Alfonso I

Los trece mejores reyes del Portugal medieval

Vale, tanto título como artículo son algo tramposillos. Si se hubiera llamado “Una aproximación tentativa a la historia medieval portuguesa” no lo leería nadie, al igual que sucedería si se publicara en varias entregas. A fin de cuentas, esto es Internet y un texto no debería tomarnos más tiempo del que necesitemos en el baño.

Además, el formato de lista siempre funciona. No es que queramos que Aquí fue Troya se convierta en una mierda cualquiera de página viral (“¡el número 6 te sorprenderá!”), pero somos conscientes de que con numeritos todo resulta más potable.

Dicho lo cual, os invito a que me acompañéis por este recorrido a través de cuatro siglos con los mejores trece reyes del Portugal medieval, que casualmente son los únicos trece reyes que tuvo Portugal en esa época.

1.- Alfonso I Enríquez (1139-1185), el Conquistador

Alfonso I
“Niño, deja ya de joder con la pelota”.

Mola porque:
Hijo de una chiquilla bastarda de “nuestro” Alfonso VI, heredó el condado portucalense con sólo tres añitos. De mayor declaró la independencia de Portugal frente a su primo Alfonso VII de León y Castilla. Además, conquistó Lisboa (1147) y se casó con una Mafalda. ¿Os parece poco?

No mola porque:
Pues porque independizó Portugal, claro. En serio, ¿qué necesidad había, Alfonso I?, ¿por qué tanto odio?

2.- Sancho I (1185-1211), el Poblador

Sancho I
Sancho I, monarca y apasionado del bricolaje.

Mola porque:
Bautizado Martín, lo renombraron Sancho al quedar de heredero porque sonaba más comercial. Repobló tierras y fundó ciudades como Guarda. Se casó con una hija de Ramón Berenguer IV, a quien en este blog profesamos alta estima. De paso, fue el primer poeta en lengua portuguesa.

No mola porque:
No se curraba mucho sus poesías y, de paso, la primera de todas se la dedicó a su amante, A Ribeirinha.

3.- Alfonso II (1211-1223), el Gordo

Alfonso II
Alfonso II metiendo barriga.

Mola porque:
Fue más legislador que guerrero y se limitó a consolidar el territorio. Convocó las primeras cortes (1211) y dictó las primeras leyes escritas para fortalecer la corona frente a nobleza y clero, así que lo excomulgaron. Fue el padre de los dos siguientes reyes portugueses.

No mola porque:
Tuvo con sus hermanas movidas con las lindes al desobedecer el testamento paterno y eso está feo. De paso, se hinchaba a bollos y el sobrepeso lo acabó matando.

4.- Sancho II (1223-1248), el Piadoso

Sancho II
“Yo recibí esta pelota de mi bisabuelo”.

Mola porque:
Imitó a Fernando III y en su reinado se avanzó hacia el sur en la reconquista. También imitó a Fernando III en lo de que una ex de Alfonso IX (su tita Teresa) quisiera mangonearle. Salió a su padre en lo de que el Vaticano lo excomulgara y declarara hereje, pese a que lo apodaran el Piadoso.

No mola porque:
Sus conflictos con la Iglesia y su excomunión acarrearon una guerra civil. Y las guerras civiles no le gustan a nadie, salvo a Paca la Culona y amigos.

5.- Alfonso III (1248-1279), el Boloñés

Alfonso III
Alfonso III, especialista en irse por las ramas.

Mola porque:
Tiene nombre de salsa (realmente era el conde de Boulogne, en Francia). Remató la reconquista de Portugal en 1249, incorporando el Algarve. Además, fue un buen gobernador y protegió al pueblo llano. Trasladó la capital de Coímbra a Lisboa, que queda mejor en las fotos de Instagram.

No mola porque:
Está lo de desatar una guerra civil y lo de repudiar a su esposa, la condesa de Boulogne, porque no podía darle un heredero: así no hay quien crea en el amor. SAD!

6.-Dionisio I (1279-1325), el Labrador (o el Poeta)

Dionisio I
“Ahí viene la chica que te gusta, actúa normal”.

Mola porque:
Legisló muy locamente para proteger al pueblo llano; decidió apostar por el mundo rural promocionando agricultura, minería y pesca; creó la marina y la primera universidad lusa (1290, en Coímbra desde 1308); impuso el portugués como lengua oficial, escribiendo además poesía y ensayo; se quedó los dineros del Temple al refundarlo como Orden de Cristo; y fijó la frontera nacional en el Tratado de Alcañices (1297). Y todo ello llamándose Dionisio.

No mola porque:
Ni fue marido ejemplar ni fue un padrazo: le encalomó a su esposa la crianza de los hijos habidos con otras y trató de puta pena a su heredero al preferir al bastardo Alfonso Sánchez, lo cual desembocó en una guerra larvada paternofilial.

7.- Alfonso IV (1325-1357), el Bravo

Alfonso IV
Alfonso IV, salerosa sota de espadas.

