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Lista de razones para ser – o no – Historiador

Esto que lees es una lista sobre ser historiador; por si lo eres, te lo planteas o tiraste la toalla. Como cualquier otra «lista de» es totalmente subjetiva: daré unos motivos que ya conoces, unos que no, y me dejaré otros que se te ocurran. Me olvidaré de mencionar otros que no pensamos ni tú ni yo. Hay pros y contras; motivos por los que ser historiador y otros tantos por los que dedicarte a otra cosa. Sexador de pollos. Atracador de bancos. Boy o stripper. Como esta lista, las hay a montones por la red. Algunas a favor, otras totalmente en contra; no hay término medio: o es todo fantástico y de color de rosa, o todo es un asco y de color negro.

Lo que pretendo aquí es mostrar la escala de grises. Puede que te rías, o sonrías, en algún punto. Puede que no le encuentres ninguna gracia. Puede que saques algo, o mejor decidas salir a dar una vuelta.

Pero si has llegado hasta aquí, bien puedes quedarte unos minutos más.

1: Solo tienes que empollar.

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Ya lo sabes: los de letras solo tenemos que empollar. Lo tenemos así de fácil. Claro. Puedes memorizar como un loro amaestrado los temarios de las asignaturas, y terminar la carrera sin haber aprendido nada. Por poder, puedes. Pero si empollar es lo tuyo, el único método que contemplas, mejor empolla unas oposiciones a notario. O a registrador de la propiedad.

Empollar una carrera de letras solo tiene un resultado: aprobar los exámenes. Como una vaca ingieres, almacenas, vomitas y vuelves a empezar. Todos lo sabemos, todos lo hemos hecho alguna vez, y sabes que llenas páginas y páginas pero al cabo de unas horas no recuerdas nada. Y, lo que es peor, eres incapaz de entender lo que has empollado. Absorbes datos, pero no puedes desarrollar una idea o una lógica.

No es algo que diga yo: échale un ojo a los exámenes de admisión a Eton. Van dirigidos a niños de unos doce años; no se busca que memoricen, de hecho apenas requieren que sepan nada, sino que buscan evaluar la capacidad analítica, sintética e imaginativa del candidato. Requieren raciocinio, no vomitar datos y más datos.

Puedes empollar, por supuesto. Pero, ¿no te resulta más atractiva la segunda opción? Si escoges esta última, ya no eres ese tonto empollón que todos creen.

2: La historia es elitista, pedante y aristocrática. El historiador también.

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No puede negarse que, a veces, es así. Y me temo que tiene relación con el punto anterior. Para demostrar que no somos tontos, nos revestimos de un discurso y una retórica tan pomposa que haría palidecer de envidia a Luís XIV, mientras declama a Shakespeare en latín subido a sus tacones y envuelto en sus sedas y pieles.

Elaboramos una ponencia o un artículo y apabullamos con tal exceso de información y con un lenguaje tan grandilocuente, que solo nosotros sabemos qué queremos decir. Y es que no vaya a pensar alguien que somos tontos.

Todos hemos leído libros o artículos, o escuchado ponencias más espesas que un puré de patatas. Y puede que hayamos desconectado del discurso a los pocos minutos, por interesante que nos parezca el tema. Puede que su autor sepa mucho, pero casi nadie puede asegurarlo: apabulla igual que aburre. Y se trata de huir de elitismo prefabricado, de la pompa pedante. Se trata de extender lo que sabemos, de comunicar. Repito este concepto básico: comunicar. Acercar la historia a quién quiera saber, no fardar de lo que sabemos y buscar el aplauso.

No es fácil, pero no imposible. Lee a Geoffrey Regan y su Historia de la incompetencia militar, por citar un ejemplo. Sabe muy bien cómo escribir, es detallado, técnico, incisivo y sabe llegar al lector, incluso sin que este sepa nada de historia. Y ningún historiador le ha acusado de ser impreciso o estar vacío de contenido. Requiere esfuerzo, pero podemos aspirar a lo mismo.

3: Los héroes existen.

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Si, existen de verdad. Aunque no esperes de ellos, ni de ellas, nombres rimbombantes. Tampoco súper poderes o mutaciones. Ni que correteen en mallas o lleven capa.

Pero los hay.

Aprenderás, o ya sabes, que algunos nacen, otros se hacen. Los hay que quisieron serlo, y otros que no tuvieron más opción. Unos fueron guerreros y otros jamás cogieron un arma. Unos son recordados y homenajeados, y descubrirás el rastro de algunos hasta ahora anónimos y desconocidos. Los que lucharon para conseguir algo y los que lucharon porque no tenían nada que perder.

Descubrirás que algunos individuos conocidos como héroes fueron unos malnacidos de cuidado, pero que pocos mencionan ese «lado oscuro». Y verás cómo algunos villanos no fueron tan malos. A veces se confunden, que tu héroe es mi villano, y viceversa. Y, como en la ficción, cada uno de nosotros tiene a su favorito. Si aún no tienes alguno, terminarás por encontrarlo. Nació, fue un héroe y murió. Tal vez logrando algo, tal vez no. Pero estuvo ahí.

