Muy señores míos, siendo sincero he de admitir que hubiese preferido titular este artículo Toledo, cruce de desatinos o ¿Quién me devuelve esta hora y media de vida? Pero el posicionamiento en Google es el posicionamiento en Google y bueno, ya me entienden. Así que si han llegado hasta aquí gracias a Google o de cualquier otra manera, pasen, relájense y déjenme explicarles por qué Toledo, cruce de destinos (en adelante, Toledo) es una serie mala. Pero mala, mala. Mala con avaricia, de sentarse en un sillón con sonrisa malévola mientras se acaricia a un gato.
El punto de partida de la serie, de entrada, tenía su interés. La segunda mitad del siglo XIII es quizás el periodo que mejor ejemplifica esa España de las tres culturas, la idealizada pacífica convivencia y colaboración de cristianos, musulmanes y judíos. Además, Alfonso X es un rey bastante conocido -sobrevalorado, en mi opinión- por el gran público, aunque sólo sea de oídas. Y no sé de nadie a quien no le guste una ciudad tan extraordinaria como Toledo. Los tres factores citados, unidos a un guión coherente y a una cuidada ambientación, podrían hacer de Toledo una serie atractiva.
Pero no:
Sin embargo, eso no ha sido así. Por muy ambicioso que haya sido su creador, Emilio Díez, por mucho que se haya esforzado la productora Boomerang TV o por mucha confianza que haya depositado Antena 3 en una serie española de temática medieval, el resultado es muy decepcionante, como mínimo desde el punto de vista histórico.

Panorámica de Toledo, según Antena 3
Comencemos por el envoltorio. Por un lado es de aplaudir que se haya trabajado en diversas localizaciones tratando de buscar la mayor verosimilitud sin abusar demasiado del croma; de hecho, tengo la impresión de que sólo se ha modificado por ordenador la vista general de Toledo, con un alcázar que no es el actual, pese a que el aspecto de su torre principal chirríe. No obstante, edificios, atrezo, vestuario y mobiliario no parecen auténticos: algunos, pese a su inspiración medieval, se presentan perfectos e inmaculados en una apoteosis del cartón piedra, mientras que otros recuerdan más a siglos posteriores, como un crucifijo que tenía poco del siglo XIII, construcciones renacentistas y barrocas o el escudo de los Reyes Católicos que se observa en el toledano puente de Alcántara.
Esos fallos son apreciables por la mayoría, por supuesto. Pero al meterme en harina histórica es cuando me entran todos los males, de uno en uno y no en fila india, sino en una avalancha nivel “El Corte Inglés un 7 de enero”. Porque una cosa es distorsionar una miaja la realidad para ajustarla a la ficción y otra es saltársela sin venir a cuento, de modo gratuito, y sin que el cambio aporte absolutamente nada a la trama.
La harina histórica en sí:
Pongamos que Toledo se desarrolla entre 1270 y 1274. El capítulo arranca con una razzia musulmana, impensable por entonces, y muestra a los cristianos una década después sitiando Consuegra tras haber tomado Maqueda poco antes. Olvidemos que el castillo que aparece no es el de Consuegra -¿qué les costaría, pardiez?- y, a cambio, señalemos que Consuegra y Maqueda llevaban en manos cristianas, como mínimo, desde hacía más de un siglo.
Según la serie, en Consuegra se hallaba refugiado un tal Abu Bark (sic) cuya dignidad desconocemos, pero que se antoja tan peligrosísimo para Castilla que Alfonso X le ofrece la paz. Al arribar a Toledo, Abu Bark precisa de un traductor para comunicarse con los cristianos, pero acto seguido habla en un perfecto castellano sin ningún tipo de acento. Ya quisiéramos saber quién es ese inteligente Abu Bark, dado que no hay ningún rey nazarí que conste con ese nombre. Habría que preguntárselo a la atrevida musulmana que se bañaba completamente desnuda, al aire libre, en una alberca de su palacio… y no en uno de los hammam o baños árabes. El destape viaja al siglo XIII, señores.

