Fernando III, S01E00

No es la primera vez que trato sobre series en este espacio. Si me leéis a menudo sabréis que soy capaz de escribir sobre Juego de tronos sin haber leído ninguno de los libros o visto ningún capítulo, o que en la elaboración del artículo sobre Toledo, cruce de destinos sufrí y disfruté -a la vez- tanto como el marqués de Sade en una matanza típica haciendo él de cerdo protagonista. Pero lo de hoy es distinto. Es personal.

Fernando III
Fernando III’s seal of approval

De siempre me ha fascinado Fernando III. No ya porque sea mi santo (de hecho, jamás nadie me verá llamarlo “San Fernando III”, que es una catetada. Es más, si lo hago podéis hincharme a collejas hasta sangrar), sino porque creo que es uno de los reyes más importantes e infravalorados de nuestra Historia. Porque aquí todos conocen a tótems sagrados como Don Pelayo, Abderramán III, Sancho III, Alfonso X o Jaime I, pero Fernando III ha quedado en un segundo plano, discreto e incómodo a partes iguales.

Ya va siendo hora, digo yo, de recuperar a Fernando III para el gran público. Siempre pensé que su figura daría para una película, no una película épica sobre sus conquistas, qué va, sino una especie de thriller político que reflejase cómo se hizo con su doble corona. Sin embargo, hoy día se llevan más las series televisivas, de ahí que me disponga a publicar cinco artículos como cinco soles para otras tantas cinco temporadas. La idea es que todo ello sirva como una brevísima relación de la vida y milagros de Fernando III tomando como base un buen puñado de tuits que solté el 30 de mayo con el hashtag #FernandoIIIesTOP. Y si algún productor televisivo o cinematográfico lee esto, que me llame. Ya está tardando.


Primera temporada:

En esta primera temporada se presentarían los personajes más relevantes de la más que complicada trama. Esto es muy importante y lo subrayaría (mucho) si supiera cómo hacerlo en WordPress. No olvidemos que cuando Fernando vino al mundo en 1201 se le consideró el heredero, en un futuro no muy lejano, de los reinos de León y Castilla, puesto que sus padres eran Alfonso IX de León y la reina Berenguela, güigüigüí, hija de Alfonso VIII de Castilla. Si nos ponemos en plan mesiánico toca recordar que el nacimiento se produjo en el paraje de Valparaíso, en el camino entre Zamora y Salamanca, adonde la reina se dirigía. Sólo faltaba un portal con el buey y la mula.

No obstante, y pese al amor a lo Pimpinela que dicha pareja pudiese profesarse, el Vaticano disolvió en 1203 el matrimonio. Resulta que Alfonso IX era el tío segundo de Berenguela y, aunque Celestino III aprobó la boda -cómo no iba a aprobarla con ese nombre-, su sucesor Inocencio III decidió liquidar la herencia recibida. Ya que había cogido carrerilla, declaró ilegítimo a Fernando, que además perdió cualquier derecho a la monarquía castellana. Éste le correspondía por entonces a su tío Fernando, muerto en 1211, y en segundo lugar, a su otro tío, el futuro Enrique I, nacido en 1204.

Pese a la ilegitimidad dictada por el papa, Fernando conservó íntegros sus derechos al trono de León, aun habiéndose criado en la corte de Castilla con su madre. Ya se sabe, el clásico hijo de divorciados que es malcriado entre críticas despiadadas y agasajos varios. Sin embargo, en 1211 Alfonso IX cambió de parecer y dio de lado a Fernando para centrarse en otro hijo.

Sanctae Iustae Tribus
Sanctae Iustae Tribus

¿Otro hijo?, ¡sí, el hijo que aparece de repente, otro estereotipo televisivo más! Este viejo/nuevo hijo fue fruto de su matrimonio anterior con Teresa de Portugal, hija de Sancho I de Portugal, anulado por ser primos ambos contrayentes. Para rematar el déjà vu, el hijo también se llamaba Fernando y fue declarado ilegítimo junto a sus hermanas Sancha y Dulce. Mucho ojo que con estos tres infantes ya podemos montar un nuevo Sanctae Iustae Tribus.

Así pues, nuestro protagonista no sólo es ilegítimo, sino un ser desprovisto del cariño paterno y desterrado, que vaga por Castilla como puta por rastrojo, si se me permite la expresión. Mientras tanto, no sólo Castilla y León mantienen su dilatado pleito por las lindes -¡las lindes, a lo pueblerino!-, sino que se produce la espectacular batalla de Las Navas de Tolosa (1212) y el gran beneficiado, Alfonso VIII de Castilla, muere dos años después cediéndole el mando al jovencísimo Enrique I.

