Palacio de la Real Audiencia de Santiago.

La usanza, el abuso contraproducente

Uno de los temas que más dolores de cabeza produjo a los dirigentes del entramado administrativo de la Corona Hispánica durante la Edad Moderna fue cómo manejar la esclavitud en la recién descubierta América y su proceso de población por parte de la metrópoli.

Bartolomé de las Casas fue la figura más relevante en la denuncia de la situación de los indígenas
Bartolomé de las Casas fue la figura más relevante en la denuncia de la situación de los indígenas

La esclavitud supuso bastantes problemas que podríamos resumir en un “si vamos con permiso para evangelizar, a lo mejor esclavizarlos no está del todo bien”. Teniendo esta reflexión de base, que se convierte en uno de los “diálogos” más encarnizados entre legisladores que no terminan de saber a quién pueden y a quién no pueden esclavizar, estamos ante un proceso bastante más engorroso.

España (permitan que hable de España para ahorrarme pulsaciones en el teclado) no mantenía un sistema esclavista; había esclavos, por supuesto, pero en una proporción ínfima, que ni de lejos podría considerarse una sociedad esclavista. Una de las referencias para esto es que la esclavitud aún se regulaba según las Partidas y el Fuero Juzgo. De hecho, las Partidas y el Fuero Juzgo son las referencias al principio de la conquista, pero claro, la América después de la conquista sí que era, o necesitaba ser, o la evolución convirtió (elija el proceso que más le guste que no se equivocará) en una sociedad esclavista.

Pero claro, acababan de llegar a América, y en América había mucho terruño, muchas minas y mucho arduo trabajo, y eso de currar duro en el campo o en la mina para soldados y huestes, pues como que no les iba mucho.  Resulta que en América también había gente y civilizaciones: civilizaciones con esclavos, blanco y en botella, esclavos.  Así que volvemos al inicio, que a América no se iba a por esclavos, o no en el papel, por lo que la esclavitud de los indígenas fue uno de los temas más debatidos desde el mismísimo momento en que Colón pisó el Caribe hasta que allá por 1824 las independencias se habían conseguido casi todas.

Mercado de esclavos en Lima.
Mercado de esclavos en Lima.

Total, que me enrollo. Así, básicamente, se prohíbe toda la esclavitud indígena en 1530, después se prohíbe salvo para algunos, después que no, después que sí, y así todo el siglo XVI. Así que se inventan muchas cosas, que si guerras justas, que si indígenas rebeldes, que si los requerimientos, que si la servidumbre temporal, que si ahora puedo herrar (marcar la cara u otras partes del cuerpo) a mis esclavos, que si ahora no y qué hago si se van… en fin, un lío de dos pares de narices.

Llegamos entonces a Chile, para los despistados, el país ese tan largo y tan estrechito de abajo a la izquierda. En Chile se encuentran con muchos indígenas y con una recomendación del Consejo de Indias de 1607, que instaba a hacerle la guerra a los “indígenas rebeldes de Chile”.  Esto provoca una oleada de auténtica recolección de esclavos por toda la zona chilena. También provocó una oleada de normativas para intentar regular la locura que habían provocado.

En esa gran caza de esclavos por Chile, los soldados, que tontos no eran y que peleaban cuerpo a cuerpo, encuentran una solución. Los indígenas chilenos tenían una costumbre, que se llamó “la usanza”. Desde tiempos prehispánicos, durante épocas de hambrunas o de pobreza, se tenía por costumbre vender a algún miembro de la familia, generalmente hijos, a cambio de dinero. Los soldados españoles aprovechan esto y utilizan constantemente la usanza para la apropiación de esclavos legalmente, lo que pasa es que lo solían hacer a cambio de armas.

Campiña Domestica y Silvestre del Reino de Chile en 1744. De la Relación de Jorge Juan y Ulloa.
Campiña Domestica y Silvestre del Reino de Chile en 1744. De la Relación de Jorge Juan y Ulloa.

El 22 de mayo de 1651 la Audiencia de Santiago escribe al rey Felipe IV: “los indios nuevamente reducidos, vendían sus hijos, mujeres y parientes a los españoles por pagas que ellos reciben, de que los cabos del ejército dan certificaciones para que los compradores se sirvan de ellos, sin que ninguna persona se los pueda quitar, los cuales los vuelven a vender y tratan de la misma manera que a esclavos“. La Audiencia de Santiago en este caso cuestionaba que esos esclavos “de usanza” fueran legales según la normativa vigente. El Consejo de Indias, como se hacía en estos casos, estudiaba el caso acudiendo a la figura del Protector de Indios, cargo que en ese momento ocupaba Antonio Ramírez de Laguna, y fue él quien alertó a las autoridades que los soldados utilizaban este viejo sistema a cambio de armas y que así volvían repetidamente a la esclavitud indios que él mismo había decretado libres.

El Consejo de Indias dictamina que la usanza va en contra del decreto de libertad de indios y el rey envió el 18 de abril de 1656 una cédula al Gobernador y Capitán de las provincias de Chile, Antonio de Acuña y Cabrera, que también era Presidente de la Audiencia, en la que, entre otras cosas, le recriminaba que no hubiera actuado antes contra este abuso, y muy preocupado por la presencia de armas en manos de los indígenas. Le ordena atajar esa costumbre y, para que fuera más efectivo, la misiva se dirigió también al Conde de Alba y Aliste, que era en ese momento Virrey del Perú, que contestó que efectivamente era una costumbre muy perjudicial que en su reino ya se había eliminado por su predecesor el Conde de Salvatierra y que efectivamente en Chile se estaban rebelando muchos indígenas con las armas intercambiadas con los soldados. El inquisidor del Tribunal de Lima, Alvaro de Ibarra -añadía el conde de Alba en su respuesta- le había comunicado que ya la Audiencia de Santiago había prohibido la usanza bajo pena de muerte. El Consejo reiteró todo esto en 1663.

Palacio de la Real Audiencia de Santiago.
Palacio de la Real Audiencia de Santiago.

Este intercambio de cédulas e informes hace que se otorgue la libertad a todos los indios chilenos vendidos fuera del reino y que se devolvieran a su lugar de origen. A su vez el gobernador de Chile, Pedro Porter Casante, pedía que se llevaran más levas desde Perú para atajar el problema, pero a cargo de la Real Hacienda, que si no volverían a lo mismo, mientras el Consejo de Indias y el Consejo de Guerra decidían que el sistema de esclavitud indígena funcionaba regular. En 1662, por ejemplo, se envió al Virrey del Perú, ahora el Conde de Santisteban, una nueva cédula obligándole a devolver a unos indios que habían sido enviados a su reino con el pretexto de ser esclavos.

Total, que teniendo en cuenta que una petición más para informar al rey y la contestación de éste tardaban más o menos dos años en llegar a la administración, más lo que tardara en hacerse efectivo, hablamos de un mantenimiento en el tiempo de este tipo de esclavitud ilegal. El dialogo entre administraciones llegará a una década después casi sin resolución de por medio. La esclavitud indígena era un negocio bastante importante, mientras que la administración real pretendía que sólo fueran esclavos los indígenas rebeldes (y los menos posibles) y los traídos de los mercados esclavistas legales; en América se producen un sinfín de argucias para hacer pasar por legales a los esclavizados y durante toda la ocupación se produce una lucha sin remedio contra ello. Que si bien en este caso se utiliza esa usanza para ello, en otros lugares son otras fórmulas que alargaban sin remedio un mercado ilegal muy voluminoso.

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