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“Las deudas se pagan”: la crisis mexicana de los años 80

 

México era un país con una economía maravillosa durante el tercer cuarto del siglo XX o por lo menos tenía la apariencia de serlo. El crecimiento era sostenido y los datos de pobreza no eran excesivamente altos, pero todo ello se encontraba mantenido por una estructura estatal cerrada y sobredimensionada que ocultaba su mínima capacidad de maniobra ante un problema económico de índole externa o interna.

El eterno Partido Revolucionario Institucional, el PRI, junto con empresarios y sindicatos habían cimentado un sistema político y económico en el país basado en un proteccionismo estatal exacerbado, con una moneda establemente sostenida de manera ficticia en 12,50 pesos el dólar (Medina, 1996: 129) una política de subvención de precios y un sistema de empresas paraestatales que para el año 1982 ascendía en números a nada más y nada menos que a 1.155 (Aspe, 1993: 184). En definitiva, México estaba haciendo un máster en gasto público y rigidez económica que le había valido para los años de la guerra y la posguerra, pero que empezó a mostrar  síntomas de agotamiento durante la década de los setenta.

La inflación comenzó a despegar y una población en constante aumento exigió medidas salariales compensatorias que el estado no podía asumir, por lo que recurrió a los “malvados” mercados financieros internacionales que, en un principio otorgaron créditos a México de una manera conservadora.

La situación se tornaba oscura en el país azteca. En 1977, el por entonces presidente López Portillo establecía un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional comprometiéndose a moderar la política estatalista del gobierno que iba a llevar al país a una situación insostenible. El problema fue que la precaución le duró un año al gobierno mexicano, pues con el descubrimiento de alguos yacimientos petrolíferos se volvió a la política del gasto ingente.

A estas alturas sobra un tanto decir que los estados se financian con deuda que se adquiere en los mercados internacionales, y que ello no es un aspecto negativo per se. Todos los agentes de la economía (familias, empresas, etc.) recurren a los créditos exteriores para poder invertir y crecer. El problema de México fue que se “emborrachó” de dinero ajeno que, al fin y al cabo, hay que pagar tarde o temprano (hasta Islandia ha pagado aunque no lo parezca). México no sólo aumentó exageradamente sus deudas con el exterior, ya que se multiplicó el monto total por ocho en una década (Toussaint, 2003:5), sino que también contribuyeron al colapso de la economía dos factores: un sistema fiscal sacado de una tienda de artículos de broma y la inversión de gran parte del dinero recibido en una industria petrolera que a su vez no tenía iniciativas para la mejora de sus estructura productiva al estar ahogada por las altas cargas impositivas, la realidad era la de una pescadilla que se muerde la cola y cuya solución solo se observaba a través de un creciente endeudamiento que llegaba al país avalado precisamente por ese petróleo que se exportaba crudo desde el golfo de México.

Los inversores habían escuchado el río y en esta ocasión sí que llevaba bastante agua. La fuga de capitales se generalizó, el peso mexicano se devaluó mucho y, para más inri se le echó la culpa de la fuga a la banca, siendo esta nacionalizada y acelerando el proceso crítico.

La economía mexicana en 1982 era una bomba a punto de estallar que no necesitaba mas que un detonante y ese fue la disminución del precio del barril de petróleo en 4 dólares. México tenía que acometer el pago de la deuda de créditos a corto plazo y no tenía recursos para ello. Finalmente, en agosto de ese año, México pedía una moratoria en los pagos porque se encontraba prácticamente en una bancarrota económica que no sólo afectaba al país azteca, sino que desestabilizaba a toda una región que tenía problemas parecidos.

Las consecuencias de la crisis no tardaron en manifestarse. El país entró en recesión en es mismo año:

Tasa Mexico
Tabla de elaboración propia. Datos del Banco Mundial

Los problemas de financiación eran tales que sólo el “demoniaco” Fondo Monetario Internacional salió al rescate del país. A condición de ello, le ordenó al país un paquete de medidas de shock que buscaban una apertura de la economía, así como el pago de la deuda a sus acreedores. Las medidas no ayudaron a la población mexicana, porque estas debieron llegar con una década de antelación, pero no había alternativa a la liberalización de la economía debido a qué el país no tenía dinero para continuar con su política estatalista y los acreedores internacionales no confiaban en el pago de sus créditos.

En los siguientes años (1983-1989), los salarios reales de los mexicanos disminuyeron en puntos porcentuales un 7,7 (Lustig & Székely, 1997: 27), mientras que el control de la inflación, caballo de batalla de la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos durante las décadas de los sesenta y setenta fue imposible llegando a números imposibles de asumir.

Inflación Mexico
Tabla de Elaboración propia. Datos del Banco de México

Antes de concluir, es necesaria una aclaración, ya que parece que se ha extendido una creencia a mi parecer no siempre acertada: ¿era México un país corrupto? Si, sin duda, pero ello no es causa principal de los sucesos que allí se produjeron. Aunque parezca difícil de entender por el ansia de juzgar a los demás que tiene el ser humano, la corrupción no es siempre la culpa de todo. Además, en México existe corrupción ahora, y antes, durante y después del proceso de crisis de la década de los ochenta. Aunque también es cierto que el sistema clientelar que tenían montado el partido hegemónico, los empresarios y los sindicatos impidió que llegara savia e ideas nuevas a las estructuras de poder de un estado anquilosado y replantearan el dogma del gasto público desorbitado casi como religión, aunque probablemente ello fuera una medida demasiado impopular como para promoverla e hizo falta la toma de decisiones por imperativo externo.

La realidad es que tras varios años de emigración, ajustes y empobrecimiento generalizado, a principios de los 90, México pudo regresar a los círculos financieros internacionales, pero la realidad del país ya no era la misma, había perdido una década y la realidad azteca había cambiado, sólo una cosa se mantenía igual: el estado seguía siendo un coto cerrado del PRI y en el mundo parecía, y reitero la palabra parecía, que se había conseguido asimilar con sangre dos verdades indiscutibles: que nada es gratis (aunque lo parezca) y que las deudas siempre se pagan.

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3 pensamientos en ““Las deudas se pagan”: la crisis mexicana de los años 80”

  1. Maravilloso artículo sobre la crisis mexicana, mediante el cual se afronta de una forma sencilla y ligera, una crisis tan compleja como ésta. Asimismo, hace reflexionar sobre las crisis económicas estatales en general, me quedo con la última frase “que nada es gratis (aunque lo parezca) y que las deudas siempre se pagan”.

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