Culpable de licantropía

Algunas noches, lo único que queda en la televisión es Cuarto Milenio. No suelo aguantar mucho en el salón cuando empieza el programa de Iker Jiménez porque me pone del hígado todo el paripé y la jerga pseudocientífica. En el último programa que vi (desconozco el horario), Jiménez hablaba del caso de Manuel Blanco Romasanta (1809-1854), el asesino múltiple gallego condenado a muerte primero y a cadena perpetua después por licantropía.

Se trataba de la reposición de un programa en el que se afirmaba que el caso de Romasanta tenía el interés especial de ser el primer individuo en todo el mundo juzgado como hombre lobo, incluso el primer asesino en serie. Desconozco si el señor Francisco Pérez Abellán hace esa afirmación a la ligera (minuto 2:29 de este clip) o si de verdad se ha documentado pero, en cualquier caso, es errónea.

Un enciclopedista francés llamado Pierre Bayle (1647-1706), recoge en su obra Dictionnaire historique et critique el siguiente extracto a raíz de la biografía de Daniel d’Auge, letrado:

 

Dictionnaire historique et critique, Pierre Bayle (1647-1706)

De todas las obras de Daniel d’Auge la que me parece más digna de curiosidad es el Discurso sobre el fallo que condenó al hombre-lobo. Sé por Bodin que este fallo fue dictado por el Tribunal de Dole, el 18 de enero de 1583, contra Gilles Garnier, lyonés, y que fue impreso en Orleáns, París y Sens. Cita sus principales puntos. “Sucedió que el tal Garnier, encontrándose el día de San Miguel bajo la forma de hombre-lobo, agarró a una joven de diez o doce años de edad cerca del bosque de la Serre, en unas viñas del viñedo de Chastenoy a un cuarto de legua de Dole, y que la mató y asesinó, tanto con sus manos semejantes a patas, como con los dientes, y que se comió la carne de sus muslos y sus brazos, parte de los cuales llevó a su mujer. Y por haber cogido un mes después y de la misma forma a otra niña, a la que mató con intención de comérsela de no habérselo impedido tres personas, tal y como ha confesado. Y por haber, quince días después, estrangulado a un niño de diez años en el viñedo de Gredisans, del que se comió la carne de muslos, piernas y vientre. Y por haber matado más tarde, bajo la forma de hombre y no de lobo, a otro chico de doce o trece años de edad, en el bosque del pueblo de Perouse, con la intención de comérselo, si no se lo hubieran impedido, tal y como confesó sin que se le hiciera fuerza o constricción alguna, fue condenado a ser quemado vivo, y la sentencia fue ejecutada.”

[Traducción de Juan María Supiot Ripoll; la enciclopedia en formato digital y de consulta íntegra via web se encuentra en la Universidad de Chicago]

El caso de Romasanta, lejos de ser motivo de orgullo de la historia jurídica española, hablaría más bien de las dificultades que tuvieron las ideas de la ilustración para terminar con los procesos judiciales derivados de la superstición. Ya Voltaire (1694-1778) hablaba en su Tratado sobre la Tolerancia (1767), de la caza de brujas y de cómo éstas debían provocar más compasión que miedo ante su ingenuidad e ignorancia al creer que podían influir mágicamente en el mundo que les rodeaba:

Hubo un tiempo en que se creyó obligatorio promulgar decretos contra los que enseñaban una doctrina contraria a las categorías de Aristóteles, al horror al vacío, a las quintaesen­cias y al universal de la parte de la cosa. Tenemos en Europa más de cien volúmenes de jurisprudencia sobre la brujería, y sobre la manera de distinguir los falsos brujos de los verda deros. La excomunión de los saltamontes y de los insectos nocivos para las cosechas ha sido empleada profusamente y todavía subsiste en algunos rituales. La costumbre ha caducado; se deja en paz a Aristóteles, a los brujos y a los saltamontes. Los ejemplos de esas graves locuras, en otros tiempos tan importantes, son incontables: se producen otras de vez en cuando; pero cuando han producido su efecto, cuando se está harto de ellas, mueren por sí mismas. Si a alguien se le ocurriese hoy día ser carpocrático, o eutiquiano, o monotelita, o monofisita, o nestoriano, o maniqueo, etc., ¿qué sucedería? Se reirían de él, como de un hombre vestido a la antigua, con gola y jubón.

[Texto completo aquí]

Algo que por otra parte ya hiciera Cervantes en su Quijote (1605), en el capítulo XXII, en el que se produce el encuentro con los galeotes:

 

Grabado de Gustave Dore para una edición de 1875

“bien sé que no hay hechizos en el mundo que puedan mover y forzar la voluntad, como algunos simples piensan; que es libre nuestro albedrío, y no hay yerba ni encanto que le fuerce: lo que suelen hacer algunas mujercillas simples y algunos embusteros bellacos, son algunas misturas y venenos con que vuelven locos a los hombres, dando a entender que tienen fuerza para hacer querer bien, siendo, como digo, cosa imposible forzar la voluntad”

Pero, claro, cómo se puede esperar que alguien hiciera caso a estos señores en el siglo XIX cuando en el XXI aun seguimos a vueltas con programas como el de Iker Jiménez.

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4 pensamientos en “Culpable de licantropía”

  1. Me encantan esto artículos. Muchas veces, cuando se lee o estudia la historia general, no somos capaces de ver hasta dónde llega un modelo ideológico y una cosmovisión tan fuertemente arraigada.

    Cuando vemos estos artículos, hablando de hombres lobo, o leemos los diarios de viajes de marineros que pasan cerca de las más lejanas tierras, o vemos algún proceso inquisitorial como el del Obispo de Salamina, o el Molinero del Friuli, se le queda a uno la cara a cuadros.

    Gracias por compartir esto.

  2. De entrada, me quedo con un detallito:
    “Se comió la carne de sus muslos y sus brazos, parte de los cuales llevó a su mujer”.
    Gilles Garnier no era un hombre lobo, ¡era un hombre perro! Porque esa actuación tan sumisa y educada (al margen de tratarse de un acto criminal) es más propia de perros que de lobos, todo sea dicho.
    Por otro lado, el artículo me encanta por un motivo evidente: siempre me tiró mucho el tema de la historia de las mentalidades, o cómo tratar de comprender los actos e ideas de quienes nos antecedieron. Es una de las ramas más bonitas de la Historia, pero también una de las más complejas (tanto de realizar como de entender), porque no todo historiador -ni todo lector- está preparado para ponerse en la piel de alguien cuya cosmovisión es radicalmente distinta.

  3. Una entrada muy interesante, Christian.
    Por cierto, que la primera historia de hombres lobo de la literatura occidental es bien antigua: aparece en el Satiricón de Petronio, donde se habla de un soldado romano que se convierte en lobo por la noche y se dedica a asaltar las granjas para comerse el ganado.

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