Primer Congreso de Arqueología Subacuática de España: ¿y ahora, qué?

Octopus' Diner. Julio 2009. Autor: Stephan Bisson.  http://cgstef.cgsociety.org/gallery/

Octopus’ Diner. Julio 2009. Autor: Stephan Bisson.
http://cgstef.cgsociety.org/gallery/

El caso del malogrado pecio Las Mercedes ha generado un gran interés en el mundo de la arqueología subacuática por parte de estudiantes y medios de comunicación. A mediados de marzo de 2013 se reunían en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática ARQVA cientos de profesionales, investigadores y estudiantes para celebrar el primer Congreso de Arqueología Subacuática de España.

La afluencia masiva de participantes es sólo un adelanto de lo que vendrá en octubre de 2014, cuando en este mismo museo se celebre el V Congreso Internacional de Arqueología Subacuática (IKUWA 5, en sus siglas alemanas originales). El evento, que suele celebrarse cada tres o cuatro años, es una cita ineludible en las agendas de los profesionales de esta área de todo el mundo, una oportunidad de oro para intercambiar ideas y mantenernos informados de lo que hacen nuestros compañeros en otros lugares del planeta. Celebrarlo en el ARQVA, donde además se exhibirá el material de Las Mercedes, es todo un reconocimiento internacional del mundo académico al esfuerzo realizado por España en su defensa del patrimonio sumergido.

Al contrario que la arqueología terrestre, la arqueología subacuática ha estado mucho tiempo sumida en un debate interno que ha dificultado su establecimiento como una disciplina legítima. El primer problema radica en la dificultad de acceso al material, que puede encontrarse a tanta profundidad que sólo pueden usarse vehículos operados remotamente (ROV). En palabras del propio Paul Bahn: “hacer arqueología subacuática es el equivalente de ponerse de pie en una hamaca”. Esto generó en un principio un gran escepticismo sobre la información arqueológica que podría extraerse de un yacimiento sumergido. A su vez, el material recuperado de este tipo de yacimientos suele estar bien conservado, por lo que resulta muy atractivo para el mundo del coleccionismo de antigüedades.

La mezcla explosiva de estas dos características ha dado pie a la creación de empresas cuyo objetivo es transformar estos artefactos arqueológicos en mercancía, escudándose en la vigente Ley del Mar para justificar sus actuaciones. La Ley del Mar contempla la recuperación de mercancías perdidas en el mar y la puesta en circulación de la mercancía de nuevo. El problema es que dicha ley tiene en mente un cargamento actual, y no un cargamento histórico que vale más como información histórica que como mercancía. Con dos frentes abiertos, la arqueología subacuática ha ido desarrollando una serie de metodologías y teorías de investigación para demostrar que sí se puede hacer arqueología bajo el agua y que los pecios antiguos son material arqueológico que debe disfrutar del mismo nivel de protección que la arqueología terrestre.

Hoy por hoy, la arqueología subacuática ha avanzado mucho mas allá de la arqueología de pecios y ahora ha pasado a englobar una disciplina mucho más amplia: la arqueología marítima. En su sentido más vasto, la arqueología marítima engloba todos los temas referentes a la interacción entre los humanos y el agua (pecios, puertos, comercio marítimo, paisajes sumergidos, transporte acuático y comercio en ríos, lagos, etcétera).

Y es que no todos los barcos están bajo el agua, y no todo lo que hay bajo el agua son pecios. Puertos sedimentados como el de Ostia (Italia) han quedado lejos del mar, mientras que otros como el de Cesarea Marítima (Israel) ahora están bajo el mar. En la región del sudeste asiático, miles de kilómetros de plataforma continental ahora sumergidos fueron hace más de 10.000 años el hábitat de poblaciones prehistóricas. La reconstrucción de ese paisaje sumergido y la incorporación de esta información a teorías de arqueología son ahora cruciales para entender mejor el pasado.

Pero esta interacción entre la arqueología marítima y la arqueología terrestre va más allá. Ahora estamos entendiendo mejor la navegación en el pasado, lo que nos permite comprender el uso de las corrientes y los vientos alisios, y su impacto en el desarrollo de emporios comerciales. Esta visión holística de la disciplina aporta una nueva manera de mirar el paleopaisaje, donde el agua ya no es una barrera, sino una vía de comunicación entre -y de expansión de- culturas.