4: Competitividad enfermiza, escaso prestigio, desfase del mundo actual.

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Totalmente cierto. Pero no es algo exclusivo de la historia, ni de las letras en general.

La competitividad está en todas partes: la facultad, el trabajo, el deporte o en el bar. Es cosa tuya el practicarla de manera sana y no convertirte en un broncas o un corta cuellos. Por otra parte, de trepas y exaltados, siempre los habrá; al menos puedes decidir no serlo.

¿Escaso prestigio? Tal y como lo entiendo, un vendedor puede tener prestigio si atiende e informa bien, si hace bien su trabajo. Y un notario, y he trabajado para algunos, puede ser un incompetente por mucho fasto con el que se revista. El prestigio es algo que podemos trabajar. Usa la inventiva; mira lo que se hace, lo que se ofrece y piensa en cómo poder hacerlo mejor. ¿No escuchas a los guías en sus rutas turístico-históricas por tu ciudad? Sabes que puedes hacerlo mejor. ¿Escuchas a los tertulianos o lees artículos de opinión? Volvemos a lo mismo. Lo sé: es jodidamente difícil y jodidamente duro, pero es mejor que quedarte de brazos cruzados, refunfuñando y lamentándote porque el mundo no acude a ti. Porque nadie valora ese ingenio que tienes y que no sacas a relucir. Y es que hay gente que tiene mucho morro y poca o nada vergüenza. Tú tienes los conocimientos, los métodos, los argumentos y la capacidad. Todo esto lo llevas puesto. De nuevo, es decisión tuya.

Aun así, la historia está desfasada del mundo actual. Si, y la medicina, si te empeñas en tratarlo todo con sanguijuelas y te quedas parado en eso, sin ir más allá. Y la literatura también, si crees que tras el Fausto de Goethe ya no hay más que añadir. Y así con todo. No te digo que caigas en la típica trampa de pega que todos conocemos: «La historia sirve para entender quién somos en base al pasado»; suena a que necesites un diván y tengas que psicoanalizar a alguien. Pero si puedes buscar referentes, situaciones y mostrar lo que tú ves. Puedes darle un vuelco, y de nuevo necesitas esa imaginación que tienes y las ganas de ir tras ello.

En todos estos casos, y repito que son ciertos, depende de lo que tú hagas al respeto. Es lo mismo que si lloraras porque nunca has hecho una maratón. Podrías empezar a correr, en lugar de estar con el culo en el sofá, ¿no crees?

5: Eres un detective.

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No quieras ser historiador si solo pretendes repetir lo que otros han escrito. Tendrás que hacerlo, por supuesto, para seguir esa teoría, ese tema que tanto te gusta. Pero da unos pasos más. Sé un detective, como Sherlock Holmes o Rust Cohle. Opcional el inyectarse morfina o tener pinta de hecho polvo total.

¿No crees que puedas serlo? Debes serlo. Del mismo modo que un detective, tienes que meterte en el caso, buscar el humillo, tirar de unos cabos, dejar de lado pistas falsas, interrogar a testigos, revisar declaraciones, elaborar teorías y solucionar el puzle final. Casi nada. La manera ya es cosa de cada uno: como Holmes, hecho un ovillo en tu sillón mientras te envenenas con tabaco, o como Rust, buscando mil archivos de casos parecidos y yendo al límite.

Puedes explorar nuevos casos, o reabrir unos ya cerrados, cuya solución no te satisface. Partirás de cero, o deberás revisarlo todo de arriba abajo. Y en algún momento algo en tu cabeza hará «click». Sea tu voz la primera en decir algo, o la que se alce contra la opinión general, debes decirlo. Y no arrugarte. Si trabajas a conciencia, bien, si constituyes unos buenos cimientos y el edificio es sólido, difícil será replicarte. Como Scotland Yard a Sherlock, o la brigada especial a Cohle.

6: Tienes pasión por las causas perdidas.

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Ya lo sabemos y lo hemos leído antes. Futuro incierto, mala fama, anacronismo… Nada de esto nos pilla con los pantalones bajados. O lo teníamos claro, o lo intuíamos.

Y aun así, aquí estamos. Podemos arrastrar nuestra licenciatura como un mal menor. Como si estuviéramos en una reunión de Alcohólicos Anónimos: Hola, me llamo Roger y soy historiador. Hola Roger, gracias por venir. Cuéntanos tu historia.

Aquí estamos. Avergonzados o deprimidos. Cabreados o desengañados. Volvemos a lo mismo. Hasta aquí has llegado.

