Museo Militar, Lisboa

A la conquista de Lisboa

Mañana se juega en Lisboa la final de la Liga de Campeones (Champions League para quienes nos lean desde Wichita) que enfrentará, por vez primera, a dos equipos de la misma ciudad: Real Madrid contra Atlético de Madrid. Este hecho, ya de por sí histórico, justificaría que hablásemos de fútbol en Aquí fue Troya, pero hemos querido ir más allá y dar unos consejitos a las decenas de miles de aficionados que se desplacen a la capital portuguesa. No hablamos de qué ver, qué comer o qué comprar. Hablamos de cómo conquistar Lisboa.

Panorámica de Lisboa desde el elevador de Santa Justa.
Lisboa desde el elevador de Santa Justa (foto del autor y click para ampliar, que mola).

Admitámoslo ya. Nunca, nunca, NUNCA lo va a tener nadie más fácil para conquistar Lisboa, una ciudad que, por otra parte, es bastante difícil de tomar. Más nos vale aprovechar una oportunidad única. Que alguien resucite al inútil de Felipe IV y le dé papel y pluma para tomar apuntes antes de que Juan IV nos la vuelva a liar guapamente.

Antecedentes:

Reza el fadoLisboa, velha cidade, cheia de encanto e beleza” y no miente. Lisboa es una urbe casi trimilenaria, en buena parte debido a su privilegiada situación en la desembocadura del Tajo. Sus colinas han supuesto desde el Neolítico una protección inmejorable para sus habitantes. Todavía hoy hay quien resopla y se caga en tus putos muertos en fila india cuando desde el río contempla el castillo y escucha un “pues debemos subir hasta allí a patita”. Imaginaos la escena si sois invasores y cargáis con toda la impedimenta: más resoplidos y más defecaciones en árboles genealógicos ajenos.

Escatología al margen, nos centraremos en tres ejemplos que ilustran tanto el éxito como el fracaso en la lucha por Lisboa. En primer lugar, el asedio portugués de 1147; en segundo, el sitio castellano de 1384; por último, la expedición española de 1580.

De al-Ushbuna, la Lisboa musulmana, dijo el geógrafo Ibn Said que era tan bella como una novia en su alcoba. Con semejante descripción es lógico que Alfonso I de Portugal se pusiera cachondón y se encaprichara de ella. Sin Fantas que pagar, la táctica alfonsina fue reclutar a los cruzados que pasaban por allí de camino a Tierra Santa; en julio de 1147, las tropas de Alfonso I y los cruzados iniciaron el cerco de Lisboa. Tras tomar los arrabales ubicados en la actual Baixa, los musulmanes se encerraron intramuros en la colina de Alfama, coronada por su imponente castillo. Sin embargo, las tácticas y máquinas de asedio cristianas, unidas al hambre entre los sitiados, acabaron con la rendición islámica a finales de octubre.

Alfonso I asalta Lisboa en los azulejos de Santa Luzia (foto del autor).
Alfonso I asalta Lisboa en los azulejos de Santa Luzia (foto del autor).

Doscientos y pico años después, Lisboa volvió a ser amenazada, en este caso por los castellanos. El motivo fue una crisis dinástica: muerto Fernando I (1367-1383) sin hijo varón, tendría que sucederle su única hija, Beatriz, casada con Juan I de Castilla. La mayor parte de la nobleza portuguesa dijo que mierda pa tu boca no y le ofreció el trono a otro Juan, maestre de Avís y hermano bastardo de Fernando I. El rey castellano marchó sobre Lisboa para coronarse, pero la ciudad ya había tomado partido por Juan de Avís. El asedio castellano comenzó en mayo de 1384, bloqueando la ciudad por mar y tierra; cuando todo apuntaba a victoria castellana -1’25 a 1 en bwin-, la peste obligó a Juan I a levantar el cerco en septiembre. Este hecho y la victoria lusa en Aljubarrota (1385) alejaron a los castellanos y ratificaron la independencia portuguesa bajo el recién proclamado Juan I (1385-1433).

A Lisboa nadie le tosió hasta 1580. En medio de otra crisis dinástica (buy cheap Viagra online y otro gallo de Barcelos hubiese cantado), Felipe II reclamó la corona lusa por ser sobrino del rey portugués Enrique I, fallecido sin descendencia. Tras la Batalla de Alcântara, vencida por el Duque de Alba al Prior de Crato, aspirante al trono, las tropas hispanas entraron en Lisboa sin resistencia alguna. Meses después, en 1581, Felipe II recibiría el título de rey de Portugal y un lote conmemorativo de toallas.

Cómo conquistar Lisboa:

Los párrafos anteriores nos permiten extraer dos lecciones básicas para cumplir nuestro objetivo. La primera es juntar mucha gente, mientras más mejor, para arrinconar a los lisboetas; se calcula que entre 70.000 y 100.000 españoles irán a Lisboa, por lo que no hará falta convocar una nueva cruzada. Por otra parte, si se hace con rapidez podremos evitar los brotes de peste; sea como fuere, no olvidéis el desodorante.

Es clave en cualquier ejército avanzar sin llamar demasiado la atención. En nuestro caso toca descartarlo: somos españoles, caóticos, ruidosos y el retraso de Roncero y Manolete se percibe a kilómetros de distancia. Puesto que conocemos nuestras limitaciones conviene disimular y seguir animando hasta que acabe la final. Y cuando ésta termine, pase lo que pase, ejecutar THE PLAN.

Ver Lisboa: THE PLAN en un mapa más grande.