Aprovechado el momentum histórico de la disciplina, en España se están realizando una serie de iniciativas muy interesantes en diferentes escenarios. En Aquí fue Troya tenemos una sección dedicada a la Arqueología Subacuática, donde Christian Supiot suele comentar noticias y hacer reflexiones. Como ya se ha mencionado, el ARQVA será el anfitrión del IKUWA 5 y hace poco se ha creado la Asociación de Amigos del Museo de Arqueología Subacuática ARQVA (AdARQVA), que además de ofrecer información sobre sus actividades, mantiene un perfil en Facebook muy activo con noticias del mundo marítimo. La lista de correo arqueologiamaritima@yahoogroups.com fundada por Arturo Rey da Silva, sigue sirviendo como punto de encuentro de profesionales para difundir y comentar noticias. En la Universidad de Barcelona se ha creado Arqueothalassa, una plataforma de estudiantes interesados en la arqueología subacuática que acaba de celebrar sus segundas Jornadas de Arqueología Subacuática el pasado 11 de abril.

Por su parte, el ABC ha lanzado Espejo de Navegantes, un blog de arqueología naval donde expertos de la disciplina compartirán con el público sus últimas investigaciones y las noticias más destacadas. Jesús Calero, encargado de poner en marcha el proyecto, lleva meses trabajando para dar forma al blog y ofrecer al público un contenido de calidad en el que da voz no sólo a respetados académicos como el Dr. Xavier Nieto o la Dra. Pilar Luna, sino también a jóvenes investigadores que quieren hacer de la arqueología marítima su profesión. Xavier Nieto, director del ARQVA, ha inaugurado el blog con una reflexión sobre la necesidad de adherirse a los estándares científicos en excavaciones bajo el agua y no dejar el patrimonio sumergido a merced de intereses económicos de empresas extractoras privadas.

Con todas estas actividades, no se puede decir que no haya un interés genuino en la arqueología subacuática en España. Las plataformas para dar salida a ese interés ya están creadas. Lo que hagamos a partir de ahora va a definir el desarrollo de la arqueología marítima en España. Si os interesa el tema, sólo puedo recomendaros a todos a participar en alguna o en todas estas iniciativas de manera activa. Juntos llegamos más lejos.

Arqueología experimental: un espectáculo científico

La Arqueología experimental, nos dicen Colin Renfrew y Paul Bahn en Arqueología. Teorías, Métodos y Práctica, “constituye un medio eficaz de estudiar los procesos postdeposicionales a largo plazo”. Los autores se refieren al experimento de Overton Down, pero la arqueología experimental, mediante la simulación, la fabricación y la recreación también pueden aportar importante información sobre el pasado.

Montículo experimental de Overton Down

En 1960, se puso en marcha en Overton Down un proyecto de arqueología experimental de larga duración. El experimento consistía en la creación de un gran terraplén de creta y turba de 21 metros de longitud, 7 metros de anchura y 2 metros de altura, con un foso paralelo. El objetivo del experimento era establecer el modo en el que se altera el montículo y el foso con el paso del tiempo así como el modo en el que se comportan los materiales (cerámica, cuero y tejidos) que fueron sepultados en su interior. A fin de controlarlo, se estableció que se llevarían a cabo cortes de seguimiento en 1962, 1964, 1968, 1976, 1992, 2024 y 2088. Un experimento a largo plazo que ya ha arrojado información interesante: en 1964, por ejemplo, la cerámica permanecía inalterada, el cuero poco afectado y los tejidos ya se estaban debilitando y decolorando.

Sin embargo, y aunque el experimento de Overton Down se encuentra ya en los libros de texto, no es ni mucho menos el único ejemplo. De hecho, es, quizá, uno de los menos vistosos. No os aburriré con ejemplos a base de montoncitos de tierra: la arqueología experimental, además de una técnica muy interesante para probar o desmentir teorías sobre el pasado, es una de las variantes de la Arqueología con mayor capacidad para asombrar.

