Archivos de la categoría Historia Antigua

Mosaico parietal de Junio Basso. By 
Roman Age artist - User:Folegandros (2010). Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons.

Un día en las carreras, III

No te pierdas tampoco la competición de los caballos famosos: el hipódromo con su amplio aforo ofrece muchas facilidades. No hay ninguna necesidad de dedos para con ellos hablar secretos, ni tendrás que recibir un mensaje con meneos de cabeza. Siéntate al lado de tu dueña, que nadie lo impide, junta enseguida tu costado a su costado por donde puedas. Y es estupendo que, aunque no quieras, la raya obligue a pegarse, que tengas que tocar a una moza por imperativos del sitio. Búscate aquí un motivo de amigable conversación y que empiecen por sonar cumplidos: arréglatelas para preguntar como aficionado de quién son los próximos caballos y sin tardanza anima a cualquiera que ella anime. Mas cuando pase el cortejo atestado de marfileños dioses, tú aplaude a Venus la Señora con animosa mano; y, como sucede, si por azar cae polvo en el regazo de la muchacha, habrá que sacudirlo con los dedos; y si no le cae polvo ninguno, ese ninguno tendrás que sacudirlo sin embargo: que a tu servicialidad cualquier razón le valga; si el manto demasiado suelto reposa en la tierra, recógelo y, atento, levántalo del sucio suelo. Al punto, recompensa de tu servicialidad, con el consentimiento de la muchacha, tropezarán con tu mirada piernas que has de ver. Fíjate además en quién viene a sentarse detrás de vosotros, no sea que le apriete sus delicadas espaldas dándole con la rodilla. Los pequeños detalles cautivan a los corazones fáciles: muchos sacaron provecho de disponer una almohadilla con hacendosa mano; les aprovechó también hacer aire con la delgada tablilla y poner bajo delicado pie huecos escabeles.
Ovidio, Arte de amar I, 134-161

Ovidio, el máster del universo del arte de ser un perfecto baboso del ligoteo en la antigua Roma —y de lo que viene siendo tocar pelo, en general—, os explica cómo ser galante con una chiquita en las carreras de carros. Quién sabe, a lo mejor triunfa el amor.
Aunque mucho me temo que si os llevarais a una romana a las carreras de carros os iba a mirar tirando a poco.

Marchisio
¿Tu novia no te mira cuando juega la Juve? Cuéntame más.

La fama de los aurigas (agitatores) —y sus cuerpazos atléticos— eclipsaba al acompañante más atento. Aparte de que, los que eran buenos de verdad, tenían pasta para aburrir. Muchos de ellos comenzaban como esclavos, pero, si se les daba bien, podían ganar lo suficiente como para comprar su libertad y seguir compitiendo.

Y pensaréis vosotros, que sois gente espabilada y con estudios, ¿por qué iban a seguir compitiendo cuando eran millonarios? Pues para ser muchimillonarios, vaya pregunta. A ver si es que nuestros futbolistas o pilotos de carreras tienen precisamente problemas para llegar a fin de mes.
Ya vimos en la entrega anterior que los aficionados de cada factio se tomaban muy en serio sus colores, tanto, que en el Bajo Imperio las factiones llegaron a convertirse incluso en grupos de presión política. Junio Basso, cónsul en el 331, se hizo representar en un mosaico dirigiendo una biga y simbólicamente liderando a un agitator de cada una de las factiones.

Mosaico parietal de Junio Basso. By  Roman Age artist - User:Folegandros (2010). Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons.
Mosaico parietal de Junio Basso. By
Roman Age artist – User:Folegandros (2010). Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons.

Así que, bueno, los aurigas eran figuras públicas de primer nivel. Celebrities de las buenas. Y en las carreras se invertía un pastizal:

Gauro, siendo pobre y conocido por tener con él una vieja amistad, pedía cien mil sestercios al pretor y le decía que a los trescientos mil suyos solamente le faltaban éstos para poder aplaudir como caballero, con todos los derechos, al dueño de Roma. El pretor le dijo: “Sabes que yo tengo que pagar a Escorpo y a Talo y ojalá sólo les diese cien mil.” ¡Ay, da vergüenza tu cofre desagradecido, dan vergüenza, ay, tus malditas riquezas! ¿Lo que no das a un caballero, quieres dárselo, pretor, a un caballo?
Marcial, Epigramas, IV, 67

Marcial (ese poeta hispano con tan mala hostia que os gusta tanto cuando lo saco en Instagram) escribió dos epigramas tras la muerte de Escorpo, el agitator que menciona en el anterior fragmento.

