Monseñor-Romero

La Iglesia Católica y la izquierda, una relación (no tan) extraña

El imaginario colectivo es curioso, en muchas ocasiones se impregna de arquetipos o tópicos basados en extender un pensamiento mayoritario a la totalidad del cuerpo que compone la institución, colectivo o tendencia en cuestión y ello genera una pasión bien extendida como es el frikismo, entendido el concepto friki como el diferente, el rompedor e, incluso en una devaluación del término, el revolucionario. Se puede aplicar esta descripción a la nueva estrella mediática de la Iglesia en España, la monja dominica Sor Lucía Caram. “Azote de los políticos” o “monja revolucionaria” son algunos de los apelativos que le otorgan los medios que dan cobijo y difusión a sus prédicas. Con un discurso populista (aquí está medianamente bien definido lo que es y ella lo conoce muy bien porque su país de origen es una potencia exportadora tradicional) de izquierdas ha despertado el apetito de las audiencias por ese rara avis que la consumen (porque la televisión también es consumo) con fruición mientras le asalta la sorpresa de cómo es posible que exista esa monja de izquierdas.

Más allá de aquel “Jesucristo, el primer comunista” que cantaba Sabina y fuera de todas las burlas y chanzas que se le pueden hacer a las reinterpretaciones cristianas de mueble bar y New Age a las que me apuntaría gustosamente, me veo obligado a romperos la magia con vuestro mito: la iglesia y la izquierda no son inherentemente antagonistas.

Con ello no quiero decir que gran parte de la jerarquía católica mundial levante el puño y cante la Internacional a escondidas, ni siquiera una porción mayoritaria de ella, ni que los partidos democristianos o socialcristianos, como a algunos gustan llamarse, sean de izquierdas ni mucho menos (aunque a muchos les gusta más el gasto público que a un tonto un lápiz), pero sí que la tradicional equiparación Iglesia-derecha conservadora tiene muchos matices.
Sin ir más lejos, en España se cuenta con una larga tradición de relaciones Iglesia-izquierda y no todas tienen por medio la quema de algún convento. Sin ir más lejos está el caso de los sacerdotes obreros o “curas rojos” que fueron represaliados durante la Guerra Civil o, más recientemente, la influencia del clero vasco en la formación de E.T.A., de las llamadas Hermandades Obreras de Acción Católica en un sindicato tan importante como es Comisiones Obreras o de las luchas y huelgas de los católicos de base contra el franquismo durante los últimos años de la Dictadura, así como en la conformación de partidos comunistas a la izquierda del PCE durante la Transición a la democracia.CurasRojos
Pero si hay un lugar donde la jerarquía eclesiástica y la izquierda se dieron la mano fue en la América Latina del siglo XX. La llamada Teología de la Liberación sacudió las conciencias y actitudes de una parte (no de toda, por supuesto) de la Iglesia católica en la región.

Hija del Concilio Vaticano II y su redefinición de la doctrina católica, así como de una interpretación del marxismo un tanto peculiar, la Teología se hizo mayor de edad en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizado en Medellín del 26 de agosto al 7 de septiembre de 1968, cuando se reflejan en los documentos resultantes las pulsiones que ya latían en la Iglesia latinoamericana de los sesenta.
De la Teología de la Liberación se recuerdan los grandes nombres: Jon Sobrino, Ignacio Ellacuría, Leonardo Boff, Paulo Freire, Enrique Dussel, etc., pero la Teología de la Liberación fue más una teoría de la acción que un movimiento intelectual. Un elemento fundamental para el desarrollo del nuevo paradigma eclesial latinoamericano son las llamadas Comunidades Eclesiales de Base, a través de las cuales se explicita el dinamismo de la Iglesia de los pobres. Dichas comunidades surgieron a principios de los sesenta y se extendieron por toda la Iglesia latinoamericana. Para definir de manera general lo que son las CEB tomaremos la definición que da Daniel Camacho, “podríamos decir que están constituidas por gentes del pueblo, es decir por aquellos privados del tener, del poder y del saber. Ahora bien, si desmembramos el concepto sería así: es una comunidad (entendida como una totalidad de las dimensiones de la vida humana) porque participan personas de todas las edades, oficios, sexos; es eclesial porque su razón de ser está en la Iglesia misma y son de base porque sus integrantes pertenecen a los sectores más pobres del campo y de la ciudad. Esas características le dan su gran potencialidad porque, siendo de la base, se ocupan de la totalidad de la vida humana la espiritual y la terrenal, y en ambas llegan a plantearse la explicación de sus problemas con la mayor radicalidad”.
A pesar de que las comunidades eclesiales de base se expandieron por todos los países latinoamericanos, su naturaleza no fue igual en todas partes, y dar una definición sobre ellas siempre va a depender de su propio contexto y realidad. Y, ligado a ello, sus expresiones fueron diferentes e incluso contradictorias. En Colombia, por ejemplo Camilo Torres Restrepo se alistó en la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, mientras que por el contrario Monseñor Óscar Romero fue asesinado en 1980 por promover la paz para su país y para la región. Dicho de otra forma, había muchas maneras de “estar con los pobres” y no todas igual de pacíficas.

Como ya se mencionó anteriormente, la Teología de la Liberación fue un movimiento más práctico que teórico, y tan efervescente como efímero. En apenas unos quinquenios pasó de ser la mayor sacudida social de la región a quedarse un movimiento residual dentro de la jerarquía católica y algunos partidos. La inestabilidad interna, la persecución y el proceso de silenciamiento que ejercieron las dictaduras del Cono Sur sobre sus principales portavoces y, sobre todo, la obsesión del papa Wojtyla (Juan Pablo II) por todo aquello que tuviera cierto aroma al comunismo que había sufrido en su Polonia natal, acabaron con un movimiento que, en cierta medida, buscaba principalmente un reacercamiento de la Iglesia católica a los pobres y necesitados.

Juan Pablo II reprende al poeta, teólogo y Ministro de Cultura sandinista, Enrique Cardenal.
Juan Pablo II reprende al poeta, teólogo y Ministro de Cultura sandinista, Enrique Cardenal en una visita a Nicaragua (1983).

A pesar de su fracaso, sería absurdo negar la influencia de la Teología de la Liberación en algunos movimientos de izquierda latinoamericana actuales, así como también lo sería negarlo en otros partidos y movimientos izquierdistas, pero aún así, el ciudadano español sigue haciendo esa equiparación automática de Iglesia es igual a derecha (cuando no a facha) y nos descoloca un hecho que rompe nuestros arquetipos mentales como pueda ser el caso de Sor Lucía Caram. Ello puede ser debido a varios factores: los posicionamientos de la Conferencia Episcopal durante los últimos años, la influencia de los cuarenta años de Dictadura Franquista con tintes nacional-católicos o el simple morbo mediático o, quien sabe si una mezcla de todos ellos, o es simplemente la sensación de que alguien que tiene todas las características opuestas a nuestro Zoon Politikon puede compartir nuestros argumentos políticos, simplistas, pero propios al fin y al cabo.
En fin, cosas de la posmodernidad…

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2 pensamientos en “La Iglesia Católica y la izquierda, una relación (no tan) extraña”

  1. Da gusto leer lo que se recoge en él. Gran análisis de los prejuicios que solemos tener haciendo generalidades y en este caso concreto vinculando siempre el contexto histórico cercano (el español vinculado al franquismo) al resto del mundo , como si en todas partes se dieran las mismas condiciones históricas y culturales. Sin duda hace reflexionar al respecto, gracias por este gran artículo.

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