Colombia aprueba una ley que permite la venta de su patrimonio subacuatico

El pasado día 11, Colombia aprobó una ley que permite la venta de su patrimonio subacuático por parte de las empresas Cazatesoros en contra de la opinión no sólo de sus arqueólogos nacionales sino de la comunidad científica internacional.

 

Arqueologos colombianos protestando en el Congres. Fuente, ABC

 

El pasado día 11 de Diciembre, el congreso de Colombia aprobó la ley 125 que permite a las empresas de cazatesoros, la venta del patrimonio cultural subacuático en sus aguas bajo un criterio de repetición. A la ley se han opuesto tanto políticos como arqueólogos colombianos, así como el conjunto de la comunidad científica internacional.

Hace unas horas, un buen amigo, José Mateos, de Golpes del Revés, me preguntaba “¿qué tiene de malo esto?” Como es una pregunta que se habrá hecho mucha gente, creo que podemos decidarle un ratito.

 

Patrimonio Arqueológico. ¿Cuál es su valor?

Desde que los hombres del  Renacimiento empezaran a mostrar interés por las obras de arte de la antigüedad, la arqueología ha evolucionado mucho. En los últimos 80 años los distintos países han empezado a proteger su patrimonio arqueológico y cultural como una parte importante, vital e irrepetible de su pasado. En tierra, las legislaciones para la protección de yacimientos arqueológicos se han implementado y mejorado, haciéndose cada vez más restrictivas, para asegurar que el patrimonio arqueológico se conserve y pueda ser disfrutado por todos los ciudadanos, hoy y en el futuro.

Objetos arqueológicos vs Yacimientos

La arqueología, como todas las ciencias, ha evolucionado mucho. Desde los coleccionistas de antiguedades, interesados sólo en las piezas consideradas de valor por sus materiales o sus cualidades estéticas, hasta una ciencia o una técnica, que, de una manera sistemática y cuidados intenta, através del estudio del conjunto del yacimiento, obtener información del pasado.

Para los anticuaristas, los coleccionistas y los cazatesoros que los suministran, el valor económico está en la pieza, la obra de arte, la moneda de oro. Para el arqueólogo, los elementos individuales carecen de valor si no forman parte de un conjunto, de un yacimiento. Y da igual que sea una moneda de plata que el craneo de un caballo. Si está descontextualizado, si se lo separa de su conjunto, no tiene ningún valor.

Caza de Tesoros vs Arqueología

Los caza tesoros tienen como objetivo el beneficio económico, enriquecerse, con la venta de piezas arqueológicas de valor (oro, plata, piedras preciosas, antiguedades en general) mientras que el objetivo de los arqueólogos es la investigación del pasado. Ambas profesiones, dirán algunos, son perfectamente legítimas, el problema es que la acción de unos, los cazatesoros, (que solo les beneficia a ellos), imposibilita que los arqueólogos puedan hacer su trabajo (que nos beneficia a todos).  ¿Por qué? Pues porque para el cazatesoro, ninguna otra parte del yacimiento tiene importancia y la intervención que realiza destruye todo el contexto en el que se encuentran los restos. Sólo le interesa la pieza.

Criterio de Repetición

Los objetos arqueológicos son únicos. Hasta el siglo XX, en el que se impone la producción encadena y la utomatización, la producción estaba sujeta a muchas variantes. Los objetos, incluso las monedas, aunque nos parezcan iguales no lo son. Y es precisamente cuando contamos con muchos ejemplos, cuando podemos empezar a extraer conclusiones. Una de las técnicas de análisis de materiales más utilizadas hoy por hoy es la estadística. Los arqueólogos miden, cuantifican, decenas de variables y las someten a estudios estadísticos. De tal forma que, cuantos más “objetos repetidos” tengamos, mejor serán nuestra comprensión de la producción de dichos objetos. Más es mejor y, en esencia, cada objeto es único e irrepetible.