Que la victoria entristecida rompa las palmas de Idumea, golpea, Favor, tu pecho desnudo con cruel mano; que el Honor cambie su vestido y tú, Gloria, ofrece como presente tus cabellos coronados a las llamas inicuas. ¡Ay, qué crimen! Mueres, Escorpo, despojado de tu primera juventud y unces tan prematuramente los caballos negros. ¿Por qué el borne que rodeabas tan rápidamente y de forma tan ajustada estuvo tan cerca del comienzo de tu vida?
Marcial, Epigramas, X, 50

Yo soy el famoso Escorpo, gloria del circo vociferante, tus aplausos, Roma, y tus breves delicias, el que la envidiosa Láquesis, después de arrebatarme a los veintisiete años, al contar mis palmas, creyó que era un anciano.
Marcial, Epigramas, X, 53

Escorpo murió en el año 98, cuando contaba 27 años, corría para los verdes (la factio prasina, que llevaba el color de la primavera y era, de largo, la favorita de los romanos) y había acumulado 2048 victorias. No sabemos qué le sucedió, pero una de las posibilidades es que protagonizara un naufragium. A Escorpo se lo recuerda, aparte de por los epigramas de Marcial, porque se dice de él que consiguió recoger más de 50 bolsas de monedas de oro lanzadas por sus partidarios durante una vuelta de honor al circo después de una victoria.

Otros, como Fusco, no tuvieron tanta suerte y murieron antes de poder comprar su libertad:

Fusco, auriga de los verdes, vivió 24 años, ganó en Roma 53 veces, dos en los juegos de la diosa Día, una en los celebrados en Bovillae. Después de que le hubieran sido anuladas dos salidas, consiguió la palma de la victoria. Fue el primero de todos en ganar el primer día que compitió. Su compañero esclavo, Machao, hizo esta lápida para preservar su memoria, siendo cónsules Cayo Cestio y Marco Servilio.
CIL 06, 33950.

A estas alturas, creo que ya os habréis dado cuenta de que el premio que los agitatores mostraban a la multitud enfervorecida que coreaba sus nombres al final de cada carrera era una palma, además de las coronas de laurel a la manera griega. Aparte de eso, enormes sumas de dinero, regalos, la fama y la devoción absoluta de sus seguidores, que aprovecharían cualquier excusa para garabatear el nombre o un retrato de sus favoritos en cualquier pared de Roma —a ver si os creéis que eso que llamáis “arte urbano” lo habéis inventado vosotros.

Imagen de agitator romano publicada en el Nordisk familjebok. Se trata de un dibujo de una estatua que se encuentra en los Museos Vaticanos, en la "sala de la biga", cerrada parcialmente al público.
Dibujo de la estatua de un “agitator” que se encuentra en los Museos Vaticanos —en la “sala de la biga”, cerrada parcialmente al público. Publicado en el Nordisk Familjebok (dominio público).

El agitator más famoso del que tenemos noticia fue Diocles (un lusitano nacido en la Colonia Agusta Emérita, Mérida para los amigos), cuyo club de fans le erigió un monumento (podéis leer el texto completo en la Wikipedia, aquí) cuando se retiró a los 42 años (7 meses y 23 días), después de haber competido durante 24 años.
Empezó corriendo para los blancos, fichó luego por los verdes y, finalmente, por los rojos desde los 27 a los 42 años. Hizo 4257 salidas y consiguió 1462 victorias. Salen aproximadamente a 177 carreras de media por año. Y 3 ó 4 salidas por día de competición, teniendo en cuenta que sólo había 50 al año.
Era famoso también por poseer un ducenarius (un caballo que había ganado más de 200 carreras) y porque una de sus tácticas favoritas era quedarse levemente rezagado y adelantarse para conseguir la victoria en la vuelta final.
Además del ducenario, nueve de sus caballos consiguieron al menos 100 victorias. Sabemos los nombres de tres de los caballos que compitieron en su cuadriga el año que consiguió 103 palmas: Abigeius, Lucidus y Pompeianus. Cotynus y Galata eran otro par de sus preferidos. Entre los cinco consiguieron que Diocles sumara 445 de sus victorias.

Caballo de bronce del Vicolo delle Palme, en los Museos Capitolinos (la foto es mía, mía y sólo mía).
Caballo de bronce del Vicolo delle Palme, en los Museos Capitolinos (la foto es mía, mía y sólo mía).

