La Terrible Historia de la Eugenesia

«60.000 marcos [aprox. 250.000 €] es lo que esta persona con defectos hereditarios le cuesta al Estado durante toda su vida. ¡También es su dinero, ciudadano! Lea Neues Volk, la revista mensual de la Oficina de políticas raciales del NSDAP.» Este cartel podría ser la ilustración perfecta para uno de los episodios más oscuros de la reciente historia de la ciencia: el abrumador éxito de la eugenesia desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.

El padre de la teoría eugenésica moderna fue el científico inglés Francis Galton (1822-1909). Galton, que hizo investigaciones en diversos campos científicos, como la meteorología, la biología o la estadística, quedó profundamente marcado por la lectura de El origen de las especies, de Charles Darwin (quien, por cierto, era su primo), y llegó a la conclusión de que era necesario aplicar una selección artificial al ser humano para evitar la decadencia de la especie. Por extraño que nos parezca hoy día, las ideas de Galton tuvieron un éxito arrollador y fueron adoptadas por una gran parte de la población educada del mundo occidental, aunque de una manera bastante más radical que lo previsto inicialmente por Galton: era necesario impedir que los seres humanos inferiores (enfermos mentales, homosexuales, inmigrantes, judíos, extranjeros, etc.) se reprodujeran más rápido que los superiores, porque si eso ocurría, se produciría el colapso de la especie humana.

Hoy en día es evidente la carga de racismo que contiene la teoría de la eugenesia, pero eso no ocurría entonces. Estar a favor de ella era avanzado, era progresista, era preocuparse por el mundo que se iba a entregar a la generación siguiente. La eugenesia era la teoría científica del momento. Los científicos la aceptaron. Se investigaba en las universidades y en otros centros especializados, y esa investigación la financiaban tanto los estados como prestigiosas fundaciones privadas. Grandes personajes de la política y las artes afirmaron públicamente su importancia y la necesidad de ponerla en práctica para evitar una catástrofe. Entre sus defensores se encontraban políticos como Theodore Roosevelt, Winston Churchill y Salvador Allende, inventores como Alexander Graham Bell, o literatos como George Bernard Shaw y H.G. Wells.

Es de sobra conocido cuál fue el final de ese camino: el extermino masivo de judíos, homosexuales, discapacitados y enfermos mentales, entre otros, en los campos de concentración nazis. No lo son tanto sus etapas intermedias, como las brigadas de «Higiene social», las esterilizaciones forzosas o los programas de «defensa de la raza» que se desarrollaron durante la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos, Escandinavia o Chile, entre otros países. En cualquier caso, las atrocidades nazis eliminaron todo el prestigio que tenía la eugenesia, aunque durante los años 60 y 70 se siguieron practicando esterilizaciones forzosas en los países escandinavos.

Para saber más:

M. Crichton, «¿Por qué es peligrosa la politización de la ciencia?», apéndice teórico a la novela Estado de miedo, Madrid 2004.

Fuentes de las imágenes:

1) Cartel de propaganda nazi a favor de la eugenesia, Wikipedia: http://upload.wikimedia.org/ wikipedia/commons/1/12/EnthanasiePropaganda.jpg.
2) Francis Galton, padre de las teorías eugenésicas, Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/ Archivo:Francis_Galton_1850s.jpg.
3) Judíos «inútiles para el trabajo», de El album de Auschwitz, la única colección de fotografías de la época que muestra el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau en funcionamiento: http://www1.yadvashem.org/exhibitions/album_auschwitz/index.html.

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3 pensamientos sobre “La Terrible Historia de la Eugenesia”

  1. Si no recuerdo mal, Sir Galton también es responsable de un estudio de parecidas intenciones en las que quería demostrar que a mayor altura mayor inteligencia (hablamos de la época que hablamos con las diferencias entre clase alta -a la que pertenecía- y clases bajas con problemas de malnutrición y demás factores)
    Lo gracioso es que el estudio se realizó con niños de entre 2 y 10 años (de nuevo tiro de memoria) que por supuesto se encuentran en diferentes momentos del desarrollo con un claro resultado a favor de los mayores.

  2. Yo a este señor Galton no lo conocía hasta hoy. Pero si te puedo decir que en la época se daba mucho esto de la selección natural en los humanos, el Darwinismo social. Uno de los grandes ejemplos, a mitad del SXIX fueron las “campañas al desierto” del General Rosas en Argentina, donde “el desierto” era la despoblación blanca, de la que reclamaban por Europa en el famoso “gobernar es poblar” de Alberdi.

    Un gran ejemplo el SXIX, que cimentó las barbaridades futuras y reforzó las antiguas tácticas.

  3. Yo tampoco conocía esos otros estudios de Galton, pero sí recuerdo haberme encontrado el dato de que los aristócratas ingleses eran de media entre diez y veinte centímetros más altos que el resto de la población, por supuesto porque se alimentaban mejor que ellos. Tampoco sabía de las campañas del general Rosas, aunque no me sorprenden en absoluto. De todas formas, en la próxima entrada espero poder hablar de cómo todas las barbaridades que se han cometido en el siglo XX empalidecen si se comparan con las de los siglos anteriores, aunque la mayoría de las veces tengamos la sensación contraria.

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