La muerte en 1214 de su hermanastro homónimo portugués parece allanarle el terreno a Fernando, pero no es hasta 1216 cuando Alfonso IX tímidamente busca reconciliarse con él atrayéndolo a la corte leonesa… mas sin reconocerle heredero. Pronto se aburrió Alfonso IX, que virará de nuevo hacia el bando portugués prefiriendo a sus hijas Sancha y Dulce. Aún así, Fernando no puede regresar a Castilla, dado que ese mismo 1216 había sido expulsado de allí por Enrique I y su regente Álvaro Núñez de Lara, que de paso -qué casualidad- era también mayordomo del reino leonés. La típica conspiración que nunca falta en las tramas de los culebrones, vaya.

Ilegítimo, desterrado, ignorado y en un limbo legal, y por si no estuviese todo ya suficientemente enrevesado para Fernando, el rey Enrique I fallece en 1217 de la forma más idiota al caérsele una teja en la cabeza. O recibir una pedrada. Vamos, de la mismísima hostia. El sainete se redondea cuando Álvaro Núñez de Lara pretende ocultar la muerte del rey para ganar tiempo (“¡circulen, circulen, aquí no ha pasado nada!”), pero sus enemigos políticos prestos y veloces acuden a chivarse a Berenguela.

Hasta entonces Berenguela había permanecido retirada de los tejemanejes cortesanos, pero ipso facto vuelve a las canchas a lo Michael Jordan y logra engañar a Alfonso IX para que permita que Fernando retorne a Castilla sin confesarle sus verdaderas intenciones. Alfonso IX, quizás aún enamorado, se lo traga todo y deja salir a Fernando hacia Castilla, donde se reúne con su madre en busca de alguien que les acepte para reinar.

De la manita y en singular peregrinación, Fernando y Berenguela recorren Castilla sin que nadie les corone (e incluso encontrándose cerradas las puertas de algunas ciudades) mientras Alfonso IX, que ha descubierto el truco del  almendruco, invade Castilla para reclamar los castillos y lindes que se le debían.

Y con este giro de guión, observándose en lontananza las tropas leonesas que se ciernen sobre Castilla casi tanto como la incertidumbre monárquica, fundimos a negro y nos marcamos un espléndido season finale.

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9 pensamientos sobre “Fernando III, S01E00”

    1. De hecho, Ferendus, ni Alfonso IX ni Berenguela se casaron de nuevo tras la anulación matrimonial, y eso que tuvieron veintisiete y cuarenta y dos años para hacerlo, respectivamente. Soy de los que piensan que en el fondo se querían, aunque no se soportaran.

  1. No olvidemos que, para ponerle más sal al asunto, Enrique I era un tierno mozalbete cuando falleció de esa curiosa enfermedad que es el ataque de piedra… al craneo (Véase que el nene de Enrique I de Navarra, su heredero Teobaldo de Navarra, murió también por un “peculiar” accidente de características similares a la cándida edad de 4 añitos, al “resbalarse” almena abajo por el castillo de Estella, allá por 1272; otro fistro de seriaza medievaloide que nunca se rodará en ciernes). Así que el panorama de intrigas, asesinatos de menores en mitad de “inocentes” juegos infantiles, etc., en verdad, daría mucho juego.

    Como esbozo de guión, ponerte un pero: se olvidó de lo FUNDAMENTAL, ¿dónde están los culos y las tetas? Bien integrada la violencia (ya me estoy imaginando, ya, los goterones de sangre derramándose en mitad de estas peleíllas gañanazas por los linderos, que ya se dijo en el pueblo que “¡No me pises el sembrao, rediós!”; gozo cual chancho en lodazal) pero no veo yo aquí la cosa carnal muy a la vista. O lo reenfocas o, efectivamente, olvídate de que los productores de televisión le den una oportunidad. Sólo puedo, parafraseándote a los Sinietro Total, decirte aquello de “isto chama-se cultura popular” (http://grooveshark.com/#!/search/song?q=Siniestro+Total+Ascension+Y+Caida+De+Josito%3A+Empieza+el+Baile).

    Un abrazo, artista.

    1. Muy señor mío, lo de los Enriques Primeros en la Península Ibérica es de traca, mascletá y falla. Sin meternos en el caso navarro, usted bien sabrá que el castellano se murió así, sin más, y ninguna crónica recoge rumores o infundios sobre un posible asesinato. ¿Juegos de niños? Sí, mientras no se demuestre que Berenguela era la que andaba lanzando tejas por las azoteas palentinas.
      En cuanto a los culos y tetas… a ver, que Fernando aún es mozalbete en esta primera temporada (y en la segunda, añado) y todavía no es momento de hacerle conocer hembra. Como mucho, que haya flashbacks con escenas subidas de tono entre Alfonso IX y Berenguela. Porque lo suyo era amor. Lo tengo muy claro.

  2. Desde luego que nuestro santo Rey da para todo eso y más, pero… ¡Por Dios! no lo cuentes aquí, que lo hará Gobomedia en el mejor de los casos, intenta colocarle la idea a HBO. Entonces sí que sería la leche (con perdón)

  3. Pcbcarp y Madame Tafetán, os contesto a la vez dado que me habéis recordado lo bien que saldría la serie en manos de la HBO. Mi respuesta: ojalá. Con sexo, sangre, intrigas y actores que no hablen con acento de Móstoles.

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