Diocles prefería competir usando caballos lusitanos (de los cuales se decía que eran los más rápidos) y africanos, aunque más allá de las capacidades de sus animales, en la antigüedad eran muy de la opinión de que para sobrevivir y, sobre todo, para ganar, no valían tanto la rapidez y la fortaleza de los caballos como la inteligencia del auriga.
Así que, por encima de todo, Diocles debía ser listo como ningún otro.

Bodas aldobrandinas

Sexualidad e incesto en la antigua Roma

Os escribo esto un poco con las prisas antes de irme de vacaciones de Semana Santa, porque he visto que lo comentábamos en Twitter y llama la atención. Ya os digo que no sé si es por las implicaciones morales, por lo que tiene de sorprendente para la mayoría o por la follambre que trae aparejada, pero el caso es que ha despertado interés.

Todo ha empezado con este tweet de Tom Holland:


Para los que no estéis al tanto, que a lo mejor sois dos: admiro enormemente a Tom Holland; y entiendo el tweet como lo que es, un guiño irónico, porque pocas personas comprenden como él la antigüedad y el mundo romano.

Al hilo del tweet, estos días seguramente hayan programado peplum en la televisión hasta que lo aborrezcáis —aquí es probable que me equivoque, porque tengo sin sintonizar la TDT desde hace 6 meses; por favor, no me lo tengáis en cuenta— y veréis a Nerón haciendo de las suyas y escenas con metáforas que no eran suficientemente sutiles como para escapar de la censura.
A menudo, en parte debido a la cultura cinematográfica y al bagaje moral y cultural cristiano que todos nos llevamos encima, me preguntan: “pero esto en Roma era normal, ¿no? Porque a los romanos les iba la marcha cantidad, ¿verdad?”.
Normal.
Depende.
Qué es normal, queridos.

Bodas aldobrandinas
Una novia romana encantada ante la perspectiva de las sorpresas de la noche de bodas.

Ahora vamos a extrapolar esto a hace 2000 y pico años y hablamos mejor de qué era normal para un romano medio.

Mos maiorum

Las reglas del juego de la moral romana estaban fundamentadas en los mores maiorum, las costumbres de los antepasados. Para el romano modélico, la rectitud y la perfección morales (la virtus) pasaban por respetar y profesar una serie de conceptos básicos como la pietas, la dignitas, la gravitas… Para las mujeres se unían la pudicitia, la castitas
El respeto a las tradiciones y a las directrices morales dictadas por los antepasados nos pueden parecer una absurdez en pleno 2015, pero estaban en los mismos cimientos de la civilización romana y eran también su techo: el mundo y el mantenimiento del Estado dependían de la pax deorum: la paz de los dioses.

Y qué rayos tiene esto que ver con el sexo, caramba.
Ya va, ya va…

Venus capitolina
La Venus capitolina se cubre en un gesto de “pudicitia”.

La relación con los dioses se resume prácticamente en la fórmula do ut des, “doy para que me des”; se trata de un intercambio en el que la posición de bien supremo la ocupa el equilibrio del universo: la pax deorum que decíamos. Habitualmente, acostumbramos a entender este intercambio en forma de sacrificios —cruentos o no—, que se realizan para obtener el favor de los dioses. Honrar el sistema moral de los antepasados es el sacrificio cotidiano, incruento y personal, que contribuye a que el universo mantenga el equilibrio. No tanto porque se conciba literalmente como un sacrificio, sino porque incumplirlo significa destruir la armonía de la pax.
Y de ella dependían la prosperidad y la estabilidad de Roma.

Con la llegada del cristianismo, las antiguas tradiciones fueron ridiculizadas y colocadas en un plano de inferioridad con respecto a la moral revelada; hasta el punto de que Prudencio, un poeta de los inicios del cristianismo, se refiere al mos maiorum como superstitio veterum avorum, algo así como la “superstición de los viejos yayos”.

Calígula y sus hermanas

Vamos ahora al meollo de la cuestión: Calígula, que es quien nos ha traído aquí.
La criatura se llamaba Cayo Julio César Augusto Germánico y era hijo de Germánico y Agripina la Mayor. Por si no lo sabéis, ya os lo digo yo: la gente les adoraba. Germánico y Agripina eran los espejos en los que Roma se miraba. Así, cuando Calígula se convirtió en emperador la alegría era general y genuina. A Calígula le pasa un poco como a Nerón: como gobernantes empiezan bastante bien hasta que en algún punto pierden la orientación completamente.
El punto de inflexión en su gobierno lo marca una grave enfermedad. No sabemos exactamente qué le pasó, hay quien piensa que pudo ser envenenado; el caso es que cuando se recupera ya no es el mismo. Los historiadores romanos le acusan entonces de ser irascible, estar sediento de sangre, ser derrochador y lascivo…

Sestercio de Calígula
Sestercio de Calígula. En el reverso aparecen sus tres hermanas: Agripina, Drusila y Julia, representadas como Securitas, Concordia y Fortuna, respectivamente. Foto: CNG.

