Codex Calixtinus, el retorno

Hoy es una de esas veces en las que toca entonar el mea culpa. Hace casi un año escribí por estos pagos unos párrafos en los que sostenía que el robo del Codex Calixtinus podría deberse al capricho no ya de un rico cualquiera, sino de alguien tan rico “que tiene a Amancio Ortega fregándole los baños” (sic). Me equivoqué de pleno y les explicaré a continuación por qué, si es que aún no se han enterado.

El códice ha vuelto... ¿y en forma de chapa?
El códice ha vuelto… ¿y en forma de chapa?

A pesar de las (más que lógicas) sospechas iniciales, el Codex Calixtinus no se hallaba en la cámara ultrasecreta de la mansión de veintisiete cuartos de baño y tres trasteros de un pérfido magnate coleccionista de arte. De hecho, ayer se recuperó a pocos kilómetros de Santiago de Compostela, en manos de un electricista cuyo interés no era el económico, sino la venganza. Eso sí, al menos los tiros no iban demasiado errados: el electricista era millonario, a tenor de los 1.200.000 € que se encontraron al registrar su domicilio.

“Vale que haya muchos autónomos que cobren en negro y así va el país, ¿pero tanto?”, se preguntarían los policías al descubrir semejante cantidad de dinero. Acto seguido, cundió el pánico: si el Codex Calixtinus no aparecía en casa del electricista y sí había más de un millón de euros era fácil deducir que el libro había sido vendido, más aún cuando el electricista, su esposa, su hijo y la novia de éste se negaban a confesar el paradero del códice. Sin embargo, horas después se solucionó el enigma. El Codex Calixtinus estaba en un garaje propiedad del electricista, dentro de una bolsa de plástico, un detallito que cabría agradecerle al ladrón para evitar la degradación de la obra.

Por suerte, el buen hacer de policías, jueces y resto de involucrados en la investigación ha hecho posible retornar el Codex Calixtinus a la catedral de Santiago. No obstante, se trata de algo más que una anécdota: es la constatación de que en España, como en otros tantos países, el patrimonio histórico y artístico no es lo suficientemente valorado ni protegido. El incumplimiento de la Ley 16/1985 bordea los límites de la vergüenza más absoluta, sobre todo lo relativo al artículo 36. Para colmo, ni el libro estaba asegurado ni el deán, encargado último de su custodia, se cortaba a la hora de mostrárselo a quien le viniera en gana, contraviniendo las más elementales normas de conservación.

A destiempo es fácil opinar, lo sé. Pero es terrible que haya que esperar a acontecimientos como éste (o a la ruina de un monumento, o a la destrucción de un yacimiento, o al hallazgo casual de un claustro románico) para llevarnos las manos a la cabeza. Y sí, estamos en crisis y hay otras prioridades en las que gastar el dinero, pero jamás deberíamos olvidar que buena parte de los ingresos de España provienen de un turismo que no sólo responde al binomio “sol y playas”, sino que también -aunque parezca mentira viendo las hordas anglogermanas de borrachera- visita museos, catedrales o palacios.

Un último apunte, sobre todo para los periodistas que nos lean: por mucho que insistan, el Codex Calixtinus no es una guía de viajes. Sólo lo es su quinto libro, el Iter pro peregrinis ad Compostellam. Estaría bien que bajasen de su pedestal y consultaran a historiadores cuando no sepan algo. No mordemos.

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4 pensamientos sobre “Codex Calixtinus, el retorno”

  1. Mi opinión es que por dejación en sus funciones, debería ser retirado de su custodia en manos de la Catedral y pasado a manos de un archivo nacional. Que ya está bien de que la Iglesia guarde patrimonio como quien guarda un coche de segunda mano en una cochera.

  2. Eso de que el deán haya dicho que el códice recuperado es el auténtico porque él le hizo una marca en la última página, ¿no es suficiente como para que la obra esté guardada en la Biblioteca Nacional, a salvo de pautas de conservación tan temerarias?

  3. Christian, creo que estamos de acuerdo (e imagino que también el resto de lectores) en que el libro debería ser custodiado en una biblioteca especializada. No digo ya en la Biblioteca Nacional -es previsible que hubiera protestas por ello-, pero sí en la Biblioteca de Galicia. Sí, la de la Ciudad de la Cultura. Total, el dinero ya está gastado en su construcción, ergo que se utilice para algo. Ah, y que se digitalice el códice para evitar cualquier manipulación innecesaria.
    Óscar, sigue siendo spam, las cosas como son. Pero al menos es un spam simpático que no se limita a ofrecer Viagra a precios imbatibles.
    Ismael, te digo lo mismo que a Christian: el deán debería tener una orden de alejamiento de la obra. Y de Santiago de Compostela, ya puestos. Es inconcebible que el máximo responsable de la conservación de un libro sea el primero que lo destroza.

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