Archivos de la categoría Historia Antigua

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El desastre de Sicilia (III): El sitiador sitiado

Nicias recibió sus ansiados caballos en la primavera del 414 a.C. Ahora sí, todo estaba dispuesto para poner el cerco sobre Siracusa. Los atenienses comenzaron a levantar un muro que encerraría por tierra la ciudad, ya dominada por mar, con la seguridad que aportaba a sus labores la vigilancia de la caballería. Pero en Siracusa no se quedaron de brazos cruzados, sino que decidieron evitar la mordaza con varios contramuros que les otorgasen una momentánea vía de escape y suministro así como un preciado tiempo. Hermócrates, aquel hombre que avisó a sus incrédulos vecinos de la expedición ateniense, era el encargado de dirigir la defensa.  Sigue leyendo

Panteón Real San Isidoro

De Cáliz de Doña Urraca a Santo Grial

Actualización.- El Museo de San Isidoro ha vuelto a exponer el Cáliz de Doña Urraca [1].

El 23 de marzo, además de morir Adolfo Suárez, la prensa leonesa recogía una asombrosa noticia bajo el titular “El Santo Grial está en León”. El hecho pasó ligeramente desapercibido hasta que ayer, día 26, todos los medios se hicieron eco y medio país quiso entender que sí, que el Santo Grial llevaba siglos en León y corrió a abrazarlo cual nuevo dogma irrefutable. Que esto es España y aquí todos somos expertos en reliquias, faltaría más.

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El Circo Máximo visto desde el Palatino

Un día en las carreras, I

…iam pridem, ex quo suffragia nulli
uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim
imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se
continet atque duas tantum res anxius optat,
panem et circenses.
Juvenal, Sátira X, 77-81

(…hace mucho tiempo ya de cuando no vendíamos nuestro voto a nadie, hemos abandonado nuestros deberes; los que hace tiempo ejercían alto cargo militar, importante cargo civil, legiones, todo, ahora se contienen y esperan con ansia sólo dos cosas: pan y circo.)

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Iglesia de San Juan de Duero (Soria)

El altar cristiano

El altar es el centro de la liturgia cristiana, siendo el lugar donde se encuentran Dios y el hombre. El altar es una mesa que representa la mesa, con perdón por la redundancia, donde Cristo partió el pan y tomó el vino durante la Última Cena. La liturgia de la misa cristiana gira en torno al altar porque a partir del altar Cristo comenzó a ejercer su sacerdocio. Por su misma naturaleza es la mesa peculiar del sacrificio y el convite pascual. Es el ara donde el sacrificio de la cruz se perpetúa sacramentalmente, siendo un signo del mismo Cristo. El altar es también un honor a los mártires, por eso se mantiene la costumbre de introducir en éste una reliquia sacra del mártir al que es honorado. El altar ha de ser único y fijo, sin estar adosado a la pared, ya que el sacerdote ha de dar vueltas alrededor de éste durante la liturgia.

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El desastre de Sicilia (I): Nicias versus Alcibíades

La Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.) fue el gran conflicto de la Grecia clásica. Atenas contra Esparta a la cabeza de sus dos grandes alianzas, la Confederación de Delos y la Liga del Peloponeso. Dos polis disputándose la hegemonía, sus espacios de influencia y defendiendo diferentes modelos de entender la sociedad y la política. La democrática y moderna Atenas frente a la oligárquica y tradicional Esparta. Un periodo de la historia griega que conocemos con tantos detalles gracias a Tucídides, un militar ateniense que vivió en primera persona el conflicto y lo plasmó en su obra ‘Historia de la Guerra del Peloponeso’.

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Mujeres y medicina en Roma

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Cualquier persona que se haya acercado, aunque sea mínimamente, a la historia de la medicina en la Antigüedad Clásica, conocerá los nombres de Hipócrates y Galeno. Los dos médicos griegos fueron los pilares sobre los que se asentó toda la medicina occidental hasta el advenimiento de la Revolución Científica, ya bien entrado el siglo XVIII. No hace falta decir que, además de estas dos figuras fundamentales, existió toda una legión de médicos, cirujanos y otro tipo de practicantes de la medicina que mantuvieron en funcionamiento el, por así llamarlo, sistema sanitario existente en la época grecorromana. La actividad de todos estos profesionales sanitarios de la Antigüedad Clásica se conoce bastante bien gracias a los estudios que se han venido haciendo desde finales del siglo XIX.

