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El arte y práctica de la diplomacia y la negociación en el mar océano mediante el uso persuasivo de la fuerza A.K.A. La piratería.

El embrollo de los nombres.

Al hablar de piratería encontramos distintos sinónimos asociados a este concepto: piratas, corsarios, filibusteros, bucaneros… Son varios los autores que dedican páginas y más páginas a matizar cada uno de estos nombres; tienen en cuenta su tipo de barco, sus delitos favoritos, la legislación de diversos estados… Muchas consideraciones para sólo poder diferenciar de manera clara entre corsarios y el resto.

Así tenemos -a nivel teórico- que un corsario actúa en tiempos de guerra prestando servicio a un estado y contra un enemigo declarado, mientras que un pirata -y demás ralea- no responde ante ningún estado y los considera rivales a todos. Hay otras consideraciones, por ejemplo el que un corsario, en caso de ser apresado, es tratado como prisionero de guerra, mientras que un pirata es ajusticiado sin más. El primero actúa autorizado mediante una patente, el segundo sólo se obedece a él mismo. El corsario suele provenir de una clase social acomodada, con vínculos con la oligarquía mercantil, mientras que los piratas suelen ser lo mejor de cada casa.

La famosa Isla Tortuga
La famosa Isla Tortuga

La Cofradía de la Hermandad de la Costa.

La piratería, ya desde el Mediterráneo del mundo clásico contra Roma, tiene un sentido ideológico de rebeldía contra la Pax Romana que va más allá del mero furtivismo naval. Los piratas aniquilados en tres grandes campañas por Pompeyo, César,-que llega a ser su prisionero-, y Octavio, no sólo representan una amenaza hacia el comercio, si no también hacia la unidad de poder del Mediterráneo, con un agudo sentido rebelde.

Punto aparte son los casos de la piratería china y musulmana: no sólo no tienen un espíritu rebelde contra el estado, sino que de hecho forman parte de su desarrollo económico y contribuyen a la expansión de su imperialismo.
Durante los siglos XVI a XVIII le toca el turno de recibir las acometidas de los piratas a la Pax Hispánica. El comercio y los asentamientos de la Monarquía Hispánica, además de las actuaciones de Francia, Holanda y Gran Bretaña mediante los corsarios, se ven seriamente amenazados por la Cofradía de la Hermandad de la Costa. Formada por desertores, bandidos, desclasados, herejes, rebeldes, antiguos esclavos, indios y gente de bien -hombres honrados exiliados por las circunstancias-, actúa principalmente en el Caribe, desde su base en la Isla de la Tortuga. Significativamente, y si bien para franceses e ingleses no supone ningún problema y, de hecho se sirven de ellos para abastecerse, los españoles nunca tratarán con ellos y, menos aún, reconocerán esta supuesta soberanía en las islas.

Si bien la Monarquía Hispánica representa una prolongación de la idea medieval del Sacro Imperio y la Civitas Dei, la Hermandad de la Costa representa la contraparte, la rebeldía ante todas las leyes y autoridad.
A lo largo de la Historia siempre hay quienes creen firmemente en lo de «muerto el perro se acabó la rabia»; por supuesto suelen estar equivocados, pero la convicción y el énfasis en esta idea no les permite percibir los daños que pueden desencadenar. La Monarquía Hispánica así lo piensa, cuando en 1638 ataca la Tortuga, donde captura a gran número de piratas y ejecuta a unos trescientos de ellos de manera sumaria. El problema, para los españoles, es que no todos los piratas están ese día en la Tortuga, con lo que al regresar entierran a sus compañeros y juran sobre sus tumbas vengarse de tal acto. Como otras veces, y no suele fallar, la idea de una expedición de represalia y castigo suele dar pie, por parte de las víctimas, a un follón de proporciones épicas. Y, lo peor -o tal vez lo mejor-, es que esta gente tenía en la cabeza cierta ideología.

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La Captura de Barbanegra

¿Sabes aquélla frase en V de Vendetta que dice «las ideas son a prueba de balas»? Pues ya puedes imaginarte lo que pasa respecto a este tema: un pequeño grupo de piratas se propone, muy en serio, desafiar abiertamente al Imperio hispánico. Aquí vemos el halo del romanticismo: el pequeño desafiando al grande; el débil atacando al poderoso. Probablemente los españoles no lo toman en mucha consideración, pero franceses e ingleses algo deben ver al aplaudir y frotarse las manos. De nuevo estos chicos malos no son tan malos para según quién: así, por ejemplo, Henry Morgan nunca recibe una patente de corso, pero -al contrario que otros piratas- jamás ataca los intereses británicos. Al final obtiene un perdón real por vía de Su Graciosa Majestad, es ennoblecido y se convierte en gobernador de Jamaica.

