Archivo de la categoría: Etnografía

El centro del mundo: etnónimos y topónimos pensados desde China

Después de dos meses viviendo en el gigante asiático, me atrevo -no sin cierta presión en el estómago- a escribir un post que gire en torno a este inmenso país. Poner en práctica la técnica del extrañamiento que Malinowski aconsejó a los aspirantes a etnógrafos no ha sido difícil aquí: mi experiencia en estos meses podría resumirse como una mezcla de fascinación y vértigo al intentar ser-en-el-mundo en un contexto tan lejano, tan diverso y tan rápidamente cambiante.

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Viajando por la tierra del Gran Caupolicán

Seguramente más de un lector de Aquí Fue Troya haya leído alguna vez el poema al Gran Caupolicán. Lo escribió Rubén Darío allá por 1888  para recordar la fuerza de este  jefe militar mapuche del siglo XVI. Hubo otros grandes líderes guerreros (toquis, en lengua mapudungún) como él, pero un nombre como el de Caupolicán no se olvida fácilmente:  refleja bien la fuerza de este pueblo, el mapuche, que resistió a la llegada de los españoles y, poco antes, también a los incas de Túpac Yupanqui.

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El altar cristiano

El altar es el centro de la liturgia cristiana, siendo el lugar donde se encuentran Dios y el hombre. El altar es una mesa que representa la mesa, con perdón por la redundancia, donde Cristo partió el pan y tomó el vino durante la Última Cena. La liturgia de la misa cristiana gira en torno al altar porque a partir del altar Cristo comenzó a ejercer su sacerdocio. Por su misma naturaleza es la mesa peculiar del sacrificio y el convite pascual. Es el ara donde el sacrificio de la cruz se perpetúa sacramentalmente, siendo un signo del mismo Cristo. El altar es también un honor a los mártires, por eso se mantiene la costumbre de introducir en éste una reliquia sacra del mártir al que es honorado. El altar ha de ser único y fijo, sin estar adosado a la pared, ya que el sacerdote ha de dar vueltas alrededor de éste durante la liturgia.

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Arqueología experimental: un espectáculo científico

La Arqueología experimental, nos dicen Colin Renfrew y Paul Bahn en Arqueología. Teorías, Métodos y Práctica, “constituye un medio eficaz de estudiar los procesos postdeposicionales a largo plazo”. Los autores se refieren al experimento de Overton Down, pero la arqueología experimental, mediante la simulación, la fabricación y la recreación también pueden aportar importante información sobre el pasado.

Montículo experimental de Overton Down

En 1960, se puso en marcha en Overton Down un proyecto de arqueología experimental de larga duración. El experimento consistía en la creación de un gran terraplén de creta y turba de 21 metros de longitud, 7 metros de anchura y 2 metros de altura, con un foso paralelo. El objetivo del experimento era establecer el modo en el que se altera el montículo y el foso con el paso del tiempo así como el modo en el que se comportan los materiales (cerámica, cuero y tejidos) que fueron sepultados en su interior. A fin de controlarlo, se estableció que se llevarían a cabo cortes de seguimiento en 1962, 1964, 1968, 1976, 1992, 2024 y 2088. Un experimento a largo plazo que ya ha arrojado información interesante: en 1964, por ejemplo, la cerámica permanecía inalterada, el cuero poco afectado y los tejidos ya se estaban debilitando y decolorando.

Sin embargo, y aunque el experimento de Overton Down se encuentra ya en los libros de texto, no es ni mucho menos el único ejemplo. De hecho, es, quizá, uno de los menos vistosos. No os aburriré con ejemplos a base de montoncitos de tierra: la arqueología experimental, además de una técnica muy interesante para probar o desmentir teorías sobre el pasado, es una de las variantes de la Arqueología con mayor capacidad para asombrar.

Arqueología experimental, todo un espectáculo
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