Arqueología experimental, todo un espectáculo
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Congreso CIAC 2013 en Mérida

El Museo Nacional de Arte Romano de Mérida acoge el próximo mes de Mayo el Congreso Internacional de Arqueología Clásica. Este evento se viene realizando desde mitad del Siglo pasado y se realiza cada 5 años. El de este año 2013 lleva el título de “Centro y periferia en el mundo clásico”, y para elo la AIAC (Asociación Internacional de Arqueología Clásica no ha podido elegir un lugar más adecuado.

cartel xviii ciac
Animar desde aquí a todas las personas que pudieran estar interesadas en el evento a que busquen la forma de no perdérselo. Os dejamos los enlaces de la AIAC y el blog del evento. Deseando que todo salga bien y que los asistentes y los ponentes disfruten al máximo de una experiencia de estas características.

Saqueadores arqueológicos: ladrones del patrimonio de todos

El pasado 2 de marzo aparecía en El País la noticia de que un jubilado había expoliado en los últimos veinte años más de 4.000 piezas de varios yacimientos de Castilla y León y de Aragón. El expolio de material arqueológico supone un delito contra el patrimonio nacional y la pérdida irremediable de valiosa información sobre nuestro pasado más remoto.

Piezas celtíberas incautadas. FUENTE: El País

Piezas celtíberas incautadas. FUENTE: El País

A principios de marzo salía a luz el saqueo sistemático que un individuo (me niego a darle otro nombre) había realizado en varios yacimientos en torno a su localidad de residencia. La Guardia Civil ha recuperado más de 4.000 piezas de todo tipo que estaban almacenadas en su vivienda de cualquier manera (en botes de café o cajas de bombones) y vincula a este saqueador con varios cascos celtíberos en venta por algunas subastas europeas. La operación, aparentemente, es un éxito y quizá permita reclamar los susodichos cascos. Que repiquen las campanas.

El problema es que, como ya he comentado anteriormente en las entradas relacionadas con el Caso Odyssey (ver artículo final aquí), las piezas producto de un saqueo, que han sido extraídas de los yacimientos sin los adecuados métodos y sin guardar registro detallado del contexto, pierden gran parte de su valor arqueológico. La mayor parte de la información que podría haberse sacado de estas piezas se ha perdido, puf, a tomar por saco, y ahora son poco más que objetos decorativos pintorescos. Sí, aun podrán hacerse algunos análisis, relacionarse con otro tipo de datos e inferir alguna información, pero donde eran realmente útiles era en las tumbas de las que han sido sacados. Gracias a este individuo hemos, esencialmente, perdido parte del pasado de la Península Ibérica. Mándenle una bonita postal de agradecimiento.

Concienciación: Una asignatura pendiente

Dejemos clara una cosa. Los restos arqueológicos son tan parte del patrimonio nacional como las iglesias y los castillos y el daño o apropiación del patrimonio nacional es un delito que puede ser castigado con la cárcel. El patrimonio arqueológico es un bien precioso que nos pertenece a todos y cuando alguien roba, saquea o expolia (llámenlo como quieran), nos están robando, saqueando y expoliando nuestro pasado a todos. Como si entraran en su casa y se llevaran todos los recuerdos familiares y éstos fueran la única manera de mantener viva su memoria.

Pero esta conciencia de que los restos arqueológicos no tienen valor si no se pueden estudiar en relación con el contexto en el que fueron encontrados es una asignatura pendiente y que debemos tratar de aprobar en el futuro.

La verdad es que los museos, los libros de arte, los periódicos y el cine no han ayudado a extender esta idea. Especialmente los museos (aunque ya se están modernizando mucho) dan más importancia a la pieza que al contexto en sus exposiciones y lo que el visitante recuerda al final es”lo bonita que era tal o cual vasija”, la “cantidad de monedas que había” o los “chulo que era ese broche”… De tal forma que el museo es recordado más como una extensión de la tienda de regalos.

Centro de Interpretación de Segóbriga en Saelices, Cuenca. FUENTE: Comunidad de Castilla la Mancha

Centro de Interpretación de Segóbriga en Saelices, Cuenca. FUENTE: Comunidad de Castilla la Mancha

Los “Centros de Interpretación Arqueológica” intentaban, además de generar turismo en los pueblos que albergaban yacimientos, atraer la atención sobre el contexto histórico y arqueológico de las piezas que normalmente vemos en los museos. Concienciar a la gente que los materiales arqueológicos no eran importantes por estar en un museo sino por dónde y cómo habían sido encontrados. Lamentablemente, fruto del boom económico, los centros también han sido víctimas de la crisis y languidecen vacíos e incluso cerrados a lo largo y ancho de la península.

