Plaza Mayor de Salamanca

Diez curiosidades de Salamanca

Salamanca, capital de la provincia del mismo nombre, cuenta con una población estimada de casi 150.000 habitantes. Uno de ellos -aunque se empeñe en no empadronarse- es quien esto escribe, que además ha podido estudiar e investigar en su universidad. Siempre queda bien escuchar eso de “ah, vives en Salamanca, qué suerte”, pero confieso que, al mismo tiempo, cansa leer la típica ristra de estereotipos facilones que pueblan guías, revistas y blogs de viajes. Culpa de ello también la tenemos los historiadores y la alergia de muchos a divulgar, de ahí el listado que viene a continuación.

1.- La primera universidad de Schrödinger:
Si Salamanca es famosa por algo es, sin duda, por su universidad, que se prepara para celebrar en 2018 su octavo centenario (si es que aún queda dinero y algo que celebrar, claro). En contra de lo que se cree, Salamanca no fue la primera universidad de España: el honor le corresponde al stvdivm de Palencia, fundado por Alfonso VIII. Pese a ello, Salamanca sí fue la primera vniversitas del mundo, pues tal fue el título que le otorgó Alejandro IV en 1255.

Bula de Alejandro IV (1255)
Que no lo digo yo, eh, que lo dice un papa.

2.- La ranita de marras:
“No es lo malo que vean la rana, sino que no vean más que la rana”. Así se quejaba Miguel de Unamuno mucho antes de que cientos de miles de turistas se plantasen frente a la fachada de la universidad -las Escuelas Mayores, oficialmente- con el objetivo primordial de encontrar al batracio. Aunque se afirme que verla da suerte o ayuda a aprobar exámenes, la cruda realidad es que la simpática ranita sobre la calavera representa la muerte derivada de la lujuria, algo muy lógico cuando en pleno siglo XVI (de cuya primera mitad data la fachada) había tres mil prostitutas dispuestas a compartir con los picaruelos estudiantes la última moda traída de América: la sífilis.

Camiseta
Por favor, dejad de vestir a los niños con el símbolo de una ETS.

3.- Verdadera devoción por Unamuno:
Si en Amanece que no es poco sentían verdadera devoción por Faulkner, en Salamanca el más respetado de todos los literatos que pasaron por aquí -Anónimo, Fray Luis de León, Cervantes, Torrente Ballester o Martín Gaite- es Miguel de Unamuno. Es casi imposible pasear por la ciudad sin toparse con el dos veces rector de la universidad: una estatua en la facultad de Filología, un busto en las Escuelas Mayores (junto a su casa-museo) y otro en el casino, una estatua frente a la casa donde falleció, un vítor, placas varias, un campus e incluso un pabellón con su nombre. Qué curioso que esa obsesión se produzca en una ciudad que hasta 2011 no le restituyó el cargo de concejal que -atentos a la jugada- le quitó el franquismo en octubre de 1936 tras habérselo concedido a dedo tres meses antes… porque sí, Unamuno comenzó la Guerra Civil apoyando a los sublevados.

4.- El siglo de la destrucción:
Y hablando de la Guerra Civil, ésta apenas alteró Salamanca. Vale que Franco usó el Palacio Episcopal como sede de su Cuartel General y que (esto es dificilísimo de explicar en 2014) todavía hoy Franco es el alcalde a perpetuidad de Salamanca, pero eh, quitando eso y la represión, casi nada. De hecho, el conflicto que más dañó la ciudad fue la Guerra de la Independencia: como la cercana Ciudad Rodrigo, entre 1809 y 1812 Salamanca fue asediada y tomada por los franceses y posteriormente cercada y recuperada por las tropas aliadas. Entre bombas y bombas (aquello parecía una sesión de Chimo Bayo) los franceses desmontaron incontables inmuebles para reforzar sus posiciones; el destrozo se agravó cuando años más tarde estalló un polvorín que dejó seiscientos muertos y aún más ruinas. En las décadas siguientes se derribó el grueso de la muralla y se consumó la destrucción de un cuarto del patrimonio monumental de la ciudad.

