar la realidad con nuevos ojos. Que la empatía, el ponerse en el lugar del otro, hace milagros a la hora entender el mundo que te rodea y valorarlo de una forma más justa. Igualmente, es sabido que dar clase es algo muy, muy difícil. Doy fe. No hay nada como subirse a un estrado delante de, pongamos por caso, cincuenta chavales (ojo, les llamamos chavales, pero antes de ayer éramos como ellos) para que todas las gracias, chistes y chascarrillos que rodaban, ruedan y rodarán por un aula te parezcan bastante menos graciosos que antes.

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La ciudad olvidada y su poeta maldito

Llevo unos días pensando sobre qué escribir para Aquí Fue Troya, la verdad es que muchos temas se me pasaron por la cabeza en ese tiempo, algunos de ellos espero que puedan materializarse, mientras que con otros no sucederá lo mismo. Y sí, sé que os debo la segunda parte del post sobre el chavismo, pero ese llegará en la siguiente entrada.

Parece que la suerte o la inspiración se alió conmigo, pues en una de las noches en las que buscaba algo nuevo que leer tras haber terminado una novela, apareció ante mis ojos una versión de Nadja, de André Bretón (la cual recomiendo salvajemente, como casi todo lo que tenga que ver con el dadaísmo y el surrealismo) que poseía desde hace tiempo y que me hizo recordar que Bretón vino a Tenerife en los años treinta a una Exposición Surrealista, cuando venir a Canarias era casi como irse al fin del mundo.

En realidad no voy a hablar de André Bretón, sino del autor maldito que esa magnífica generación surrealista dejó en Canarias: Domingo López Torres.

Probablemente a la mayoría de personas que lean este pequeño post desde la Península u otros lados del globo jamás habían oído este nombre antes. No se preocupen, su figura en el ámbito canario no es excesivamente conocida, ha sido uno de esos personajes que se ha borrado (o se han encargado de borrar) del imaginario colectivo.

Domingo López Torres nació en 1907 en la capital de la isla de Tenerife, mostrando actitudes y aptitudes desde joven para el arte, ya que aún siendo autodidacta y de extracción social baja, supo hacerse un hueco entre los autores de vanguardia del archipiélago, siendo solamente un joven.

López Torres consiguió rápidamente y con sólo 25 años colarse en un grupo en el que estaban literatos como Domingo Pérez Minik, Agustín Espinosa, el gomero Pedro García Cabrera o Emeterio Gutiérrez Arbelo, pero en el que también habían artistas de otras ramas como el magnífico pintor Óscar Domínguez, por el cual tengo una predilección personal especial.

Marxista y revolucionario hasta las últimas consecuencias, vivió durante los años de la II República su época más dorada, a pesar de que ya desde finales de la década de los veinte, en plena dictadura de Primo de Rivera, había escrito su principal obra: Diario de un sol de verano.

Autor de literatura, también lo fue de artículos con una implicación política notable durante el período republicano en su edición Cartones, desde la cual lanzaba sus consignas revolucionarias, en una época en la que Santa Cruz tuvo el mayor despertar libertario que se recuerda con una importancia del componente anarquista que pudiera parecer sorprendente en la ciudad actual, la cual tiene una tendencia conservadora mayor que la mayoría de ciudades del archipiélago y, por qué no decirlo, del resto del estado.

Expos
Octavilla de la Exposición Surrealista de 1935 en el Ateneo de Santa Cruz de tenerife

Esa Santa Cruz fue la misma que acogió la Exposición Surrealista de 1935, a la cual acudieron los franceses André Bretón y Benjamin Peret y donde se expusieron obras de autores nacionales como Picasso, Dalí, Miró o el propio Óscar Domínguez, así como de artistas internacionales de la talla de Hans Arp, Ives Tanguy o Giacometti (la cual fue ofrecida al Cabildo por entonces y no quiso comprar). También esa fue la Santa Cruz donde se editó la famosa revista Gaceta de Arte entre 1932 y 1936, dirigida por el pintor y crítico de arte Eduardo Westerdahl y en la cual colaboraron no sólo los autores del círculo surrealista canario, entre los que se encontraba López Torres, sino también autores de renombre internacional como Le Corbusier, Gertrude Stein o el propio Tristan Tzara.