Visita a Atapuerca. FUENTE: Fundación Atapuerca.

Visita a Atapuerca. FUENTE: Fundación Atapuerca.

En la actualidad, proliferan las exposiciones que intentan concienciar al público de la importancia de los yacimientos en sí mismos y de la existencia de un contexto. Algunos yacimientos han empezado a abrir sus puertas a grupos de visitantes (escolares y adultos) para enseñarles que lo que el arqueólogo hace en el campo no es un picnic sino trabajo científico y que el proceso es tan importante como los materiales que se encuentran.

Con un poco de suerte las futuras generaciones tendrán una idea más desarrollada de la importancia del patrimonio arqueológico de la península y casos como el de este saqueador serán motivo de escándalo nacional.

Mientras tanto, seguiremos confiando en que los pillen a tiempo… y no tras veinte años de actividad.

Las neveras de la Antiguedad

Reconstrucción en 3D de una cocina romana. Fuente: Víctor Lozano Lázaro

Reconstrucción en 3D de una cocina romana. Fuente: Víctor Lozano Lázaro

Hoy día no podemos concebir la idea de no tener un lugar donde mantener los alimentos frescos, ya que se estropean, como es lógico. Pero esto es un hecho que viene desde la antigüedad: prácticamente todas las civilizaciones tenían un sistema con el que mantener los alimentos y así poder consumirlos durante un largo tiempo.

Los sistemas más comunes para ello eran el acopio de los productos como el vino, aceite o grano en grandes recipientes de barro. Los romanos los conocían por dolia y los griegos por pithoi. Aunque aquí podemos nombrar las conocidas ánforas que servían para comerciar y transportar los alimentos a los lugares de venta, y por otro lado para conservarlos.

Pithois de Cnosos

Pithois de Cnosos

Dolium de Ostia

Dolium de Ostia

Estos recipientes venían siendo empleados desde la Edad del Bronce, cuando el cultivo de alimentos comienza a ser abundante. Esta clase de vasijas podían ser de varios tamaños, algunos eran pequeños y se tenían en las cocinas o estancias de almacenaje y otros eran enterrados en el suelo por sus grandes dimensiones, como ocurría en Ostia, Herculano o Cnosos llegando a medir hasta 2 metros de altura.

Silos edad del bronce La Villeta, Ciudad Real.

Silos edad del bronce La Villeta, Ciudad Real.

Hórreo gallego. Fuente: Pepe Medina.

Hórreo gallego. Fuente: Pepe Medina.

Otro de los sistemas de almacenamiento y mantenimiento de los alimentos eran los silos y hórreos. Los silos son muy usados en la Península Ibérica desde el inicio de la agricultura, pero no solamente se da este tipo aquí, existen otros muchos lugares como en Roma o incluso en África, siendo constatada su existencia por autores clásicos como Varrón o Columela. Son agujeros excavados en el subsuelo de forma más o menos circular, siendo las paredes interiores enlucidas con estiércol, arcilla e incluso quemadas para que los animales y hongos no penetren. Una vez repleto de alimentos era sellado bien con piedras o algún elemento que los cubriese para que no pudieran entrar ni la luz ni el agua y así evitar que se pudriesen. Este tipo de construcciones eran características de zonas cálidas donde el clima era seco: Sumer, Oriente Medio o las costas mediterráneas. Pero estas estructuras podían ser también sobreelevadas, como el caso de los hórreos de Galicia, en zonas donde el clima es húmedo. Son edificios rectangulares, con muros paralelos realizados con piedras, y servían como soporte para el suelo de la estancia que era de madera y donde se depositaba el alimento (grano, paja,….).

Se han encontrado diferentes modelos en estas últimas estancias de conservación de los alimentos. Por ejemplo, en época medieval y con la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica, se construyeron en la roca blanda de las montañas. El uso era doble, por un lado como sistema defensivo y por otro como lugar de almacenamiento del grano y alimentos. Estas construcciones reciben varios nombres: batimoras, matimoras, cuevas moras o covarones, un ejemplo de ello lo encontramos en Melilla.

Cuevas moras. Fuente: Enrique Delgado.

Cuevas moras. Fuente: Enrique Delgado.

 

 

Canteras de Cusa, Sicilia: viaje a una fábrica de templos.

