Vistas desde el Puerto Perales. Foto del autor.

Diez razones para visitar Sierra de Gata

1.- Porque lo necesita más que nunca

Hace una semana, y por absurdo que pueda sonar, nos despertamos en medio de una pesadilla: un terrible incendio estaba arrasando la comarca extremeña de Sierra de Gata. Ayer se seguía intentando extinguir, algo que posiblemente se logrará en las próximas horas. Han ardido más de ocho mil hectáreas de bosque, el 6% de la comarca; pueblos como Hoyos o Acebo han visto cómo el fuego devastaba el 90% de su término municipal.
Tragedia o catástrofe son palabras que se quedan cortas. No hay nada que podamos hacer para remediar lo ocurrido, pero sí para ayudar a la comarca. La vida sigue y debe seguir. Hay un 94% de Sierra de Gata esperándoos y en este artículo pienso daros razones para visitarla, vivirla y revivirla.


2.- Su ubicación

Sierra de Gata está en el rincón noroeste de Extremadura, bien pegada a la comarca salmantina de El Rebollar y a Portugal. Es uno de esos lugares donde mejor se comprende el difuso -por lo geográfico- concepto de La Raya y por qué los contrabandistas encontraron acomodo entre sus bosques, valles y montañas. Que la zona no se reconquistara hasta inicios del siglo XIII, décadas después de la toma de Coria (1142), más al sur, quizás nos dé una idea de su aislamiento.

Vistas desde el Puerto Perales. Foto del autor.
Las espectaculares vistas desde el Puerto Perales. Foto del autor.

La comarca se ha ido desperezando de dicho aislamiento, pero aún hoy se conserva ajena a la masificación turística. No hay grandes ciudades a menos de 100 kilómetros y Madrid, a 300 kilómetros, está a unas tres horitas en coche. Si alguien quiere desconectar hay pocos sitios mejores que Sierra de Gata, sea descubriendo sus pueblos, bañándose en sus piscinas naturales o perdiéndose por sus senderos, cuya guía puedes descargar haciendo click aquí (o en este otro enlace si quieres una guía mucho más completa de la comarca).


3.- A fala

Hermana de la palra d’El Rebollal, con quien comparte origen asturleonés e influencia portuguesa, a fala sólo se habla en tres poblaciones de Sierra de Gata: San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno, recibiendo en cada uno un nombre distinto (mañegu, lagarteiru y valverdeiru, respectivamente). Varias instituciones políticas y culturales trabajan para su conservación y difusión, desde señalización bilingüe y cursos de formación del profesorado hasta la traducción del Nuevo Testamento.

Inscripción en la Ermita de la Cruz Bendita (San Martín de Trevejo). Foto del autor.
Inscripción en la Ermita de la Cruz Bendita (San Martín de Trevejo). Foto del autor.

Aún hoy resulta corriente escuchar conversaciones en a fala; no me refiero sólo a los viejos del lugar, sino a los emigrantes que retornan al pueblo o a los propios niños jugando en la calle. Quizás fue eso, sin duda, lo que más me sorprendió en mi primera visita a la comarca, allá por 1997, y lo que sigo buscando discretamente cada vez que regreso.


4.- Sus pueblos

Cinco son las localidades con título de conjunto histórico-artístico en Sierra de Gata: Trevejo, San Martín de Trevejo, Hoyos, Gata y Robledillo de Gata.
Trevejo sólo tiene una veintena de habitantes, cuyas casas de piedra aún parecen buscar la protección de su castillo en ruinas. Sus vistas son sobrecogedoras, especialmente al atardecer.

Castillo de Trevejo. Foto del autor.
Castillo de Trevejo. Foto del autor.

San Martín de Trevejo, hogar del mañegu, destaca por el ruido del agua que baja por los regatos de sus calles, con casas tradicionales que combinan piedra, adobe, cal y madera.
Hoyos es la más señorial de las poblaciones serragatinas. Durante mucho tiempo fue residencia veraniega de unos obispos de Coria y nobles varios que sabían lo que se hacían al refugiarse en ella.
Gata, vigilada por la torre de la Almenara, alterna casonas blasonadas con construcciones más pobres, desparramadas ladera abajo. Y su emblema es una gatita con lazo, que le otorga mil puntos de cuquismo.
Robledillo de Gata es el más humilde de los cinco conjuntos, la joyita más recóndita de la comarca. Sus casas de adobe, pizarra y madera recuerdan a las de Las Hurdes, al otro lado de las montañas.

Casas tradicionales en Robledillo. Foto del autor.
Casas tradicionales en Robledillo. Foto del autor.

Otros pueblos de la comarca, como Valverde del Fresno, Eljas, Acebo o Santibáñez el Alto bien merecen una visita para admirar los panoramas desde sus castillos o apreciar sus diferentes ejemplos de arquitectura tradicional. Además, un tranquilo paseo os permitirá conocer los oficios artesanos de sus gentes, como el encaje de bolillos, la cestería típica o el trabajo del cuero.


5.- Su historia

Calzadas romanas, fortalezas musulmanas, puentes medievales, castillos y conventos abandonados y/o reutilizados… Seguir el curso de la historia resulta bastante sencillo en Sierra de Gata. No quiero ponerme (aún más) pesado, así que os dejo con estos apuntes y os los vais leyendo, que mañana hay examen.

Ventana Hoyos
Ventana geminada en Hoyos. Foto del autor.