¿Alfonso X o Theoden?
Pasemos al bando cristiano. En Toledo, la gran cuita de Alfonso X es alcanzar la paz: se apunta que Castilla lleva décadas en guerra y medio arruinada, cuando el perfil político de Alfonso X no fue tan militar como el de su padre, Fernando III, sino que se benefició de una etapa económica expansiva. Aún así, se sugiere que la paz entre cristianos y musulmanes es un avance hasta entonces inédito, si bien la tónica de la Reconquista es que eran menos las fases de guerra que de paz, caracterizadas éstas por las parias que en la serie se ignoran porque interesa más vender equívocos culturales, amoríos interétnicos y prejuicios que combatir en pos del bien común y el buen rollo universal, pero procurando dejar claro que, en caso de duda, los malos son los musulmanes y/o quienes quieran alterar la paz mundial.
Por otro lado, al rey se le denomina “Alfonso X” en vez de Alfonso, a secas, cuando ni en documentos ni de forma oral se le llamaría así. Aunque al Alfonso X de Toledo le martiriza un problema más grave que el onomástico: el familiar. Lo cierto es que su hijo Sancho, el futuro Sancho IV, le dio más de un disgusto, guerra civil incluida. Pero los guionistas (Emilio Díez y Alberto Úcar, responsables de subproductos como Los Serrano, El Internado o Los Hombres de Paco), lejos de aprovechar esa tensión, han preferido mancillar la Historia y mearse sobre su cadáver sin que ello, repito, redunde en una mejora del argumento.
Sólo dos hijos de Alfonso X se citan. Para mal, claro. En un rincón tenemos a Sancho, a quien en la serie se le considera el primogénito -hijo de un matrimonio de conveniencia anterior, ejem- y se le otorga el título de príncipe. En la otra esquina, Fernando, supuestamente su hermanastro, hijo de la reina Violante, y de quien se comenta que “no es una opción como heredero” dado que es el hijo menor y sólo un infante. Tracatrá, señores, tracatrá. Y en párrafo aparte les explico el porqué.

Una corte de cartón piedra
Alfonso X sólo tuvo una esposa, Violante de Aragón. Tuvieron por descendencia once vástagos, de los cuales, y en este orden, los varones fueron Fernando, Sancho, Pedro, Juan y Jaime, todos vivos en los años en los que se desarrolla Toledo. Esto es, que Fernando de hijo menor no tenía nada, sino que hasta su muerte en 1275 fue el heredero al trono de la Corona de Castilla. Sancho, obviamente, no pudo ser fruto de un matrimonio de conveniencia -¿cómo?, ¿Alfonso X casándose por conveniencia?, melospliquen, por favor-, ni mucho menos ser príncipe, título que no ostentó heredero alguno hasta la creación, en 1388, del título de príncipe de Asturias.
Si se deshiciera semejante entuerto no se alteraría la esencia de Toledo. Sancho seguiría siendo un conspirador y un broncas (más aún cuando no podría acceder al trono), mientras que Fernando dejaría de ser el niño mimado. ¿Niño? Calculando que la trama oscila entre 1270 y 1274 nos topamos con otro problema: para esa fecha el conocido como Fernando de la Cerda ya había pisado altar y bautizado un hijo, Alfonso. Pero en la serie prefieren un Sancho que, pese a ser primogénito aún no es heredero (?), y a un Fernando púber que se trajina a la joven esposa de un comerciante. Ajá.
Claro, que estas cosas se arreglarían consultando no ya libros de Historia, sino la Wikipedia. En una escena, Violante le asegura al infante Fernando que Jaime I, su abuelo, fue rey de Aragón a los tres años. Se da por hecho que Jaime I ya estaba muerto, cuando falleció en 1276, poco después que su nieto, y para colmo resulta que fue coronado no a los tres, sino a los cinco años. ¿Cambiaría la verdad el sentido del diálogo? No, pero quizás les hubiese provocado alergia a los guionistas.