Para los locos por la arqueología, visitar un yacimiento o un buen museo puede ser algo casi místico: unos pocos objetos, unas ruinas, nos bastan para -con un poco de imaginación- evocar fragmentos de vidas pasadas, metiéndonos fugazmente en ellos como si fueran recuerdos lejanos de una vida nuestra. Y por si la imaginación no nos da para tanto, las carambolas de la historia nos regalan a veces lugares en que imaginar casi no hace falta.

Sección de un fuste de columna, abandonada mientras era transportada con la ayuda de cuñas. Es visible la cavidad destinada a la grapa de unión con otra sección.

Uno de esos lugares, fascinante tanto por el valor mismo del yacimiento como porque lo más probable es que no coincidamos con muchas otras personas al visitarlo, son las Cavas de Cusa, en Sicilia. De estas canteras se nutrían los grandiosos templos de la vecina Selinunte, y en ellas la expresión “parado en el tiempo” adquiere todo su sentido: esparcidos entre árboles de olivo y naranjos, encontramos fústeles y basamentos en todas las posibles fases de elaboración, desde aquellos que sólo con dificultad se distinguen del bloque de piedra original, hasta los que prácticamente se han fosilizado con el suelo mientras rodaban, transportados con palancas y cuñas. Todo está tal y como lo dejaron los obreros que trabajaban en Cusa cuando un día del 409 a.C el inesperado ataque de los cartagineses les obligó a abandonar la cantera para correr a defender la ciudad. Casi todos sus habitantes morirían o serían hechos prisioneros, y los templos a los que estaban destinados aquellas columnas nunca llegarían a construirse.

Sección de un fuste de columna, abandonada mientras era transportada con la ayuda de cuñas. Es visible la cavidad destinada a la grapa de unión con otra sección.

Desde entonces, el esplendor de Selinunte no volvió a ser el mismo, aunque por suerte las ruinas de su Acrópolis nos cuentan aún hoy que allí estuvo uno de los más poderosos enclaves comerciales de la Magna Grecia.
Pero, pese a la magnificencia de sus templos -y aun a riesgo de desatar las iras de Zeus, Hera o Apolo, algunos de los dioses a quienes estuvieron consagrados- tengo que decir que son las Cavas de Cusa las que con más fuerza tejieron mi recuerdo de este extremo de Sicilia, que visité un verano de hace 4 años. De hecho admito que, mientras caminaba entre aquellos restos entre el fragor de las cigarras, escuchar de un momento a otro el martilleo de dinteles y la voz de alerta ante la llegada del invasor no sólo me pareció posible, sino perfectamente razonable.

 

 

Colombia aprueba una ley que permite la venta de su patrimonio subacuatico

El pasado día 11, Colombia aprobó una ley que permite la venta de su patrimonio subacuático por parte de las empresas Cazatesoros en contra de la opinión no sólo de sus arqueólogos nacionales sino de la comunidad científica internacional.

 

Arqueologos colombianos protestando en el Congres. Fuente, ABC

 

El pasado día 11 de Diciembre, el congreso de Colombia aprobó la ley 125 que permite a las empresas de cazatesoros, la venta del patrimonio cultural subacuático en sus aguas bajo un criterio de repetición. A la ley se han opuesto tanto políticos como arqueólogos colombianos, así como el conjunto de la comunidad científica internacional.

Hace unas horas, un buen amigo, José Mateos, de Golpes del Revés, me preguntaba “¿qué tiene de malo esto?” Como es una pregunta que se habrá hecho mucha gente, creo que podemos decidarle un ratito.

 

Patrimonio Arqueológico. ¿Cuál es su valor?

Desde que los hombres del  Renacimiento empezaran a mostrar interés por las obras de arte de la antigüedad, la arqueología ha evolucionado mucho. En los últimos 80 años los distintos países han empezado a proteger su patrimonio arqueológico y cultural como una parte importante, vital e irrepetible de su pasado. En tierra, las legislaciones para la protección de yacimientos arqueológicos se han implementado y mejorado, haciéndose cada vez más restrictivas, para asegurar que el patrimonio arqueológico se conserve y pueda ser disfrutado por todos los ciudadanos, hoy y en el futuro.

