Qué y cómo comían los romanos [II]

La imagen superior, procedente de una cerámica griega, nos muestra a un joven dispuesto a cortar una cabeza de cerdo, probablemente para prepararla para su consumo. No es exactamente romana, pero nos puede servir para ilustrar esta entrada, la segunda de nuestra serie dedicada a la alimentación en la época romana. Después de hablar de cereales, frutas y verduras en la entrada anterior, llega ahora el turno ahora de las carnes.

En lo que respecta a las carnes de cuadrúpedo, la más consumida era la de cerdo. Al igual que ocurre en la actualidad, los romanos aprovechaban todas las partes de los cerdos y se las comían de las maneras más diversas. Así, tenían gran cantidad de salazones y embutidos diferentes, conocidos respectivamente como succidia y farcimina. Por supuesto, también la consumían cocinada. Como curiosidad, los romanos apreciaban especialmente las ubres y las matrices de las cerdas, que eran consideradas exquisiteces. Puede resultar extraño a simple vista, pero no se diferencia demasiado de nuestros actuales platos de casquería, como las criadillas o los callos.

La carne de vaca apenas se consumía, dado que éstas eran demasiado valiosas por su producción de leche como para sacrificarlas. Tampoco se consumía carne de cabras y ovejas adultas, aunque sí de corderos y cabritos, siempre castrados. En cuanto a la caza, preferían la carne de gamo y de gacela a la de ciervo, la cual consideraban muy indigesta. Liebres y conejos eran también muy consumidos.

Por último, es necesario resaltar que consumían otros tipos de carne bastante peculiares. Así, comían carne de asno, aunque en Roma nunca fue muy popular, a pesar de los intentos de Mecenas de ponerla de moda en la época de Augusto. También comían carne de perritos lechales en ciertos festines religiosos, tal como nos cuenta Plinio. Pero quizá su costumbre más exótica era la de comer carne de lirón, que era muy apreciada. Con este fin, se criaba a los animalillos en criaderos para poder luego consumirlos fácilmente. Por extraño que nos parezca, esta costumbre sigue viva en Eslovenia, donde los lirones guisados son uno de los platos fuertes de la gastronomía nacional.

Pasamos ahora a las aves, y es aquí donde nuestros estereotipos sobre los romanos se ven confirmados. Los romanos hacían bueno el refrán de Todo lo que vuela, a la cazuela. Exceptuando la de aquéllas a las que consideraban beneficiosas, como las cigüeñas o las golondrinas, los romanos comían la carne de casi todas las aves que conocían. Las más consumidas eran los gansos, las gallinas y las perdices, pero no las codornices, cuya carne se consideraba venenosa. También comían palomas y todo tipo de pájaros, tales como mirlos, estorninos, tordos o pinzones. En los banquetes de lujo se servían pintadas, faisanes y urogallos, aún hoy considerados exquisiteces, pero también otros más extraños para nuestros gustos, como pavos reales, grullas, loros y flamencos (especialmente sus lenguas, que eran muy apreciadas).

Qué y cómo comían los romanos [I]

Imágenes:

1) Joven griego preparando una cabeza de cerdo. No es un romano, pero nos vale.

2) Lirones guisados, un plato de origen romano que aún hoy forma parte de la gastronomía tradicional de Eslovenia.

3) Bodegón con perdices y huevos, fresco hallado en Pompeya.

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