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Los “contentamientos” de Felipe II

Retrato de Felipe II

Cuando uno lee biografías acerca de reyes y príncipes, una de las cosas más llamativas que encuentra en su lectura, al menos en mi opinión, son los detalles de la infancia, el cómo se educa a un rey para su puesto o qué cuidados tienen con él.Felipe II, de pequeño, era un apasionado de la caza, una de sus actividades favoritas, y entre las cuentas de palacio se encontraban gastos enormes en ballestas, jabalinas y flechas. Preocupados por que le gustara más la caza que cualquier otra cosa, y sobre todo, por encima de las lecciones de “leer y escribir”, que llevaba con mucho retraso, mandó Carlos I que se le dieran al ayuda de cámara “30 ducados que cobra él cada mes para las cosas que dan contentamiento a su Alteza”Con esos treinta ducados, el mencionado ayuda de cámara debía comprar objetos que entretuvieran al niño, principalmente juguetes. Entre estos juguetes se hallaban un par de cajas con caballos de plata, un soldado, también de plata, con todas las piezas y un caballo más, seis piezas pequeñas de artillería en oro, y una pieza grande en bronce encabalgada en el carretón. Juguetes estos que tenían por objetivo encender el espíritu militar en el muchacho.

También aparecen entre los documentos objetos únicamente lúdicos: una marioneta, unos “trucos que son dos paletas labradas de burxe y un puente y dos bolos y un birlo”, además de objetos llamativos llegados de América y una baraja de cartas.

Se le regaló al chico una gran pajarera (aviario) ya que tenía muchos pájaros, de los que se cegaba a algunos para que mejoraran en su canto, y existe una xilografía que muestra al príncipe con un pájaro atado a un cordel, a modo de juego. El joven heredero tenía entre sus mascotas otros animales: un perro, una mona, cobayas y un papagayo.

Como se puede apreciar, los entretenimientos del príncipe eran los que cualquier niño soñaría, rodeado de animales de compañía, y con muñecos, típicos y extraños, con los que jugar a la guerra. Todo esto venía a intentar acabar con las travesuras del muchacho, que se creía rey mucho antes de que le tocara y que metió en más de un lío a algún paje de la corte por sus jueguecitos.

Pero “Felipito” -así lo llamaba el bufón-, también se hacía mayor y sus juegos fueron cambiando. Entre las cuentas de palacio aparecen entonces compras de bolos, pelotas, guantes para jugar a la pelota, ajedrez o tejos. También contratan a su primer bufón personal -el anteriormente referido era el bufón de la corte- y se crea una auténtica cámara de música con dos tenores, dos sopranos, dos contraltos, dos contrabajos y dos organistas -casi nada-. Se contaban entre su corte profesores de danza y canto, e incluso él mismo pidió un libro grande en blanco para dibujar.

Todas las citas aparecen en el libro “Felipe II. La biografía definitiva” de Geoffrey Parker, pp.51-52 y 62-64 relativas a la educación del príncipe. También es más que recomendable toda la obra relativa al príncipe escrita por Gonzalo Sánchez – Melero.

Culpable de licantropía

Algunas noches, lo único que queda en la televisión es Cuarto Milenio. No suelo aguantar mucho en el salón cuando empieza el programa de Iker Jiménez porque me pone del hígado todo el paripé y la jerga pseudocientífica. En el último programa que vi (desconozco el horario), Jiménez hablaba del caso de Manuel Blanco Romasanta (1809-1854), el asesino múltiple gallego condenado a muerte primero y a cadena perpetua después por licantropía.

Se trataba de la reposición de un programa en el que se afirmaba que el caso de Romasanta tenía el interés especial de ser el primer individuo en todo el mundo juzgado como hombre lobo, incluso el primer asesino en serie. Desconozco si el señor Francisco Pérez Abellán hace esa afirmación a la ligera (minuto 2:29 de este clip) o si de verdad se ha documentado pero, en cualquier caso, es errónea.