Objetos arqueológicos vs Yacimientos

La arqueología, como todas las ciencias, ha evolucionado mucho. Desde los coleccionistas de antiguedades, interesados sólo en las piezas consideradas de valor por sus materiales o sus cualidades estéticas, hasta una ciencia o una técnica, que, de una manera sistemática y cuidados intenta, através del estudio del conjunto del yacimiento, obtener información del pasado.

Para los anticuaristas, los coleccionistas y los cazatesoros que los suministran, el valor económico está en la pieza, la obra de arte, la moneda de oro. Para el arqueólogo, los elementos individuales carecen de valor si no forman parte de un conjunto, de un yacimiento. Y da igual que sea una moneda de plata que el craneo de un caballo. Si está descontextualizado, si se lo separa de su conjunto, no tiene ningún valor.

Caza de Tesoros vs Arqueología

Los caza tesoros tienen como objetivo el beneficio económico, enriquecerse, con la venta de piezas arqueológicas de valor (oro, plata, piedras preciosas, antiguedades en general) mientras que el objetivo de los arqueólogos es la investigación del pasado. Ambas profesiones, dirán algunos, son perfectamente legítimas, el problema es que la acción de unos, los cazatesoros, (que solo les beneficia a ellos), imposibilita que los arqueólogos puedan hacer su trabajo (que nos beneficia a todos).  ¿Por qué? Pues porque para el cazatesoro, ninguna otra parte del yacimiento tiene importancia y la intervención que realiza destruye todo el contexto en el que se encuentran los restos. Sólo le interesa la pieza.

Criterio de Repetición

Los objetos arqueológicos son únicos. Hasta el siglo XX, en el que se impone la producción encadena y la utomatización, la producción estaba sujeta a muchas variantes. Los objetos, incluso las monedas, aunque nos parezcan iguales no lo son. Y es precisamente cuando contamos con muchos ejemplos, cuando podemos empezar a extraer conclusiones. Una de las técnicas de análisis de materiales más utilizadas hoy por hoy es la estadística. Los arqueólogos miden, cuantifican, decenas de variables y las someten a estudios estadísticos. De tal forma que, cuantos más “objetos repetidos” tengamos, mejor serán nuestra comprensión de la producción de dichos objetos. Más es mejor y, en esencia, cada objeto es único e irrepetible.

Conservación

Bueno, pero encontes, si lo que hace falta es tener datos, pues cogemos los datos y luego ya vendemos el resto, ¿no? El problema de ese argumento es que las técnicas de análisis siguen mejorando cada año. Hoy en día un arqueólogo puede saber más de cómo, dónde y cuándo se hizo una pieza de lo que podía saber cualquier arqueólogo hace 40 años. Así que nuestro deber es guardar los materiales, asegurarnos de que en el futuro, con mejores técnicas de análisis, los arqueólogos que vengan tengan posibilidad de volver a estudiarlas. La arqueología, al contrario que la geología o la química, no puede salir al campo a por más granito, o generar más reacciones químicas a voluntad; los objetos arqueológicos son finitos, un día ya no habrá más que estudiar.

¿Y cómo afecta a esto la nueva ley colombiana?

La ley 125 permite que las empresas cazatesoros “recuperen” objetos de yacimientos sumergidos (barcos hundidos o cualquier otro tipo de yacimiento) y se les pague con una parte del botín. Algunos opinan que esto ayudará a aumentar el conocimiento de los yacimientos sumergidos colombianos, pero lo único que hace es abrir la puerta a su destrucción.

Por un lado, los cazatesoros, cuyo único objetivo es el beneficio, sólo están interesados en aquellos yacimientos que contengan elementos que ellos (y esta ley) consideran de valor: joyas, oro, plata, piedras preciosas, obras de arte… Cosas que se pueden vender. Bueno, la verdad es que el 90% de los yacimientos subacuáticos carecen de dichos materiales o su presencia es tan baja que su explotación económica es inviable (mover un barco, poner buceadores en el agua, etc, es muy caro). Pero eso no lo sabes hasta que excavas el barco. Cuando un cazatesoros encuentra un barco “vacío”, lo abandona a su suerte y se va en busca de otro.

Por otro lado, las técnicas de los cazatesoros son altamente destructivas. Como al cazatesoros sólo le interesa aquello que pueda vender, la extracción se lleva a cabo con técnicas altamente dañinas para el resto de materiales. Por todo el planeta se han dado casos en los que los cazatesoros han utilizado taladros para separar el metal precioso de otros restos arqueológicos y han hecho agujeros en los cascos de los barcos para poder acceder a la carga, destrozando el maderamen (de cuya construcción sabemos bien poco y gracias a estas actividades no sabremos nada).