Esa isla de Tenerife era uno de los centros de la cultura no sólo del país, sino también a nivel internacional, donde este grupo surrealista se desvincula de las líneas principales nacionales existentes en la península, las cuales seguían líneas editoriales favorables al señorío hispano y la inteligencia nacional. Este grupo no era tan “provinciano” en ese sentido, su vocación era internacionalista y universalista. Como exponía Westerdahl en la editorial de la primera editorial Gaceta de Arte allá por 1932:

Conectados a la Cultura Occidental, queremos tendernos sobre todos los problemas, en el contagio universal de la época. Sin huir el pensamiento, sin buscar refugio en tratamientos históricos para los fenómenos contemporáneos. Nuestra mirada llena de luz intelectualista de la época. Recorrerá todos los procesos artísticos que tengan un carácter histórico formal. Nuestra posición de isla aislará los problemas a través de esta soledad propia para la meditación y el estudio procuraremos hacer el perfil de los grandes temas, descongestionándolos para buscarles una expresión. Creemos movernos entre naciones. Ser isla en el mar Atlántico (Mar de la Cultura) es apresar una idea occidental y gustaría, hacerla propia despacio, convertirla en sentimiento. Queremos ayudar a una posición occidentalista de España. Seres Atentos, amplios, jóvenes. Y cumplirá en la isla, en la nación, en Europa, la hora universal de la Cultura. Esta será nuestra política.”

En esa época, López Torres crecía como persona y como artista. La influencia personal y directa de autores como Breton hizo que su forma de ver la vida y el arte se modificara. En 1935, seguía escribiendo, en su mayoría poemas; mientras regentaba una librería-estanco donde se reunían en ocasiones no sólo la élite del pensamiento canario, sino también grupos revolucionarios.

Llegó entonces 1936, el famoso año, y con él llegaron los militares, las iglesias y los nacionalistas. También con él se fueron los bretones, el libertarismo y las exposiciones. La amplitud cromática se tornó en un monocolor ideológico donde no cabían los autores del círculo surrealista canario, ni Gaceta de Arte.

LopezTorresRetrato
Diego López Torres con Jacqueline, Peret y Breton en un camello

La mayoría de los autores consigue superar, aunque con dificultades, la férrea actitud franquista contra este círculo. No es así el caso de Domingo López Torres, el más humilde de todos, el cual es recluido nada más empezar la posguerra y la represión (la cual se puede decir que en Canarias empezó desde el mismo día de 18 de julio, debido a la práctica ausencia de enfrentamiento directo) en el tristemente famoso “horror de Fyffes”, antiguo almacén de frutas el cual era el lugar donde eran encerrados los presos esperando una decisión sobre su futuro.

De noche ya, gritando mis ausencias,

buscaba yo en las playas las formas

que dejaban las chicas en la arena.”

En Fyffes siguió escribiendo sus poemas, que se hacían cada vez más tristes y sombríos debido a su penosa situación. Aunque también seguía evocando a su principal amor: el mar. Un mar que no sólo fue digno receptor de sus mejores poemas sino que también, en última instancia, recibió su cuerpo encerrado dentro de un saco en los primeros meses de 1937. No hubo suerte que permitiera la libertad que otros compañeros sí tuvieron, ni lágrimas en una ciudad que nunca más supo de su “hijo maldito”. Su ideología, pero también sus ansias de libertad y su extracción social le condenaron no sólo a la muerte, sino también al olvido. Sólo quedaron unos versos de su amigo García Cabrera como epitafio en una tumba inexistente:

“… si quieres quedarte con la verdad de sus sonrisas,

devuélveme su muerte al menos,

su muerte es mía y no te pertenece”

Citando a . . . Paul Preston

Paul Preston "poniéndose fino" en alguno de los -miles de- grandes centros gastronómicos de la Península Ibérica

 

Innecesario es decir que esta es una obra científica y que los hechos del pasado pertenecen a la Historia. La divulgación documentada y veraz de los innumerables casos mencionados de personas responsables de actos de violencia durante la represión no puede ofender el honor de los allegados, cuyos sentimientos respetamos. La misión del historiador estriba en buscar la verdad, con independencia de los sentimientos que su trabajo pueda despertar.