Lo llaman alergia y no lo es:
Comprobemos otros síntomas de tal alergia a los libros. Un personaje principal es Rodrigo Pérez de Ayala, presunto conquistador de Maqueda, un noble que se tiró una década seguida guerreando contra los musulmanes sin poder ver a sus hijos; más aún, es nombrado magistrado de la ciudad de Toledo por el rey, quien afirma de Rodrigo que es “mi mano derecha, mi voluntad y el representante de mi justicia en todo el reino”, algo que no es obstáculo para que, según se sugiere en un determinado momento, Rodrigo hubiese vivido un romance con la reina Violante. Ole y ole.
Vale, toleramos la invención de ese tal Rodrigo Pérez de Ayala e incluso lo del revolcón con la reina, pero de ahí a que en diez años no viera a sus criaturas por hallarse luchando y que conquistara Maqueda cuando ya hemos dejado claro que ni lo uno ni lo otro… Por no hablar, de paso, de esa magistratura que en la serie es ambicionada como si de una vicepresidencia se tratara, a pesar de que hubiera que compartirla con un judío y un musulmán, algo inconcebible para un cargo que, en efecto, es más falso que la aventura colonial de Franco.

"Vaya, «Las Siete Partidas» no es la «Hobby Consolas» medieval"
El asunto es que Rodrigo tiene dos nenes, guapísimos ellos; el mayor, Martín, es nombrado asistente (aceptamos barco) del infante Fernando. Martín se niega, pues anhela ser caballero, cosa que enoja a su padre, quien aduce que ésa no es una opción para él, siendo la corte lo mejor para un noble. Como si ser noble no te habilitara para ser caballero, más aún si eras asistente (aceptamos flotador de patitos) de un infante y sales en una escena peleando con espada frente al público en una suerte de Operación Triunfo de la esgrima.
Es fácil intuir el porvenir de Martín en Toledo: el Justin Bieber del siglo XIII. Sobre todo porque le toca defender al infante de una conspiración para derrocarle, asesinándole si hiciera falta. En la sombra acechan dos influyentes prohombres de la corte, el conde de Miranda y el arzobispo Oliva, partidarios del príncipe (sic) Sancho y tan pérfidos que, a su lado, Bin Laden tiene la medalla al mérito civil.
¿De veras eran tan malvados? No se sabe, más que nada porque son ficticios. Insisto: no pongo pegas a que haya personajes ficticios, sino a que se creen sin motivo alguno y sin añadir valor a la historia, habiendo otros reales más válidos. Lo del conde de Miranda tendría un pase, aunque lo más parecido a ese condado sea el salmantino de Miranda del Castañar, fundado en 1457. Sin embargo, no se entiende el personaje del arzobispo Oliva, quien, como es obvio, no figura en lista arzobispal alguna; de hecho, entre 1266 y 1275 el arzobispo de Toledo era Sancho de Aragón, jovencísimo (nacido en 1250) y hermanísimo de la reina Violante. Ya me dirán ustedes si no daría más juego un arzobispo en la edad del pavo que otro que, al referirse a la Reconquista, indica que “es una guerra santa, como la que libran nuestros hermanos en Jerusalén”… cuando las tropas cristianas habían abandonado Jerusalén casi treinta años atrás.
Quizás todo esto no sea alergia, sino atrevida ignorancia de los guionistas sobredichos. Pero también hay que señalar la teórica labor de los consultores históricos que se citan en los títulos de crédito: José Miguel Merino de Cáceres y María José Martínez Ruiz, catedrático de Historia de la Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid y profesora de Historia del Arte en la Universidad de Valladolid. Imagino que ambos habrán “asesorado” y dado el visto bueno, por encima, a lo que se cocía, pero que no habrían aguantado tanta tontería en el guión si hubiesen llegado a leerlo detenidamente.
