Mensaje en una botella

Los que siguen la serie House MD, del archiconocido Hugh Laurie, habrán podido disfrutar recientemente de un capítulo cuyo desencadenante es un acto de expolio de una botella sellada de un barco de esclavos holandés hundido en las Bermudas en el s.XVIII.

Algunos pensarán que es poco verosímil que se puedan hallar botellas aún selladas en los barcos sumergidos. Sin embargo, a lo largo de la historia de la arqueología subacuática se han recuperado varios ejemplos de botellas o recipientes intactos que aún conservaban su contenido aunque, no nos engañemos, el estado de conservación del contenido fuera bastante decepcionante. Como ejemplos de líquidos conservados, el CASC (Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña) cuenta con varios ejemplos de botellas de cerveza inglesas del siglo XIX y un ánfora de vino tarraconense de la hispania romana.

Botellas del sitio de Ravencroft, Museo de Londres

En efecto, si los recipientes están convenientemente sellados y no se rompen debido a la acción del mar y al propio naufragio, no hay nada que impida que el contenido permanezca encerrado en el recipiente. La presión, los aislantes usados (cera en el caso de las botellas y cerámica, corcho y resinas en el caso de las ánforas), mantendrán los líquidos en su interior. Pero el contenido no estará en las mejores condiciones y, si nos diera por bebérnoslo, antes que una buena borrachera es probable que acabáramos en el hospital por envenenamiento agudo.

Muchos son los procesos que se dan para que nuestra cerveza o nuestro vino se conviertan en una pasta de aspecto asqueroso y olor repugnante. Lo primero que sucede es que, dado que en aquella época no se envasaban al vacío, los líquidos, en contacto con el aire atrapado en el interior empiezan a oxidarse y las bacterias se ponen a trabajar. Lo segundo, que sucede con mayor o menor intensidad dependiendo del tipo de cierre es que el agua de mar empieza a filtrase en el interior y, con ella, todo tipo de microorganismos. Es muy difícil que los envases permanezcan herméticos en el fondo del mar en condiciones de presión y humedad para las que no están diseñados.

Recientemente unos empresarios vascos se han lanzado al estudio de la conservación de vinos bajo el mar con objeto de explotarlo económicamente (de las barricas de roble a los fondos del cantábrico) pero me temo que esas botellas no tendrán mucho que ver con lo que un arqueólogo subacuático se encontrará en sus excavaciones.

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