Atentado Carrero Blanco

Violencia política en La Transición (I): Los nacionalismos periféricos.

La Transición Española, mitificada por unos y denostada por otros, está marcada por un buen número de hitos y días que se recuerdan sin dificultad: el 20-N, el 6 de diciembre, el 23-F, etc., pero si pudiéramos hacer un salto en el tiempo y nos trasladáramos al Madrid, Bilbao o Barcelona de la época, nos daríamos cuenta de que lo que probablemente más nos llamaría la atención por contraste con nuestra situación actual, es el grado de violencia y crispación política existente en el país. La década de los setenta supone para el sistema social y político español que se había labrado desde los años treinta una crisis en todos los sentidos. La muerte de Carrero Blanco, la apertura realizada por los tecnócratas, la enfermedad y posterior muerte de Franco, la Revolución de los Claveles en Portugal y la llegada de ministros con clara vocación reformista al gobierno sembraban de incertidumbre un panorama en el que diferentes corrientes y fuerzas buscaban reubicarse.

Durante ese decenio nos encontramos a unos partidos de izquierda que buscaban un cambio de régimen; unos nacionalismos que resurgen tras cuarenta años de silenciamiento forzoso y; además unas derechas que se debaten entre la reforma, la manutención de ciertos privilegios y un grupo de nostálgicos de “los verdaderos valores del nacional-catolicismo”.

La complejidad de un fenómeno como la violencia política en La Transición obliga a dividirlo en varias partes o entregas, ya que quizás abordarlo todo en un solo artículo podría hacer que se quedaran ideas clave en el tintero. Se Dividirá el tema en violencia inflingida por grupos de la izquierda, violencia por parte del estado y la derecha y, por último, la que quizás sea más conocido y, por ello la primera a tratar: la violencia de los nacionalismos periféricos.

En este caso, y a pesar de que hay comunidades o regiones que experimentan la actuación de algunos grupos aislados y poco representativos por su beligerancia, como puede ser Galicia y, posteriormente Asturias (Andecha Obrera), Andalucía (Grupos Armados 28 de febrero) o León (Tierra Lleunesa), la actividad armada de este tipo de grupos se articula en tres ejes principales: Cataluña, las Islas Canarias y, sobre todo, el eje vasco-navarro.

Visca la Terra! Independència o mort! Visca la lluita armada! Una sola nació, Països Catalans!

El caso catalán es un tanto extraño, ya que su movimiento terrorista organizado no cristaliza hasta el cambio de década y la entrada de los ochenta con el auge de los llamados Terra Lliure (Tierra Libre). Terra Lliure fue una organización terrorista de ideología independentista catalana e izquierdista que operó en España y Francia hasta el año 91. Durante su periodo de actividad cometió más de 200 atentados, entre ellos el secuestro y atentado contra el afamado periodista Jiménez Losantos e Isabel Izquierdo.

Terra Lliure
Pancarta en favor del grupo armado Terra Lliure

Aunque la cristalización de un grupo consolidado como organización como Terra Lliure fue bastante tardía, Cataluña había sufrido durante la década de los setenta las expresiones del terrorismo independentista a través de grupos menos organizados, pero que se sirvieron de las armas para conseguir sus objetivos políticos, entre los mismos destacan el PSAN (Partit Socialista d’Alliberament Nacional dels Països Catalans), el Front d’Alliberament de Catalunya y, sobre todo EPOCA (Exèrcit Popular Català), que realizó atentados sanguinarios y notorios como los perpetrados contra el industrial Jose María Bultó o contra Joaquín Viola (ex alcalde de Barcelona) y su esposa, a los que quitó la vida a través de bombas adosadas a sus cuerpos.

Algunos de los militantes de los movimientos anteriormente mencionados, los que no acabaron en prisión, pasaron a formar parte de Terra Lliure en los ochenta. Si bien es cierto que la beligerancia de Terra Lliura, si se compara con otros grupos de la época, no fue excesivamente alta, su manejo del entorno social obrero era notorio y gozaba de ciertas simpatías, quizás hubiera correlación entre ambos hechos, ya que su decadencia final la marcó un atentado fallido en el año 87 contra el juzgado de Borjas Blancas en Lleida, que le costó la vida a una de las vecinas del edificio.