El plan es sencillo, como podréis ver en el mapa adjunto. Una vez entregada la copa, los más de treinta mil españoles que salgan del estadio descenderán unos siete kilómetros hacia el río, recogiendo a su paso a quienes estén en las zonas de fans del Parque de Eduardo VII (colchoneros) y la Plaza del Rossio (merengues). Lo que nuestros vecinos tomarán por celebración se convertirá en una invasión nocturna sin murallas tras las que resguardarse.

O quizás sí. Las únicas murallas que permanecen en pie son las que rodean el castillo de San Jorge, sobre Alfama. Antaño fortaleza y cuartel militar, hoy el castillo sólo posee cañones decorativos; aún así, sería ideal destinar dos o tres peñas futboleras (yo propongo a Toñín el Torero et al.) a evitar el atrincheramiento en el castillo. En caso de fracasar, desde el mirador de Graça se pueden frustrar las amenazas de bombardeo sobre la Baixa.

Castillo, Baixa y Chiado desde Graça
Castillo, Baixa y Chiado-Barrio Alto desde Graça (foto del autor y click para ampliar).

Como puede observarse en la panorámica, si se domina el valle de la Baixa y se aíslan Alfama y el castillo, sólo queda avanzar hacia el oeste. Se trata de una maniobra arriesgada, pues el Chiado y el Barrio Alto siempre tientan con sus cafeterías, restaurantes, tascas y bares de copas hasta que recuerdas la basura que son la Sagres y la Super Bock. Superadas las ganas de pitanza y holganza, los esfuerzos se fijarán en dos núcleos de poder: la sede de la Guarda Nacional Republicana (en el Largo do Carmo, uno de los núcleos de la Revolución de los Claveles) y la Assembleia da República, donde pillaríamos en bragas al primer ministro Passos Coelho.

¿Y luego qué? Con el centro de Lisboa ocupado en pocas horas por hordas ciclotímicas -salvo que la Champions se gane ex aequo- de españoles, el siguiente paso es acercarse hasta el corazón del extinto imperio portugués: el barrio de Belém. Se lo debemos a Felipe IV, aunque sólo sea por fichar a Velázquez.

Monumento a los Descubrimientos (foto del autor).
Mucha gente haciendo cosas por Portugal (Monumento a los Descubrimientos, foto del autor).

Los objetivos en el barrio de Belém son variados. Por simbolismo, sin duda, elegiríamos el Monasterio de los Jerónimos o el Palacio Nacional de Ajuda (aunque no abren hasta las 10:00 de la mañana, ya me diréis, así no hay quien vandalice). Con todo, resulta más adecuado centrarse en el Ministerio de Defensa y en la Presidencia de la República, aunque para entonces Cavaco Silva estará al tanto del chocho que se habrá montado. No obstante, queda absoluta y terminantemente prohibido volver de Belém sin asaltar la Antiga Confeitaria de Belém, robar la receta secreta de los pasteles y traerme sesenta y cuatro docenas. Y esta última condición es IN-NE-GO-CIA-BLE.

Paisajes después de la batalla:

Siendo sinceros, el título de este apartado no concordará demasiado con la realidad. Paisajes hay de todo tipo en Lisboa, sólo depende del mirador que elijamos -Portas do Sol, Graça, Santa Justa, Santa Catarina…-, pero batalla habrá poca: las fuerzas armadas portuguesas, esparcidas por todo el país, no sobrepasan los 33.000 efectivos ni contarán con el exultante ardor guerrero que te proporciona ganar una Champions.

Además, ¿por qué íbamos a combatir? Los dimes y diretes de veces anteriores se debían a crisis dinásticas, a Castilla o España reclamando un trono vacío por culpa de unos reyes que se curraban bastante poco la sucesión. Pero ahora, con Portugal convertida en república, ya no hay bandos a favor de maestres de Avís, priores de Crato o duques de Braganza. Y total, Juan Carlos I se crió en Estoril, hombre, que es como si fuera de la familia, qué os importa, irmãos, si a estas alturas ya habremos bloqueado aeropuertos, estaciones de tren y autobús, puertos y demás accesos a la ciudad. Qué más dará, que Viriato fuimos todos y también hispanos y visigodos y andalusíes y Wellington nos salvó el culo por igual.

Unión Ibérica:

En fin, decía que tras doce horas de pacífica marcha Lisboa se habría rendido a los españoles. Y si algo nos enseñó el Civilization es que, conquistada la capital, conquistado el país, ergo habríamos retornado a tiempos de los Austrias. Vale, debería debatirse si esta Unión Ibérica deriva en república federal, pero si la Historia se repite estaríamos a poco de tener en el trono un auténtico infraser como Carlos II. Yo querría, en serio. Planazo.

Cuestiones políticas al margen, esta Unión Ibérica sería harto beneficiosa. No me refiero a un mercado económico en expansión al acceder a la lusofonía o a la fusión de las dos Extremaduras, sino a café para todos. Literalmente. Café bueno, excelente, no la bazofia que consumimos en España. Y ginjinha. Y Benfica y Oporto. Y bacalao. Y una repostería que hace llorar de buena que está. Y Coímbra y Braga y Évora. Y francesinhas. Y el fin de esta maldita saudade que me secuestra cuando regreso de Lisboa, y van diecisiete ya.

Qué narices, si THE PLAN no funciona que nos invada ya Portugal. Peor no nos puede ir y os ahorraríais nuevos artículos como éste.

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2 pensamientos en “A la conquista de Lisboa”

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