Por último, la idea de la repetición es una aberración científica. Como ya he dicho, cada objeto arqueológico (se un lingote de oro o un plato de cerámica) es irrepetible. Y es através del estudio de los conjuntos, de cuantos más elementos mejor, como aprendemos algo del pasado.

¿Y por qué debe importarnos?

Bueno, si el argumento de que el pasado es un bien común y que su conocimiento es útil para todo el mundo, tambi’en puede quedarse con un aspecto más pequeño de este gran conocimiento universal. El patrimonio arqueológico colombino al que esta ley afecta principalmente no es sólo suyo, sino que forma parte del pasado compartido por toda hispanoamérica. Su patrimonio cultural, su pasado, también es el nuestro y esta ley abre la puerta a que en el futuro, nuestro conocimiento del pasado sea menor o inexistente.

¿Quién tiene la culpa?

Bueno, es evidente que el Congreso de Colombia ha sido presionado, o sus congresistas coeccionados, para que esta ley salga adelante. No hay que ser muy mal pensado para pensar que el hecho de que al principio esta ley planteara un 12% de “compensación económica” para el cazatesoros, y se haya aprobado con un 50% está relacionado con intereses económicos privados más que el conocimiento del patrimonio subacuático colombiano, de hecho, el representante de varias “empresas rescatadoras” solicitaba al gobierno que la “compensacion” ascendiera hasta el 80%.

Pero, desengañémonos, los arqueólogos tenemos mucha culpa en esto. Mientras nuestras técnicas se modernizaban, y aprendíamos que la importancia no está en la pieza sino en el conjunto de ellas, no hemos sido capaces de enseñar al público general a ver el patrimonio arqueológico de una manera más moderna y la población sigue viendolo como lo veían los anticuarios del siglo XVIII.

 

El muro de Adriano

Si tenéis curiosidad por saber como era la vida cotidiana en Londres durante la época de Adriano, os recomiendo que veáis este documental, no tiene desperdicio!!!! Con una gran cantidad de contenidos curiosos desde las herramientas que se empleaban para la construcción (muy similares a las de hoy), a prendas de vestir muy bien conservadas.

Mesa redonda contra el expolio del patrimonio arqueológico

Muy buenas, se va a celebrar una mesa redonda con motivo de la presentación del último libro de Ignacio Rodríguez Temiño, ‘Indianas jones sin futuro. La lucha contra el expolio del patrimonio arqueológico’.
Dicha reunión tendrá lugar en el salón de actos de la Facultad de Geografía e Historia (UCM) a las 17:00 del miércoles 31 de octubre.

Dos pecios descubiertos en Filipinas

Los pasados 2 y 3 de marzo, el Museo Nacional de Filipinas anunciaba el descubrimiento de dos pecios, un junco chino y un galeón español, en sus aguas.

Los pasados 2 y 3 de marzo la prensa nacional e internacional se hacía eco de dos noticias anunciadas por el Museo Nacional de Filipinas. El descubrimiento de un junco chino (un velero típico asiático) y un galeón español en sus aguas territoriales.

Un junco chino del siglo XVIII

El Museo Nacional de Filipinas ha anunciado el descubrimiento de un yacimiento subacuático que, según su opinión, pertenece a un junco chino del siglo XVIII. El pecio se encuentra en las aguas de la ciudad de Roxas, en la región de Cápiz, aunque, lamentablemente, según las autoridades, presenta ya claros indicios de haber sido expoliado.

Entre los pocos restos que han sido hallados en el lugar del hundimiento, debido al expolio, se encuentran algunas piezas de porcelana. Las autoridades guardacostas filipinas opinan que el expolio pudo haber sido llevado a cabo por buceadores que descubrieran el pecio de forma fortuita y que, sin informar de dicho descubrimiento, se aprovecharan del hallazgo.

El pecio fue hallado durante el desarrollo de tareas de exploración llevadas a cabo por el personal del Museo en el mes de febrero aunque no ha sido hasta ahora que se ha dado a conocer la noticia.

A pesar de la desaparición de la carga, las autoridades guardacostas y el Museo, han afirmado que se ha documentado el pecio y tienen la esperanza de poder preservarlo.