Un enciclopedista francés llamado Pierre Bayle (1647-1706), recoge en su obra Dictionnaire historique et critique el siguiente extracto a raíz de la biografía de Daniel d’Auge, letrado:

 

Dictionnaire historique et critique, Pierre Bayle (1647-1706)

De todas las obras de Daniel d’Auge la que me parece más digna de curiosidad es el Discurso sobre el fallo que condenó al hombre-lobo. Sé por Bodin que este fallo fue dictado por el Tribunal de Dole, el 18 de enero de 1583, contra Gilles Garnier, lyonés, y que fue impreso en Orleáns, París y Sens. Cita sus principales puntos. “Sucedió que el tal Garnier, encontrándose el día de San Miguel bajo la forma de hombre-lobo, agarró a una joven de diez o doce años de edad cerca del bosque de la Serre, en unas viñas del viñedo de Chastenoy a un cuarto de legua de Dole, y que la mató y asesinó, tanto con sus manos semejantes a patas, como con los dientes, y que se comió la carne de sus muslos y sus brazos, parte de los cuales llevó a su mujer. Y por haber cogido un mes después y de la misma forma a otra niña, a la que mató con intención de comérsela de no habérselo impedido tres personas, tal y como ha confesado. Y por haber, quince días después, estrangulado a un niño de diez años en el viñedo de Gredisans, del que se comió la carne de muslos, piernas y vientre. Y por haber matado más tarde, bajo la forma de hombre y no de lobo, a otro chico de doce o trece años de edad, en el bosque del pueblo de Perouse, con la intención de comérselo, si no se lo hubieran impedido, tal y como confesó sin que se le hiciera fuerza o constricción alguna, fue condenado a ser quemado vivo, y la sentencia fue ejecutada.”

[Traducción de Juan María Supiot Ripoll; la enciclopedia en formato digital y de consulta íntegra via web se encuentra en la Universidad de Chicago]

El caso de Romasanta, lejos de ser motivo de orgullo de la historia jurídica española, hablaría más bien de las dificultades que tuvieron las ideas de la ilustración para terminar con los procesos judiciales derivados de la superstición. Ya Voltaire (1694-1778) hablaba en su Tratado sobre la Tolerancia (1767), de la caza de brujas y de cómo éstas debían provocar más compasión que miedo ante su ingenuidad e ignorancia al creer que podían influir mágicamente en el mundo que les rodeaba:

Hubo un tiempo en que se creyó obligatorio promulgar decretos contra los que enseñaban una doctrina contraria a las categorías de Aristóteles, al horror al vacío, a las quintaesen­cias y al universal de la parte de la cosa. Tenemos en Europa más de cien volúmenes de jurisprudencia sobre la brujería, y sobre la manera de distinguir los falsos brujos de los verda deros. La excomunión de los saltamontes y de los insectos nocivos para las cosechas ha sido empleada profusamente y todavía subsiste en algunos rituales. La costumbre ha caducado; se deja en paz a Aristóteles, a los brujos y a los saltamontes. Los ejemplos de esas graves locuras, en otros tiempos tan importantes, son incontables: se producen otras de vez en cuando; pero cuando han producido su efecto, cuando se está harto de ellas, mueren por sí mismas. Si a alguien se le ocurriese hoy día ser carpocrático, o eutiquiano, o monotelita, o monofisita, o nestoriano, o maniqueo, etc., ¿qué sucedería? Se reirían de él, como de un hombre vestido a la antigua, con gola y jubón.

[Texto completo aquí]

Algo que por otra parte ya hiciera Cervantes en su Quijote (1605), en el capítulo XXII, en el que se produce el encuentro con los galeotes:

 

Grabado de Gustave Dore para una edición de 1875

“bien sé que no hay hechizos en el mundo que puedan mover y forzar la voluntad, como algunos simples piensan; que es libre nuestro albedrío, y no hay yerba ni encanto que le fuerce: lo que suelen hacer algunas mujercillas simples y algunos embusteros bellacos, son algunas misturas y venenos con que vuelven locos a los hombres, dando a entender que tienen fuerza para hacer querer bien, siendo, como digo, cosa imposible forzar la voluntad”

Pero, claro, cómo se puede esperar que alguien hiciera caso a estos señores en el siglo XIX cuando en el XXI aun seguimos a vueltas con programas como el de Iker Jiménez.