No soy, ni de lejos, el mejor ejemplo. No soy mejor que nadie, ni estoy por encima de nadie. Pero también estoy aquí. Con dos trabajos, ambos a tiempo parcial, por un sueldo miserable y una fecha de caducidad similar a la de un yogurt fuera de la nevera. Además, estoy trabajando en dos proyectos, o “intentos de”, para un futuro. Tengo que sacar a la perra dos veces al día. Y voy al gimnasio y salgo a correr para no volverme loco. Y voy de culo. Y, a todo esto, los locos redactores de Aquí Fue Troya me dejan la oportunidad de poder colaborar. Intento ocuparme en estas cosas, hacer algo útil para mí, algo que pueda gustar a alguien.

No sé si es pasión, o ser gilipollas. O simplemente, que amo las causas perdidas.

Y tú, no puedes ser peor que yo. También puedes amar las causas perdidas. Si estás aún aquí, leyendo esto, las amas.

7: Bulos, chascarrillos y tonterías.

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En toda lista hay puntos absurdos. Sin sentido. Y estas que siguen no son ni pros ni contras, sino cosas que se asumen, erróneamente, si eres historiador. El imaginario popular y sus cosas…

No necesitas guía en un museo: ojalá, pero no del todo cierto. ¿Alguien es capaz de saberlo todo de todo? Si es que sí, olvídate de ser historiador. O cualquier otra cosa. Mejor haz lo de Guillermo de Baskerville: «Si tuviera respuesta para todo, Adso, enseñaría teología en París».

Ambientarás mejor tus partidas de rol: esto se lo escuché a alguien en la facultad. E iba en serio. Aspiraba a ser medievalista, para darle mejor toque a sus partidas de Vampiro: edad oscura. Me encantaría saber qué hace falta estudiar, según tal lógica, para ambientar partidas de La llamada de Cthulhu. O Star Wars.

Por el quesito amarillo del trivial: vale, si; acertarás bastantes nombres y fechas, pero yo siempre me quedo en blanco cuando preguntan sobre Lola Flores y Paquirri.

No tendrás problemas n buscar nombre a tus hijos: qué bonita muestra de conocimiento enciclopédico de pega. Como si llamar a tus retoños Ana o Guillermo demostrara un profundo saber de la historia. Claro que llamar a tu descendencia Nabucodonosor… Puede que jamás te lo perdone. Hasta puede inducir al parricidio.

Conoces tantos detalles del Crack del 29 que nunca tendrás problemas económicos: … Sin comentarios. Pasa palabra.

Tienes un gran surtido de anécdotas para cada ocasión: seguro que si; hasta puedes plantearte un cameo en el Club de la comedia. Pero la distancia entre sazonar una sobremesa con alguna historieta y ser un plasta insufrible es muy corta.

Además, las mejores historias son aquellas que te ocurren a ti mismo, ¿no?

Practicarás buen sexo, a lo bonobo: no tengo ni la más remota idea de qué decir aquí. No me veo precisamente exuberante de sex appeal. Y no sé si buscar información en la web de National Geographic o en la de Rocco Siffredi.

Nunca te olvidas de fechas señaladas: lo harás. Empolles o no. Ten por seguro que ocurrirá. Y recuerda que puede esgrimirse como motivo de divorcio.

8: El discurso de Tim Minchin.

No es un historiador. Es un cantante cómico que, en su día, estudió letras. Y aquí da una charla absolutamente genial: sobre las letras, las ciencias, el empeño y el trabajo de cada uno. No, no te asustes, no es coaching. De hecho, es de lo primero de lo que se ríe. Dedícale los diez minutos que dura. No puedo añadir más.

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2 pensamientos en “Lista de razones para ser – o no – Historiador”

  1. Buenas Roger, antes de nada me llamo Jesús, tengo 17 años y soy un estudiante de segundo de bachillerato, así que sí, dentro de escasos meses me toca elegir qué quiero hacer con mi vida .

    Habiendo sido durante toda mi vida un estudiante de ciencias y de notas, sinceramente bastante buenas, lo normal sería que el año que viene estudiara alguna ingeniería que me asegurase un buen trabajo y una buena vida (económicamente hablando), pero hay algo que me chirría. Y es que lo que de verdad me gusta es la historia. Por las tardes en mi casa no leo o investigo cosas de ciencias, me paso el rato con artículos o libros de historia. Alguna vez que he mencionado el tema de estudiar historia a mi familia me dicen lo siempre lo mismo, Jesús está muy bien que te guste la historia, pero tienes que comer de algo, puedes tener la historia como hobby. Quizás tengan razón pero no me terminan de convencer. Evidentemente la idea de estudiar historia es algo que por un lado me fascina pero por otro me asusta, me asusta llegar el día que termine la carrera y decir, me ha gustado mucho, ha sido muy bonito pero, ahora qué hago con mi vida, y no ver ninguna opción de futuro. Por otro lado, si estudio una ingeniería estaré tranquilo en cuanto a situación económica se refiere, pero por otro me da miedo que se me quede siempre la espina de pensar ¿ Qué hubiera pasado si hubiera estudiado historia?
    Sé que tu artículo es de hace ya un tiempo, pero hoy me he puesto a curiosear y lo he encontrado y me apetecía contar mi situación en busca de algún consejo. Saludos y gracias de antemano

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