Menos se ha sabido del rol que jugaron las mujeres en la medicina grecorromana. En los últimos años, sin embargo, se ha avanzado en ese conocimiento, gracias a numerosos trabajos de investigación en campos como la arqueología, la historia de la medicina y, también, las disciplinas de corte filológico. En este artículo nos centraremos precisamente en la contribución que la filología clásica ha hecho a la comprensión del papel que desempeñaron las mujeres en la medicina de la época romana. En ese sentido, es importante saber que existen textos, si bien no muy numerosos, que nos informan sobre la existencia de mujeres dedicadas al ejercicio de la medicina en la Roma de la Antigüedad. Esos testimonios escritos se encuentran generalmente en tratados médicos y textos jurídicos, pero también en obras literarias, y en inscripciones funerarias.

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En cualquier caso, el estudio detallado de esos testimonios nos ha permitido descubrir la existencia de tres grandes categorías en las que se encuadraban las mujeres que practicaban la medicina en Roma:

La primera categoría es la de las obstetrices, a las que podemos considerar una especie de comadronas. Se encargaban de asistir a las mujeres durante el parto, aunque en los casos difíciles tenían que ser ayudadas por los médicos especializados. También administraban drogas para provocar abortos o lograr la fertilidad. Además jugaban un papel muy importante en ciertas disputas legales. Por ejemplo, en los casos de divorcio en los que las mujeres negaban estar embarazadas para privar a sus ex maridos de un heredero legítimo, ellas eran las encargadas de demostrar sí existía o no ese embarazo. También comprobaban que las esclavas vendidas como vírgenes lo eran efectivamente.

En la segunda categoría encontramos a las medicae, cuya función es muy difícil de diferenciar de la de las obstetrices. Generalmente se considera que desempeñaban el mismo papel que aquéllas, pero que sin embargo tenían un nivel de instrucción teórica muy superior. Una segunda diferencia, más importante, es que no sólo se ocupaban de labores ginecológicas y obstétricas, sino también de otras disciplinas médicas. Además, las medicae solían ser mujeres libres, que gozaban de cierta consideración social, y que podían incluso hacer fortuna gracias al ejercicio de la medicina. Por el contrario, las obstetrices eran normalmente esclavas o libertas, esto es, esclavas que habían sido liberadas por sus amos pero que seguían estando bastante mal consideradas socialmente. Así, en los textos literarios suelen presentarlas como incompetentes, borrachas y supersticiosas. Además, se las acusaba frecuentemente de tráfico de niños o de administrar abortivos prohibidos.

La última categoría es la de la iatromea, una figura borrosa a la que se supone o bien medio camino entre las obstetrices y las medicae, o bien en un peldaño más arriba, como una especialista que combinara los saberes de ambas.

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Antes de poner fin a nuestro artículo, es importante dejar claro que estas distinciones sólo valen para la época posterior a la introducción de la medicina griega en Roma. Antes de eso, las únicas mujeres que practicaban la medicina en Roma eran las comadres, es decir, mujeres sin ningún tipo de instrucción profesional y cuyas prácticas se acercaban más a la magia que a la medicina. Por el contrario, después de la llegada a Roma de la medicina griega, surgieron estas figuras de las obstetrices, las medicae y las iatromeae, que sí contaban con una cierta formación profesional, aunque no fuera científica, ya que no es posible hablar estrictamente de ciencia médica con anterioridad al siglo XIX, aunque en la medicina griega sí podamos hallar algunos rasgos que apuntan la existencia de una cierta mentalidad científica.

* * *

Una versión más puramente académica de este artículo puede encontrarse en:

J.P. Barragán Nieto, “El espacio de la mujer en la medicina romana”, en F. Oliveira, C. Teixeira y P. Barata Dias. (coords.). Espaços e Paisagens (Proccedings of the VII Congresso da Asociaçao Portuguesa de Estudos Clássicos). Coimbra: APEC; 2009. vol. I, pp. 83-88.  Accesible en http://es.scribd.com/doc/137852933/Barragan-Nieto-2009-El-espacio-de-la-mujer

Imágenes:

1)     Mosaico procedente de Centocelle, siglo I d.C.

2)     Relieve procedente de Isola Dell’ Sacra, Ostia, siglo I a.C.

3)     Imagen de Juno, siglos I-II d.C.

Saqueadores arqueológicos: ladrones del patrimonio de todos

El pasado 2 de marzo aparecía en El País la noticia de que un jubilado había expoliado en los últimos veinte años más de 4.000 piezas de varios yacimientos de Castilla y León y de Aragón. El expolio de material arqueológico supone un delito contra el patrimonio nacional y la pérdida irremediable de valiosa información sobre nuestro pasado más remoto.