Mola porque:
Le quitó a guantás la tontería del trono a su hermanastro Alfonso Sánchez. Asimismo, le echó huevos e invadió Castilla cuando su yerno Alfonso XI, a quien había casado con su chiquilla María de Portugal, se amancebó con Leonor de Guzmán; eso sí, en cuanto le tocaron la carita se volvió por donde había venido.

No mola porque:
Se opuso a que su heredero, el futuro Pedro I, se casara con Inés de Castro. Se opuso tanto que mandó asesinarla y claro, el niño le montó una guerra civil. De tal palo, tal astilla.

8.- Pedro I (1357-1367), el Justo (o el Cruel)

Pedro I
Nosotros tenemos el Cristo de Borja y ellos a Pedro I: empate.

Mola porque:
Mejoró la administración y enriqueció al país. Aprovechaba cualquier sarao para mezclarse con un pueblo que lo adoraba. Enamoraíto perdío de Inés de Castro -según la leyenda, obligó a los haters a besar su cadáver-, persiguió a sus asesinos y vengó su muerte. Apodado por estos arranques el Justo o el Cruel (como a su coetáneo, tocayo y sobrino Pedro I de Castilla), se le perdona todo viendo sus increíbles sepulcros en Alcobaça.

No mola porque:
Mucho amor eterno a Inés de Castro, pero al año de morirse ésta ya se había encamado con Teresa Lourenço y engendrado al futuro Juan I. Muy mal (por partida doble).

9.- Fernando I (1367-1383), el Hermoso (o el Inconsciente)

Fernando I
Fernando I, mirando con recelo.

Mola porque:
Reclamó su derecho al trono castellano e inició las Guerras Fernandinas: si ni Dios las recuerda imaginad el desastre que serían. Al menos potenció la marina, el comercio y las líneas defensivas del país, como si temiera la que se le venía encima.

No mola porque:
Su muerte sin un heredero varón conllevó la invasión de Castilla y una guerra por el trono, pero qué puede esperarse -endogamia aparte- tras siglos casándose con castellanas.

10.- Juan I (1385-1433), el de Buena Memoria

Juan I
Juan I, arreglao pero informal.

Mola porque:
Pese a ser un bastardo de segunda consiguió expulsar a los castellanos, proclamarse rey y fundar la dinastía de Avís, la más gloriosa de la historia de Portugal (¡ah, y crear la futura dinastía de Braganza gracias a un bastardo suyo!). Conquista Ceuta en 1415 e inaugura -con ayuda de su hijo Enrique- la expansión marítima portuguesa con la llegada a Madeira (1419) y Azores (1427).  Y a su victoria en Aljubarrota (1385) le debemos el bestial Monasterio de Batalha.

No mola porque:
Emperrarse en la independencia, lo de Aljubarrota y la posterior incursión en Castilla. ¿Qué te costaba quedarte quietecito, Juan I?

11.- Eduardo I (1433-1438), el Elocuente

Eduardo I
Eduardo I, o cuando no sabes qué hacer con tus manos al posar.

Mola porque:
Dos palabras: Capillas Inacabadas. Aparte de eso, solía consultar a las cortes, mantuvo la expansión portuguesa por África y en sus ratos libres escribía poesía y ensayo.

No mola porque:
La peste truncó su prometedora carrera (?).

12.- Alfonso V (1438-1481), el Africano

Alfonso V
Alfonso V en plan emo y un monete: no necesitáis nada más.

Mola porque:
En cuanto llegó a los dieciséis años le declaró la guerra a su tío y regente, que a la vez era su suegro (imaginaos las cenas de familia). Aumentó las posesiones portuguesas en Marruecos. Tras fallecer su esposa y prima, Isabel, se casó con Juana la Beltraneja, que venía siendo su sobrina. Y Portugal salió bastante beneficiado en el Tratado de Alcáçovas (1479).

No mola porque:
Se casó con la Beltraneja sólo para reclamar el trono de Castilla y hasta los propios portugueses reconocen que pasaba un muchito de gobernar; de hecho, terminó abdicando medio deprimido.

13.- Juan II (1481-1495), el Príncipe Perfecto

Juan II
“No, no me moláis”.

Mola porque:
Siendo sinceros, le mojó la oreja repetidamente a los Reyes Católicos cuando aún era príncipe. No dudó en ejecutar a cuantos nobles conspiraron contra él, de ahí que lo apodaran “el Tirano”. Avanzó en la exploración marítima y firmó el Tratado de Tordesillas, dejándoselo (casi) todo hecho a su sucesor -amén de primo y cuñado- Manuel I.

No mola porque:
Obcecado en rodear África, ignoró a Cristóbal Colón cuando éste fue a venderle la moto… en dos ocasiones. Reconozcámosle también su esfuerzo en hacerles la puñeta a los Reyes Católicos.

Conclusión:

Elegid un rey favorito o uno menos favorito, pero no dejéis de ir a Portugal para descubrir su apasionante historia. Y ya que vais, traedme pasteles de Belém.

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