Sólo añadiré que, si sois tan fanses como servidor de las órdenes militares, debéis ir a Sierra de Gata. Si las órdenes de Alcántara, Santiago, San Juan de Malta o el Temple se buscaron la vida para asentarse en estas tierras quizás estemos ante un indicador de que sí, que Sierra de Gata mola. Os lo digo yo y os lo dicen los siglos de encomiendas que os contemplan.


6.- Su gastronomía

Podría pasarme horas comiendo pan con aceite de oliva virgen extra de Sierra de Gata. De hecho, no descarto que ahora mismo lo esté haciendo. Pocas denominaciones de origen hay más merecidas que ésta, compartida con los aceites de Las Hurdes. La producción es local, en pequeñas almazaras y cooperativas, aprovechando la variedad de manzanilla cacereña. Incluso podéis visitar en Robledillo de Gata el Molino del Medio, un museo dedicado al aceite.
El cerdo, como en el resto de Extremadura, surte de embutidos a la comarca. Sin embargo, el ganado rey es el caprino, que proporciona leche para unos quesos fantásticos y cabritos para asados o caldereta. La Sierra de Gata es, además, uno de los mejores puntos de la región para probar los diferentes tipos de setas que crecen en sus bosques, que también proporcionan una afamada miel. Añadidle unos vinos locales que poco a poco han ido ganando enteros y unos dulces artesanos como pestiños, bollos, mantecados o perrunillas que harían babear hasta al perro de Pavlov, con los años que lleva ya muerto el pobre.
Mi consejo es que no abandonéis Sierra de Gata sin comprar alguno de estos productos. No sólo lo agradecerá vuestro paladar, sino también la economía y las gentes de la comarca.


7.- Sus carreteras

La autovía más cercana a la Sierra de Gata es la Ex-A1, que acaba en Moraleja, a las puertas de la comarca. Desde ahí, la autonómica Ex-109 se lanza hacia el norte y divide el territorio, atravesado de este a oeste por la comarcal Ex-205; ambas han sido reformadas en los últimos años y, a pesar de las inevitables curvas, no resulta complicado manejarse por ellas.
El resto de carreteras son provinciales o locales y generalmente se hallan en un estado bueno o aceptable, excepto las menos transitadas, justo las que más disfrutamos quienes nos gusta conducir.

Panorámica Puerto Nuevo
Puerto Nuevo, subiendo desde Descargamaría. Foto del autor.

Mi consejo es que, sin prisa ninguna, descubráis los cinco puertos de montaña que conectan Sierra de Gata con la provincia de Salamanca: desde Descargamaría o Robledillo de Gata hay unas vistas inolvidables, igual que desde el Puerto Perales, el de San Martín o el Puerto Viejo. Pocas sensaciones me embargan más al volante que ver a Extremadura desplegándose ante mis ojos.


8.- Sus alojamientos

Son abundantes las casas rurales y los hotelitos con encanto en la Sierra de Gata. La comarca cuenta, además, con tres campings. E incluso los más atrevidos pueden optar por dormir en los árboles.
Obviamente, la oferta varía en cada población y dependiendo de la época del año. Aunque se puede visitar Sierra de Gata en cualquier estación, no es lo mismo alojarse en Trevejo en pleno verano (¡o en un puente!) que en algún pueblo menos demandado una noche de miércoles en pleno invierno. Vosotros sabréis, ya sois mayorcitos.

Hospedería Sierra de Gata
Hospedería Conventual Sierra de Gata. Foto cortesía de Hospederías de Extremadura.

Mi última experiencia, que recomiendo bastante a lo bestia, fue alojarme en mayo junto a mi señora (que es una santa) en la Hospedería Conventual Sierra de Gata. El hotel está a las afueras de San Martín de Trevejo, en un antiguo convento del siglo XV cuya restauración -y eso que suelo ser crítico con algunas de ellas- es digna de elogio. Promoción mediante, por 100€ disfrutamos de media pensión (aún lloro recordando la cena) y una horita de relajante spa; es más, tengo la sensación de que gracias a mi indisimulado peloteo se marcaron el detallazo de regalarnos una habitación mayor de lo esperado, así como una botella de cava y frutas.
Por cierto, nadie me ha pagado un duro por escribir lo anterior, pero a mí me enseñaron que es de bien nacidos ser agradecidos.


9.- Su naturaleza

Montañas que rondan los 1.500 metros, bosques que cambian de color durante el año, piscinas naturales, paisajes que te hacen enmudecer, el canto de los pájaros, la pesca en sus riachuelos, la paz de sus caminos: en pocos lugares de Extremadura es tan estrecha la relación entre hombre y naturaleza.

Lápida en Trevejo
Naturaleza e historia en Trevejo. Foto del autor.

No es necesario patearse treinta kilómetros para disfrutar de su naturaleza. Basta con bajarse del coche en cualquier mirador y respirar aire puro, o con abandonar un pueblo siguiendo los caminos de sus huertas, o con seguir el curso de un arroyo, monte arriba o monte abajo.


10.- Por vosotros mismos

Sed egoístas. En serio. Es una razón igual de válida. Todos nos merecemos un caprichito, encontrar un sitio donde relajarnos o pegarnos un banquete antológico que haga temblar -sin remordimiento alguno- la operación bikini.
Sea cual sea vuestro motivo, hacedme caso e id a la Sierra de Gata. Y ya que estáis, compartid vuestra experiencia con nosotros: es por una buenísima causa.

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