Piezas celtíberas incautadas. FUENTE: El País

Piezas celtíberas incautadas. FUENTE: El País

A principios de marzo salía a luz el saqueo sistemático que un individuo (me niego a darle otro nombre) había realizado en varios yacimientos en torno a su localidad de residencia. La Guardia Civil ha recuperado más de 4.000 piezas de todo tipo que estaban almacenadas en su vivienda de cualquier manera (en botes de café o cajas de bombones) y vincula a este saqueador con varios cascos celtíberos en venta por algunas subastas europeas. La operación, aparentemente, es un éxito y quizá permita reclamar los susodichos cascos. Que repiquen las campanas.

El problema es que, como ya he comentado anteriormente en las entradas relacionadas con el Caso Odyssey (ver artículo final aquí), las piezas producto de un saqueo, que han sido extraídas de los yacimientos sin los adecuados métodos y sin guardar registro detallado del contexto, pierden gran parte de su valor arqueológico. La mayor parte de la información que podría haberse sacado de estas piezas se ha perdido, puf, a tomar por saco, y ahora son poco más que objetos decorativos pintorescos. Sí, aun podrán hacerse algunos análisis, relacionarse con otro tipo de datos e inferir alguna información, pero donde eran realmente útiles era en las tumbas de las que han sido sacados. Gracias a este individuo hemos, esencialmente, perdido parte del pasado de la Península Ibérica. Mándenle una bonita postal de agradecimiento.

Concienciación: Una asignatura pendiente

Dejemos clara una cosa. Los restos arqueológicos son tan parte del patrimonio nacional como las iglesias y los castillos y el daño o apropiación del patrimonio nacional es un delito que puede ser castigado con la cárcel. El patrimonio arqueológico es un bien precioso que nos pertenece a todos y cuando alguien roba, saquea o expolia (llámenlo como quieran), nos están robando, saqueando y expoliando nuestro pasado a todos. Como si entraran en su casa y se llevaran todos los recuerdos familiares y éstos fueran la única manera de mantener viva su memoria.

Pero esta conciencia de que los restos arqueológicos no tienen valor si no se pueden estudiar en relación con el contexto en el que fueron encontrados es una asignatura pendiente y que debemos tratar de aprobar en el futuro.

La verdad es que los museos, los libros de arte, los periódicos y el cine no han ayudado a extender esta idea. Especialmente los museos (aunque ya se están modernizando mucho) dan más importancia a la pieza que al contexto en sus exposiciones y lo que el visitante recuerda al final es”lo bonita que era tal o cual vasija”, la “cantidad de monedas que había” o los “chulo que era ese broche”… De tal forma que el museo es recordado más como una extensión de la tienda de regalos.

Centro de Interpretación de Segóbriga en Saelices, Cuenca. FUENTE: Comunidad de Castilla la Mancha

Centro de Interpretación de Segóbriga en Saelices, Cuenca. FUENTE: Comunidad de Castilla la Mancha

Los “Centros de Interpretación Arqueológica” intentaban, además de generar turismo en los pueblos que albergaban yacimientos, atraer la atención sobre el contexto histórico y arqueológico de las piezas que normalmente vemos en los museos. Concienciar a la gente que los materiales arqueológicos no eran importantes por estar en un museo sino por dónde y cómo habían sido encontrados. Lamentablemente, fruto del boom económico, los centros también han sido víctimas de la crisis y languidecen vacíos e incluso cerrados a lo largo y ancho de la península.

Visita a Atapuerca. FUENTE: Fundación Atapuerca.

Visita a Atapuerca. FUENTE: Fundación Atapuerca.

En la actualidad, proliferan las exposiciones que intentan concienciar al público de la importancia de los yacimientos en sí mismos y de la existencia de un contexto. Algunos yacimientos han empezado a abrir sus puertas a grupos de visitantes (escolares y adultos) para enseñarles que lo que el arqueólogo hace en el campo no es un picnic sino trabajo científico y que el proceso es tan importante como los materiales que se encuentran.

Con un poco de suerte las futuras generaciones tendrán una idea más desarrollada de la importancia del patrimonio arqueológico de la península y casos como el de este saqueador serán motivo de escándalo nacional.

Mientras tanto, seguiremos confiando en que los pillen a tiempo… y no tras veinte años de actividad.