Si bien la organización siguió viva unos años más, estos años fueron testimoniales y de travesía por el desierto hasta que en 1991 muchos de sus integrantes ingresaron en Esquerra Republicana de Catalunya, no sin antes renunciar expresamente a la vía de las armas.

“¡Fuera los godos, godos colonialistas, larguénse de aquí, queremos la independencia!”

Así rezaban las consignas que desde Radio Argel lanzaba el abogado laboralista Antonio Cubillo, líder del Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario, más conocido como el MPAIAC. Estas soflamas eran lanzadas en los años setenta, más concretamente en el año 1976 y resonaban en los transistores de las Islas pero, ¿qué era realmente el MPAIAC?

El MPAIAC es un movimiento independentista canario de izquierdas que se entronca directamente con el pensamiento tercermundista tan en boga en plena descolonización, así como con los movimientos de liberación nacional africanos. Desde un punto de vista interno, se puede analizar desde dos planos, uno operacional y otro que se puede llamar “diplomático”.

En el plano operacional el MPAIAC, o mejor dicho, las Fuerzas Armadas Guanches (FAG) y los Destacamentos Armados Canarios (DAC), sus brazos armados, se encontraban en un nivel de organización bastante precario. Si se tuviera que definir el nivel organizativo del grupo en una palabra este podría calificarse de espontáneo, tanto es así que generó algunas actuaciones dignas de la mejor comedia surrealista. Las acciones que se realizaban estaban escasamente planificadas y una vez llevadas a cabo eran transmitidas a Cubillo que las vendía desde Argelia como victorias de la causa.

El otro plano es el diplomático, el cual fue magistralmente llevado a cabo por Cubillo. Se puede afirmar que las actuaciones de despacho del lagunero le costaron más de un quebradero de cabeza (y un buen desembolso de dinero) al gobierno español, ya que Cubillo se granjeó grandes amistades y aliados dentro de los nuevos países africanos, principalmente con la Argelia de Houari Boumédiènne. Tanto es así que la Organización para la Unidad Africana declaró en junio de 1978 la africanidad de Canarias y la necesidad de un proceso de descolonización, el siguiente paso eran las Naciones Unidas, pero el dinero español enviado a los países africanos pudo frenar el proceso. Nunca una comunidad autónoma española en democracia ha estado tan cerca de la secesión.

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Guardia Civil contempla el amasijo de hierros en el que quedaron los aviones tras la Catástrofe del Aeropuerto Tenerife Norte

Culpabilizar al MPAIAC del trágico accidente del Aeropuerto de Los Rodeos es hilar demasiado fino, así que el único fallecido achacable a las acciones del grupo fue un agente de la Guardia Civil. A pesar de ello, tras la Catástrofe de Los Rodeos el movimiento perdió toda su fuerza. El escaso número de víctimas mortales fue así porque Cubillo (según dicen bajo recomendación del Ché Guevara) prefirió la guerra económica antes que un conflicto sangriento, pero también pudo influir que la inteligencia española tuviera infiltrados en los suministradores de explosivos a las células. Lo que resulta curioso es como un grupo tan desorganizado y sin excesivo apoyo activo consiguió tanta notoriedad. La clave fue la habilidad diplomática de Cubillo, el sentimiento anti-godo existente en las Canarias de la época y que posteriormente se canalizó por otras vías, pero sobre todo la realidad internacional: la Guerra Fría y los movimientos de descolonización posibilitaron que el grupo alcanzara una importancia que el propio Julen Madariaga envidiaba para ETA.

 

Bietan Jarrai

Pero si algún grupo armado personifica la violencia nacionalista dentro de España ese es ETA (Euskadi Ta Askatasuna). Nacido de una escisión del Partido Nacionalista Vasco en plena Dictadura Franquista, ETA surge como llamado a la lucha armada contra el invasor español para la liberación nacional de todos los territorios españoles y franceses de Euskal Herria (Vizcaya, Guipuzcoa, Álava, Treviño, Navarra, Sola, Lapurdi y Baja Navarra).

