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Bajos Fondos Sevillanos I. De picaros y gente de vida apretada

La Sevilla Barroca

“Quien no ha visto Sevilla, no ha visto maravilla”…Así rezaba un dicho durante la Edad Moderna, lo que nos puede ayudar a hacernos una idea de lo que era la Sevilla de la época, la que Cervantes apeló “¡Roma triunfante en ánimo y nobleza!”…La nueva Roma, así se le consideraba y es que Sevilla fue el centro del comercio con el nuevo continente, a su puerto arribaban galeones con sus tripas atiborradas de oro y plata indiano, Sevilla era el puerto más importante del Imperio, la puerta de entrada y salida de occidente, el punto que concentro todas las relaciones con las Indias occidentales.

La Sevilla del Siglo XVII

Pero toda luz arroja una sombra…y cuanto más potente y deslumbrante es esta, más grande y profunda será su sombra. Y es que Sevilla también era la nueva Babilonia. El mismo Cervantes dijo también de ella: “Amparo de pobres y refugio de dechados, que en su grandeza no solo caben los pequeños, pero no se echa de ver los grandes”. Esta riqueza y su carácter cosmopolita resultaban sumamente apropiados para la delincuencia.

En ella el hampa (la carda, la babilonia, la hería, la junta de pícaros, la jacarandina y gente de mal vivir en general) se podía mover con cierta facilidad, e incluso tenían puntos comunes donde podían reunirse, tales como: los más céntricos, la Calle de las Sierpes, las Gradas de la Catedral, el Corral de los Olmos y el de los Naranjos. Más alejados del bullicioso centro encontramos: el pie de las murallas, la ribera derecha del Guadalquivir hasta San Juan de Aznalfarache, el campo de Tablada (especial para riñas, dimes y diretes, y duelos), la venta de la Negra, la huerta del Alamillo, y la venta de la Barqueta en la orilla derecha del río. Y por supuesto la capital de esta nueva Babilonia.

 I. De picaros y gente de vida apretada

Algunos integrantes de esta categoría social alternaban el delito con diverso tipo de trabajo eventual dentro de la ley, y más relacionado con el comercio que con la industria. El sistema de

“Niños comiendos uvas y melón”, de Murillo, convertida en imagen tópica de los picaros

flotas en el comercio con América hacía que se sucediesen momentos de frenética actividad con períodos en los que había escaso movimiento en el puerto. La falta de trabajo favorecía actividades poco honestas y los delitos se hacían más frecuentes cuando había menos trabajo. Los desocupados se dedicaban a vender mercancías fraudulentamente. Había personas especializadas en revender con rapidez los objetos robados, y otros compraban productos, como vinagre, aceite, vino, azúcar, miel y cera que posteriormente adulteraban, obteniendo así una mayor cantidad. (Se cuenta que en una ocasión, uno de estos vendió a un hidalgo un trozo de oveja haciéndolo pasar por carne de buey, por el sencillo procedimiento de coser unos testículos a la pieza de carne).  Los pícaros podían ser estudiantes, cómicos, soldados, curiales, galeotes, vendedores callejeros, los mozos de mulas, los titiriteros, los cómicos trashumantes, “de cocina” (pinches auxiliares de cocinero), “de costa” (merodeadores de playas y puertos”) y “de jabega” (timadores de incautos). Normalmente robaba lo justo para comer, distinguiéndose del rufián en su carácter cínico y amoral y en la ausencia de violencia para lograr sus fines. El origen del pícaro parece estar en el oficio de esportillero –aquél que transporta un producto en espuertas- ,

Pícaro, obra de Joan Mundet
Pícaro, obra de Joan Mundet

oficio que aprovechaban para sisar algo de mercancía con qué comer.

Aunque se puede y muchas veces se hace, no debe confundirse entre la gente que viven de lo imprevisto al simple aventurero, que sólo es un descentrado, pero recto y honrado, con el pícaro, delincuente y parasito social. Y es que el aventurero que deriva en pícaro suele encontrarse más a gusto ejerciendo en tierra extraña. El aventurero puede ser noble o plebeyo, rico o pobre, seglar o clérigo, soldado, comerciante, cultivador de las letras… Puede ir a Italia, Flandes, o las indias, o no salir de España.

El aventurero no dirige su vida, le guía el azar, y va a remolque de los acontecimientos.

 

Continuará….

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