Las neveras de la Antiguedad

Reconstrucción en 3D de una cocina romana. Fuente: Víctor Lozano Lázaro

Reconstrucción en 3D de una cocina romana. Fuente: Víctor Lozano Lázaro

Hoy día no podemos concebir la idea de no tener un lugar donde mantener los alimentos frescos, ya que se estropean, como es lógico. Pero esto es un hecho que viene desde la antigüedad: prácticamente todas las civilizaciones tenían un sistema con el que mantener los alimentos y así poder consumirlos durante un largo tiempo.

Los sistemas más comunes para ello eran el acopio de los productos como el vino, aceite o grano en grandes recipientes de barro. Los romanos los conocían por dolia y los griegos por pithoi. Aunque aquí podemos nombrar las conocidas ánforas que servían para comerciar y transportar los alimentos a los lugares de venta, y por otro lado para conservarlos.

Pithois de Cnosos

Pithois de Cnosos

Dolium de Ostia

Dolium de Ostia

Estos recipientes venían siendo empleados desde la Edad del Bronce, cuando el cultivo de alimentos comienza a ser abundante. Esta clase de vasijas podían ser de varios tamaños, algunos eran pequeños y se tenían en las cocinas o estancias de almacenaje y otros eran enterrados en el suelo por sus grandes dimensiones, como ocurría en Ostia, Herculano o Cnosos llegando a medir hasta 2 metros de altura.

Silos edad del bronce La Villeta, Ciudad Real.

Silos edad del bronce La Villeta, Ciudad Real.

Hórreo gallego. Fuente: Pepe Medina.

Hórreo gallego. Fuente: Pepe Medina.

Otro de los sistemas de almacenamiento y mantenimiento de los alimentos eran los silos y hórreos. Los silos son muy usados en la Península Ibérica desde el inicio de la agricultura, pero no solamente se da este tipo aquí, existen otros muchos lugares como en Roma o incluso en África, siendo constatada su existencia por autores clásicos como Varrón o Columela. Son agujeros excavados en el subsuelo de forma más o menos circular, siendo las paredes interiores enlucidas con estiércol, arcilla e incluso quemadas para que los animales y hongos no penetren. Una vez repleto de alimentos era sellado bien con piedras o algún elemento que los cubriese para que no pudieran entrar ni la luz ni el agua y así evitar que se pudriesen. Este tipo de construcciones eran características de zonas cálidas donde el clima era seco: Sumer, Oriente Medio o las costas mediterráneas. Pero estas estructuras podían ser también sobreelevadas, como el caso de los hórreos de Galicia, en zonas donde el clima es húmedo. Son edificios rectangulares, con muros paralelos realizados con piedras, y servían como soporte para el suelo de la estancia que era de madera y donde se depositaba el alimento (grano, paja,….).

Se han encontrado diferentes modelos en estas últimas estancias de conservación de los alimentos. Por ejemplo, en época medieval y con la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica, se construyeron en la roca blanda de las montañas. El uso era doble, por un lado como sistema defensivo y por otro como lugar de almacenamiento del grano y alimentos. Estas construcciones reciben varios nombres: batimoras, matimoras, cuevas moras o covarones, un ejemplo de ello lo encontramos en Melilla.

Cuevas moras. Fuente: Enrique Delgado.

Cuevas moras. Fuente: Enrique Delgado.

 

 

Los tres triunfos de Pompeyo

Cneo Pompeyo Magno vencedor sobre Mitrídates

Cuenta el historiador romano Dion Casio que el día que cumplía 58 años, Cneo Pompeyo ‘Magno’ llegó a Egipto con la última esperanza de fortalecer su débil posición en la guerra civil contra Julio César, pero allí, a manos de veteranos soldados romanos instigados por el faraón Ptolomeo XIII, encontró la muerte en un fatídico 29 de septiembre. Esa fecha, principio y fin de Pompeyo, también significó su momento de mayor gloria, pues en ese mismo día del 61 a.C., festejó en las calles de Roma su tercer triunfo, aclamado como conquistador del mundo. Por siempre estaría asociado el triunfo en la memoria colectiva romana a toda su vida, desde el nacimiento hasta la muerte, dibujando a través de sus celebraciones un brillante cuadro que ilustra su trayectoria como militar y su popularidad como político.

La celebración del triunfo se convirtió en un emblema único de la grandeza de Roma, en un motivo de admiración a lo largo de toda la historia hacia una ciudad que ensalzó a sus más brillantes generales en una liturgia incomparable, repleta de símbolos. La llegada a la ciudad del vencedor sobre el carro, el paseo de la vergüenza de los derrotados, los despojos de la batalla, la efímera gloria de los soldados, el encuentro con Júpiter en el monte Capitolino. Sigue leyendo