Lascivo hasta el punto de fornicar con sus hermanas e incluso prostituirlas, dicen Suetonio y Dion Casio. Ya os adelanto que ninguno de los dos —ni siquiera Tácito, que también le pone de vuelta y media— son contemporáneos de Calígula. Hay historiadores(1) que debaten la veracidad de estas declaraciones, no por terribles, sino porque este tipo de conductas sexuales, entre otras (por ejemplo las relacionadas con la pasividad sexual, la conducta afeminada o el sexo oral), se relacionan con personalidades enfermas y débiles, y son asociadas a malos gobernantes.

Y volviendo al principio, ¿qué tiene que ver esto con quebrantar el orden del universo?

Algunos conceptos que conservamos actualmente, como “incesto”, tenían significados más amplios en el mundo romano de los que tienen a día de hoy. La palabra latina incestus significa, literalmente, “no casto”. No estaba tan relacionado con la consanguinidad como con la impiedad y el sacrilegio. Incestus significaba quebrantar

  • la pietas, que era a la vez la devoción a los dioses, el deber y el respeto a los antepasados;
  • la pudicitia, uno de los pilares centrales de la moral romana: la modestia, entendida como templanza, comedimiento y virtud sexual; se entiende habitualmente como una virtud intrínsecamente femenina. Cuando un hombre exhibía un comportamiento abiertamente desafiante a las normas sexuales se le acusaba de impudicitia, es decir, que el concepto resultante no sólo le censuraba moralmente su actitud, sino que le arrastraba al campo de lo característicamente femenino.
  • la castitas, la pureza, en un sentido marcadamente religioso y no necesariamente sexual.
  • la gravitas, el auto control.

Entre otros.

Yéndonos a un caso práctico, se consideraba incestus mantener relaciones sexuales con una sacerdotisa vestal, por ejemplo. Las vírgenes vestales, como ya sabéis, custodiaban el fuego sagrado de Vesta y con ellas se relacionaban la continuidad y la estabilidad del estado romano. El quebrantamiento de la castitas de una vestal suponía el advenimiento de prodigia (fenómenos naturales que marcan la inminencia de catástrofes) y era considerado un acto de alta traición, que se castigaba con la muerte. Ya que derramar la sangre de una vestal estaba prohibido, la condena se llevaba a cabo enterrándolas vivas con comida y agua suficientes para unos pocos días.

Como veis, la conducta sexual no es algo que la moralidad romana descuidase. En ocasiones no sólo tiene una dimensión política, influye incluso en el orden del cosmos.

Resumiendo

Cuando nos acercamos a la moral romana lo hacemos a menudo observándola a través de la lente que han impuesto en nosotros las críticas de los primeros cristianos, la imagen distorsionada de las ficciones cinematográficas e, incluso, escenas puntuales que nos han sugerido los propios escritores romanos. ¿Quiere decir esto que ciertas prácticas fueran habituales, siquiera admitidas socialmente? No necesariamente.
No eran ni más ni menos humanos de lo que lo somos nosotros, con todos nuestros defectos, nuestra grandeza y nuestras pasiones. En eso no hemos cambiado mucho, la verdad.

¿Y ahora qué hacemos con Calígula?
Creo que lo suyo es dejarlo como está: a la cultura popular es difícil quitarle los juguetes.

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(1) YOUNGER, J., Sex in the Ancient World from A to Z, Londres: Routledge, 2005.