ETA
Tres encapuchados de ETA hablan con la insignia de la banda al fondo.

Además de independentista, ETA gira paulatinamente en sus inicios hacia la izquierda y el obrerismo, enfrentándose cada vez más a divisiones internas y abandonando el catolicismo tradicional del nacionalismo vasco e intercambiándolo por la defensa de la confesionalidad de un futuro estado vasco. Además de ello, se identificaba el euskera, la lengua, como el elemento definidor de la identidad nacional vasca, superando así el discurso racial de Sabino Arana.

ETA comenzó la lucha armada a mediados de los sesenta con acciones tímidas que fueron en aumento a medida que recibían el apoyo y/o la complacencia de un porcentaje notable de la población vasca y no vasca. La culminación de esa escalada violenta llega el 20 de diciembre de 1973 cuando asesinan por medio de una bomba al hombre fuerte del Franquismo, el almirante Luis Carrero Blanco (junto a su escolta y su chófer) a la altura del 104 de la calle Claudio Coello, en Madrid.

A pesar de que la banda terrorista ya había realizado atentados con víctimas mortales con anterioridad y había experimentado la sensación de ser el foco de las miradas, sobre todo tras el llamado Proceso de Burgos, ETA había realizado una declaración de intenciones fuerte: había llegado para quedarse.

Muertes de ETA al año
Muertes provocadas por ETA al año (1975-1982)

El fin de la Dictadura y la llegada de la Democracia con la Constitución y el Estatuto de Autonomía vasco debajo del brazo, lejos de calmar las ansias de sangre existentes en la banda terrorista, generaron divisiones y un ambiente de crispación que se materializaron en un aumento de la belicosidad del grupo, al mismo tiempo que este se dividía en militaristas, ETA militar que seguirían con la lucha hasta hoy; y obreristas, ETA político-militar que se disolvería a inicios de los ochenta (aquí hay más información sobre los polimilis y también un poquito de autobombo).

Finalmente y tras muchos años de actividad, el 20 de octubre de 2011, la banda terrorista ETA declaraba anunció el cese definitivo de la actividad armada. Tras este anuncio quedaban detrás más de 800 vidas segadas entre las que se encuentran políticos, militares o miembros de cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, pero también taxistas, obreros o empresarios. Todo ello fue posible por la querencia de unos individuos que tenían unos objetivos vitales que estaban por encima del juego democrático y del respeto a las libertades más básicas, entre ellas la vida, pero también y sobre todo fue tan duradero en el tiempo porque, en el fondo, una parte considerable del electorado permitía o asentía este tipo de actividades. No se debe olvidar que el brazo político de ETA, Herri Batasuna en sus múltiples marcas ha dominado una parte notable de la escena política del lugar y la “cantera terrorista” durante los primeros años de la Democracia fue prolífica. Sólo el hartazgo de la sociedad vasca, la renovación generacional y la labor de lucha y de diálogo valiente de muchos políticos (ahora que está de moda atizarles) y otros agentes sociales del lugar, tanto nacionalistas como no nacionalistas o de posiciones intermedias, ha posibilitado la consecución de una situación de paz en Euskal Herria.

Este es un pequeño artículo resumen y probablemente queden muchos detalles fuera que matizan el discurso general del porqué del surgimiento de este tipo de manifestaciones. Algunos por economía, otros como los abusos perpetrados desde el estado y de ideologías contrarias que azuzaban los conflictos, o el déficit de libertades que supuso la Dictadura porque serán más tarde analizados en otra entrega, pero ello no es óbice para desear lo humanamente razonable: la paz y la concordia. Como dijo el periodista Iñaki Gabilondo en La Pelota Vasca: “Cuando una sociedad acepta que puesto que hay unos problemas políticos, que yo creo que hay, eso justifica la existencia de la violencia, no se puede dar este salto sin pasar antes por un auténtico naufragio moral”.

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