Despedida y cierre:

"Al salir de la Escuela de Traductores"
Con todo, ni guionistas ni consultores ni productores tienen la culpa de las mediocres interpretaciones de su elenco. Ya, no es para tirar cohetes, pero uno esperaría algo más de actores de la talla de Juan Diego o Álex Angulo. O que el reparto supiera vocalizar y entonar de otro modo que no fuera el de siempre: en castellano estándar, todos con deje de Madrid, y a correr. Que sí, que no van a hablar como en el siglo XIII, que musulmanes y judíos usen también el castellano, pero oigan, un acento pido. Algo que te demuestre que son actores y no la megafonía del Mercadona glosando las ofertas del día.
¿Quiere todo esto decir que recomiendo encarecidamente ver Toledo? ¿Y todavía hay alguien que se lo pregunte?, ¿qué han estado vuesas mercedes haciendo todos estos párrafos, maldita sea? No, claro que no. Les ruego que no vean la serie, so pena de perder hora y media de su vida cada miércoles. Hora y media que nadie les va a devolver y que mejor harían ahorrando para poder visitar la maravillosa Toledo, cuyo nombre aparecerá desde ahora asociado a semejante bodrio.


Yo es que no la pude aguantar más de dos minutos y fundamentalmente me quedé con lo malos, malísimos que eran los actores (muy perfectos y muy guapos todos, que no se diga de la higiene y de los dentistas medievales) y con la sensación entre cartón-piedra y “disfraces-de-carnaval-del-Lidl” que me daba todo.
Lucía, gracias por recordar algo que yo he pasado por alto: la perfección higiénica y estética de los actores. Esos pelos brillantes, ese estilismo de bandera, esa sonrisa Profidén… todo tan siglo XIII que echa para atrás, claro. Que yo no pido que les destrocen la cara, pero sí que lo disimularan un poco. Del vestuario poco más puedo decir. A veces pensaba que sí, que estaba bien (quizás alquilado a alguna productora cinematográfica), y otras me llevaba las manos a la cabeza.
Me dispuse a verla el día del estreno, menos mal que me olvidé y tal… no me esperaba menos. ¿Historia de la arquitectura e Historia del Arte? está claro que a los asesores sólo los han llamado para el cartón piedra. Una lástima de verdad si vemos otras series que hay por ahí como Los Tudor o Downton Abbey… en fin.
Alberto, sigo dándole vueltas al papel de los consultores. De entrada, me niego a pensar que ellos lo hayan supervisado. Más bien imagino que les pedirían añadir su nombre a los créditos para darle un barniz de respetabilidad a la ambientación. Porque claro, luego ves que permiten meter edificios extemporáneos a la época y prefieres no echarle la culpa a los asesores.
Ejemplo: ¿por qué aparece el castillo de Guadamur y no el de Consuegra?
Los Tudor caca, que sacaban una Venus de Milo en un jardín cuando paseaban el Enrique y la Ana.
Perdón, se me olvidaba comentar que he disfrutado tanto leyendo el artículo cuantimás se notaba el sufrimiento del que lo escribió. Muhahahaha.
Paula, pues sí, hubo momentos de la serie en los que sufrí y bastante. Más aún sufrí al ver alguna promoción en la que querían venderte la moto diciendo que era una serie superhistórica y tal. Ya, claro.
Eso sí, por mucho gazapo de “Los Tudor” no me vayas a comparar. “Los Tudor” es una seriaca -aunque tenga sus fallos-, con una dirección artística y un vestuario brillantes, con una producción cuidadísima y con unos actores bastante buenos. “Toledo”, en cambio, es una bazofia como una catedral de cinco naves.
Algo bueno tiene la serie, aunque no la haya visto ni la veré. Pero gracias a ella los legos en historia tenemos la oportunidad, leyendo tus críticas, de conocer algo más un instante de la historia medieval española sin perder la sonrisa.