 

Paul  Preston, en el prólogo de su  obra “El holocausto español”, 2011, editorial Debate.

Foto | El País

El Grupo de Cáceres

Este sábado 22 de octubre se celebrará en Villanueva de la Serena un acto cívico en memoria de las víctimas del franquismo. Dicha población fue una de las más castigadas por el conflicto, habida cuenta de que (como aún reza su escudo) era la puerta de La Serena, comarca que resistió durante dos años los ataques de las tropas golpistas.

Edificios derruidos en la Plaza de España de Villanueva de la Serena (Colección Manuel Sánchez Gálvez)

La toma de Villanueva de la Serena supuso, en cambio, el inicio de una represión que dejó más de setecientos damnificados y casi trescientos muertos en la localidad. Una de las decenas y decenas de historias al respecto es la de quienes fueron conocidos durante años como el Grupo de Cáceres.

El 20 de julio de 1936, Manuel Gómez Cantos, capitán de la Guardia Civil, se levantó en armas y puso a Villanueva de la Serena bajo control del bando franquista. En cuatro días detuvo a sesenta vecinos con los que hubo de huir a la cercana Miajadas ante la incapacidad de resistir el asedio de las fuerzas republicanas que pretendían recobrar la localidad.

Ya en Miajadas, ese mismo 24 de julio, se decidió enviar a los prisioneros a la cárcel de Cáceres, a la cual arribaron cincuenta y seis hombres (tres pudieron escapar y otro murió en el camino por heridas de bala). Permanecieron recluidos en aquel lugar sin razón aparente durante dos años, periodo en que hubo un nuevo fallecido y otros veintidós fueron canjeados o liberados.

Imagen aérea del bombardeo franquista sobre Villanueva de la Serena (Colección Juan Ramón Rayego Severo)

En ese tiempo la llamada Bolsa de La Serena había logrado frenar el avance franquista. No obstante, sucumbió ante la ofensiva final entre los días 20 y 24 de julio de 1938. Dos semanas más tarde, el 8 de agosto de 1938, los treinta y tres últimos integrantes del Grupo de Cáceres fueron trasladados a Badajoz, en cuya prisión se les retuvo otro mes.

Por aquel entonces, el citado Gómez Cantos, además de participar en la polémica matanza de la plaza de toros de Badajoz, había sido designado Delegado del Orden Público de dicha provincia. Fue así como de nuevo se hizo cargo de los treinta y tres prisioneros y los condujo a Villanueva de la Serena el 8 de septiembre, a quienes encerró esa noche en la cárcel local.

Fotografía de Vicente Blázquez Benítez (García Suances, I., "Grupo de Cáceres")

Al día siguiente, en la céntrica Plaza de España, el propio Gómez Cantos instruyó un juicio popular desprovisto de toda legalidad o legitimidad. Con todo, y delante de familiares y vecinos, los treinta y tres acusados fueron condenados a muerte. A continuación, los presos fueron llevados a la sierra de Yelbes, al norte del río Guadiana, cerca de Medellín.

Los miembros del Grupo de Cáceres fueron asesinados en un lugar indeterminado al pie de una loma, recibiendo sepultura en una fosa común. Entre los fusilados se hallaba mi tío abuelo, Vicente Blázquez Benítez, miembro de las Juventudes Comunistas de Villanueva.

Él, como el resto de sus compañeros, fue declarado inocente tras anularse la sentencia cinco años más tarde (noviembre de 1943, causa 4251/39). Pero nadie indemnizó a sus familias ni recuperó sus restos. Todavía no se han encontrado, setenta y tres años después.

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Puede hallarse más información sobre estos hechos en el libro de GARCÍA SUANCES, Iván, Grupo de Cáceres. Fusilados en Medellín. [S. L.]: ARMHEx, 2008.

Asimismo, la propia ARMHEx ha elaborado un listado con los represaliados de Villanueva de la Serena, acompañándolo de un breve análisis de tales datos. Por otro lado, la web del Proyecto para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura incluye un buscador de víctimas, fosas y documentación sobre la represión franquista en la región.

El voto femenino y las derechas

Iba a escribir un post para el día de la mujer sobre el voto femenino y la figura de Clara Campoamor. Lo pensé antes de ver la repercusión que tuvo la película que emitió RTVE y que, por circunstancias del destino, no pude ver.