Epaminondas and Pelopidas at Battle of Mantineia

Una noche para reconquistar Tebas

Atenas y Esparta fueron las dos grandes protagonistas de la Grecia clásica. Polis que marcaron el paso durante siglos; dos modelos opuestos que acabaron colisionando en la Guerra del Peloponeso. Pero este conflicto las debilitó profundamente, incluso a Esparta, su ganadora, dibujando un incierto panorama que otra ciudad, hasta el momento siempre a la sombra aprovechó para convertirse, durante apenas una década, en la potencia hegemónica: Tebas. Sigue leyendo

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Los días después de Alejandro Magno

Alejandro Magno es una de las figuras más idealizadas y populares de la historia. Estratega, idealista, visionario, genio, lunático, sabio, salvaje. Un personaje controvertido, con marcadas luces y sombras y al que se sigue intentando interpretar. Su personalidad es compleja. Hijo de Filipo II, el rey macedonio que sometió Grecia, y de Olimpia, una mujer de carácter de la que se sospecha que ordenó matar a su marido, que ya se entretenía con otra. Alejandro creía ser hijo de Zeus y no era para menos. A su muerte había logrado conquistar buena parte del mundo conocido, de Grecia a la India, derribando al poderoso Imperio Persa y dejando a sus sucesores un legado ingobernable. Sigue leyendo

El auriga Marcianus yendo a tomarse un vermut en su cuadriga. Aparece también el nombre de su caballo principal: Inluminator. Museo Nacional de Arte Romano (Mérida).

Un día en las carreras, II

(A lo mejor, qué sé yo, te has perdido la primera parte. La puedes encontrar aquí: Un día en las carreras, I).

En el capítulo anterior nos enteramos de: 1) los romanos robaron el corazón (y lo que no es el corazón) de las sabinas invitándolas a pasar una tarde en el circo, 2) las partes que componen un hipódromo a la romana (sin necesidad de que vaya rebozado y frito), 3) dónde están algunos de nuestros circos favoritos y 4) dónde ir a tomar un vermú si os coincide una mañana de domingo en Tarragona y alguien os obliga a ello a punta de pistola (¿hay, acaso, alguna otra razón por la que tomarse un vermú un domingo? Cof, cof).

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El desastre de Sicilia (III): El sitiador sitiado

Nicias recibió sus ansiados caballos en la primavera del 414 a.C. Ahora sí, todo estaba dispuesto para poner el cerco sobre Siracusa. Los atenienses comenzaron a levantar un muro que encerraría por tierra la ciudad, ya dominada por mar, con la seguridad que aportaba a sus labores la vigilancia de la caballería. Pero en Siracusa no se quedaron de brazos cruzados, sino que decidieron evitar la mordaza con varios contramuros que les otorgasen una momentánea vía de escape y suministro así como un preciado tiempo. Hermócrates, aquel hombre que avisó a sus incrédulos vecinos de la expedición ateniense, era el encargado de dirigir la defensa.  Sigue leyendo

Panteón Real San Isidoro

De Cáliz de Doña Urraca a Santo Grial

Actualización.- El Museo de San Isidoro ha vuelto a exponer el Cáliz de Doña Urraca [1].

El 23 de marzo, además de morir Adolfo Suárez, la prensa leonesa recogía una asombrosa noticia bajo el titular “El Santo Grial está en León”. El hecho pasó ligeramente desapercibido hasta que ayer, día 26, todos los medios se hicieron eco y medio país quiso entender que sí, que el Santo Grial llevaba siglos en León y corrió a abrazarlo cual nuevo dogma irrefutable. Que esto es España y aquí todos somos expertos en reliquias, faltaría más.

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El Circo Máximo visto desde el Palatino

Un día en las carreras, I

…iam pridem, ex quo suffragia nulli
uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim
imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se
continet atque duas tantum res anxius optat,
panem et circenses.
Juvenal, Sátira X, 77-81

(…hace mucho tiempo ya de cuando no vendíamos nuestro voto a nadie, hemos abandonado nuestros deberes; los que hace tiempo ejercían alto cargo militar, importante cargo civil, legiones, todo, ahora se contienen y esperan con ansia sólo dos cosas: pan y circo.)

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Iglesia de San Juan de Duero (Soria)

El altar cristiano

El altar es el centro de la liturgia cristiana, siendo el lugar donde se encuentran Dios y el hombre. El altar es una mesa que representa la mesa, con perdón por la redundancia, donde Cristo partió el pan y tomó el vino durante la Última Cena. La liturgia de la misa cristiana gira en torno al altar porque a partir del altar Cristo comenzó a ejercer su sacerdocio. Por su misma naturaleza es la mesa peculiar del sacrificio y el convite pascual. Es el ara donde el sacrificio de la cruz se perpetúa sacramentalmente, siendo un signo del mismo Cristo. El altar es también un honor a los mártires, por eso se mantiene la costumbre de introducir en éste una reliquia sacra del mártir al que es honorado. El altar ha de ser único y fijo, sin estar adosado a la pared, ya que el sacerdote ha de dar vueltas alrededor de éste durante la liturgia.

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