Epaminondas and Pelopidas at Battle of Mantineia

Una noche para reconquistar Tebas

Atenas y Esparta fueron las dos grandes protagonistas de la Grecia clásica. Polis que marcaron el paso durante siglos; dos modelos opuestos que acabaron colisionando en la Guerra del Peloponeso. Pero este conflicto las debilitó profundamente, incluso a Esparta, su ganadora, dibujando un incierto panorama que otra ciudad, hasta el momento siempre a la sombra aprovechó para convertirse, durante apenas una década, en la potencia hegemónica: Tebas.

El cómo se desencadenó todo supone un episodio que cuenta con los ingredientes de una gran historia: conspiraciones, muertes heroicas, traiciones, espías y alcohol. Pese a haber estado en el bando ganador durante la Guerra del Peloponeso, Tebas quedó en una situación precaria tras el conflicto. Esparta coartó sus instituciones y colocó un gobierno títere que intentó reprimir cualquier tipo de contestación. No fue efectivo en esta labor y eso acabó costándole serios disgustos.

Un grupo de hombres influyentes consiguió escapar de esa Tebas ocupada para refugiarse en la antes enemiga Atenas. Espías espartanos intentaron acabar con ellos pero siempre fracasaron. La misión de aquellos refugiados tebanos era nada menos que preparar el camino para recuperar su ciudad.

La pareja de moda

Entre ellos se encontraba Pelópidas, un aristócrata guerrero, a la antigua usanza, curtido en varias batallas durante la Guerra del Peloponeso. Rico y generoso. Hombre influyente que los espartanos intentaron sin éxito eliminar. Dirigía a esos rebeldes que escaparon de su ciudad en busca de tiempo y apoyo ateniense. En Tebas habían quedado unos cuantos aliados con los que mantenían el contacto secreto burlando la torpe seguridad espartana.

Epaminondas era uno de ellos. Otro peculiar personaje, culto y austero, amigo y compañero de batalla de Pelópidas. Dos brillantes estrategas que acabarían llevando a Tebas al momento más glorioso de su historia. Y dos curiosas personalidades. Como les define el historiador Michael Scott, “el filósofo vegetariano y el filántropo culturista”.

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Pelópidas y compañía disfrazados de campesinos, camino a Tebas (William Rainey)

En el invierno del año 379 a.C., ocultados por la oscuridad de la noche, doce campesinos salían de Atenas en dirección a Tebas. Se separaron momentáneamente para entrar por cada una de las célebres siete puertas de su muralla y después encontrarse en casa de un tal Carón. Allí volvían a reunirse con sus antiguos amigos. Aquellos campesinos eran en realidad Pelópidas y los suyos. La operación para reconquistar Tebas estaba en marcha.

Cuatro eran los líderes espartanos que debían ser eliminados. Dos de ellos, entre los que estaba el gobernador Arquias, cayeron en la clásica trampa de alcohol y mujeres. Uno de los conspiradores les había organizado un conveniente banquete en el que los excesos con la bebida les convirtieron en un blanco fácil. Pese a ello el plan estuvo a punto de fracasar. Un mensajero irrumpió en la escena con una carta en el que se detallaba toda la conspiración, incluso el nombre de los que les estaban traicionando, como aquel que organizaba el banquete. Pero para qué estropear la fiesta, debió de pensar Arquias, que despachó al mensajero con un “los asuntos serios para mañana”.

Los espartanos perdieron la oportunidad de salvarse. Justo después, la mitad de los hombres que se habían reunido en la casa de Carón entraron al banquete vestidos de mujeres. Se les daba bien eso de disfrazarse. Los dos líderes espartanos fueron asesinados sin contemplaciones.

Pero todavía quedaban otro par de objetivos. El resto de conspiradores realizó una violenta visita a sus casas. Uno de los espartanos trato de esconderse con escaso éxito, mientras que el otro tuvo una muerte mucho más honrosa que el resto de sus compañeros, plantando cara y llevándose a varios tebanos por delante hasta que el mismísimo Pelópidas acabó con él.

Camino a la gloria

El plan había funcionado. Los cuatro líderes fueron borrados de Tebas, pero aún quedaba en la ciudad la guarnición enemiga y se temía la llegada de refuerzos desde Esparta. Debían actuar rápido. Pelópidas y Epaminondas tomaron el mando en la asamblea de la mañana siguiente, repartiendo armas entre los ciudadanos de Tebas y liberando a los presos políticos. Dos días después, la guarnición espartana, obligada a rendirse, dejaba la ciudad.

Epaminondas and Pelopidas at Battle of Mantineia
Epaminondas cubre a un herido Pelópidas en la batalla de Mantinea

Tebas había sido reconquistada, recuperaba su independencia y preparaba el camino hasta lograr su máxima influencia sobre toda Grecia, alcanzada pocos años después en la batalla de Leuctra (371 a.C.). Allí, Pelópidas y Epaminondas castigaron a Esparta con su más humillante derrota, recordando la noche en la que recuperaron su ciudad.

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