5.- Amurallando el vacío:
Salamanca jamás ha sido una metrópolis y, sin embargo, su casco histórico es uno de los mayores de la Península Ibérica. La ampliación de la cerca vieja en el siglo XII supuso abarcar un espacio equiparable al del centro de Lisboa (Chiado, Baixa y Alfama) o al corazón de la Barcelona medieval. Y aunque en la actualidad sólo viva allí un diez por ciento de la población, la presión demográfica intramuros no debió ser excesiva: la ciudad no sobrepasó los 25.000 habitantes hasta inicios del siglo XX. Esto es, las murallas rodeaban amplios espacios sin edificar como huertos o descampados tan gigantescos como la antigua Plaza de San Martín, cuya superficie (casi dos hectáreas y media) cuadriplicaría la de la actual Plaza Mayor.

Dibujo de Anton Van den Wyngaerde
La Salamanca de 1570 está a un click.

6.- Un rey por partida triple:
La Plaza Mayor, construida entre 1729 y 1755 por Alberto de Churriguera y Andrés García de Quiñones, es el otro gran símbolo charro. Por muy espectacular que sea y por muchos “¡oooh!” que provoque cada tarde su encendido, lamento decir que no es perfecta. Como mandan los cánones de todo buen trapezoide, ninguno de sus lados mide lo mismo: redondeando y siguiendo las agujas del Reloj (bajo el cual todo el mundo queda) serían 83, 81, 76 y 82 metros de largo. La plaza no sólo es el salón de todos los salmantinos, sino también un templo de la adulación; sus decenas de medallones honran tanto a El Cid y a Santa Teresa como a Franco y a la II República. En todo caso, la palma del peloteo se la lleva Felipe V: un medallón para su primer reinado (1700-1724), otro para su retorno (1724-1746) y el tercero por conceder la licencia de obra de la plaza.

7.- El hombre que pudo reinar:
Pero no reinó. Me refiero al príncipe Juan, el único hijo de los Reyes Católicos, quien fue brevemente señor de Salamanca. Conscientes de su papel como heredero de dos coronas, sus padres nombraron a fray Diego de Deza -teólogo, obispo, catedrático universitario, confesor real y amigo de sus amigos- como su tutor. El balance del gobierno principesco en Salamanca fue bastante peculiar: antes de fallecer en 1497 (se le enterró en la catedral vieja y luego se le llevó al monasterio abulense de Santo Tomás) mandó empedrar las calles y, lo que es más glorioso, fundar la Casa de la Mancebía, el primer puticlub oficial de Castilla. Irónicamente, hasta hace bien poco su estatua estaba olvidada y, para colmo, no se le dedicó un medallón en la Plaza Mayor, privilegio del que sí goza su hermano bastardo, Alonso de Aragón.

8.- El convento que cambió la Historia:
No hay forma de concebir un mundo sin América. No hay forma de concebir América sin el descubrimiento de Colón. Y no hay forma de concebir el descubrimiento de Colón sin el convento salmantino de San Esteban y su prior Diego de Deza, “que fue causa de que sus Altezas oviesen las Indias”, según el propio Colón. El genovés se alojó con los dominicos y trabó amistad con Diego de Deza, quien le abrió las puertas de la universidad e intercedió ante los Reyes Católicos para garantizarle el favor real. San Esteban fue décadas después cuna de la Escuela de Salamanca, liderada por Francisco de Vitoria, cuyas ideas renovaron no sólo la teología, sino la economía, la política o el derecho; gracias a su influencia, las Leyes Nuevas (1542) cambiaron para siempre la colonización de América al hacer de los indios sujetos libres e iguales al resto de súbditos peninsulares.

(Foto del autor, licencia copyleft).
Iglesia conventual de San Esteban. Foto del autor.