El voto femenino y las derechas

Iba a escribir un post para el día de la mujer sobre el voto femenino y la figura de Clara Campoamor. Lo pensé antes de ver la repercusión que tuvo la película que emitió RTVE y que, por circunstancias del destino, no pude ver.

Dicho esto, voy a pasar al anecdotario, ese que tanto me gusta, y a las contradicciones de las ideologías. Nos situamos en la II República, es el primer periodo democrático, liberal, occidental, o cómo queráis llamarlo, en la historia de España. Instaurado el nuevo sistema administrativo y de gobierno, se plantean cuestiones de gran calado, que suponían debates a sangre y fuego como la reforma agraria, la reforma educativa, la colaboración de la Iglesia y el Estado,…

Uno de los grandes debates era el papel de la mujer, los derechos de las féminas, representados por dos figuras muy atrayentes para la historia como son Victoria Kent y Clara Campoamor. La primera, situada a la izquierda del hemiciclo, y la segunda, más a la derecha.

El debate se inicia, y hemos de suponer que fue la izquierda, los progresistas, los que abogaban por el avance social de España los que defendían este derecho, alegando para elo el sufragio universal y el igualitarismo de los seres humanos, pues, en este caso, sucedió lo contrario.

El debate que se llevó a cabo en Octubre de 1931, contó con un factor curioso, la izquierda se negaba a conceder el voto a las señoras, y la derecha luchaba por él como si no hubiera mañana ¿porqué? Para la izquierda progresista de la España de los años 30, el voto de la mujer significaba que por cada papeleta introducida en la urna por una mano femenina, era en realidad el párroco el que votaba. La derecha conservadora sería así la beneficiaria de este voto. Así de sencillo, como siempre, la política española , fiel a sus ideologías, arañaban escaños de donde podían, y como siempre, los grandes medios son los que os ayudan a dilucidar el debate.

Para ello, traigo unas muestras, son tres artículos, uno de El Heraldo de Madrid, otro del Diluvio, y otro del Deate, tres periódicos de la época.

Heraldo de Madrid,

Heraldo de Madrid, 2 de Octubre de 1931

En el Diario La Voz, aparecen dos artículos, el 1 y el 2 de Octubre:

El voto hoy en la mujer es absurdo, porque en la inmensa mayoría de los pueblos el elemento femenino, en su mayor parte, está en manos de los curas, que dirigen a la opinión femenina, se introducen en los hogares e imperan en todas partes. La mujer española, especialmente la campesina, no está capacitada para hacer uso del derecho del sufragio de una manera libre y sin consejos de nadie. Con lo que hoy ha acordado el Parlamento, la República ha sufrido un daño enorme y sus resultados se verán muy pronto.

Diario “La Voz, de 1 de Octubre de 1931″

No somos enemigos de la concesión del voto a la mujer; estimamos que debe concedérsele ese derecho de ciudadanía, pero a su tiempo, pasados cinco años, diez, veinte, los que sean necesarios para la total transformación de la sociedad española, cuando nuestras mujeres se hallen redimidas de la vida de esclavitud a que hoy están sometidas, cuando libres de prejuicios, de escrúpulos, de supersticiones, de sugestiones, dejen de ser sumisas penitentes, temerosas de Dios y de sus representantes en la tierra, y vean independizada su conciencia

Diario “La Voz” , 2 de Octubre de 1931″.