La documentación de la arquitectura naval del barco y su situación, su estado de conservación y la forma en la que se hundió, es aún fruto jugoso de estudio para conocer el pasado de la navegación. Aunque para los expoliadores y cazatesoros, el barco en sí carece de valor (sólo les interesa aquello que puede venderse), para los arqueólogos los restos de madera pueden arrojar valiosa información.

Un galeón español

Illustration from Peregrinationes" from T. de Bry, 1603 (copy in Boston Public Library)

El día anterior, el Museo Nacional de Filipinas hacía el anuncio del descubrimiento de un galeón español frente a las costas de la isla de Panay.

Según cuenta la noticia, un equipo de arqueólogos y buzos filipinos del Museo Nacional y de la Fundación de Extremo Oriente para la Arqueología Subacuática, encontraron los restos de un galeón español, de fecha aún por determinar, junto con parte de la carga hundido frente a las costas de Panay al oeste del archipiélago.

Los restos se encuentran a 33 metros de profundidad. La investigación está aún en una fase muy temprana y no se han podido datar ni identificar los restos (barco y carga) que yacen en el fondo parcialmente cubiertos por la arena.

Este pecio no es el primero de origen español que se encuentra en Filipinas. En 1992, frente a la isla Fortuna, un arqueólogo francés (el tristemente famoso Franck Goddio) localizó el galeón San Diego, situado a unos 50 metros de profundidad que fue hundido por el buque de guerra holandés Mauritius  en el año 1600. Los restos de la carga recuperada (porcelana china, sables japoneses, cañones portugueses y monedas mexicanas) fueron depositados (previo pago del estado español) en el Museo Naval de Madrid y en el Museo Nacional de Filipinas. Mientras que, en el lugar del naufragio, aun permanecen los restos del barco y la tripulación.

Filipinas, parada obligatoria

Las Filipinas entraron a formar parte de la monarquía de España en 1571, durante el reinado de Felipe II y tras un proceso de conquista llevado a cabo por Miguel López de Legazpi. Automáticamente, las islas se convirtieron en el acceso a los mercados orientales a través del mecanismo comercial denominado Galeón de Manila o Nao de Acapulco, que recibía dicho nombre al ser ambos puntos de partida y atraque de una de las grandes rutas comerciales ultramarinas del comercio español.

Los galeones españoles que unieron Manila y Acapulco entre 1565 y 1815 facilitaban el comercio entre Asia y Europa. Las naves llegaban a Manila cargadas de plata, chocolate o maíz traídos de México y se intercambiaban por especias, textiles y mercancías exóticas.

La ruta entre Manila y Acapulco se convirtió en la línea marítima de mayor duración de la historia. Y eso, pese a que la navegación era muy arriesgada: la ruta se cobró docenas de naves y miles de vidas. Los barcos eran presa jugosa para la piratería y el corso, los ingleses también hicieron de las suyas capturando la Santa Ana en 1587, la Encarnación en 1709 y la Covadonga en 1743.

Pero las dificultades no apagaron la prosperidad de Manila. La ciudad que el Padre Chirino definió como una imitación “de aquella Tyro tan elogiada por Ezequiel” vivía desastres y pérdidas que la postraban por un tiempo, pero sus habitantes recuperaban pronto el ánimo y reanudaban sus operaciones pues el galeón les proporcionaba, anualmente, riquezas y lujos incomparables. Aunque en 1762 el esplendor de la ciudad ya había decaído, cuando los ingleses tomaron la ciudad y se dispusieron al saqueo, aun esperaban encontrar las riquezas cuya fantástica imagen aun poblaba su imaginación.

Las operaciones en Manila eran sencillas. Anualmente recibían a los chinos y otros orientales que llegaban con sus cargamentos, compraban las mercancías, lo registraban en la Hacienda Real y embalaban el género. La nao partía para Acapulco y a su regreso, se obtenía una parte de la ganancia de la venta en Acapulco y recibían nuevos metales para continuar con el mercadeo que cerraba y reiniciaba el ciclo.

La ruta del Galeón de Manila jugó un importante papel. Transportaba colonos, enriquecía hombres, hacía de buque correo con el confín más alejado de la monarquía de España y, en definitiva, mediatizaba la vida de Manila desde su conquista y población por gentes españolas.