Concientes de sus limitaciones los piratas desarrollan diversas tácticas con las que sorprender y vencer a los españoles: sus tipos de barco, su manera de acechar y acercarse, sus engaños, su manera de combatir… Alexander Exquemelin -uno de sus cirujanos- detalla varias de estas técnicas y narra algunos de los más sonados episodios de su éxito, por ejemplo el asalto al galeón Santa Maria, que reporta a cada uno de los veintiocho asaltantes -en cifras actuales- unos 12 millones y medio de euros.

Así cualquiera se hace pirata, podemos pensar. Pero hay un truco: la tasa de supervivencia es extremadamente corta. Edward Teach -el famoso Barbanegra- tiene una carrera de sólo quince meses y, desde luego, no puede contarse siempre con la suerte de asaltar con éxito una nave repleta de grandes riquezas.

La aparición de los diablos del Infierno es desastrosa para los intereses de la Monarquía Hispánica, aunque no tanto por lo que hacen, sino por impedir de manera indirecta lo que debería haber ocurrido. Centrados en combatir a la Hermandad de la Costa, asegurar las rutas, los barcos y los asentamientos, los españoles no tienen más opción que retraerse y defenderse, abandonando de esta manera la expansión hacia sus incipientes colonias a lo largo de norteamérica, cosa que temen franceses e ingleses.

Ataque de Henry Morgan a Maracaibo
Ataque de Henry Morgan a Maracaibo

Outsiders del Caribe.

Por encima de todo a los integrantes de la Hermandad de la Costa les preocupa no perder su condición de hombres libres, la libertad que supone el mar; así la Hermandad se convierte en un ensayo serio de sociedad anarquista.

¿Cuál es su método de organización? ¿Qué debaten? Poco, muy poco nos queda escrito de primera mano sobre la Hermandad. A pesar de contar con individuos ilustrados, lo que nos llega es la tradición oral de esta fraternidad. Su constitución se basa, principalmente, en protegerse de la tiranía y fortalecer la importancia de cada individuo, donde se le garantizan los derechos, la libertad y el equilibrio de cada uno dentro del conjunto. En Tortuga nadie es francés o inglés, católico o protestante; nadie posee nada -ni tierras ni barcos, sólo su parte del botín-; no hay actividades obligadas; no hay castigo a los que abandonen la sociedad y, lo que más, aunque en un primer momento no se admiten mujeres en la isla, se forman parejas -que no matrimonios- dónde la mujer es parte igual, con idénticos derechos, a cualquier hombre. No hay tampoco ninguna rígida estructura de poder: los jefes militares -los capitanes- se eligen por votación y así pueden ser depuestos y sólo de cara al combate; su autoridad es indiscutida pero no deja de ser uno más fuera de las competencias propias de su cargo. El Consejo de Ancianos, formado por veteranos, vela por el mantenimiento del espíritu libertario. La Carta Constitucional, fechada en 1722, es un indiscutible documento democrático con el principio d eun hombre, un voto.

El manejo de la guillotina durante la Revolución Francesa supone el fin del Antiguo Régimen. Previamente a este momento se habían dado episodios que intentaron socavar esta manera de ejercer el poder: el comunismo de los campesinos de la Suabia, el anarquismo de los anabaptistas y los enardecidos seguidores de wiclefitas y hussitas. Todos estos movimientos van acompañados de sangre por las calles, una ideología consistente -consistente al menos para los que la siguen- y la pátina de romanticismo aportada por la literatura y el cine. De entre ellos uno con más años a sus espaldas es la piratería.

Según el antropólogo Víctor Turner existen los espacios liminales: escenas concretas que dividen la vida en fases bien diferenciadas; en esencia son ritos de paso, un escenario que cambia al individuo y que la sociedad reconoce. Para algunos es una iniciación a la vida adulta; para otros significa la pureza.
Existe también el espacio liminoide, una escena que no marca ningún hito vital, pero que engloba a unos individuos en un acto concreto. Y ahí se diluyen las diferencias: no hay hombres ni mujeres, ni ricos y pobres, ni ciudadanos de primera o de segunda; la idea es que caigan las rígidas barreras sociales y jerárquicas.
Para Turner lo liminal es un acto social y lo liminoide una comunidad sin barreras. A veces, lo liminal y lo liminoide coinciden; por ejemplo en los pioneros, los hombres de frontera, los conquistadores. Un grupo de gente distinta entre sí, pero que no tiene en cuenta las diferencias y que se lanza hacia un camino que cambiará sus vidas.
Siguiendo a Turner los espacios liminales y liminoides coinciden en la Cofradía de la Hermandad de la Costa.

Thomas jefferson dijo: «Mientras a este país le quede una frontera, habrá un lugar para los inadaptados y los aventureros de América». Puede que pensara en los piratas y su Hermandad. Aunque puede ser que no, pero les encaje a la perfección.

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