Esta tendencia a “versionar” la historia de forma gratuita y sin aparente propósito alguno, me da la impresión de que se debe, más que a un deseo expreso de no seguir el guión histórico, a una falta de originalidad y valentía para crear algo realmente nuevo, y me recuerda a la moda que últimamente se impone en la música y el cine de mutilar clásicos sin ofrecer nada a cambio. No estoy en contra de la versiones, al contrario, me gustan las versiones si aportan algo diferente, no simplemente paja.
Un saludo desde Elche.
Hombre, Rafa, la historia medieval se puede conocer también gracias al cine y a las series, siempre que se trate con respeto. Material hay de sobra y, sin embargo, parece que guionistas y productores se empeñan en inventarse tontás sin motivo aparente.
Entiendo que no siempre hay medios económicos. Entiendo que resulte más fácil, como dices, elaborar refritos (ya hay quien señala que hay cosas de Toledo que se inspiran -rozando el plagio- en Juego de Tronos). Pero lo que ya me niego a entender es que se desaproveche el filón que supone nuestra Historia.
Un saludo desde Salamanca y recuerdos de Cabeza de Hierro.
Buenísimo todo lo que he leído… la vi un rato y no me gustó nada de nada, no tengo tanta capacidad para analizar el rigor histórico , pero está claro que fallaba por muchos sitios. En lo referente a las interpretaciones… pues es un apaga y vámonos, lo de los acentos madrileños es de órdago… me recuerda al caso de de Paulo, el personaje que interpreta Juan José Ballesta en Hispania, que habla cual adolescente salido de un botellón en la mismísima Parla… temeroso…
Es una pena…. pero esto es España… y el mundo del espectáculo… pon una cara bonita como reclamo y no te preocupes por el talento interpretativo, el rigor histórico…. que con muy poca suerte…. será tooodo un éxito….
Jacob, lo de los acentos es una batalla perdida. Como señalas, a mí también me llevaban los demonios cuando escuchaba a Juan José Ballesta en Hispania en plan “ejque lorromanoj que son mu malo…”. Vale, yo de actor lo único que tengo son pinitos en un grupo en el que estuve en la universidad, pero al menos me esforzaba en pronunciar bien, en vocalizar, en disimular un poco el acentazo extremeño que tengo. Si lo hacía yo, ¿por qué no un profesional que se dedique en exclusiva a ello?
(Vale, quizás tenga que ver que bastante hacen con ser tan guapos e ideales de la muerte todos. O la mayoría, al menos).
Fantástico análisis, sí señor.
El problema del escaso rigor histórico de estas series es que labran profundamente el imaginario colectivo. Crean nuevos estereotipos falsos y afianzan los que ya existen, forjando una iconografía muy potente para un ser humano que es neurobiologicamente dependiente de la imagen. Al igual que ocurría con los capiteles historiados de la arquitectura medieval, la imagen televisiva desplaza a la historia escrita y esto conlleva una responsabilidad para los artistas y sus promotores. Desde el arte se puede (y se debe) interpretar la historia, pero no creo que deba cambiarla o tergiversarla.
Raúl, como bien dices el peligro es que la gente (en general) tenderá a creerse más lo que vean en televisión, masticadito y falseado, que lo que puedan leer en un libro histórico. La cosa es que los capiteles historiados (bíblicos, sobre todo) son bien majos, pero no así este pastiche de serie: ni ese consuelo nos queda.
En mi opinión, el arte no tergiversa la Historia. El arte bien entendido, claro. Pero si luego ves que hay profesores de arte que permiten que su nombre se asocie a desmanes como Toledo se te cae el alma al suelo…
¿Y qué esperaba usted, hombrededios? Si un poquito de documentación no va a alterar la merde de resultado final. Igualico igualico que Elizabeth, por poner un caso.
Y en los Tudor también adaptaban la historia a sus necesidades, que conste, que rigor, lo que se dice rigor, como que no.
