Todas las entradas de: c_porcel

Cuando crees que me ves, hago ¡chas! y aparezco en algún sitio en el que haya restos romanos.

Quéribus y los “castillos cátaros”

Estuve hablando con unos amigos sobre ir de viaje. Ir de viaje, así a granel. Es lo que tiene el otoño: estoy todo el verano currando como una desgraciada y en otoño necesito salir, como los perretes; me paso el otoño entero arañando la puerta y pensando en qué haré de aquí a fin de año y en ahorrar para no parar de ir a sitios el año siguiente. El otoño también lo que tiene es que me recuerda a mi abuelo y cuando íbamos a buscar setas; porque me pasé la infancia paseando con él por el campo, buscando setas, espárragos, caracoles, recogiendo moras y aprendiéndome todos los nombres de las plantas y los pajaricos. Y, claro, también necesito salir al monte. Aquí no hay monte. Es algo que me desquicia.

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Las ruinas de Ashkelon

El otro día me hicieron una entrevista. Fue un shock. No me esperaba que me fueran a pedir una entrevista, no me imagino quién tendría interés en leerla y, al final, me resultó rarísimo tener a alguien tomando notas de lo que decía, pero ahí estuvimos.
Un abrazo a Antonio, que es un encanto, por cierto.

En fin, una de las preguntas era sobre la capacidad de reconstrucción del pasado lejano que tenemos los historiadores. Entiendo que desde fuera es un tema que puede resultar difícil de comprender. Me han preguntado, a veces, qué hacemos con los vacíos informativos; incluso si nos inventamos hechos, como si estuviéramos escribiendo una novela. No somos novelistas.

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La estructura del Infierno de Dante

Recupero aquí una cosa que escribí el año pasado. La excusa entonces fue el Día del Libro, aunque ya llevaba con la idea bastante tiempo. En realidad, aunque parece que hablo de literatura,  no lo hago. Si me venís leyendo un tiempo, ya os habréis dado cuenta de que los problemas morales me llaman mucho la atención. No problemas concretos como tal, más bien que haya cosas que estén bien y estén mal, fuera de toda duda. Y cómo ha sido eso durante el transcurrir de los años. Lo visteis en la entrada sobre la moral sexual romana y, por si aún no lo intuís, también está en mi obsesión con Kierkegaard.

La idea se me ocurrió releyendo La Divina Comedia. En un punto muy concreto del texto, el canto V. La entrada no estaba escrita originalmente para Aquí fue Troya, así que el tono es un poco diferente, porque tiendo a adaptarme a lo que me pidan, soy así de mercenaria.

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Espadas del fin del mundo

Hace un par de años (o tres, el tiempo es muy relativo y nunca me acuerdo de estos detalles) me dio por el crowdfunding.
Con mejor o peor fortuna —aunque tampoco ha habido ningún descalabro importante, por suerte—, he ido recibiendo los frutos de mis pequeñas, o grandes, inversiones en forma de vino, libros o cerveza,  casi siempre —porque soy una mujer de gustos sencillos y con poco vivo feliz.

Vaya esto por delante para que sepáis que me embarqué en el proyecto de la novela gráfica de la que os vengo a hablar hace bastante (julio de 2015), sin saber muy bien cómo iba a acabar la cosa y sólo porque me interesó el planteamiento —y no son ellos los que se han puesto en contacto con nosotros para que la reseñásemos, ni nos conocemos de nada. Seguir leyendo Espadas del fin del mundo

El periodo helenístico

Hoy vengo a hablaros del Helenismo, que parece mentira el poco caso que se le hace, si es una época entretenidísima. Pero no os preocupéis, que aquí estoy yo, siempre atenta a los raritos y las causas perdidas.

MakedonischesReich
El imperio helenístico a la muerte de Alejandro. CC BY-SA 3.0

Algunas preguntas clásicas (jeje, clásicas, ¿lo pilláis? Clásicas) son: ¿esto cuándo lo echan? ¿qué pasa con el Helenismo? y, sobre todo, ¿por qué nadie lo quiere, con lo mono que es?
Os lo voy a contar: el Helenismo es el amigo simpático de la Grecia Clásica. Es el actor secundario Bob del show de la Historia Antigua. Seguir leyendo El periodo helenístico

Un día en las carreras, III

No te pierdas tampoco la competición de los caballos famosos: el hipódromo con su amplio aforo ofrece muchas facilidades. No hay ninguna necesidad de dedos para con ellos hablar secretos, ni tendrás que recibir un mensaje con meneos de cabeza. Siéntate al lado de tu dueña, que nadie lo impide, junta enseguida tu costado a su costado por donde puedas. Y es estupendo que, aunque no quieras, la raya obligue a pegarse, que tengas que tocar a una moza por imperativos del sitio. Búscate aquí un motivo de amigable conversación y que empiecen por sonar cumplidos: arréglatelas para preguntar como aficionado de quién son los próximos caballos y sin tardanza anima a cualquiera que ella anime. Mas cuando pase el cortejo atestado de marfileños dioses, tú aplaude a Venus la Señora con animosa mano; y, como sucede, si por azar cae polvo en el regazo de la muchacha, habrá que sacudirlo con los dedos; y si no le cae polvo ninguno, ese ninguno tendrás que sacudirlo sin embargo: que a tu servicialidad cualquier razón le valga; si el manto demasiado suelto reposa en la tierra, recógelo y, atento, levántalo del sucio suelo. Al punto, recompensa de tu servicialidad, con el consentimiento de la muchacha, tropezarán con tu mirada piernas que has de ver. Fíjate además en quién viene a sentarse detrás de vosotros, no sea que le apriete sus delicadas espaldas dándole con la rodilla. Los pequeños detalles cautivan a los corazones fáciles: muchos sacaron provecho de disponer una almohadilla con hacendosa mano; les aprovechó también hacer aire con la delgada tablilla y poner bajo delicado pie huecos escabeles.
Ovidio, Arte de amar I, 134-161

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Sexualidad e incesto en la antigua Roma

Os escribo esto un poco con las prisas antes de irme de vacaciones de Semana Santa, porque he visto que lo comentábamos en Twitter y llama la atención. Ya os digo que no sé si es por las implicaciones morales, por lo que tiene de sorprendente para la mayoría o por la follambre que trae aparejada, pero el caso es que ha despertado interés.

Todo ha empezado con este tweet de Tom Holland:
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Un día en las carreras, II

(A lo mejor, qué sé yo, te has perdido la primera parte. La puedes encontrar aquí: Un día en las carreras, I).

En el capítulo anterior nos enteramos de: 1) los romanos robaron el corazón (y lo que no es el corazón) de las sabinas invitándolas a pasar una tarde en el circo, 2) las partes que componen un hipódromo a la romana (sin necesidad de que vaya rebozado y frito), 3) dónde están algunos de nuestros circos favoritos y 4) dónde ir a tomar un vermú si os coincide una mañana de domingo en Tarragona y alguien os obliga a ello a punta de pistola (¿hay, acaso, alguna otra razón por la que tomarse un vermú un domingo? Cof, cof).

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Un día en las carreras, I

…iam pridem, ex quo suffragia nulli
uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim
imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se
continet atque duas tantum res anxius optat,
panem et circenses.
Juvenal, Sátira X, 77-81

(…hace mucho tiempo ya de cuando no vendíamos nuestro voto a nadie, hemos abandonado nuestros deberes; los que hace tiempo ejercían alto cargo militar, importante cargo civil, legiones, todo, ahora se contienen y esperan con ansia sólo dos cosas: pan y circo.)

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