Historiador

“Hola, soy Fulanito y soy… historiador”.

Así me presento (nos presentamos) a menudo, sin saber si obtendremos del otro una mirada neutra, de respeto o de conmiseración; en muchos casos, nos encontramos con un compañero de fatigas que nos responde: “yo también”. Pero para eso, para recibir la mirada neutra, de respeto o de conmiseración, hay que presentarse, que es lo que estoy haciendo ahora mismo. Y qué mejor manera de presentarme, ahora que comienza mi andadura en Aquí fue Troya, que exponer mi peculiar visión del historiador y de su oficio mediante un articulillo que ya escribí hace meses en mi blog.

Para empezar, justo es admitir que un historiador es eso, historiador, no un “licenciado en Historia”, que es lo que rezan muchos títulos y currículos. Pero no es menos justo admitir que, sintiéndolo mucho, los historiadores no somos prohombres que cambian eras: no vamos a hacer historia porque ya la hicimos –la carrera, claro– y porque nuestro objetivo es todavía más modesto. Desde un punto de vista cinematográfico, es como si Indiana Jones se olvidase del arca perdida y se contentara con buscar el alambre del pan de molde.

Citándome a mí mismo (que es algo que queda fatal, cierto), “la Historia no debe ser, sino sólo ser”. El historiador debe siempre limitarse a contar lo sucedido, investigarlo, rescatarlo, analizarlo, hacerlo comprensible, transferirlo al futuro y, en la medida de lo posible, de una manera amena y didáctica. Y sí, en mi opinión eso incluye la inserción de ese tipo de comentarios vulgarmente conocidos como “morcillas”.

Pero todo eso no es Historia, es historiografía (buena o mala, rancia o renovadora, soporífera o interesante) y ahí entran escuelas, métodos, tendencias, enfoques y los más íntimos vicios y corruptelas personales. Sin embargo, me resulta altamente tedioso valorar cuestiones historiográficas: a menudo un asunto así se convierte en una competición de egos a la que sólo falta añadir una piscina de barro y bikinis. Los historiadores también somos humanos y como tales tendemos a comportarnos.

Para bien o para mejor, los historiadores disfrutamos de uno de los oficios más bellos del mundo. No salvamos vidas ni rescatamos gatitos, pero en nuestras manos está enseñar. Porque un historiador que no enseña, que no transmite conocimiento alguno a la sociedad –y no sólo al resto de historiadores, ojo–, no es más que un mero erudito que quizás sea el mayor experto mundial en la cría de zarigüeyas en las colonias británicas norteamericanas del siglo XVIII, si es que a eso se le puede llamar erudición…

Ser historiador es un trabajo, no una vida. El resto del tiempo somos personas exactamente iguales a quienes nos rodean y, por tanto (y, al menos en mi caso), prefiero ser mejor persona que historiador. Pero, aunque sea en este espacio cuya cesión agradezco, dejadme ser historiador y permitidme que, en adelante, ejerza mi derecho a daros la tabarra.

“Hola, soy Fer y soy… historiador”.

Y aún más: “hola, soy Fer, soy historiador y esto de abajo es mi credo”:

“La historiografía de hoy se encuentra en una época alejandrina, en la que la creación está supeditada al eruditismo. Enfrentado con verdaderas montañas de minucias del saber y atemorizado por la severidad alerta de sus colegas, el historiador moderno se refugia demasiado a menudo en artículos eruditos o en trabajos estrechamente especializados, pequeñas fortalezas fáciles de defender contra un ataque. Su obra puede tener un valor muy notable; sin embargo, no es un fin en sí misma.
Yo creo que el deber supremo del historiador es el de escribir historia, es decir, intentar registrar en una extensa sucesión los hechos y movimientos más importantes que han dominado, con su vaivén, los destinos del hombre”.

(RUNCIMAN, sir Steven, Historia de las Cruzadas. Madrid: Alianza, 2008, pp. 18 y 19, la cursiva es mía).

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4 pensamientos en “Historiador”

    1. Bienvenido a este nuevo proyecto, Pcbcarp, y gracias por el enlace a La Barra Virtual (otro blog que desde aquí aprovecho para recomendar para quienes anden interesados en Historia y geopolítica).

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