Seiscientas reinas

En las sociedades, en general, y en todas las épocas, los grupos en desarrollo hacia la ostentación del poder siempre han imitado la forma y el estilo de la clase dominante. De este modo, el nacimiento de los grupos de comerciantes acaudalados, los primeros burgueses, no iban a ser menos, y en el S. XV ya nos encontramos con una reflexión curiosa.

” La reina de Francia, Juana, esposa de Felipe el Hermoso, llegada a Brujas, se sorprende del lujo de los ricos burgueses: “Creía ser aquí la única reina, habría dicho, y descubro seiscientas.” *

Modelo de imitación éste que se va repitiendo. En muchos casos consiguen matrimonios de conveniencia con familias nobles para ascender fácilmente en esta sociedad cerrada. En otros ni siquiera hace falta porque el poder de facto que daba el dinero lo hacía innecesario y se ennoblecían apellidos con documentos emanados directamente. En cualquier caso, es llamativo el ennoblecimiento de los burgueses, que llegan a hacer auténticas filigranas para entrar en el selecto grupo de los privilegiados. Siguiendo el párrafo del que saqué la cita: ” Sus maridos eran soldados y servían en la milicia urbana; para ellos, el vocabulario jurídico inventa la fórmula de milites burgueses. Estos señores se hacían llamar doncel y sire [fórmulas de respeto utilizadas con los nobles en la zona de Flandes]; sus escudos de armas estaban pintados, con sus divisas, a las puertas de sus steenen.” *

Y es que no sólo era una cuestión de prestigio, el privilegio, la ley privada, era un buen motivo para ennoblecer a la familia.

* Uñas azules, Jacques y Ciompi. Las revoluciones populares europeas en los siglos XIV-XV. M.Mollat y Ph. Wolff; SXXI editores, 1976. pp – 22

Imagen: Wikipedia

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3 pensamientos en “Seiscientas reinas”

  1. Frivolizando un poco, hoy los famosillos del Diez Minutos o del Qué me dices! con aspiraciones, lo que quieren es salir en la portada del Hola, compartiendo revista y Photo Shop con princesas y reyes.
    Las escasas, pero marcantes exclusivas “holeras” de personajes como Belén Esteban son la prueba de que, para llegar a ese privilegiado escaparate tampoco hace falta tener sangre azul, ni haber sido educado en los mejores colegios. Hoy, como ayer, el ascensor social es el mismo: “Poderoso caballero, don dinero”.

    Si seguimos así, cualquier día una plebeya divorciada, republicana y no practicante se vestirá de mantilla, se pondrá de rodillas delante del Papa, si hace falta, y se dirá a sí misma: “Reinar bien vale una misa”. Y todos los nobles de España (y algún comentarista del corazón) “ajo y agua”, Al tiempo.

  2. El retrato que aparece en esta entrada es el de Juana la loca, esposa de Felipe el Hermoso, que no fue reina de Francia aunque sí archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña y Brabante y condesa de Flandes. Por cierto, hubo otro Felipe el Hermoso, rey de Francia, y su esposa también se llamaba Juana (de Navarra) pero no corresponde a ese retrato

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