Los textos anteriormente citados son de periódicos con una clara tendencia a la izquierda, son diarios progresistas. Ahora,veamos lo que aparece en el El Diluvio, un periódico de derechas, el mismo día 2 de octubre:

Estos 160 diputados que han concedido el voto a las mujeres deben ser unos doctrinarios puritanos, pero son unos torpes republicanos. Nosotros no negamos el voto a la mujer en nombre de su derecho a la libertad sino en nombre de la defensa de la República. Las mujeres pueden ser dentro de la República abogadas, catedráticas, diputadas y hasta ministras, pero electoras, no. Nada más unos cuantos pueblos han concedido el voto a las mujeres y la República española no es cosa que por quijotismo idealista defienda o confíe en el voto femenino que durante unos cuantos años será canalizado por curas, frailes y monjas.

Diario “El Diluvio”, 2 de Ocubre de 1931″.

Como podemos observar, la política española ha estado siempre al servicio de su propia ideología, defendiendo sus principios a muerte, y siendo totalmente consecuentes con sus  preceptos ideológicos.

Si no hay lomo…

Antes de comenzar, querría pedirles perdón por algo bien sencillo: no son contemporaneísta. También pediría perdón por escribir contemporaneísta en cursiva, porque es una palabra de plena aceptación en el mundillo de los historiadores, pero se ve que nuestro mundillo es pequeño porque la RAE no ha oído hablar de él. Y si la RAE no admite una palabra, servidor que la pone en cursiva, así de estricto soy.

El asunto es que, pese a no ser contemporaneísta, tengo un papelito que certifica que soy licenciado en Historia. En toda la Historia. Es como los diplomas de los cursos de natación, que pregonaban que estabas capacitado para nadar, pero no decían donde y se lavaban las manos si con ocho años querías cruzar el Atlántico. Así que, si me permiten el símil, me disfrazaré de contemporaneísta y, con todo el cuidado del mundo, evitaré irme a lo hondo, donde no me cubra.

A fin de cuentas, a cualquiera le gusta la Historia Contemporánea, al menos la del siglo XX (a mí es que el XIX, quitando momentos puntuales, me parece de un tedio magnífico). Y yo tuve mis escarceos con ella, interesado como estoy en el tema de la memoria histórica, de lo cual hablaré en otro día si mis jefes en este blog me lo permiten y si termino de arrancar con este artículo.

Retrocedamos en el tiempo en busca de la mina de oro del cine español, esto es, hasta la Guerra Civil y anexos, una época más turbulenta que la política de alcoba de Isabel II (de España, de la del Reino Unido prefiero no preguntar). Sin embargo, hay anécdotas capaces de romper la infinita rutina de salvajadas y atropellos cometidos en aquellos años y, en menor medida, de sacar una sonrisa a quienes se hallen investigando sobre la materia.

Aceuchal, 1922 (Fondo Fotográfico Fernando Garrorena, Diputación de Badajoz)
Aceuchal, 1922 (Fondo Fotográfico Fernando Garrorena, Diputación de Badajoz)

El hambre, ese jinete del apocalipsis que antaño cabalgaba por nuestros campos, agudiza el ingenio. Pero cuando uno se comería hasta los baldosines de las calles una cosa es ser ingenioso y otra bien distinta es ser un idiota redomado: prueba de ello es el documento que hoy traigo a colación, y nunca mejor dicho, encontrado por quien esto escribe en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, antiguo Archivo de la Guerra Civil.

Estamos en febrero de 1936, en el pueblo de Aceuchal (Badajoz), famoso no por sus vinos -y eso que pertenece a la Tierra de Barros-, sino por sus ajos. Tras ganar las elecciones el Frente Popular, cohortes milicianas recorren la región causando tumultos en diversas localidades, entre ellas Aceuchal: mil cien milicianos irrumpen en una población de cinco mil habitantes y, a su manera, la lían parda, tal y como demuestra el informe que expongo a continuación.

