Cinco años de Aquí fue Troya

¡Ay! (suspiro de drama barroco), cinco años como cinco soles. El 10 de diciembre de 2010 decidimos publicar la presentación del blog. Salió de la pluma de AliyCia y, por desgracia, fue el único post que pudo publicar: razones personales hicieron que no pudiera seguir con nosotros en el proyecto, pero siempre estuvo dando ánimos cuando lo necesitamos.

Aquí fue Troya nació en Twitter, donde tres personas que no se conocían de nada decidieron que sería buena idea tener un blog donde ir sacando de la academia la profesión que elegimos, para divertirnos, para hablar de lo que nos diera la gana, desde un punto más informal, pero con un contenido serio y bien trabajado.

Poco a poco fuimos sumando colaboradores. Unos salían, otros entraban y hoy, el día de nuestro quinto cumpleaños, seguimos al pie del cañón. Bien es cierto que necesitamos más continuidad y más trabajo, pero poco a poco todo llega, y este 2016 va a ser un año muy grande para nosotros y nuestros seguidores.

Hemos publicado unos 175 artículos. De todos ellos, sin duda el que más ruido atrajo fue el de la falsa corona catalanoaragonesa. El post llegó a Menéame, uno de los mayores nidos de trolls de Internet, y nos encontramos con un interminable debate entre el autor del artículo y un cuñao random que decía que éste no tenía ni idea. “Sinceramente, si el autor hubiera sido yo” (apunta Alberto), “creo que no hubiera aguantado tanto, ni durante tanto tiempo”. Sacad palomitas si osáis leer los comentarios.

Haber nacido en una red social (y servirnos de otras) también nos ha expuesto a las hordas de la merma. Vale, conocemos la máxima internetera de don’t feed the troll, pero eso no implica permitirles campar a sus anchas. No hemos borrado ningún comentario ni lo hemos dejado de responder con argumentos y sin descalificaciones. Podríamos ponernos espléndidos y aludir a la sacrosanta responsabilidad del historiador, que jamás debe rehuir el debate historiográfico, pero es mejor ser honestos: qué hostia tienen algunos.

Polémicas, trolls y discusiones absurdas son gajes del oficio, a fin de cuentas. Sin embargo, el mayor problema es poder compaginar un proyecto totalmente altruista y gratuito con tener que comer a diario. Mantener el ritmo de publicaciones y la calidad de éstas es difícil, pero para eso contamos con una redacción que ya quisieran muchos medios, cuyos miembros (casi veinte) han sacado tiempo de donde no lo había y han arrimado el hombro sólo por amor al arte.

[Y a alguna cerveza, ojo, que se viene imponiendo un cónclave aquifuetroyesco para celebrar este inefable plan quinquenal].

Siempre nos preguntan (mentira, no lo hacen) cuál es el artículo que más nos ha gustado o del que nos sentimos más orgullosos. Personalmente no querría inclinarme por ninguno, aunque en petit comité admitamos tener nuestros favoritos. Supongo que también influye la adaptación a las condiciones particulares de Internet: la viralidad y las redes sociales nos han enseñado que no importan las horas y horas que pases documentándote, puliendo cada línea y buscando un estilo que enganche al lector. De hecho, el artículo más exitoso de todo el blog (“Diez curiosidades de Salamanca”) casi se escribió solo, mientras que otros han supuesto sangre, sudor y lágrimas. Metafóricamente. O no.

A título personal, quizás sean los artículos del Día de los Inocentes los que me hayan hecho disfrutar más. Los historiadores hemos de ceñirnos al rigor histórico y a la verdad, así que soltarse el pelo y fabular un pasado es algo beneficiosísimo. De verdad. Debería ser obligatorio en cada facultad darse estos pequeños respiros, bajarse de la torre de marfil y sumergirse en la piscina de bolas de la más absoluta de las chorradas. Que si Franco quería un imperio, que si Carrillo organizó el 23-F, que si Wert cambiaba la Historia a su antojo…

La buena acogida del blog (pequeños desvaríos incluidos) le reconcilian a uno con su oficio y, de paso, facilitan su difusión por redes sociales: a fin de cuentas, es lo que un historiador necesita, un auditorio. Despierto. Atento. Entretenido. Y que aprenda. Deberíamos aplicárnoslo todos.

Sólo nos queda dar las gracias a todos y cada uno de los que han pasado por Aquí fue Troya, desde los padres y madres fundadores, Alicia, Christian y Alberto (más Fer, acoplado casi desde el inicio) a todos los que alguna vez escribieron: Verónica, Lucía, Claudia, Marina, Noelia, Silvia, Marta Iris, Juan Antonio, Dámaso, Sergio, José Pablo, Roger y Chimo, a quienes nunca sabremos cómo agradecer todo lo que nos han ofrecido (¡y sin pedir nada a cambio!).

Pero, sobre todo, queremos daros las gracias a vosotros, a los lectores. De nada sirve estudiar la Historia si los conocimientos no se transmiten. Mil gracias por habernos acompañado estos cinco años.

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2 pensamientos en “Cinco años de Aquí fue Troya

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