Señora Liddell, como usted comprenderá yo no tenía demasiadas esperanzas depositadas en la serie, pero su visionado me produjo aún mayor dolor del previsto. Que la documentación no cambiaría mucho el resultado, vale, pero tampoco les costaba nada arreglarlo.
El caso es que Los Tudor y Elizabeth tienen fallos históricos, claro, pero uno los ve y disfruta (mi película favorita es Braveheart, que de rigor histórico anda escasa). Al menos cuidan decorados, vestuario, fotografía, música… en vez de producir sonrojo.
Por cierto, cuando digo Elizabeth me refiero a la primera, que es una gozada, no a su secuela, que para mí es como si no existiera.
Enhorabuena por el artículo. Desconocía la cantidad de errores históricos cometidos, y que, por lo que veo, no eran imprescindibles para la trama narrativa. Me ha llamado mucho la atención la invención del Arzobispo Oliva, porque sí que hubiera dado mucho juego un arzobispo joven y además, cuñado del Rey.
Por cierto, hay un gazapo en la redacción: el actor que hace de Alfonso X es Juan Diego, no Gabino Diego. La verdad es que a mí la interpretación de Juan Diego no me ha disgustado.
A partir de ahora voy a marcar “Aquí fue Troya” como favorita para dejarme caer de vez en cuando por aquí, para leer algo simpático a la par que interesante.
Antes de nada, Miguel, muchas gracias por señalar el fallo. No sé cómo he podido confundirme con los nombres, cuando la diferencia es más que clara: Juan Diego es Alfonso X y Gabino Diego fue Felipe IV.
Lo del arzobispo sigue sin entrarme en la cabeza. Como tampoco el resto de personajes inventados, la verdad. Ese papel podrían ejercerlo otros personajes de la época y sería medianamente tolerable. Por no hablar de las interpretaciones. En fin.
Por cierto, bienvenido (bienvenidos todos, de paso) a Aquí fue Troya. Esperamos verte por aquí de nuevo.
Fer díaz, está claro que tú puedes hacer una serie mucho mejor. Dale caña e impresiónanos. Por cierto, para no gustarte nada te sabes la intríngulis al dedillo…
Pues verás, Rober, resulta que mi trabajo no es ser guionista, ni productor, ni programador televisivo. Simplemente doy mi opinión acerca de Toledo y señalo qué está mal en la serie, explicando por qué y en qué podría mejorar.
Por cierto, fíjate en la fecha del artículo y léelo al completo para descubrir que hablo únicamente del primer capítulo. Todo lo que trato aparece en el primer capítulo. Todo. Tú mismo si te quieres retratar.
Saludos Fer, me ha parecido interesantísimo el texto y estoy de acuerdo contigo en todo. Me fastidia profundamente que en nuestro país no sepamos hacer series históricas maravillosas como se hacen en el extranjero (por ejemplo la propia “Roma”). Quizás nos haga falta dejarnos de Los Serrano, Aquí no hay quien viva, Los Hombres de Paco, etc. y comenzar a ver detenidamente Los Soprano, Roma, Sherlock, etc. Se enriquezaría nuestra visión del mundo de la serie televisiva y aprenderíamos lo que de verdad es hacer Arte.
Lo del Arzobispo Oliva…. se me ocurre que a los guionistas les sonaría el nombre de “un cura de esos de la Edad Media” llamado Oliva, bastante famosete por cataluña. Sin embargo, no Arzobispo sino Abad, y no de la segunda mitad del s. XII sino de la primera del XI. Y durante su vida los cruzados sí que estaban dando espadazos por Tierra Santa. Quién sabe. Yo la verdad es que no me explico qué se les pasaría la cabeza para llevar a cabo una serie tan penosa.