“Qué han destruidos (sic):
Iglesias: Ninguna.
Conventos: Ninguno.
PUENTE: Intentaron volar el que existe en esta carretera a Badajoz, entre esta villa y Villalba de los Barros y por falta de pericia dinamitera, sólo consiguieron ligeros desperfectos.
Domicilios particulares: Ninguno.
Comercios y almacenes: Ninguno asaltaron en masa. Sí se dedicaron algunos a exigir en los establecimientos alpargatas, gorras, calcetines, pañuelos y otros útiles. En casas particulares, varias veces exigieron comida prefiriendo siempre con exigencia jamón, lomo etc., rechazando cuando alguien les facilitaba chorizo, morcilla o tocino“.
(Archivo de la Guerra Civil, P. S. Extremadura, leg. 24, nº 54, fol. 1; la cursiva es mía).

A situaciones tan delirantes como la anterior conducía la jambre a los extremeños. ¿Hambrientos? Como Carpanta. ¿Pobres? De solemnidad. ¿Cafres? Y garrulos, si nos ponemos. Pero con una moraleja para la infancia: si no hay lomo… asaltad a quienes lo tengan.

Historia en carnaval: Los Pavos Reales

Llega Febrero y el viento de levante sopla con una especial dedicación sobre la tacita de plata. Es una locura especial la que trae desde oriente,la locura de Febrero, la locura del Gran Teatro Falla. El sentimiento hecho copla que recorre los rincones donde los fenicios fundaron aquel bendito rincón. Vuelve el gentío a las calles, a recorrer las plazas, barrio a barrio, escenario a escenario, o sin escenario. Vuelven los pasodobles, los cuplés y popurrís cargados e humor, crítica y sentimiento, los coros, chirigotas y comparsas inundan las calles como un Tsunami arrollador.

Y como en los carnavales de Cádiz hay de todo,  hace unos años, en 2004, aparece una chirigota muy monárquica: “Los pavos reales, una especie en extinción”. Su popurrit, la pieza que cantan al final de cada actuación es una auténtica lección de historia, un repaso a todos los monarcas que han pasado por España desde los Reyes Católicos pasados por el filtro de las tablas del Gran Teatro Falla. A algún puritano de la Historia no le gusta esta chirigota, pero yo he de reconocer que para algún examen me ha servido repasar este popurrit.

Seiscientas reinas

En las sociedades, en general, y en todas las épocas, los grupos en desarrollo hacia la ostentación del poder siempre han imitado la forma y el estilo de la clase dominante. De este modo, el nacimiento de los grupos de comerciantes acaudalados, los primeros burgueses, no iban a ser menos, y en el S. XV ya nos encontramos con una reflexión curiosa.

” La reina de Francia, Juana, esposa de Felipe el Hermoso, llegada a Brujas, se sorprende del lujo de los ricos burgueses: “Creía ser aquí la única reina, habría dicho, y descubro seiscientas.” *

Modelo de imitación éste que se va repitiendo. En muchos casos consiguen matrimonios de conveniencia con familias nobles para ascender fácilmente en esta sociedad cerrada. En otros ni siquiera hace falta porque el poder de facto que daba el dinero lo hacía innecesario y se ennoblecían apellidos con documentos emanados directamente. En cualquier caso, es llamativo el ennoblecimiento de los burgueses, que llegan a hacer auténticas filigranas para entrar en el selecto grupo de los privilegiados. Siguiendo el párrafo del que saqué la cita: ” Sus maridos eran soldados y servían en la milicia urbana; para ellos, el vocabulario jurídico inventa la fórmula de milites burgueses. Estos señores se hacían llamar doncel y sire [fórmulas de respeto utilizadas con los nobles en la zona de Flandes]; sus escudos de armas estaban pintados, con sus divisas, a las puertas de sus steenen.” *

Y es que no sólo era una cuestión de prestigio, el privilegio, la ley privada, era un buen motivo para ennoblecer a la familia.

* Uñas azules, Jacques y Ciompi. Las revoluciones populares europeas en los siglos XIV-XV. M.Mollat y Ph. Wolff; SXXI editores, 1976. pp – 22

Imagen: Wikipedia