Archivos de la categoría Etnografía

Comunidad pehuenche de Quinquén

Viajando por la tierra del Gran Caupolicán

Seguramente más de un lector de Aquí Fue Troya haya leído alguna vez el poema al Gran Caupolicán. Lo escribió Rubén Darío allá por 1888  para recordar la fuerza de este  jefe militar mapuche del siglo XVI. Hubo otros grandes líderes guerreros (toquis, en lengua mapudungún) como él, pero un nombre como el de Caupolicán no se olvida fácilmente:  refleja bien la fuerza de este pueblo, el mapuche, que resistió a la llegada de los españoles y, poco antes, también a los incas de Túpac Yupanqui.

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Iglesia de San Juan de Duero (Soria)

El altar cristiano

El altar es el centro de la liturgia cristiana, siendo el lugar donde se encuentran Dios y el hombre. El altar es una mesa que representa la mesa, con perdón por la redundancia, donde Cristo partió el pan y tomó el vino durante la Última Cena. La liturgia de la misa cristiana gira en torno al altar porque a partir del altar Cristo comenzó a ejercer su sacerdocio. Por su misma naturaleza es la mesa peculiar del sacrificio y el convite pascual. Es el ara donde el sacrificio de la cruz se perpetúa sacramentalmente, siendo un signo del mismo Cristo. El altar es también un honor a los mártires, por eso se mantiene la costumbre de introducir en éste una reliquia sacra del mártir al que es honorado. El altar ha de ser único y fijo, sin estar adosado a la pared, ya que el sacerdote ha de dar vueltas alrededor de éste durante la liturgia.

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Arqueología experimental: un espectáculo científico

La Arqueología experimental, nos dicen Colin Renfrew y Paul Bahn en Arqueología. Teorías, Métodos y Práctica, “constituye un medio eficaz de estudiar los procesos postdeposicionales a largo plazo”. Los autores se refieren al experimento de Overton Down, pero la arqueología experimental, mediante la simulación, la fabricación y la recreación también pueden aportar importante información sobre el pasado.

Montículo experimental de Overton Down

En 1960, se puso en marcha en Overton Down un proyecto de arqueología experimental de larga duración. El experimento consistía en la creación de un gran terraplén de creta y turba de 21 metros de longitud, 7 metros de anchura y 2 metros de altura, con un foso paralelo. El objetivo del experimento era establecer el modo en el que se altera el montículo y el foso con el paso del tiempo así como el modo en el que se comportan los materiales (cerámica, cuero y tejidos) que fueron sepultados en su interior. A fin de controlarlo, se estableció que se llevarían a cabo cortes de seguimiento en 1962, 1964, 1968, 1976, 1992, 2024 y 2088. Un experimento a largo plazo que ya ha arrojado información interesante: en 1964, por ejemplo, la cerámica permanecía inalterada, el cuero poco afectado y los tejidos ya se estaban debilitando y decolorando.

Sin embargo, y aunque el experimento de Overton Down se encuentra ya en los libros de texto, no es ni mucho menos el único ejemplo. De hecho, es, quizá, uno de los menos vistosos. No os aburriré con ejemplos a base de montoncitos de tierra: la arqueología experimental, además de una técnica muy interesante para probar o desmentir teorías sobre el pasado, es una de las variantes de la Arqueología con mayor capacidad para asombrar.

Arqueología experimental, todo un espectáculo
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Las neveras de la Antiguedad

Reconstrucción en 3D de una cocina romana. Fuente: Víctor Lozano Lázaro
Reconstrucción en 3D de una cocina romana. Fuente: Víctor Lozano Lázaro

Hoy día no podemos concebir la idea de no tener un lugar donde mantener los alimentos frescos, ya que se estropean, como es lógico. Pero esto es un hecho que viene desde la antigüedad: prácticamente todas las civilizaciones tenían un sistema con el que mantener los alimentos y así poder consumirlos durante un largo tiempo.

Los sistemas más comunes para ello eran el acopio de los productos como el vino, aceite o grano en grandes recipientes de barro. Los romanos los conocían por dolia y los griegos por pithoi. Aunque aquí podemos nombrar las conocidas ánforas que servían para comerciar y transportar los alimentos a los lugares de venta, y por otro lado para conservarlos.

Pithois de Cnosos
Pithois de Cnosos
Dolium de Ostia
Dolium de Ostia

Estos recipientes venían siendo empleados desde la Edad del Bronce, cuando el cultivo de alimentos comienza a ser abundante. Esta clase de vasijas podían ser de varios tamaños, algunos eran pequeños y se tenían en las cocinas o estancias de almacenaje y otros eran enterrados en el suelo por sus grandes dimensiones, como ocurría en Ostia, Herculano o Cnosos llegando a medir hasta 2 metros de altura.

Silos edad del bronce La Villeta, Ciudad Real.
Silos edad del bronce La Villeta, Ciudad Real.
Hórreo gallego. Fuente: Pepe Medina.
Hórreo gallego. Fuente: Pepe Medina.

Otro de los sistemas de almacenamiento y mantenimiento de los alimentos eran los silos y hórreos. Los silos son muy usados en la Península Ibérica desde el inicio de la agricultura, pero no solamente se da este tipo aquí, existen otros muchos lugares como en Roma o incluso en África, siendo constatada su existencia por autores clásicos como Varrón o Columela. Son agujeros excavados en el subsuelo de forma más o menos circular, siendo las paredes interiores enlucidas con estiércol, arcilla e incluso quemadas para que los animales y hongos no penetren. Una vez repleto de alimentos era sellado bien con piedras o algún elemento que los cubriese para que no pudieran entrar ni la luz ni el agua y así evitar que se pudriesen. Este tipo de construcciones eran características de zonas cálidas donde el clima era seco: Sumer, Oriente Medio o las costas mediterráneas. Pero estas estructuras podían ser también sobreelevadas, como el caso de los hórreos de Galicia, en zonas donde el clima es húmedo. Son edificios rectangulares, con muros paralelos realizados con piedras, y servían como soporte para el suelo de la estancia que era de madera y donde se depositaba el alimento (grano, paja,….).

Se han encontrado diferentes modelos en estas últimas estancias de conservación de los alimentos. Por ejemplo, en época medieval y con la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica, se construyeron en la roca blanda de las montañas. El uso era doble, por un lado como sistema defensivo y por otro como lugar de almacenamiento del grano y alimentos. Estas construcciones reciben varios nombres: batimoras, matimoras, cuevas moras o covarones, un ejemplo de ello lo encontramos en Melilla.

Cuevas moras. Fuente: Enrique Delgado.
Cuevas moras. Fuente: Enrique Delgado.