Bueno, Pablo, no sé dónde leí que el problema de nuestras series es que deben contentar a todo el público, tanto a los niños como a los adolescentes, a los padres y a los abuelos, de ahí que se extiendan tanto sus capítulos y sus tramas, muchas de ellas sin sentido y destinadas únicamente a abarcar ese público potencial. Ése es uno de los grandes errores, porque no me imagino a los ingleses o yanquis pensando “eh, quizás ‘Roma’ no sea para los nenes” o “me temo que ‘The Big Bang Theory’ no la van a pillar los abuelos”.
En cuanto a lo del Abad Oliva, pues sí, no caí al principio pero tienes razón. Aún así, ¿por qué falsear la Historia, cuando el arzobispo toledano por entonces podría haber dado aún más juego?
jojojo eso os pasa por darle una oportunidad a esta mierda de serie, nada mas ver la primera promo casi me muero de la risa de la mala pinta que tenia, pero quien es el desgraciado que ha llevado este desproposito a la pantalla? habria que ajusticiarlo con garrote vil junto con todos los que han participado en ella por herejes, luego se preguntaran porque la gente no ve estas mierdas putas ni regaladas pero eso si, seguro que han cobrado una buena pasta en subvenciones con jugoso dinero publico.
A ver, Patxi, todo el mundo merece una oportunidad. Como ya apunté en el artículo, el punto de partida podría ser interesante, aunque luego la realidad fue penosa, como habrás podido comprobar.
Dado que Antena 3 es una televisión privada, los responsables de la serie serán tanto los creadores y productores de Boomerang TV como los programadores de Antena 3 que dieron el visto bueno a su encargo, realización y retransmisión. Y como Antena 3 es privada dudo muchísimo que se haya podido cobrar subvención alguna, pese a lo que comentas.
Aún así, no estoy de acuerdo con que hables de garrote vil. Con dejar de emitir la serie va que chuta.
Has dado en clavo con todo…
Poco más que añadir respecto a lo que otros comentaristas han dicho. En primer lugar, habrá sido un lapsus, alguien ha hablado de la segunda mitad del siglo XII, cuando se supone que la trama transcurre en la segunda mitad del XIII.
Por otro lado, en lo que podría llamarse el capítulo 0 de la serie, la actriz Patricia Vico asegura que en la época de Alfonso X y de la reina Violante no había espejos. Falso. Los andalusíes ya los usaban con frecuencia en el siglo XI.
Hasta ahora he visto todos los capítulos emitidos, con la sola pretensión de entretenerme. Porque hay licencias antihistóricas sencillamente imperdonables.
Saludos de El Revolucionario Escarlata. El post es realmente bueno y nada pedante, cosa que agradezco mucho.
Yo también vi en la web ese capítulo cero (por llamarlo de algún modo) y me pareció vergonzoso. No ya por las tonterías sin fundamento que sostenían acerca de la época de la serie, sino por el hecho de querer vender la moto de que la Historia dejaba de ser aburrida gracias a Toledo (y claro, así nos va luego a quienes nos dedicamos a estos temas).
He encontrado este hilo y no paro de reir. Tienes mucho “arte” desmenuzando la serie “Toledo”.
Yo la estoy viendo porque soy de Toledo, y porque conozco el castillo, que es el de Guadamur, también en Toledo… (por cierto, os recomienzo visitarlo) y además es que soy masoca. No tiene otra explicación.
Entre todos los comentarios acertadísimos que haces, quisiera añadir algun que otro detalle de los últimos capítulos.
Cuando Sancho salva al padre de ser atacado por un lobo, este lobo parece más un “jasqui siberiano de los que acompañan a papá Noel que a un lobo de Toledo. Señores, que un lobo es de color marrón, pardo vamos!…nada de lobos blancos como salen en la serie.
Cuando el director de la escuela de traductores está apresado y Rodrigo le lleva un documento con números, el actor interpreta que esos números se corresponden con las letras del abecedario. Aceptemos “pulpo”, pero digo yo que al trascribir esos números podía haber usado “letras góticas” y no grafías de la actualidad…
Son sólo algunos detalles de una serie muy mal documentada, más interpretada y con unos argumentos típicos de “Fisica o química”.
