Conquista de Capilla

Fernando III, S03E00

Los productores estaban preocupados. El guionista, directamente, no levantaba cabeza. Pese a la buena acogida de la primera y la segunda temporadas, la audiencia de la serie Fernando III no acababa de despegar. Quizás fuera la desigual competencia en la programación contra la Champions o quizás la falta de sexo guarrete y violencia; sea como fuere, la cadena aparcó el proyecto de la tercera temporada de manera indefinida.

No obstante, la presión desmedida de los fans, conocidos en el mundillo televisivo como fernanders, obligó a replantear la cuestión. Si Veronica Mars pudo resurgir -¡y cómo!- de las cenizas, también podría hacerlo Fernando III (la serie, no el rey, que de cenizas nada, que es una momia que aún recibe visitas porque estará muerta pero aún tiene una educación).

Momia de Fernando III
“Ay, gracias por venir a verme. ¿Os hacen unas pastitas?” (fuente: Wikipedia).

Cierto, todo esto es muy absurdo, pero más absurdo fue pretender que Fernando III iba a ser rodada y mira, coló. Así que dejémonos de rodeos, que esto no es Texas, y centrémonos de una vez por todas en la…


Tercera temporada:

En resumidas cuentas, la tercera temporada de Fernando III va de 1218 a 1230. Amor, humor, fe cristiana de la gorda y ganas de matar a la madre.

Recordemos que en la primera temporada la trama giraba en torno a cómo un nene declarado ilegítimo por el Vaticano y odiado por media península reclamaba el trono de Castilla incluso con la oposición militar de su padre, Alfonso IX de León. Por su parte, la segunda temporada discurría entre la coronación de Fernando III y la firma de la paz paternofilial pese a las intrigas de los Lara, los cabrones con pintas de la época.

Esta paz familiar no sólo conllevaría unas cenas de Navidad sin estallidos de odio, sino también una etapa de expansión territorial a costa de los musulmanes. Lo que viene siendo abrirse camino a hostias, vaya, que en al-Andalus estaban hechos unos zorros desde Las Navas de Tolosa. Así pues, Alfonso IX se lanzó a por (su mitad de) una Extremadura sumida en el descontrol andalusí, que menudo era él para aprovecharse de quienes las pasaban putas.

Con su padre ocupado en otros menesteres, Fernando III buscó pacificar Castilla para que dejaran de hincharle las gónadas. Entre 1218 y 1224 mantiene una tregua con los musulmanes mientras procura librarse del yugo materno (Berenguela era mucha Berenguela), calmar a los nobles y vivir algo medianamente parecido a una historia de amor, que todos sabemos que pocas cosas son más de pacificar un reino que casarse para entretener a la plebe y asegurarse la sucesión.

La elegida fue una chiquita con pedigrí: hija de Felipe, duque de Suabia, Rey de Romanos y de los Alemanes, sobrina del emperador Enrique VI, prima del emperador Federico II y nieta de los emperadores Federico I Barbarroja e Isaac II de Bizancio. La moza se llamaba Isabel de Suabia, pero al casarse en 1219 con Fernando III en la catedral de Burgos se cambió el nombre a Beatriz vayan ustedes a saber por qué. Cosas del rebranding, del marketing y de los haters de las Isabeles.

Fernando III y Beatriz de Suabia
“Hola, cordera. ¿Vienes mucho por aquí?” (Fernando y Beatriz en la catedral de Burgos. Fuente: Wikipedia).

El caso es que Beatriz, cumpliendo labores de real coneja, ya había parido a dos de sus diez hijos -el futuro Alfonso X (1221) y su hermano Fadrique (1223)- cuando a Fernando III le dio el telele místico. En efecto: en 1224 nuestro protagonista sufre una epifanía a lo Guardiola y ante su mama y la Corte dice que se acabaron las tonterías y que a la guerra todos, hombre, que ya está bien de folgar en cualquiera de sus dos acepciones. La Crónica Latina de los Reyes de Castilla lo expone de forma más trascendental:

“He aquí que por Dios omnipotente se revela un tiempo en el que a no ser que como pusilánime y desidioso quiera disimular, puedo servir contra los enemigos de la fe cristiana al Señor Jesucristo […] La puerta está abierta y el camino expedito [¡jajaja, ha dicho “pedito”!]. Ruego, clementísima madre, de la que, después de Dios, tengo todo lo que poseo, que os agrade que declare la guerra”.

A Berenguela le hubiese agradado más un cuadro hecho con macarrones, la verdad. Que una madre es una madre, que en el sur se pasan unos calores del morirse y que si le matan al chiquillo le arruinaban su última genialidad táctica, digna de un flashback comunal.

Berenguela no sólo había concertado la boda de Fernando con Beatriz, sino otra aún más importante, históricamente hablando. Ese mismo 1224 el rey de Jerusalén, Juan de Brienne, peregrinaba a Compostela cuando Alfonso IX le ofreció como esposa a Sancha o Dulce, hijas de su primer matrimonio; la maniobra suponía cederle a Juan de Brienne los derechos del trono leonés en detrimento de Fernando III, el único hijo varón que le quedaba a Alfonso IX. Sin embargo, Berenguela enreda a Juan para casarlo con otra hija de Alfonso IX… y de sí misma, también llamada Berenguela. Y Juan de Brienne flipándolo, claro, que él sólo quería hacer el camino en paz y ahora se vuelve de la península con una futura emperatriz de Constantinopla.

Superada la crisis política y con su madre regentando lo que no está en los libros, Fernando III va a lo suyo y se marca el “1225-1227 Jaén Tour” conquistando Martos, Úbeda y Baeza, así como otras plazas menores. Entre medias le da para iniciar la reconquista de la Extremadura castellana con la toma de Capilla en 1226. Un frenesí cruzado que apenas aparcaría durante los siguientes veinticinco años.

Conquista de Capilla
Conquista de Capilla, interpretación libre (foto del autor).

A todo esto, no podía faltar una guest star como en toda buena serie. Para interpretar a Rodrigo Jiménez de Rada, cronista, guerrero y arzobispo de Toledo en sus ratos libres, sería ideal (aunque algo más carca) Jiménez Losantos. Lo cierto es que Jiménez de Rada por entonces andaba obcecado en dos asuntos: el primero era aumentar los dominios toledanos -el topónimo “Montes de Toledo” surge a raíz de su expansión- y el segundo era dotar a Toledo de una catedral acorde a su categoría, puesto que la antigua, pequeña y oscura mezquita mayor era la que hacía las funciones catedralicias (que qué era eso de que la catedral primada fuese una mezquita que olía a cuco, hombre, majestad, que vale que dejásemos pasar el románico, pero o nos montamos una catedral gótica como Dios manda o va a luchar contra el agareno su puta madre. La del agareno, no la suya, majestad, con lo que queremos a Berenguela en Toledo, póngame a sus pies).

Con la cabeza loca, Fernando III le dijo a Jiménez de Rada que bueno, que construyera una catedral pero que le esperase para poner la primera piedra. Cuatro meses esperando le tuvo el rey al arzobispo, cuatro. Lo normal cuando Fernando III prefería estar combatiendo en el sur que soportando los tejemanejes de ese animal político llamado Berenguela.

Eso sí, en 1230 bien que Fernando III se escondió bajo las faldas maternas cuando tocó pleitear por León. Pero eso es parte de la próxima temporada, llena de movidas muy gordas de ésas que salen en los libros y tal.

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2 pensamientos en “Fernando III, S03E00”

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