9.- Un Spiderman vintage:
Salamanca es tan bilbaína que posee dos catedrales y un claustro en Palamós. Por si fuera poco, se denomina “Nueva” a una catedral fundada en 1513 y rematada en 1733. Sin embargo, el 1 de noviembre de 1755 el famoso terremoto de Lisboa provocó terribles daños en la cúpula, las bóvedas y la torre, que tuvo que ser literalmente forrada de piedra para corregir su progresiva inclinación y previsible derrumbe. Para conmemorar que no hubo fallecidos, el cabildo estableció que cada 31 de octubre un mariquelo (mote de la familia de campaneros) debería ascender al pináculo de la torre para comprobar si se había detenido su inclinación. Cierto es que Salamanca perdió la oportunidad de ser la Pisa española, pero a cambio ganó un superhéroe.

10.- Comer chochos:
Sois unos cerdos y lo sabéis.

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17 pensamientos en “Diez curiosidades de Salamanca”

    1. Gracias a ti por leernos, Ignacio. Eso sí, he de admitir que no soy paisano, sino un extremeño que llegó a Salamanca en el año 2000 y que casi se siente adoptado por la ciudad.

  1. Sí señor, muy interesante y muy bien escrito. Ojalá fueran los libros de historia tan entretenidos y tan fáciles de leer y entender como tu artículo.
    Enhorabuena

    1. Gracias por tu comentario, Nandi, me alegro de que te gustara el artículo. Lo cierto es que hay libros de Historia bastante amenos y bien escritos, pero que normalmente no suelen llegar al gran público (que es el que luego se lleva la decepción al leer otras cosas).

  2. En general un artículo divertido y lleno de curiosidades, pero como Salmantino he de decir que tienes una variante de la historia de la rana, que a día de hoy tiene mucha más fuerza y que ha sido estudiada durante muchos años y evidenciada en un libro del investigador Benjamín García Hernandez, catedrático de la U. Autónoma de Madrid, que invito a leer. En un libro titulado “El desafío de la rana de Salamanca, cuando la rana críe pelos”, el investigador sostiene que la calavera representa al príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos, fallecido en 1497 antes de haber cumplido los 20 años. Y que la rana o sapo que lo acompaña pretende mandar un mensaje iconográfico para burlar de esta manera a la inquisición. Concretamente podría aludir a la muerte (calavera) y a la supuesta resurrección de los cuerpos en las vísperas del Juicio Final, que para los no creyentes solo llegaría “cuando las ranas críen pelo”, es decir, nunca.

    1. Gracias por el aporte, Chema. Conocía esa versión de Benjamín García-Hernández, pero no estoy del todo de acuerdo con ella. Resumiéndolo mucho, está bastante cogida por los pelos (nunca mejor dicho) por forzar demasiado la explicación para que encajara: los Reyes Católicos no llegaron a conocer esa fachada -ni siquiera el inicio de su construcción- y sólo vieron morir a dos de sus hijos, mientras que lo de burlar a la Inquisición por parte de los no creyentes carece de sentido al ser canteros cristianos quienes ejecutaron la obra.

  3. Me encamto ,pues asi yo conoci algo de donde la familia de mi padre viene soy Salamanca y mi genitor de Salamanca ,
    Gracias muy bien escrito ,pienso en viajar e especialmente conocer Salamanca
    Maria Salamanca

  4. Es curioso, en Lorca también son típicos los chochos, y se parecen mucho a esos(si no son iguales). En cambio en Sevilla los Chochos son los altramuces. ¿a que se deberá esa conexión charro-lorquina?

    1. Sí sabía que en Andalucía a los altramuces se les llamase chochos, pero lo de que en Lorca estas peladillas también sean chochos (he aquí la prueba del delito) me ha dejado bastante en fuera de juego. Puede que sea una receta llevada de un lugar a otro, pero poco más podría decirte, la verdad.

  5. Cualquier cosa, con humor, entra mucho mejor! Da gusto leerte… Seguro que si de pequeños nos contasen la historia como lo haces tú, esta asignatura contaría con muchos más seguidores ;)
    Enhorabuena por este blog.

    1. ¡Gracias, Sara! Si algo intentamos en “Aquí fue Troya” es hacer de la Historia algo más atractivo y no ese coñazo que algunos (ojo, algunos, no todos) profesores daban en clase :D

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