Conservación

Bueno, pero encontes, si lo que hace falta es tener datos, pues cogemos los datos y luego ya vendemos el resto, ¿no? El problema de ese argumento es que las técnicas de análisis siguen mejorando cada año. Hoy en día un arqueólogo puede saber más de cómo, dónde y cuándo se hizo una pieza de lo que podía saber cualquier arqueólogo hace 40 años. Así que nuestro deber es guardar los materiales, asegurarnos de que en el futuro, con mejores técnicas de análisis, los arqueólogos que vengan tengan posibilidad de volver a estudiarlas. La arqueología, al contrario que la geología o la química, no puede salir al campo a por más granito, o generar más reacciones químicas a voluntad; los objetos arqueológicos son finitos, un día ya no habrá más que estudiar.

¿Y cómo afecta a esto la nueva ley colombiana?

La ley 125 permite que las empresas cazatesoros “recuperen” objetos de yacimientos sumergidos (barcos hundidos o cualquier otro tipo de yacimiento) y se les pague con una parte del botín. Algunos opinan que esto ayudará a aumentar el conocimiento de los yacimientos sumergidos colombianos, pero lo único que hace es abrir la puerta a su destrucción.

Por un lado, los cazatesoros, cuyo único objetivo es el beneficio, sólo están interesados en aquellos yacimientos que contengan elementos que ellos (y esta ley) consideran de valor: joyas, oro, plata, piedras preciosas, obras de arte… Cosas que se pueden vender. Bueno, la verdad es que el 90% de los yacimientos subacuáticos carecen de dichos materiales o su presencia es tan baja que su explotación económica es inviable (mover un barco, poner buceadores en el agua, etc, es muy caro). Pero eso no lo sabes hasta que excavas el barco. Cuando un cazatesoros encuentra un barco “vacío”, lo abandona a su suerte y se va en busca de otro.

Por otro lado, las técnicas de los cazatesoros son altamente destructivas. Como al cazatesoros sólo le interesa aquello que pueda vender, la extracción se lleva a cabo con técnicas altamente dañinas para el resto de materiales. Por todo el planeta se han dado casos en los que los cazatesoros han utilizado taladros para separar el metal precioso de otros restos arqueológicos y han hecho agujeros en los cascos de los barcos para poder acceder a la carga, destrozando el maderamen (de cuya construcción sabemos bien poco y gracias a estas actividades no sabremos nada).

Por último, la idea de la repetición es una aberración científica. Como ya he dicho, cada objeto arqueológico (se un lingote de oro o un plato de cerámica) es irrepetible. Y es através del estudio de los conjuntos, de cuantos más elementos mejor, como aprendemos algo del pasado.

¿Y por qué debe importarnos?

Bueno, si el argumento de que el pasado es un bien común y que su conocimiento es útil para todo el mundo, tambi’en puede quedarse con un aspecto más pequeño de este gran conocimiento universal. El patrimonio arqueológico colombino al que esta ley afecta principalmente no es sólo suyo, sino que forma parte del pasado compartido por toda hispanoamérica. Su patrimonio cultural, su pasado, también es el nuestro y esta ley abre la puerta a que en el futuro, nuestro conocimiento del pasado sea menor o inexistente.

¿Quién tiene la culpa?

Bueno, es evidente que el Congreso de Colombia ha sido presionado, o sus congresistas coeccionados, para que esta ley salga adelante. No hay que ser muy mal pensado para pensar que el hecho de que al principio esta ley planteara un 12% de “compensación económica” para el cazatesoros, y se haya aprobado con un 50% está relacionado con intereses económicos privados más que el conocimiento del patrimonio subacuático colombiano, de hecho, el representante de varias “empresas rescatadoras” solicitaba al gobierno que la “compensacion” ascendiera hasta el 80%.

Pero, desengañémonos, los arqueólogos tenemos mucha culpa en esto. Mientras nuestras técnicas se modernizaban, y aprendíamos que la importancia no está en la pieza sino en el conjunto de ellas, no hemos sido capaces de enseñar al público general a ver el patrimonio arqueológico de una manera más moderna y la población sigue viendolo como lo veían los anticuarios del siglo XVIII.

 

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