Dicho esto, voy a pasar al anecdotario, ese que tanto me gusta, y a las contradicciones de las ideologías. Nos situamos en la II República, es el primer periodo democrático, liberal, occidental, o cómo queráis llamarlo, en la historia de España. Instaurado el nuevo sistema administrativo y de gobierno, se plantean cuestiones de gran calado, que suponían debates a sangre y fuego como la reforma agraria, la reforma educativa, la colaboración de la Iglesia y el Estado,…

Uno de los grandes debates era el papel de la mujer, los derechos de las féminas, representados por dos figuras muy atrayentes para la historia como son Victoria Kent y Clara Campoamor. La primera, situada a la izquierda del hemiciclo, y la segunda, más a la derecha.

El debate se inicia, y hemos de suponer que fue la izquierda, los progresistas, los que abogaban por el avance social de España los que defendían este derecho, alegando para elo el sufragio universal y el igualitarismo de los seres humanos, pues, en este caso, sucedió lo contrario.

El debate que se llevó a cabo en Octubre de 1931, contó con un factor curioso, la izquierda se negaba a conceder el voto a las señoras, y la derecha luchaba por él como si no hubiera mañana ¿porqué? Para la izquierda progresista de la España de los años 30, el voto de la mujer significaba que por cada papeleta introducida en la urna por una mano femenina, era en realidad el párroco el que votaba. La derecha conservadora sería así la beneficiaria de este voto. Así de sencillo, como siempre, la política española , fiel a sus ideologías, arañaban escaños de donde podían, y como siempre, los grandes medios son los que os ayudan a dilucidar el debate.

Para ello, traigo unas muestras, son tres artículos, uno de El Heraldo de Madrid, otro del Diluvio, y otro del Deate, tres periódicos de la época.

Heraldo de Madrid,

Heraldo de Madrid, 2 de Octubre de 1931

En el Diario La Voz, aparecen dos artículos, el 1 y el 2 de Octubre:

El voto hoy en la mujer es absurdo, porque en la inmensa mayoría de los pueblos el elemento femenino, en su mayor parte, está en manos de los curas, que dirigen a la opinión femenina, se introducen en los hogares e imperan en todas partes. La mujer española, especialmente la campesina, no está capacitada para hacer uso del derecho del sufragio de una manera libre y sin consejos de nadie. Con lo que hoy ha acordado el Parlamento, la República ha sufrido un daño enorme y sus resultados se verán muy pronto.

Diario “La Voz, de 1 de Octubre de 1931″

No somos enemigos de la concesión del voto a la mujer; estimamos que debe concedérsele ese derecho de ciudadanía, pero a su tiempo, pasados cinco años, diez, veinte, los que sean necesarios para la total transformación de la sociedad española, cuando nuestras mujeres se hallen redimidas de la vida de esclavitud a que hoy están sometidas, cuando libres de prejuicios, de escrúpulos, de supersticiones, de sugestiones, dejen de ser sumisas penitentes, temerosas de Dios y de sus representantes en la tierra, y vean independizada su conciencia

Diario “La Voz” , 2 de Octubre de 1931″.

Los textos anteriormente citados son de periódicos con una clara tendencia a la izquierda, son diarios progresistas. Ahora,veamos lo que aparece en el El Diluvio, un periódico de derechas, el mismo día 2 de octubre:

Estos 160 diputados que han concedido el voto a las mujeres deben ser unos doctrinarios puritanos, pero son unos torpes republicanos. Nosotros no negamos el voto a la mujer en nombre de su derecho a la libertad sino en nombre de la defensa de la República. Las mujeres pueden ser dentro de la República abogadas, catedráticas, diputadas y hasta ministras, pero electoras, no. Nada más unos cuantos pueblos han concedido el voto a las mujeres y la República española no es cosa que por quijotismo idealista defienda o confíe en el voto femenino que durante unos cuantos años será canalizado por curas, frailes y monjas.

Diario “El Diluvio”, 2 de Ocubre de 1931″.

Como podemos observar, la política española ha estado siempre al servicio de su propia ideología, defendiendo sus principios a muerte, y siendo totalmente consecuentes con sus  preceptos ideológicos.