Un saludo.
Bueno, Maribel, el masoquismo tampoco es tan malo siempre que sepas distinguir lo real de lo ficticio, que es lo que más abunda en la serie. Aunque imagino que siendo de Toledo lo mismo te fastidia que no hayan podido/querido/sabido aprovechar todo lo que la ciudad ofrece, que es muchísimo.
En cuanto a los comentarios que añades, lamento (o celebro, mejor dicho) no haber visto esos episodios. Lo del husky es de traca, pero más bestia me parece lo de las grafías actuales en vez de la típica gótica redonda del siglo XIII, que tampoco es tan compleja de entender (siempre que no se abrevie, claro).
Aunque, como bien dices, dados los argumentos y cómo se retrata la época en la serie, ya sería pedirle peras al olmo.
Aparte del nulo rigor histórico de la serie y de la mala interpretación de muchos de los actores, hay uno que no soporto: el que interpreta al arzobispo Oliva, ¡ patético!, parece que está leyendo un niño pequeño, es vergonzoso que a eso se pueda llamar actor.
Soy toledana y tenía mucha ilusión por esta serie pero no me puedo quejar porque tengo el original, la ciudad de Toledo.
Gracias al autor de este artículo.
. Solo agradecer al autor del artículo el buen rato que me ha hecho pasar y añadir otra pifia que una persona me comentó ayer: en el puente de Alcántara que sale en los primeros planos de la serie aparece ¡el escudo de los Reyes Católicos!
Sobre los actores aunque los hay buenos como Juan Diego, Alex Angulo etc… hay algunos y entre ellos está el que interpreta al arzobispo Oliva, no me acuerdo de su nombre, que hay que echarle de comer aparte…¡malísimo!
Manuela, coincido contigo en la valoración del papel de Rubén Ochandiano en la serie. Es malo con avaricia y, para colmo, es un caso que me ha dolido porque, como ya dije, cambiaron el arzobispo real (Sancho de Aragón, que hubiese sido más jugoso) por otro inventado.
Por otro lado, en el artículo sí hablo del error de bulto de presentar el escudo de los Reyes Católicos en el puente de Alcántara. Vale, hay que fijarse mucho y si no se es toledano o experto en heráldica real podría pasar, pero si uno se pone a sacar planos retocados por ordenador, ¿qué les costaba quitar el escudo de marras?
En fin, como bien dices qué menos que quedarte con el original y disfrutar del Toledo real y no del de la serie.
perfecto, esta claro que el articulo es fantastico,yo no me habia dado cuenta de nada de nada,pero eso si,me ha encantado la serie,sobre todo rodrigo…
porque no preferiran ver el bodrio de salvame no?????
Aliss, no prefiero Sálvame, por supuesto que no. Si tengo que elegir entre Toledo o Sálvame elijo susto antes que muerte, pero si puedo me evito el susto, ¿no? (ya sabes, para gustos los colores).
Eso sí, el papel de Rodrigo es de los más agradecidos y quizás fue el único que por momentos me llegó a convencer.
El articulo es genial aunque creo que se queda corto.Después de ver el primer capitulo de esta serie, en familia , me tocó responder a todas las preguntas que gracias a Dios me iba haciendo mi hija (17 añitos ) porque a la pobre no le cuadraban las cuentas….y repito, gracias a Dios . Mi hija sabia perfectamente que el principe Sancho, no sólo no fue principe, sino que ni siquiera fue el primogénito del Rey Alfonso X. No sabeis lo que eso me tranquilizó…..jajajjajaja
¿Crees que me he quedado corto, Merche?, ¡si hasta a mí me ha parecido excesivamente largo el artículo!
Y menos mal que tu hija se dio cuenta del tongazo con la edad de Sancho… pero me temo que no entra en la mayoría de la audiencia, que se creerá el cuento que aparezca en la serie y pasará por encima de la Historia.